Lubezki, el arte de la fotografía en el cine

Las entrevistas se las llevan los directores, las fotografías y los autógrafos los actores, la atención los guionistas, y las reproducciones en YouTube los compositores de bandas sonoras. Sin embargo hay un elemento en las películas que, pese a pasar normalmente desapercibido, es clave para dar forma a la obra: la fotografía.

Esta sección, conocida como cinematography en inglés, supone la creación de atmósferas, ambientes y personalidad para la película. El director de fotografía se encarga no sólo de la posición de las cámaras, el estilo de las tomas y los planos, el encuadre o la posición de los actores en la escena, sino que además es el diseñador de los colores, tonos, texturas, luces y sombras que guiarán la trama a lo largo de la ficción. Es pues una labor importantísima para conseguir narrar una historia con efectividad. Es el arte de transmitir sensaciones a través de las imágenes.

Y en este arte tan complejo y bello es dominado de manera magistral por Emmanuel Lubezki, mexicano de éxito internacional y reconocimiento mundial. Ostenta un récord impresionante: tres Premios Óscars consecutivos, por la fotografía de Gravity (2013), Birdman (2014) y El renacido (2015). Además, ha sido nominado a este galardón en ocho ocasiones, gracias a películas como Sleepy Hollow (1999) o El árbol de la vida (2011). Su obra es admirada y analizada por crítica y público, y en este artículo le rendimos un homenaje repasando algunas de sus grandes composiciones.

El árbol de la vida (2011)

La indescriptible película de Terrence Malick encuentra en Lubezki un aliado perfecto para contar la historia. Criticada y aplaudida a partes iguales, mereció la Palma de Oro en Cannes y estuvo nominada a los Premios Óscar en las categorías de Mejor Película, Mejor Director y, cómo no, Mejor Fotografía.

Las imágenes que Lubezki nos regala en El árbol de la vida son místicas, mágicas y extrañas. Podemos ver desde tiernos retratos de la infancia, llenos de nostalgia y paz, hasta virulentas explosiones interestelares, con supernovas que implosionan y lenguas de fuego que escapan de las estrellas. Sin duda es un film poco ortodoxo, que no sigue los convencionalismos de Hollywood y lleva al extremo el concepto de cine de autor.

Para comprender el significado de estas imágenes de volcanes en erupción y mareas oceánicas agitadas uno debe ver la película. Y quizás más de una vez. Si el guión ofrece eternos minutos de silencio, lo cierto es que Emmanuel Lubezki los rellena de imágenes que dejan boquiabierto. Desde las escenas del universo inabarcable hasta las más íntimas, en el hogar.

El juego de luces, colores y formas se expresa de manera mágica en varios momentos de la película, deslumbrando al espectador y transportándolo a un lugar de ensueño.

La compleja situación familiar de los protagonistas, que tiene momentos de luz y momentos de sombras, se abriga siempre en una iluminación tenue, que transmite cobijo pero deja una sensación de tristeza. Es un ambiente visto en primera persona por el espectador, que se sitúa dentro de las escenas, siguiendo a los personajes.

El árbol de la vida es una película que sólo puede comenzar a verse conociendo el contexto de su director y el ritmo anormal de la narración. No podemos esperar encontrarnos una ficción al uso, con una trama estructurada en los típicos introducción-nudo-desenlace. En realidad es una continua reflexión que se sumerge en el existencialismo más puro. Y todo acompañado de la inconfundible cámara de Emmanuel Lubezki, que consiguió por esta cinta su quinta nominación al Óscar a Mejor Fotografía.

Gravity (2013)

De la mano de su compatriota Alfonso Cuarón, Lubezki se embarcó en un proyecto complejo y ambicioso. Retratar secuencias en el espacio no es tarea fácil, pero con la ayuda de las técnicas digitales se consiguió crear escenas y planos impresionantes.

Ganadora de siete Premios Óscar, entre los que destacan Mejor Director y Mejor Fotografía, Gravity es una verdadera odisea en el espacio. La pequeñez diminuta del ser humano queda evidenciada y lanzada al vacío, flotando en el universo, rodeada de estrellas y un negro absoluto.

