Historia de la Filosofía: principales filósofos

Que no os asuste el pequeño tamaño de la barra lateral. Efectivamente os encontráis ante un texto largo. Pero no debéis afrontar esta página como un artículo, sino más bien como un glosario al que acudir para consultar sobre ciertos personajes. Estamos dentro de la sección de VENTURA Educación, y no en VENTURA Divulgación. Así pues, no hay necesidad de leer el texto de principio a fin, pues no tiene necesariamente una continuidad. Este es un post en el que repasamos los filósofos más importantes. Puede serte de ayuda para refrescar ideas, apuntalar conocimientos, hacer un repaso general o simplemente disfrutar de un viaje a través de la Historia.

El texto se divide en cinco capítulos: Filósofos de la Antigüedad (700 a.C. – 250 d.C.), Filósofos de la Edad Media (250-1500), Filósofos de la Razón (1500-1750), Filósofos de la Revolución (1750-1900) y Filósofos del Siglo XX. En total repasamos (brevemente) el pensamiento de 56 filósofos, desde Tales de Mileto hasta Michel Foucault. Además, nos ayudamos de un gráfico realizado por VENTURA (este gráfico G1042018) que podéis abrir en otra pestaña, porque nos será muy útil para nuestro recorrido.

Filósofos de la Antigüedad (700 a.C. – 250 d.C.)

Los primeros filósofos trataron de entender el origen del mundo en el que vivían. Se interesaron por la infinidad de la cosmología, la perfección de la geometría y por la composición de la naturaleza. Para aproximarse a la reflexión sobre el origen del Universo plantearon el concepto arché (arjé), que hacía referencia a ese elemento desconocido que era la base de todas las cosas y componía en última instancia todo el Universo. El arché era la sustancia primigenia, el elemento esencial del que estaba compuesto el mundo físico. Los filósofos griegos propusieron distintas respuestas ante la pregunta de qué era el arché. Además de esta búsqueda infructuosa, también abordaron otros temas como la naturaleza (physis) -especialmente los presocráticos-, o la política y la antropología.

Tales de Mileto (624 a.C. – 546 a.C.)

En su Metafísica, Aristóteles (384 a.C.- 322 a.C.) escribe que Tales de Mileto fue el primer filósofo. Nacido en la polis de Mileto, en la costa de la actual Turquía, Tales viajó por Egipto y aprendió geometría. Entre sus aportes matemáticos más importantes está el famoso Teorema de Tales. En cuanto a su obra filosófica, pese a no conservarse ningún texto suyo, se sabe -por otros autores que escribieron sobre él- que Tales consideró el agua como el elemento primigenio del mundo y del Universo. Para Tales el arché era el agua, porque era algo a partir de lo que se podía formar todo lo demás, era esencial para la vida, capaz de provocar movimiento y transformación. Por su búsqueda de la verdad a través de la razón, superando las historias o mitos que se contaban en la época, se considera a Tales de Mileto el primer filósofo. Como curiosidad, se dice que midió la altura de la Pirámide de Keops.

Anaximandro (610 a.C. – 545 a.C.)

Discípulo de Tales, Anaximandro siguió reflexionado sobre el material elemental que componía el Universo. Para encontrar una explicación inventó el término ápeiron, que hacía referencia a lo ilimitado, a lo infinito. Según Anaximandro, lo ápeiron era el elemento primigenio que componía todas las cosas, desde las piedras y las hojas hasta las estrellas. Lo ápeiron era indefinible, no tenía forma ni límites. Además de introducir esta reflexión, Anaximandro planteó que la Tierra era el centro del Universo y trató de calcular la distancia entre los astros.

Anaxímenes (590 a.C. – 525 a.C.)

Poco convencido de la compleja explicación de su maestro Anaximandro, Anaxímenes pensó que el arché debía ser el aire, un elemento infinito como lo ápeiron, pero que él encontraba mucho más explicativo de manera racional: el aire, a través de procesos físicos como la rarefacción y la condensación, es capaz de crear todas las cosas. Al contrario que su maestro, Anaxímenes pensaba que la Tierra era “plana como una hoja”, y que había sido formada por acción del aire.

Pitágoras (569 a.C. – 475 a.C.)

No se sabe mucho de la vida de Pitágoras, pero se cree que estuvo en contacto con la Escuela de Mileto -de la que habían formado parte Tales, Anaximandro y Anaxímenes tan sólo una generación antes- y que viajó a Egipto y allí aprendió geometría. Estas influencias hicieron que su aproximación a la filosofía fuera desde una perspectiva matemática. Sin embargo, en Pitágoras sorprende encontrar a un hombre profundamente religioso y creyente en todo lo relacionado con el alma y la reencarnación. Es famoso por haber fundado la Escuela Pitagórica, una especie de secta religiosa formada por los llamados pitagóricos, estudiosos de la obra de Pitágoras y adoradores del personaje. El filósofo creó todo un culto religioso alrededor de su propia figura, y sus seguidores entendían las ideas de su maestro como revelaciones místicas. Pitágoras era un científico místico que no encontraba contradicción en su filosofía. También se atrevió a dar solución al problema del arché, y propuso que el elemento primigenio del cual estaba compuesto el Universo eran los números.

Heráclito (540 a.C. – 480 a.C.)

Tratando de superar lo estático de sus predecesores, Heráclito apostó porque el arché era una sustancia en constante cambio y transformación. Usó la metáfora del fuego y por eso algunos interpretan que, para Heráclito, el arché era el mismo fuego. En realidad lo que quería transmitir este filósofo nacido en Éfeso era la idea de que en el Universo existía un constante cambio que, sin embargo, se mantenía en equilibrio: el día y la noche, el calor y el frío… Heráclito llamó a esa ley universal logos, una especie de razón superior que ordenaba el Universo.

Parménides (515 a.C. – ? a.C.)

De manera opuesta a Heráclito, Parménides defendió la idea de que el cambio no existe. El cambio esencial, el cambio en el ser de las cosas, no es posible. Según Parménides, todo lo real es eterno e inmutable. Para él, el elemento esencial del Universo es el propio ser. Más allá de su filosofía, lo importante en Parménides es la idea de que la verdad se descubre a través del pensamiento lógico deductivo, y la convicción de que nuestra percepción del mundo es errónea. Después de Parménides ningún otro filósofo fue monista. La búsqueda de un único elemento se sustituyó por las explicaciones pluralistas, que encontraban el origen del Universo en varias sustancias primigenias.

Empédocles (495 a.C. – 444 a.C.)

Uno de los pluralistas fue Empédocles, que señaló al agua, la tierra, el aire y el fuego como los cuatro elementos esenciales que componían todas las cosas. El arché pasaba de ser una única sustancia (monismo) a poder estar formado por varias (pluralismo). Los cuatro elementos que identificó Empédocles como sustanciales estaban en constante movimiento y mezclándose. Además, Empédocles habló de el Amor y la Discordia como fuerzas motoras del ser, fuerzas de atracción y repulsión.

Anaxágoras (500 a.C. – 428 a.C.)

