En busca del arché, la sustancia elemental

El filósofo es la persona que se hace preguntas sobre el mundo y la realidad que le rodean. Es la persona que no se conforma con vivir, y que siempre busca respuestas que expliquen su propia existencia. “¡Vaya forma de complicarse la vida!” podrían pensar algunos. Y si bien puede ser cierto, sin los filósofos la Humanidad no habría alcanzado el progreso y desarrollo del que disfruta en la actualidad.

La pregunta esencial alrededor de la cual muchos filósofos de la Antigüedad propusieron respuestas es la siguiente: ¿cuál es elemento primordial que compone el Universo? Una cuestión que, de ser resuelta, daría al hombre la clave para entender la realidad de todas las cosas, conociendo el elemento que las compone. En la Antigua Grecia los filósofos mayoritariamente coincidieron en que ese “elemento primordial” (al que llamaron arché o arjé) debía ser una única sustancia. Estos filósofos son llamados monistas, en contraposición a los pluralistas, que consideraban que el arché eran varias sustancias.

Normalmente se acepta que Tales de Mileto (624 a.C. – 546 a.C.) fue el primer filósofo de la historia. Además de ser conocido por sus teoremas geométricos y por medir la Pirámide de Keops, Tales fue el primero en plantear que el Universo se componía de una sustancia. En su caso, escogió el agua como arché. Argumentó que el agua era el elemento del cual se componían todas las cosas, el único realmente necesario para la vida y una sustancia capaz de generar movimiento y cambio.

Discípulo de Tales, Anaximandro inventó el término ápeiron, que hacía referencia a lo ilimitado, a lo infinito. Según Anaximandro, lo ápeiron era el elemento primigenio que componía todas las cosas, desde las piedras y las hojas hasta las estrellas. Lo ápeiron era indefinible, no tenía forma ni límites. Poco convencido de la compleja explicación de su maestro Anaximandro, Anaxímenes pensó que el arché debía ser el aire, un elemento infinito como lo ápeiron, pero que él encontraba mucho más explicativo de manera racional: el aire, a través de procesos físicos como la rarefacción y la condensación, es capaz de crear todas las cosas.

Pitágoras fue más atrevido y consideró que el arché eran los números. Él entendía los número como elementos reales, que existían realmente. Tras sus investigaciones matemáticas y geométricas, llegó a la conclusión de que el Universo se regía por los números, elementos exactos e infinitos.

Tratando de superar lo estático de sus predecesores, Heráclito apostó porque el arché era una sustancia en constante cambio y transformación. Usó la metáfora del fuego y por eso algunos interpretan que, para Heráclito, el arché era el mismo fuego. En realidad lo que quería transmitir era la idea de que en el Universo existía un constante cambio que, sin embargo, se mantenía en equilibrio: el día y la noche, el calor y el frío… Heráclito llamó a esa ley universal logos, una especie de razón superior que ordenaba el Universo.

De manera opuesta a Heráclito, Parménides defendió la idea de que el cambio no existe. El cambio esencial, el cambio en el ser de las cosas, no es posible. Según Parménides, todo lo real es eterno e inmutable. Para él, el elemento esencial del Universo es el propio ser. Después de Parménides ningún otro filósofo fue monista. La búsqueda de un único elemento se sustituyó por las explicaciones pluralistas, que encontraban el origen del Universo en varias sustancias primigenias.

Uno de los pluralistas fue Empédocles, que señaló al agua, la tierra, el aire y el fuego como los cuatro elementos esenciales que componían todas las cosas. El arché pasaba de ser una única sustancia (monismo) a poder estar formado por varias (pluralismo). Los cuatro elementos que identificó Empédocles como sustanciales estaban en constante movimiento y mezclándose. Otro pluralista fue Anaxágoras, que habló de una serie de semillas que formaban el mundo físico. Trataba así de explicar la pluralidad de formas en el mundo, ya que estas semillas de las que hablaba eran partículas elementales de muy diferente naturaleza.

Finalmente, los últimos filósofos de la Antigüedad que se atrevieron a dar respuesta al problema del arché fueron Leucipo y Demócrito. Ambos, maestro y alumno, propusieron una novedosa idea: el Universo estaba formado por átomos, partículas indivisibles. Así pues, el Universo no estaba formado de una sola sustancia, sino de millones de partículas inmutables y diminutas. Demócrito fue quien las bautizó como atomos, literalmente: “indivisible”. Además, aportó una interesante idea relacionada con el vacío que había entre los átomos, de manera que en el Universo sólo existían átomos y vacío, nada más. Y nada menos. Esta corriente, denominada atomismo, fue la primera visión mecanicista del Universo.

Esta es una breve presentación de los intentos de explicación que dieron distintos filósofos en la Antigüedad. Ahora, desde nuestra perspectiva moderna y avanzada, ¿quién diríais que planteó una mejor teoría sobre la naturaleza del Universo?