Historia de la Pintura (3): El Renacimiento

El progreso de la vida urbana y del comercio hicieron que, en el siglo XV, las ciudades se convirtieran en las protagonistas de todos los ámbitos de la vida. Era en las ciudades donde la gente vivía, donde las imprentas difundían libros, donde la Iglesia tenía sus grandes catedrales, donde residían las ricas familias de mercaderes, donde se producían los cambios… a finales de la Edad Media, era la ciudad donde estaba la vida. Las ciudades eran centros políticos, religiosos, militares y culturales. En Italia, algunas de las ciudades más vibrantes y cosmopolitas eran Florencia, Roma o Venecia, y fue en ellas donde aparecieron los primeros talleres de maestros pintores.

Los pintores del Renacimiento dieron paso de la tabla al lienzo, y sustituyeron la técnica tradicional del temple por el óleo, que permitía mayores posibilidades plásticas y que ya se estaba utilizando en los Países Bajos por los maestros flamencos de la pintura gótica. Aun así, durante el Renacimiento los maestros italianos también trabajaron el fresco, creando grandes conjuntos murales. Trataron de crear composiciones simétricas y equilibradas, respondiendo a formas geométricas, y usaron un nuevo sistema de representación visual: la perspectiva, basada en la representación matemática de la profundidad de un espacio a través de líneas que convergen en un punto de fuga situado en el plano.

Durante el Renacimiento la pintura vivió una época de predominio de la línea sobre el color: el dibujo fue concebido como el padre de las artes visuales, y tanto en Florencia (Quattrocento) como en Roma (Cinquecento), predominó el dibujo en el contorno y diseño de las figuras, mientras se hizo un uso espontáneo del color. Sólo con la llegada de la escuela veneciana (Manierismo) el color comenzó a imponerse sobre el dibujo.

Quattrocento

El Renacimiento se desarrolla en Italia casi cien años antes que en el resto de Europa. Durante los años cuatrocientos, en las ciudades de la península italiana crece el interés de las familias adineradas por el trabajo de maestros pintores. Aparecen así los autores, ya que cada obra se entrega firmada, y desaparece el anonimato de etapas anteriores. En Padua está el taller de Andrea Mantegna, en Umbría produce sus obras el maestro Pietro Perugino y en Venecia se encuentran Antonello de Messina y Giovanni Bellini. Sin embargo, por encima de todos estos centros culturales destacó Florencia, ciudad cosmopolita que reunió a una gran cantidad de pintores: Andrea de Verrocchio, Piero della Francesca, Fra Angelico, Ucello, Masaccio, Ghirlandaio… y Sandro Botticelli, el gran maestro del Quattrocento.

Este primer periodo del Renacimiento se fecha entre los años 1400 y 1499 de manera aproximada. Es una época en la que los maestros recuperan los cánones de belleza de la Antigüedad Clásica tratando de romper el dogmatismo medieval. En esta investigación de las técnicas de la Antigüedad se funden procesos de búsqueda y de experimentación. Se realizan estudios de perspectiva y se trata de dominar la idea de proporción, además de destacar los rasgos naturales y realistas. Todos estos cambios encontraron su apoyo teórico en la corriente del neoplatonismo, que consiguió reconciliar las ideas del cristianismo con el paganismo de la Antigüedad Clásica, haciendo que la mitología recuperara la dignidad que había perdido durante la Alta Edad Media.

Influenciado por los maestros flamencos y por los escritos de Petrarca, Della Francesa aborda en sus cuadros el retrato y la profundidad. Además, escribe dos tratados, sobre la perspectiva y otro sobre la luz en la pintura. Estos escritos y estudios dan muestra del carácter del maestro pintor no sólo como pintor, sino como analista y estudioso del arte y de las técnicas. Por su parte Masaccio renunció a la elegancia de la pintura gótica y se propuso recuperar el volumen de las figuras, tratándolas como si fueran esculturas. Además de la corporeidad, el uso de la luz para crear claroscuros es otro elemento destacado en la obra de Masaccio, autor que sería más adelante estudiado por el propio Miguel Ángel.

Detalle de El nacimiento de Venus, de Sandro Botticelli, 1484.