Otro pluralista fue Anaxágoras, que habló de una serie de semillas que formaban el mundo físico. Trataba así de explicar la pluralidad de formas en el mundo, ya que estas semillas de las que hablaba eran partículas elementales de muy diferente naturaleza. Además de esta explicación, Anaxágoras introdujo el concepto de nous, con el que intentó dar forma a la inteligencia, que según él era un fluido que se filtraba en el interior de la materia y la dotaba de movimiento.

Sócrates (470 a.C. – 399 a.C.)

Considerado el fundador de la filosofía occidental, Sócrates no dejó ningún escrito ni fundó ninguna escuela. Este famoso personaje nacido en Atenas se dedicó más bien a plantear preguntas. A menudo se le imagina como un viejo que iba por la calle molestando a la gente con preguntas y diálogos. Muchos de los atenienses acabaron hartos de él, pero otros, como un joven Platón, se interesaron por ese curioso método de abordar el conocimiento. El método socrático se basaba en el continuo cuestionamiento y en la profundización personal sobre las creencias de cada individuo. Más que la búsqueda de respuestas, Sócrates estaba motivado por la comprensión de los conceptos que cada persona tiene interiorizados. En realidad, él creía que los conceptos no eran relativos, sino absolutos. Llegar a comprender qué es lo correcto, qué es lo bueno, sólo se podía conseguir mediante el razonamiento y alcanzando la sabiduría. Para ello debía trabajarse el cuestionamiento y examen de la vida. Fue condenado a muerte por “corromper la mente de los jóvenes”. Pudo exiliarse, pero decidió suicidarse con cicuta. Platón recogió toda la sabiduría de Sócrates en una serie de obras llamadas Diálogos, y gracias a esta compilación el pensamiento de aquel viejo que no dejaba de hacer preguntas ha sobrevivido al paso del tiempo.

Demócrito (460 a.C. – 370 a.C.)

Junto con su maestro Leucipo, Demócrito planteó que el misterioso arché era en realidad una enorme cantidad de átomos, sustancias indivisibles. Así pues, el Universo no estaba formado de una sola sustancia, sino de millones de partículas inmutables y diminutas. Demócrito las llamó atomos, literalmente: indivisible. Además, aportó una interesante idea relacionada con el vacío que había entre los átomos, de manera que en el Universo sólo existían átomos y vacío, nada más. Y nada menos. Esta corriente, denominada atomismo, fue la primera visión mecanicista del Universo.

Platón (427 a.C. – 347 a.C.)

Tratar de exponer la filosofía de Platón en un párrafo no sería únicamente una empresa imposible: también constituiría una falta de respeto. Por ello os remitimos al artículo que hemos publicado en VENTURA hablando sobre todo el pensamiento, obra y vida de Platón, uno de los filósofos más importantes de la historia. En este breve resumen diremos únicamente que nació en Atenas, que fue discípulo de Sócrates y que reflexionó sobre la organización política y social de la ciudad-Estado, sobre la naturaleza del cosmos y sobre el mundo real. Sobre este último punto es más que interesante recordar la famosa Teoría de las Ideas que planteó el ateniense, en la que propone la existencia de dos mundos, el Mundo Real y el Mundo de las Ideas. Para Platón, el mundo físico que nos rodea, el Mundo Real en el que vivimos, es una simple (e imperfecta) imitación del Mundo de las Ideas, lugar donde habitan las formas correctas y perfectas. Platón considera que es la razón, y no los sentidos, lo que nos acerca a conocer la verdad. La filosofía de Platón es reveladora y arroja luz, por ello en VENTURA hemos utilizado su obra para guiar artículos como este o este, y podéis encontrar su influencia en varios textos de la sección VENTURA Reflexión.

Diógenes (412 a.C. – 323 a.C.)

Famoso por vivir como un vagabundo, Diógenes consideraba que la pobreza era una virtud, ya que la verdadera virtud es la supresión de necesidades. Algo sólo al alcance de los más sabios. Él sin duda era muy sabio: vivía únicamente con un manto, un zurrón y un báculo. Llevó una vida natural e independiente de los “falsos bienes” de los que gozaba la sociedad convencional. Diógenes pensaba que los dioses habían dado al hombre una vida fácil, pero que este se encargaba de complicarla. La filosofía de Diógenes era denunciar lo convencional, liberarse de los deseos y reducir al mínimo las necesidades. En la actualidad hay un síndrome psiquiátrico que lleva el nombre de Diógenes, y que hace referencia a personas que sufren aislamiento social (voluntario), abandono personal y acumulación de basura.

Aristóteles (384 a.C. – 322 a.C.)

Al igual que ocurre con su maestro Platón, tratar de resumir la filosofía de Aristóteles en un párrafo sería un crimen. Por ello os recomendamos acudir al artículo que VENTURA Educación tiene publicado en la sección de Filosofía sobre la vida, obra y pensamiento de este gran filósofo. En este momento simplemente apuntaremos algunas claves sobre Aristóteles. Nació al norte de la Grecia actual, y a los diecisiete años le enviaron a la Academia de Platón, donde pasó veinte años como alumno y profesor. Llegó a ser maestro en la corte macedonia, teniendo como pupilo a un joven Alejandro que más tarde sería Magno. En el año 335 a.C. abrió en Atenas una nueva escuela, el Liceo, que rivalizó con la Academia. El pensamiento de Aristóteles difiere mucho de la filosofía de Platón: principalmente porque mientras su maestro pensaba que la auténtica verdad se encontraba en el Mundo de las Ideas, Aristóteles creía que las respuestas estaban en el Mundo Real. Aristóteles sí confiaba en los sentidos para llegar a conocer la naturaleza de las cosas. Convencido de que en el Mundo Real se encontraba la verdad, se dedicó a recolectar plantas, piedras y animales para clasificarlos en función de sus características. Abordó un razonamiento deductivo denominado silogismo, basado en la lógica. Tras la muerte de Aristóteles, aparecieron dos grandes escuelas de pensamiento filosófico: el epicureísmo de Epicuro y es estoicismo de Zenón.

Epicuro (341 a.C. – 270 a.C.)

La idea central de la filosofía epicúrea es que el objetivo de la vida es la tranquilidad y la paz. Como todo filósofo, confiaba en que la sabiduría era el camino hacia esa paz. A Epicuro le debemos la lucha contra el miedo. Fue de los primeros en alertar que con miedo no se podía llevar la vida, y que había que superar el miedo para conseguir el objetivo vital de la tranquilidad de espíritu. Según Epicuro no había que temer a nada, ni siquiera a la muerte, que identificó como un proceso que no nos afecta de ninguna manera: no la sentimos, no nos causa daño físico ni daño emocional. No hay que temer a la muerte, como no hay que temer a nada.

Zenón (333 a.C. – 264 a.C.)

Zenón de Citio no debe confundirse con el filósofo presocrático Zenón de Elea. El Zenón original de la polis de Citio, en la isla de Chipre, es más importante por haber sido el fundador de la corriente filosófica del estoicismo. Zenón fue seguidor de las ideas de Diógenes, y por ello creía en vivir una vida sencilla. Además, defendía dos ideas importantes: que el Universo estaba gobernado por leyes naturales hechas por un “legislador supremo” y que el hombre no podía hacer nada para cambiar esa realidad. Aun así, Zenón creía que los individuos tenían libre albedrío para decir qué tipo de vida llevar, y proponía que lo más adecuado era vivir en armonía con la naturaleza. El estoicismo tuvo mucha influencia en la sociedad y política del Imperio Romano.

Cicerón (106 a.C. – 43 a.C.)

Con Cicerón llegamos al primer gran filósofo romano. Como vemos en el gráfico G1042018, la decadencia de las polis griegas y el crecimiento de Roma hizo virar el centro político, cultural y social desde Atenas hacia la Península itálica. Los años dorados de los pensadores griegos habían terminado. Cicerón filosofó sobre temas sociales como la amistad, la felicidad, la vejez o la sabiduría, sobre temas políticos como la autoridad o la dictadura, sobre oratoria y retórica, y también sobre justicia. Fue uno de los abogados más reconocidos de Roma, y ha pasado a la historia como un gran escritor, maestro del estilo epistolar, y por haber introducido el conocimiento de las escuelas de pensamiento helenas en la filosofía romana.

Séneca (4 a.C. – 65 d.C.)

Nacido en Córdoba, capital de la Provincia Bética de la Hispania romana, Séneca fue uno de los más fervientes seguidores del estoicismo. Además de su importante carrera como político -ocupó los cargos de senador, ministro, pretor, cuestor… y fue tutor y consejero de Nerón- y escritor -autor de tragedias como Medea-, Séneca ha pasado a la historia como un influyente moralista, autor de varios ensayos dedicados a fortalecer psicológicamente a los individuos, a través de virtudes como la entereza, la voluntad, la fortaleza, la no resignación… etc. Su pensamiento estoico le llevó a fijarse en la naturaleza y a tratar de controlar las perturbaciones de la vida. La clave estaba en superar las necesidades materiales y guiarse por la razón. Séneca pretendía ayudar a cada individuo a encontrarse a sí mismo, paso previo necesario para encontrar la felicidad y la verdad. “Nadie que viva al margen de la verdad puede ser feliz”, creía. Su pensamiento fue recuperado por filósofos medievales como San Agustín, o más adelante por otros como Erasmo de Rotterdam.

Epicteto (55 d.C. – 135 d.C.)

Moralista estoico como Séneca, Epicteto no vivió entre políticos ni Emperadores, sino que pasó una gran parte de su vida como esclavo. Su filosofía se basa en la práctica, más que en la teoría, y no dejó obra escrita. Trató de ayudar a la gente a vivir correctamente, y aseguró que la filosofía no es un fin en sí mismo, sino un medio necesario para aprender a vivir conforme a la naturaleza.

Marco Aurelio (121 d.C. – 180 d.C.)

Pese a ser uno de los Emperadores romanos más famosos y queridos, Marco Aurelio dejó además una importante obra filosófica. Como buen romano era estoico, y siguió las enseñanzas de Séneca. Escribió las famosas Meditaciones, una compilación de reflexiones en doce tomos distintos en las que habla sobre la condición humana, el universo, la moralidad, los valores… Toda la obra está cargada de melancolía e impotencia por no poder cambiar la irracionalidad con la que actúan los hombres.

Plotino (204 d.C. – 270 d.C.)

La ciudad de Alejandría era en esos años el mayor centro intelectual del mundo. Allí estudió Plotino antes de trasladarse a Roma, llevando consigo una nueva corriente: el neoplatonismo, una variante de la doctrina de Platón. Plotino creía en la reencarnación del alma, y también que ésta era inmortal. Si Anaxágoras habló del nous o Platón de las Ideas, Plotino señaló al Uno como fuente indefinible de todas las cosas. Ese Uno se situaba en la parte superior de todo, estaba por encima de todo, y era una sola cosa. No es difícil imaginar por qué el pensamiento de Plotino fue muy importante en el desarrollo y afianzamiento del cristianismo, religión que en esos momentos se estaba arraigando en la sociedad del Imperio Romano.

Filósofos de la Edad Media (250 – 1500)

Durante los tres primeros siglos del Segundo Milenio la corriente filosófica predominante fue el neoplatonismo, que como hemos visto con Plotino hablaba del alma, de la inmortalidad, la reencarnación y de “el Uno“, el ser supremo del que emanan todas las cosas y la inteligencia. Es sin duda una buena base filosófica sobre la que construir el cristianismo. Los cristianos habían sido perseguidos en el Imperio Romano desde el siglo I (entre los años 64 y 68 d.C. el Emperador Nerón realizó importantes persecuciones). Hay que comprender que en esa época los cristianos eran grupúsculos de personas que se reunían para adorar a una serie de santos y seguir a un tal Jesucristo, que había muerto hacía tan sólo unas décadas (en el año 33 d.C.). Funcionaban como una secta. Ese cristianismo oculto y perseguido nos ha quedado a través de la pintura prerrománica, que repasamos en el primer capítulo de Historia de la Pintura.

En el año 313 los cristianos pudieron salir de las catacumbas y de sus escondites y practicar su religión sin miedo, pues el Emperador Constantino I proclamó la libertad religiosa en el Imperio. Desde esa histórica fecha, el cristianismo no hizo sino crecer. Se convirtió en una doctrina atractiva para la gente y ganó rápidamente muchos adeptos, también entre las clases gobernantes. En el año 529 se ordena el cierre de la Academia fundada ochocientos años antes por Platón, por ser un centro de difusión del paganismo. El edicto de ese año promovido por Justiniano prohibía además la enseñanza de la filosofía griega. Durante los primeros mil años de cristianismo no encontramos tantos filósofos como en la Antigüedad, de hecho hay un vacío entre San Agustín y San Anselmo de 600 años en el que no hay avances en filosofía ni filósofos destacados. Fueron largos años de oscuridad durante la Alta Edad Media en los que los monjes, en sus monasterios, trataban de integrar la antigua filosofía griega con la doctrina cristiana. La escolástica fue la orientación filosófica que predominó, sin pretender dar respuesta a preguntas como “¿Existe Dios?” o “¿tiene el hombre un alma inmortal?”, sino buscando explicaciones que justificaran el creer en Dios y en el alma inmortal.

San Agustín (354-430)

El primer gran filósofo cristiano es San Agustín, aunque durante su vida el Imperio Romano de Occidente siguió existiendo (a duras penas: caería en el año 476). En su filosofía San Agustín nunca puso en cuestionamiento la existencia de Dios, pero sí reflexionó sobre cómo era posible que, siendo Dios un ser bueno y todopoderoso, hubiera podido crear un mundo en el que estuviera presente el mal. El mal fue el tema sobre el que filosofó San Agustín, y lo hizo siguiendo el pensamiento de Platón (el neoplatonismo era la única corriente filosófica vigente en esa época). La clave de la existencia del mal en un mundo creado por un Ser bueno era el libre albedrío de las personas. Dios había creado seres humanos racionales, con capacidad para decidir su propia conducta. Era por ello que algunos individuos actuaban con maldad. No por culpa de Dios, sino por voluntad propia. Es interesante la reflexión que hace San Agustín de que, en un mundo sin mal, los seres racionales no seríamos libres de decidir nuestras conductas. Mientras los no creyentes pueden encontrar en el mal una prueba de la inexistencia de Dios, San Agustín lo utiliza como una explicación para demostrar justamente lo contrario.