Sandro Botticelli (1445-1510) nació, vivió y murió en Florencia. No podía ser de otra manera, tratándose del maestro más importante del Quattrocento. Bajo el mecenazgo de la familia Médici produjo los cuadros más famosos de este periodo de la pintura: El nacimiento de Venus (1484), La primavera (1478) o Palas y el centauro (1483) son algunos de ellos. Botticelli presenta un naturalismo idealizado, una exuberancia decorativa y una predominancia de las líneas curvas y sinuosas. Influenciado por el humanismo y el neoplatonismo, dio protagonismo al cuerpo humano y a las representaciones simbólicas de temática mitológica o clásica. Su obra más famosa, El nacimiento de Venus (1484), fue pintada para un miembro de la familia Médici para decorar uno de sus palacios. Era muy típico que las familias de clase alta compitieran entre sí por ver quién poseía los mejores cuadros. La Venus de Botticelli procede de la lectura que el pintor hizo de las historias de Homero, y aparece representando la belleza idea, con largo cabello dorado y piel suave y delicada. La línea de dibujo oscura refuerza los contornos, como tratando de dar apariencia de estatua a la figura.

Durante el Quattrocento esta idea de representar los cuerpos como si fueran esculturas clásicas impregnó de un aire sereno y contenido a la expresividad de las figuras. Además, éstas estaba idealizadas según los cánones de belleza clásicos, de las Antiguas Grecia y Roma. El estudio anatómico del ser humano, como veremos en el Cinquecento con Leonardo o Miguel Ángel, fue muy importante para conseguir trasladar la proporción, la armonía y el equilibrio a las figuras pintadas.

Cinquecento

El Cinquecento es la cumbre del Renacimiento en lo que a pintura se refiere. Es un breve periodo de tiempo (1500-1520) en el que los más grandes maestros componen sus principales obras. La caída de la familia Médici supone la pérdida de poder de Florencia, que pierde el trono de centro cultural en favor de Roma. Es en esta ciudad donde, bajo el mecenazgo de los papas (Julio II y León X), los maestros pintores realizarán sus trabajos: Miguel Ángel, Rafael o Leonardo da Vinci son ejemplos de ello. También en Venecia encontraremos una importante -y diferenciada- producción de la mano de Tiziano.

La pintura del Cinquecento es muy diferente a la del Quattrocento: la perspectiva geométrica se sustituye por la perspectiva aérea, el rigor en la disposición de las figuras lleva a los pintores a adoptar composiciones piramidales, se busca dar una sensación de orden y equilibrio en los cuadros, el uso de la luz es distinto -ya no es una luz que ilumina directamente, sino a través de sombras-, aparecen la neblina y el crepúsculo, las formas se muestran más redondeadas y con sensación de volumen… etc.

Durante el Cinquecento adquiere relevancia el retrato, un género perfecto para dar forma al antropocentrismo del Renacimiento. Los reyes, papas, aristócratas y burgueses encargarán muchos retratos a los maestros pintores para decorar sus residencias.

Leonardo da Vinci es sin duda el personaje más famoso del Renacimiento. Su nombre ha traspasado los límites del arte y forma ya parte de la cultura popular. Prototipo del hombre humanista, se interesó por las matemáticas, la astronomía, la hidrodinámica, la óptica, la botánica y la anatomía. Además de hacer estudios en todas esas ramas del saber, Leonardo tuvo tiempo para inventar cantidad de herramientas y máquinas, escribir todo tipo de tratados… y dedicarse a la pintura. De su ingenio y pincel surgieron algunos de los cuadros más famosos de la historia, como La Gioconda (1503) o la Última cena (1497).

El éxito de Da Vinci -todavía en la actualidad- se debe no sólo a su calidad pictórica (fue un maestro de la tonalidad, la simetría, el retrato o la perspectiva), sino también al halo de misterio que envuelve sus obras. Muchas de ellas se pueden leer con doble sentido, tratando de descubrir el mensaje o mensajes que el genio escondió tras la pintura. Los significados ocultos en La virgen de las rocas y en la Última cena son analizados en el artículo de VENTURA: ‘Obras de arte con mensajes secretos’.