Anselmo de Canterbury (1033-1109)

Tuvieron que pasar nada más y nada menos que seiscientos años para que el cristianismo diera otro gran filósofo. Anselmo de Canterbury (canonizado como San Anselmo en el año 1494) se empeñó en demostrar la existencia de Dios de manera argumentada. Planteó una ingeniosa manera de conseguirlo. Sólo hace falta aceptar dos premisas (fácilmente aceptables): que Dios, de existir, es un ser superior a todos los demás, que no hay nada más grande; la otra premisa es que la existencia es superior a la no existencia, es decir, aquello que existe es más importante que lo que no existe. Con estas dos ideas se plantea el argumento ontológico de San Anselmo, que se puede representar de la siguiente manera:

El argumento fue aceptado por destacados filósofos como Descartes o Spinoza, pero también hubo quienes lo encontraron absurdo, como Santo Tomás de Aquino o Immanuel Kant. Fue de hecho Kant quien, en 1781, bautizó este planteamiento de San Anselmo como “Argumento ontológico”. Además, Anselmo de Canterbury es considerado el padre de la escolástica.

Averroes (1126-1198)

Mientras los monjes cristianos seguían la obra de Platón, el juez musulmán Averroes se interesó por Aristóteles. Averroes es la latinización del nombre árabe de este hombre nacido en Córdoba en el año 1126. En realidad su nombre era Abū l-WalīdʾAḥmad ibn Muḥammad ibn Rušd, pero es mucho más sencillo para nosotros llamarlo Averroes. Fue importante en el contexto del mundo musulmán, porque trató con empeño de hacer compatibles las enseñanzas del Corán con la reflexión filosófica. Planteó que el alma estaba dividida en dos partes, una perecedera y otra eterna, y además coincidió con Aristóteles en que el Universo había existido siempre.

Santo Tomás de Aquino (1224-1274)

El filósofo medieval más importante es Santo Tomás de Aquino. No siguió presupuesto neoplatónicos como San Agustín o San Anselmo, sino que se dejó influir por el pensamiento de Aristóteles. Un primer punto interesante en la filosofía de Santo Tomás es la casación entre dos planteamientos aparentemente irreconciliables: Aristóteles decía que el Universo ha existido siempre y la Biblia dice que el Universo no ha existido siempre, sino que fue creado por Dios en un momento preciso. Ante este dilema, Santo Tomás propone que el Universo fue creado por Dios, pero que éste lo creó eterno. Durante toda su obra, Santo Tomás de Aquino defiende que la razón humana y la doctrina cristiana no entran nunca en conflicto porque no pueden entrar en conflicto, no se contradicen porque ambas han sido creadas por un mismo Creador. Además, defendió que el ser humano adquiere el conocimiento a través de los sentidos. Santo Tomás fue un gran ejemplo de perseverancia en la búsqueda de la tolerancia entre religión y filosofía, planteando siempre la posibilidad de que ambas disciplinas no se contradijeran.

Maestro Eckhart (1260-1328)

Seguidor del pensamiento de Santo Tomás, el Maestro Eckhart fue un teólogo alemán muy controvertido en su época. En sus famosos sermones planteaba que el mundo era eterno o que no era necesario pedir cosas a Dios. Su estilo místico solo le causó problemas: la implacable Inquisición lo procesó por herejía. El mismo año de su muerte, en 1328, la Iglesia decretó que la obra de Eckhart fuera leída en los ambientes universitarios. En 1886 los filósofos alemanes redescubrieron su pensamiento y en 1992 fue rehabilitado por el Vaticano.

Guillermo de Ockham (1288-1349)

Como su predecesor el Maestro Eckhart, el teólogo inglés Guillermo de Ockham tuvo sus problemas con la Iglesia. Fue excomulgado por sostener que el papa no tenía autoridad. Mantenía que los preceptos universales eran abstracciones derivadas de los individuos particulares, y por ello se le considera precursor del empirismo británico que inició John Locke trescientos años después. Es famoso por el principio de la Navaja de Ockham, que sostiene que la mejor explicación posible es siempre la más sencilla.

Filósofos de la Razón (1500 – 1750)

El Medievo fue una larga época de la Historia de la Humanidad llena de oscuridad y tonos grises. Aunque hemos podido repasar algunos filósofos importantes, como San Agustín o Santo Tomás, lo cierto es que es la etapa menos brillante en producción intelectual, en comparación con la Antigüedad o la Edad Moderna. Con la aparición de la imprenta en la década de 1440 se arrojó algo de luz en un mundo acosado por la peste negra y por el miedo a la ira de Dios. El Renacimiento abrió la ventana y ventiló el aire cargado de una sociedad medieval que necesitaba evolucionar. El redescubrimiento de la cultura clásica promovió un importantísimo cambio en la mentalidad: se pasó del teocentrismo al antropocentrismo. El hombre se ponía en el centro de todas las cosas, pasaba a ser el protagonista. Este nuevo humanismo afectó al arte, al pensamiento, pero también a la estructura social y política. Poco a poco se fue superando el feudalismo medieval y se adoptó una vida urbana basada en el comercio, la economía y la ciencia. La teología perdió influencia ante el razonamiento renacentista, y la filosofía avanzó hacia una reflexión puramente secular, libre de la doctrina de la Biblia.

Nicolás Maquiavelo (1469-1527)

No podía ser de otra manera: el primer gran filósofo de la Era de la Razón fue un vecino de Florencia, la capital del conocimiento y la cultura. Nicolás Maquiavelo se aleja de la moralidad cristiana en su célebre El Príncipe, un libro con el que propone un manual para guiar al gobernante perfecto. Según Maquiavelo el gobernante debe ser feroz como un león y astuto como un zorro. La clave del pensamiento de este hábil consejero es que un gobernante no puede verse limitado por la moralidad, sino que debe hacer todo lo necesario para garantizar su propia gloria y el éxito del Estado que gobierna. Aun así, nunca debe caer en el error de propiciar que el pueblo le odie. El príncipe (con esta palabra llama a cualquier gobernante, líder, rey, papa… etc.) debe ser antes temido que amado, pero nunca odiado. Maquiavelo cree que el fin justifica los medios sólo en el caso del príncipe. La conducta adecuada para los ciudadanos no es la misma que la que se le debe exigir al príncipe. Este pensamiento tan desgarradamente frío e insensible ha tenido muchísima influencia en los líderes del mundo, que han abordado las enseñanzas de Maquiavelo desde el pragmatismo y el realismo.

Erasmo de Rotterdam (1466-1536)

El pensamiento de Erasmo de Rotterdam refleja las ideas humanistas que empezaban a afianzarse en Europa durante los primeros años del Renacimiento. Criticó mordazmente la corrupción y las discusiones doctrinales en el seno de la Iglesia, y defendió que la ignorancia era consustancial al ser humano. De hecho, sostenía que la ignorancia era fuente de felicidad. El conocimiento podía ser irónicamente una carga que complicara la vida del hombre. Erasmo llegó a decir que la propia religión era una forma de ignorancia, ya que se basaba en la fe y no en la razón. Lo que él proponía era un regreso a las creencias sencillas y sinceras, estableciendo personalmente e individualmente un vínculo con Dios. Estaba en contra de seguir las creencias establecidas por la Iglesia. No es difícil entender por qué fue un pensador muy importante para la inminente Reforma que cambió la historia del cristianismo.

Martín Lutero (1483-1546)

En el año 1517 Martín Lutero se acercó a la puerta de la iglesia de Wittenberg, en el corazón de Alemania, y clavó un papel. En ese momento cambió la historia de Occidente. En ese papel había noventa y cinco tesis que pretendían iniciar un debate en el seno de la Iglesia. Fue un hecho histórico e importantísimo, que partió a la cristiandad en dos mitades: el catolicismo y el protestantismo. Martín Lutero estaba harto de la corrupción y del funcionamiento de la Iglesia como institución, y demandó regresar a las enseñanzas originales de la Biblia. Encontró muchos seguidores. Su filosofía se basaba en ideas revolucionarias que rompían con 1400 años de tradición cristiana, como por ejemplo que la salvación era un regalo otorgado por la gracia de Dios (la doctrina del cristianismo oficial defendía que todos los hombres serían salvados), o que la figura del papa no tenía ningún tipo de relación con Dios. Tampoco creía en el libre albedrío de los individuos. Su obra fue examinada 400 años después por Max Weber, que relacionó el pensamiento del protestantismo con el desarrollo del capitalismo.

Francisco de Vitoria (1486-1546)

Considerado como el padre del derecho internacional, el fraile Francisco de Vitoria fue seguidor de las ideas de Santo Tomás y Aristóteles. Hizo aportaciones en el campo de la economía (creía que el orden natural permitía la circulación de personas y bienes), en el derecho (rechazó la jerarquía medieval, creyó en los derechos de los indígenas recién “descubiertos” por los europeos en América) y en el ámbito de las relaciones internacionales (tratando de convencer de que dichas relaciones no debían regirse por la fuerza). Fundó la corriente de pensamiento de la Escuela de Salamanca, muy importante dentro de la escolástica.

Juan Calvino (1509-1564)

Influenciado por las ideas de Erasmo y Lutero, Calvino fue radical a la hora de asegurar que algunas personas estaban predestinadas a la salvación, y otras predestinadas a la condenación. Desde su punto de vista, el individuo podía tratar de demostrar que era un elegido de Dios con los éxitos que alcanzara en vida. Las ideas de Calvino fomentaban el espíritu de empresa burgués. No fue especialmente tolerante, como muestra la implacable condena al científico Miguel Servet, a quien Calvino acusó de herejía. Servet fue quemado vivo junto a sus obras. Calvino es el padre del calvinismo, una corriente dentro del protestantismo.

Bartolomé de las Casas (1484-1566)

Un ejemplo de que los tiempos estaban cambiando con respecto a la oscura Edad Media es la figura de Bartolomé de las Casas. Este fraile español se preocupó por la dignidad y derechos de los indígenas, que sufrían el racismo y la violencia de los colonizadores en la recién descubierta América. Su defensa fue tal que se ganó el apodo de Apóstol de los Indios. Se le considera, junto a Francisco de Vitoria, fundador del derecho internacional moderno, y también precursor de los derechos humanos.

Francis Bacon (1561-1626)

Francis Bacon es el iniciador del empirismo británico, una corriente que se basa en la idea de que todo conocimiento ha de proceder de la experiencia y los sentidos. A esta postura se sumarán célebres filósofos después de Bacon como Hobbes, Locke o Hume, en contraposición al racionalismo que defenderán Descartes, Spinoza o Leibniz. Es una lucha filosófica muy importante, y que tiene su base más profunda en el debate sobre si el ser humano posee o no ideas innatas. Bacon, Hobbes, Locke y Hume creen que no hay nada en la mente que no haya estado antes en los sentidos (“Nihil est in intellectu quod non prius fuerit in sensu”), y que la experimentación práctica es la única manera de llegar a conocer la verdad del mundo. Así promovieron la búsqueda de leyes naturales, la formulación de teorías, el planteamiento de hipótesis… y bajo esa filosofía hicieron sus progresos Copérnico (astronomía), Vesalio (anatomía), Pascal (matemáticas) o Newton (física).

Gaileo Galilei (1564-1642)

La Iglesia seguía resistiéndose a esa Era de la Razón, y encarceló a Galileo cuando éste se atrevió a decir públicamente que la Tierra se movía alrededor del Sol. Galileo fue uno de los mayores defensores de las tesis de Copérnico, que había planteado la teoría heliocéntrica. Hizo importantes avances en relación a la mecánica, a la relatividad -como explicamos en este artículo– y a la astronomía. Creía que la materia era eterna y el Universo infinito. El funcionamiento del mismo se debía a la causalidad de los átomos, bajo las leyes de la mecánica. Creía que el conocimiento de la naturaleza debía aproximarse a través de la observación y el experimento.

René Descartes (1596-1650)

A René Descartes le debemos una de las frases más famosas de la historia: “Pienso, luego existo”. Esta sencilla premisa esconde en realidad una profunda carga filosófica, fruto de un trabajo reflexivo que tuvo ocupado a Descartes toda su vida: su objetivo fue detectar y comprender la verdadera realidad del mundo. Desconfiaba de los sentidos, ya que en su opinión engañaban y distorsionaban la realidad. Aquello que vemos, que tocamos, que sentimos, no tiene porqué ser necesariamente la realidad. Descartes fue el precursor de la corriente del racionalismo, opuesta al empirismo de Francis Bacon y basada en que el conocimiento sólo podía adquirirse mediante la razón, el razonamiento, la reflexión. La metodología que usa Descartes es la duda, y parte de una única certeza: se puede dudar de todo, de absolutamente todo, pero no de que se está dudando. La certeza cartesiana es que “soy”, “existo”. No se puede dudar de nuestra propia existencia, que se demuestra por el simple hecho de que estamos pensando. No se puede pensar si no se existe, por lo tanto: “Pienso, luego existo”. Partiendo de que existimos, Descartes plantea que entonces sí que se puede dudar de todo lo demás. No hay certeza en la realidad que nos rodea, y sólo se puede tratar de entenderla mediante la razón. Además, Descartes defendió la idea de que la mente y el cuerpo son dos sustancias distintas. Se le considera el padre de la filosofía moderna, y su obra es tan influyente que los principales filósofos que le siguieron tras su muerte partieron del pensamiento de Descartes para, o bien seguir por la línea del racionalismo, o bien para refutar sus premisas.

Baruch Spinoza (1632-1677)

Uno de los grandes filósofos que vinieron después de Descartes fue Spinoza, que se posicionó a favor del pensamiento cartesiano y realizó profundas reflexiones sobre el concepto de sustancia. Siguiendo las enseñanzas de Aristóteles, Spinoza otorgó a todos los objetos del mundo dos cualidades: un cuerpo y una mente, tanto a los hombres, como a los árboles, los pájaros o las rocas. En el pensamiento de Spinoza, Dios o la Naturaleza son las únicas sustancias que se definen a sí mismas, y todas las demás están definidas por éstas dos.