La Anunciación de Leonardo Da Vinci, 1475. Conservada en la Galería de los Uffizi, en Florencia.
“El ojo recibe de la belleza pintada el mismo placer que de la belleza real” – Da VinciDa Vinci hizo dos aportes importantes a la pintura: el sfumato y la perspectiva aérea, ambas técnicas que funcionaban mediante la creación de neblina. El sfumato trata de difuminar los tonos hacia valores más oscuros, de forma que no queda en el cuadro el mínimo trazo de pincel. Es una técnica utilizada para dar una impresión de profundidad, proporcionando a la composición contornos imprecisos y un aspecto de lejanía. El propio Leonardo definía el sfumato -término que él mismo acuñó- como “sin líneas o bordes, en forma de humo o más allá del plano de enfoque”. Por su parte, la perspectiva aérea (o perspectiva atmosférica) fue iniciada por Da Vinci para representar espacios tridimensionales en una superficie plana. De nuevo, se utiliza el juego de luces y sombras para, a través del color, engañar a nuestra percepción y transmitir una sensación de realismo. Leonardo crea una neblina y hace que los tonos pierdan contraste. Es una perspectiva mucho más realista que la perspectiva lineal que utilizaban los maestros del Quattrocento.

El segundo gran maestro del Alto Renacimiento es Miguel Ángel, que si bien es ante todo uno de los grandes escultores de la historia, también produjo importantes obras pictóricas. Son especialmente famosas las pinturas con las que decoró la Bóveda de la Capilla Sixtina, por encargo del papa Julio II. Con este enorme mural en el techo Miguel Ángel quedó inmortalizado como uno de los genios de la historia del arte. Las pinturas siguen ahí, colgando sobre las cabezas de los turistas, y mostrando 500m2 de color e imágenes. Miguel Ángel trabajó solo, sin ayudantes, para terminar esta impresionante obra (que le llevó cuatro años), e ideó una arquitectura simulada para compartimentar lo representado en varias escenas, todas ellas del libro del Génesis. Sin duda la más famosa es la Creación de Adán, pintura que analizamos en el artículo ‘Obras de arte con mensajes secretos’. Los personajes de Miguel Ángel tienen figuras colosales, musculadas y agigantadas, los fondos son de colores neutros, para no distraer de la acción de las escenas. Hay mucha expresividad y dramatismo, y observamos también ejemplos de escorzos, que muestran la maestría de Miguel Ángel con el pincel.

‘Pecado original y expulsión del Paraíso’, fragmento de la Bóveda de la Capilla Sixtina, pintada por Miguel Ángel entre 1508 y 1512

En 1500 Rafael tenía tan sólo 17 años. El más joven de los genios italianos se dejó influenciar por Miguel Ángel y por Leonardo y, con el buen consejo de su maestro Pietro Perugino -autor del Quattrocento-, consiguió combinar lo mejor de los antiguos maestros Masaccio y Botticelli con las innovaciones de sus coetáneos. Sus Madonnas con el Niño están llenas de gracia y encanto, y exquisitamente compuestas e iluminadas. Con un naturalismo idealizado, Rafael busca la belleza mediante el equilibrio, la proporción y la armonía. Utilizó tanto la perspectiva lineal como la aérea planteada por Da Vinci, y presentó un tratamiento escultórico a las figuras, dotándolas de volumen. La preocupación por la simetría se observa en Los desposorios de la Virgen (1504), y su obra más famosa es La escuela de Atenas (1511), un fresco que decora una estancia del Palacio Apostólico del Vaticano, y en el que aparecen los filósofos más importantes de la Antigüedad. Esta pintura es uno de los símbolos del Renacimiento, transmitiendo de manera clara el interés que durante esta época hubo por el pensamiento de la Grecia Clásica.

Rafael hace varios guiños a los maestros renacentistas contemporáneos: Platón se presenta con el rostro de Leonardo Da Vinci, Heráclito con el de Miguel Ángel. Incluso se autorretrata a sí mismo, escondido detrás del grupo de geógrafos, mirando directamente al espectador. Los historiadores del arte entienden que Rafael hizo este juego queriendo poner a los pintores del Renacimiento a la altura de los grandes pensadores de la Antigüedad.