Thomas Hobbes (1588-1679)

Influenciado por Francis Bacon y su nuevo método de práctica científica, Thomas Hobbes abrazó el empirismo y planteó un fisicalismo que defendía que todas las cosas que componían el Universo eran corpóreas, físicas, tenían un cuerpo. Todas las cosas tienen longitud, anchura y profundidad, y aquello que no tiene cuerpo no forma parte del Universo. Fue muy duro con el pensamiento planteado por Descartes y realizó importantes aportaciones a la política con obras como el famoso Leviatán (1651), donde propone de manera teórica el contrato social entre el Estado y el pueblo. Se le conoce popularmente por haber recuperado la famosa frase de Plauto: “El hombre es un lobo para el hombre”. Hobbes desconfiaba de nuestra especie y creía en el egoísmo intrínseco en el comportamiento humano.

John Locke (1632-1704)

Como buen inglés, Locke fue un defensor del empirismo. Siguió la doctrina de antecesores como Francis Bacon o Thomas Hobbes y fue un paso más allá, asegurando que la mente nace como una hoja de papel en blanco, que sólo va llenándose de conocimiento a través del aprendizaje y la propia experiencia. Según él, los bebés recién nacidos no poseen ningún conocimiento innato, como defendían los racionalistas. Locke sí admite la capacidad humana de aplicar la razón a la información que tenemos, pero recordaba que dicha información la obtenemos únicamente a través de los sentidos. Es por eso que Locke era un gran defensor de la educación como motor de cambio en las personas. Locke también admitía la posibilidad de que existieran capacidades innatas, como la percepción o el razonamiento. En su obra encontramos una continua preocupación por comprender la fuente del conocimiento, como en Ensayo sobre el entendimiento humano (1690).

Gottfried Leibniz (1646-1716)

La batalla del empirismo vs. racionalismo siguió con Leibniz, que atacó duramente a John Locke por haber dudado de la existencia de las ideas innatas en el ser humano. Contestando directamente a Locke, Leibniz publicó Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano (1704), donde refutaba capítulo por capítulo el Ensayo sobre el entendimiento humano de Locke. Leibniz introdujo algo interesante para el debate empirismo vs. racionalismo, ya que si bien defendía que la razón permitía acceder a todo el conocimiento, añadió un importante “en principio”. Este añadido deja la afirmación en un: “En principio, la razón permite acceder a todo el conocimiento”. Leibniz creía que las facultades racionales del hombre eran limitadas, por eso no todo el conocimiento podía abarcarse mediante la razón. Leibniz es considerado inventor del cálculo infinitesimal, si bien durante su vida tuvo que defenderse de las acusaciones de plagio que relacionaban su obra matemática con la de su contemporáneo Isaac Newton.

Isaac Newton (1642-1727)

Más allá de sus importantísimos descubrimientos en los campos de la física y la matemática, Newton dedicó gran parte de su tiempo a la reflexión sobre asuntos teológicos y filosóficos. De hecho publicó más páginas de estos temas que sobre ciencia. La influencia de Newton sobre la filosofía, particularmente sobre las concepciones del materialismo francés del siglo XVIII, fue enorme. Newton creía en que Dios había dado un primer impulso al movimiento del Universo, pero rechazaba la idea de la Trinidad, por lo que fue criticado por la Iglesia. Propuso el concepto “Filosofía natural” para abordar el conocimiento sobre el mundo, partiendo de una base cristiana. Con Newton se culmina la Revolución Científica.

Filósofos de la Revolución (1750 – 1900)

Conseguida la separación del Estado y la religión durante la Era de la Razón, a partir de 1750 encontramos la Era de la Revolución, que planteaba oposición a ambas instituciones. El cuestionamiento del poder y las preocupaciones sociopolíticas pasan a ser temas de la filosofía. Los debates sobre el conocimiento fueron superados y las ideas revolucionarias ocuparon el tiempo de los filósofos, que dedicaron papel y tinta a reflexionar sobre cuestiones políticas, sociales y de justicia. En el marco histórico de la Ilustración, los filósofos se apoyan en los métodos deductivos e inductivos para llegar a conocer la verdad y en la divulgación de conocimiento científico mediante el “enciclopedismo”. La única manera de arrojar luz e iluminar el mundo era mediante la razón y la sabiduría, herramientas para derrocar regímenes autoritarios y luchar por valores republicanos y democráticos. El objetivo de los filósofos en esta etapa fue erradicar la ignorancia, la superstición y la tiranía. Sus ideas permitieron cambios históricos como la Revolución Americana o la Revolución Francesa, e inauguraron nuevas corrientes de pensamiento como el idealismo o el marxismo, de gran influencia en los siglos XIX y XX.

Montesquieu (1689-1755)

El primer gran nombre de estos “Filósofos de la Revolución” es Montesquieu, famoso por haber propuesto la separación de poderes en Legislativo, Ejecutivo y Judicial. Un modelo que fue incorporado en la Constitución de los Estados Unidos de América en 1776 y que influyó enormemente sobre las naciones europeas. Publicando El espíritu de las leyes en 1748, Montesquieu pretendió argumentar que la monarquía constitucional era el mejor sistema político para luchar contra el despotismo. Se dejó influenciar por las propuestas que John Locke planteó en Segundo Tratado sobre el gobierno civil, publicado en 1690.

David Hume (1711-1776)

La eterna disputa del racionalismo vs. empirismo siguió viva en esta época gracias a la filosofía de David Hume, que se encargó de asestar el golpe final contra el racionalismo. Siguió las tesis de John Locke y planteó que el conocimiento -que como empirista relacionaba exclusivamente con los sentidos-, procedía de las ideas y de las impresiones. Sin embargo, como en ocasiones tenemos ideas que no encuentran el respaldo de nuestras impresiones, Hume añadió que existen dos tipos de enunciados: “demostrativos” y “probables”, fácilmente confundibles. Los enunciados demostrativos proceden de la lógica, las ciencias exactas y el razonamiento deductivo, y son evidentes por sí mismos (“2 +2 = 4”). Por su parte, los enunciados probables hacen referencia a cuestiones empíricas, que sólo se pueden constatar empíricamente (“Paco está detrás de ese muro”). Sólo sabremos si es verdaderamente cierto yendo hasta el muro y mirando detrás: ahí estará Paco. Sin comprobarlo no podremos creerlo. Otro elemento importante en la filosofía de Hume, que rechaza completamente las “ideas innatas” de las que hablaba Descartes, es el concepto de “costumbre” o “hábito”, ya que considera que muchas veces nos dejamos guiar por conocimientos adquiridos por repetición. “El Sol sale todas las mañanas” es una afirmación que todos apoyamos, pero lo hacemos por costumbre, por hábito, no porque lo hayamos constatado científicamente. No podemos asegurar que el Sol vaya a salir durante todas las mañanas que quedan en el futuro. Todo lo que sabemos lo sabemos gracias a nuestros sentidos. Después de Hume, el debate racionalismo vs. empirismo no volvió a ocupar el protagonismo entre las cuestiones filosóficas, y los filósofos se centraron en temas como la política, las leyes, el poder, la autoridad, los derechos, la economía o la sociedad.

Jean-Jacques Rousseau (1712-1778)

La filosofía de Rousseau está muy ligada al movimiento artístico del romanticismo, ya que fue el primero en romper con la visión bruta y salvaje de la Naturaleza. Hasta entonces había predominado el pensamiento de Hobbes (“El hombre es un lobo para el hombre”), en lo referente al papel de la civilización en la transformación de la naturaleza humana original. En ese momento todos los filósofos consideraban que las artes, la ciencia, las leyes, el Estado, el progreso… eran elementos que hacían mejor al hombre. Rousseau rompió con esa idea defendiendo que el hombre natural es menos egoísta y salvaje que el hombre civilizado. Para él, es la sociedad civil la que induce el estado salvaje, y el conocimiento lo que nos vuelve infelices. “El hombre nace libre”. Además de este nuevo enfoque que impulso la corriente romántica, Rousseau es importante por haber publicado El contrato social, obra con la que pone en práctica su teoría y en la que defiende la libertad del hombre ante la dirección de la aristocracia, la monarquía y la Iglesia. Su idea de que los ciudadanos controlaran el proceso legislativo fue un gran apoyo intelectual para los revolucionarios de la Bastilla, que cambiaron la historia del mundo cortando la cabeza al Antiguo Régimen. El pensamiento de Rousseau influyó mucho en Marx.

Voltaire (1694-1778)

“La superstición hace que el mundo estalle en llamas; la filosofía las apaga” – Voltaire Voltaire fue un escritor francés que dio muestras de su ingenio en famosas obras como Cándido (1759), y que planteó una interesante filosofía basada en la duda constante. Creía que no era posible conocer o descubrir las verdades absolutas, pero que la ciencia era un buen sistema para “alcanzar acuerdos”. Rechazaba la idea de aceptar lo que afirmara la autoridad (el Estado, la Iglesia…), pero reconocía que esa era la posición más cómoda. “La duda no es una condición placentera”, aseguraba, pero era la única postura lógica. Sus ideas fueron muy importantes para la Revolución Francesa que se inició una década después de su muerte, ya que apostaba por desafiar a toda autoridad, limitar el gobierno y dar libertad a la expresión de ideas.

Adam Smith (1723-1790)

A menudo considerado el economista más importante de la historia, Adam Smith propuso una filosofía interesante e introdujo conceptos nuevos. Analizó la conducta humana (utilizó el método empírico) para concluir que “el hombre es un animal que negocia” y que el mercado libre es la clave para establecer una sociedad equitativa. Defendió una idea profunda e importante: que la sociedad se beneficia cuando los individuos buscan un beneficio propio. Acuñó el concepto “mano invisible” para tratar de explicar que el mercado, mediante las leyes de la oferta y la demanda, se autorregulaba. En 1776 publicó La riqueza de las naciones, una de las obras más importantes para el desarrollo de la ciencia económica.

Immanuel Kant (1724-1804)

Con Kant la historia de la filosofía pasa de capítulo. La pelea racionalismo vs. espiricismo se ve finalmente superada, y normalmente se habla de la filosofía “antes de Kant” y la filosofía “después de Kant”. En realidad la base de la importancia de este filósofo es sencilla: fue el conciliador entre las dos corrientes, el primero que argumentó que se podían combinar racionalismo y empirismo. La doctrina filosófica que fundó Kant, el idealismo, fue abrazada por los filósofos posteriores, especialmente los alemanes. Su aproximación a la metafísica lo eleva a lo más alto entre los filósofos de la historia, y su obra Crítica de la razón pura (1781) es considerado el texto más importante de la filosofía moderna. Tratando de ser breves, podemos decir que Kant llega a la conclusión de que los humanos tenemos dos características básicas que nos permiten relacionarnos con la realidad que nos rodea: sensibilidad y entendimiento. Con la sensibilidad reconocemos las sustancias (Kant habla de ‘sustancia’ para referirse a lo que significa ser algo, de manera general) y con el entendimiento comprendemos conceptos que no experimentamos, como el espacio o el tiempo. Realidades complejas que están fuera del alcance sensorial, de la sensibilidad, pero que sin embargo, como seres humanos somos capaces de percibir y comprender. Los empiristas criticarían este último punto que plantea Kant, porque para ellos no hay nada que podamos conocer si no lo podemos percibir u observar, pero Kant defiende que ningún ser humano es capaz de observar ni experimentar el tiempo, y sin embargo sí lo entienden y lo comprenden.

Georg Hegel (1770-1831)

Hegel fue el primer gran filósofo del siglo XIX. Muy influenciado por Kant, fue un idealista que defendió que la realidad no es material, sino espiritual. Es importante por plantear muchas reflexiones, pero especialmente por introducir el concepto de dialéctica. La dialéctica hegeliana asegura que “toda noción -o tesis– contiene en sí misma una contradicción –antítesis-, que únicamente se supera con el surgir de una nueva noción, más rica, llamada síntesis, a partir de la noción original”.

Arthur Schopenhauer (1788-1860)

Rompiendo la tradición alemana, Schopenhauer no siguió la corriente del idealismo (cuyas figuras importantes eran Kant y Hegel), y apostó por una nueva concepción de la realidad que nos rodea. Fue ignorado por el resto de filósofos alemanes y sus ideas se vieron ensombrecidas por las de Hegel, sin embargo en el campo de la psicología sí fue muy influyente (sobre Freud, por ejemplo). Schopenhauer recibió influencias del pesimismo y del budismo, y que aseguraba que era imposible explicar de dónde precedía nuestro conocimiento (como intentaron hacer racionalistas y empiricistas). Además, defendió una profunda idea: “todo hombre considera los límites de su propio campo de visión como los límites del mundo”.

Karl Marx (1818-1883)

El pensamiento de Marx es tan importante para la historia que incluso se han creado países siguiendo las ideas que planteó. No se puede ser más influyente. Ha habido gobiernos, leyes, sistemas sociales, modelos económicos y Estados basados en lo que Karl Marx escribió. Ningún otro filósofo ha conseguido tener tanto impacto. Lo primero que aportó este pensador alemán fue la idea de que todos los cambios que han tenido lugar a lo largo de la historia han sido siempre el resultado de la lucha entre clases sociales. Esta sencilla idea que hoy tantos aceptan nunca antes se había propuesto. Nadie había reparado en la importancia de la tensión entre las clases altas y las clases bajas. Marx sostenía que conociendo el sistema de propiedad de cualquier sociedad a lo largo de la historia, podíamos comprender las relaciones sociales en dicha época. Además, planteó reflexiones innovadoras como que el sistema capitalista era financieramente inestable por naturaleza -lo que lleva a la repetición de crisis económicas periódicas-, o que el desarrollo de la tecnología llevaría a un aumento del desempleo. Preocupado por dar solución a los problemas que planteaba el creciente modelo capitalista, Marx propuso un nuevo sistema: el comunismo. El comunismo se basaba en transformar los medios de producción en propiedad colectiva y en que cada miembro de la sociedad trabajara según sus capacidades y consumiera según sus necesidades. Una de las grandes influencias de Marx fue Hegel y su dialéctica, que hablaba de la manera de conseguir cambios. La puesta en práctica de las ideas de Marx desacreditó durante el siglo XX a la filosofía de este personaje que, en cualquier caso, es considerado uno de los grandes pensadores de la historia.