El genio Rafael murió joven, en 1520, y con él la época dorada del Cinquecento romano. Su vida había sido digna de una película: huérfano, niño prodigio, se crió en los talleres de los mejores maestros, con 25 años pintó su obra maestra, y murió tras una noche de excesos sexuales. Una corta vida que no le impidió alcanzar la fama, fortuna y tras la que se ganó un puesto entre los mejores pintores de la historia.

En los últimos años del Cinquecento, un nuevo centro cultural apareció de forma paralela a Roma: la próspera y comercial Venecia. En la llamada escuela veneciana los autores dieron más importancia al color que al dibujo, y se interesaron por representar la naturaleza de manera mucho más protagonista. Este grupo de autores, encabezados por Tiziano, son normalmente considerados como el nexo de unión entre el Cinquecento y el manierismo, la última fase del Renacimiento. Es importante también hacer mención a pintores del Renacimiento fuera de Italia, como el alemán Alberto Durero (ver su Adán y Eva, de 1507).

Manierismo

Con la obra de Rafael, Leonardo y Miguel Ángel se había llegado a la perfección. Lo que viniera después ya no serían capaces de superar la calidad del Cinquecento, sólo podrían intentar imitarlos. Los pintores de generaciones futuras tendrían que pintar a la maniera de los grandes maestros del Alto Renacimiento, y así se llegó al manierismo. Durante esta etapa que ocupó el resto del siglo XVI se cambió completamente la lógica pictórica anterior: ya no se intentaba representar la realidad de manera naturalista, sino que se deformaba caprichosamente de manera extraña, los cuadros ya no transmiten orden, las figuras adoptan posturas complicadas, se las representa de manera desproporcionada, la luz pasa a ser fría y coloreada de manera antinatural, los colores no se apoyan en gamas y se enfrentan entre sí de manera brusca… Por todo ello el manierismo se entiende como una reacción “anti-Clásica”, que rompe la armonía. Es complicado interpretar los cuadros manieristas, porque tras sus extrañas composiciones se esconde un refinamiento intelectual muy profundo.

Miguel Ángel tuvo una enorme influencia sobre el manierismo, especialmente con su fresco de El Juicio Final (1537), donde aparecen las ideas de desorden, expresividad, espontaneidad, figuras retorcidas y mucho dramatismo. Las obras de los autores manieristas cambian el equilibrio del Cinquecento por la tensión, y el cromatismo suave por uno intenso. Así se observa en el trabajo de Tintoretto, alumno de Tiziano.

Tintoretto supo explotar el uso de las luces y las sombras que había aprendido de su maestro y consiguió crear escenas llenas de energía y dramatismo, con efectos de luz espectaculares y un uso alternativo de la perspectiva. En su Última cena (1592), Tintoretto rompe la tradición de la simetría alrededor de Jesús y plantea una acción en movimiento, desordenada, caótica y acompañada por seres fantásticos que sobrevuelan por el techo. Es una obra oscura y sombría, en el interior de una taberna, iluminada únicamente por una lámpara y por la aureola de Jesucristo. En los colores observamos una tonalidad que nos adelanta la próxima fase que atravesará la pintura: el barroco.

La última cena (Tintoretto, 1592)

Siguiendo con el antinaturalismo encontramos en la obra de El Greco un buen ejemplo de manierismo. Doménikos Theotokópoulos nació en la isla de Creta, en Grecia, y por su origen fue conocido y rebautizado como “El Greco”. Sus pinturas son especialmente innovadoras, y presentan rasgos totalmente característicos. Es muy fácil detectar un cuadro de El Greco: sus colores intensos, sus figuras alargadas, y sus escenarios mágicos e irreales nos dan la pista para saber cuándo el griego está detrás de una obra. Por salirse de la ortodoxia de la época, algunos han etiquetado a El Greco como un protoexpresionista.

EN EL SIGUIENTE CAPÍTULO…

Cuando El Greco muere en 1614, un nuevo estilo está cogiendo fuerza en detrimento del manierismo, que lleva ocho décadas y ya da signos de aburrir a clientes y artistas. Será un coetáneo de El Greco, Caravaggio, quien inicie la nueva fase de la pintura: el Barroco. En el Capítulo 4 de Historia de la Pintura abordaremos la pintura del barroco, que presentará rasgos muy diferenciados de lo visto durante el Renacimiento y el manierismo.