Filósofos del siglo XX

Cuando la Humanidad entró en el siglo XX el marco teórico y filosófico era ya muy distinto. Los descubrimientos de Charles Darwin, Albert Einstein o Sigmund Freud habían zanjado temas tradicionales como la reflexión sobre la existencia o la naturaleza del Universo, y los filósofos empezaron a preocuparse por cuestiones de filosofía política y moral, o por asuntos más concretos como el análisis lingüístico. Aparecieron nuevas ramas en la Filosofía como el existencialismo -ahora que se había aceptado un Universo sin Dios-, la fenomenología -que planteaba resolver todos los problemas atendiendo a la experiencia individual-, o la filosofía analítica. Los importantes eventos bélicos y políticos del siglo XX hicieron que los filósofos adoptaran posiciones ideológicas y se situaran en el espectro de la izquierda o del liberalismo. Dios había muerto y la Filosofía tenía que explorar nuevos horizontes y caminos por los que transitar, en el contexto de la sociedad más cambiante de la historia.

Nietzsche (1844-1900)

Aunque murió justo en el año 1900, se considera a Nietzsche un filósofo del mundo moderno. Quiso superar la tradición filosófica platónica de la existencia de dos mundos, uno físico y otro que sólo se podía conocer mediante el intelecto. Para ello proclamó su famosa frase: “¡Dios ha muerto!”, tratando de significar que la creencia en valores superiores había sido superada. Con su concepto del superhombre, Nietzsche se refiere a un hombre nuevo en la historia, libre de miedos y temores, que genera su propio sistema de valores, ajeno al marco ético de la Iglesia, de la tradición, la familia o el Estado. El superhombre es aquel capaz de controlar y al mismo tiempo disfrutar de sus instintos, un hombre que sólo cree en lo que puede ver, y que por tanto reniega de la religión. Nietzsche defiende, con la idea de que no existen dos mundos y con la idea del superhombre, que los individuos han de encontrarle el sentido a la vida terrenal, a la vida presente, a la vida real, y disfrutar cada momento, porque no hay un Más Allá (cristianismo) o un Mundo de las Ideas (platonismo) que nos aguarde tras nuestra muerte. El mundo era uno, la vida una sola vez, y había que aprovecharla. La obra más importante de Nietzsche es Así habló Zaratustra (1885). El superhombre de Nietzche fue apropiado por Hitler para dar apoyo filosófico al nazismo.

Henri Poincaré (1854-1912)

Gran matemático, Poincaré es reconocido por sus aportaciones a la física y a la topología, pero también destacó como filósofo de la ciencia. Su pensamiento está en deuda con la filosofía kantiana, y consideraba que las leyes de la ciencia no atañen al mundo real, sino que constituyen acuerdos (convenios) arbitrarios que deben servir a la descripción más cómoda y útil de los correspondientes fenómenos. Esta corriente de pensamiento se denomina convencionalismo. Poincaré explicaba esta visión con el siguiente ejemplo: “Los axiomas geométricos no son ni juicios sintéticos a priori ni hechos experimentales; son convenciones”.

Max Weber (1864-1920)

Considerado el padre de la sociología moderna, Max Weber se interesó por la relación entre esta disciplina y la religión. Influenciado por Marx, reflexionó sobre el efecto de las ideas religiosas en las actividades económicas y la relación entre la estratificación social y la religión, para lo cual estudió el pensamiento de Lutero. Su obra más conocida es La ética protestante y el espíritu del capitalismo, donde podemos imaginar la relación que hace entre el sistema económico capitalista y la moral protestante. Weber también estudió las diferencias sociológicas entre las sociedades occidentales y las de Oriente.

Antonio Gramsci (1891-1937)

En el pensamiento del italiano Antonio Gramsci no sólo encontramos uno de los grandes exponentes de la corriente marxista, sino también un giro en la concepción de lo que es la filosofía y los propios filósofos. Para Gramsci hay que rechazar la idea de que el filósofo es un ser superior intelectualmente, y entender que cualquier persona es filósofa, ya que cualquier persona piensa y reflexiona. Quiere de esta manera unir a intelectuales y masa popular.

Bertrand Russell (1872-1970)

“La moralidad del trabajo es la de los esclavos, y el mundo moderno no necesita esclavitud” – Bertrand RussellFundador de la escuela analítica dentro de la Filosofía, Bertrand Russell vivió casi 100 años y es uno de los grandes filósofos del siglo XX. El tema principal sobre el que reflexiona Russell es el trabajo. Habiendo vivido crisis como la del Crack del 29, el filósofo británico concluyó que el aumento de la carga de trabajo era directamente proporcional a la disminución de la felicidad. Por ello, Bertrand Russell defendió que había que redefinir la ética del trabajo y avanzar hacia una sociedad en la que los individuos tuvieran que trabajar menos, para así disfrutar más de la vida. Quería desmontar la visión que tenemos sobre el trabajo como un deber, una obligación e incluso una virtud.

Jean-Paul Sartre (1905-1980)

“La existencia precede a la esencia” es una idea profunda y trascendental que propone el filósofo francés Jean-Paul Sartre. Rompiendo con la tradición que defiende que los seres humanos estamos aquí por algún motivo, y que somos diferentes a los demás seres, Sartre defiende que no hay una naturaleza humana universal, que no hay ninguna finalidad en nuestra existencia. Aunque parece que somos seres destinados a encontrarle una finalidad a nuestra vida, eso no quiere decir que nuestra vida tenga una finalidad. A partir de esta reflexión Sartre va hilando su ateísmo y su idea de que lo más importante es la libertad. Es la libertad la que define a los seres humanos, que son los únicos seres realmente libres de escoger qué ser. Los seres humanos estamos capacitados para configurarnos a nosotros mismos de manera activa. No existe un Ser Superior que nos haya creado, y no debemos limitarnos ante nada. No es difícil imaginar que el pensamiento de Sartre influyó mucho en los estudiantes del Mayo del 68, o que se le considere un “filósofo de la libertad”.

Michel Foucault (1926-1984)

La aportación más importante de Foucault a la filosofía es la propuesta de hacer “arqueología” y rastrear el pensamiento a lo largo de la historia, para acabar descubriendo que los términos y las ideas no pueden entenderse como conceptos universales y constantes. Por ejemplo, las ideas “hombre” o “naturaleza humana” no han sido siempre definidas de la misma manera (en el siglo XIX, en el siglo VIII o en el siglo XX). Las condiciones históricas cambian con el paso del tiempo, y con ellas también los conceptos y el discurso. Partiendo de esta base, Foucault propone que la idea de “hombre” es una invención reciente y que tiene fecha de caducidad: lo que entendemos por “hombre” está cerca de cambiar radicalmente.