Con su recurrente simbolismo, Lubezki consiguió su primer Óscar imaginando fotografías como la de una Sandra Bullock durmiendo en estado de ingravidez, como un feto en el vientre de la madre. En este caso, la persona se encuentra de una lata de metal, danzando alrededor de la Tierra.

Una vez creada la representación de la Tierra mediante técnicas informáticas, se convierte en un elemento visual muy potente. Una imagen que debe ser utilizada con sutileza, para no sobreexplotar su grandiosidad. Lubezki lo hace a la perfección y nos ofrece escenas geniales con el Planeta Azul de fondo.

Gravity supone la primera estrella en el particular Paseo de la Fama de Emmanuel Lubezki. Un recorrido de éxito que continuó los años siguientes, dejando algunos de los mejores trabajos que se han visto en lo referente a la fotografía.

Birdman (2014)

Fue otro director mexicano quien reclamó los servicios de Lubezki tras el buen material producido en Gravity. En esta ocasión Alejandro González Iñárritu le invitó a sumergirse en la profunda Birdman, una película basada en la reflexión y llena de potentes imágenes que ya forman parte de la historia del cine.

La complejidad de los sentimientos que se mezclan (orgullo, fracaso…) en el interior de cada personaje es acompañada por tonos oscuros, luces de neón y escenas que juguetean con el realismo mágico. Birdman se atreve a bajar a los fondos de la industria del cine, y retrata a una serie de actores aquejados por preguntas, problemas y deseos.

La mayor parte de la trama tiene lugar en interiores (habitaciones, camerinos, escenarios, despachos) y por la noche. Los personajes parecen vivir en el lado oscuro de la ciudad. Cuando salen a la calle, la realidad se vuelve confusa y rara, y aparecen elementos fantásticos que sólo se entienden conociendo la historia interna  y personal del protagonista.

El escenario sencillo y la paleta de colores apagada recorrían los interiores. Se mostraban habitaciones sucias y habitaciones ordenadas, pero todas escondían ese aire de amarga normalidad. No había nada destacable, nada sobresaliente. Todo era habitual y corriente. Desde la ropa tirada en el sofá hasta la cuidadosa limpieza de una cama bien hecha. Birdman es una historia increíble que habla de la sencillez del mundo y las personas normales.

Emmanuel Lubezki ganó su segundo Premio Óscar por su trabajo en Birdman, film que también obtuvo los premios a Mejor Película, Mejor Director y Mejor Guión.

El renacido (2015)

Y dando un paso más, Lubezki llegó a la cima del mundo en 2015 con El renacido. Repitiendo equipo con Alejandro González Iñárritu, ambos genios mexicanos consiguieron crear una historia a la vez dura y bella, en un entorno salvaje que supieron exprimir para sacar todo su potencia visual. El resultado es una de las películas con mejor fotografía que se han hecho jamás. Lubezki alcanza la excelencia y consigue su tercer Óscar consecutivo. Una proeza sólo al alcance de los genios.

Ayudado por un paisaje impresionante, Lubezki saca su cámara y la coloca en los lugares apropiados, esperando la luz precisa y asegurando el encuadre perfecto. Así maravilla al espectador con panorámicas visiones que empequeñecen al hombre y homenajean a la naturaleza.

El renacido es una historia de supervivencia que, al tiempo que nos lleva a seguir el destino de un hombre que busca venganza, nos invita a reflexionar sobre el impacto del ser humano sobre la naturaleza. La colonización del medio, la explotación de los recursos, la destrucción de la vida indígena y la violencia entre hombres son algunos de los temas que Iñárritu quiso abordar.

La tranquilidad del entorno natural se combina con la principal característica de los hombres: la violencia. Vemos el color rojo de la sangre manchando la nieve blanca, el humo de los disparos y sentimos el cabalgar de los caballos. La cámara nos introduce en la ficción y las escenas nos envuelven. Cada fotograma es una ventana que nos asoma al interior de la película. Si extendemos la mano creeremos poder tocar la nieve y sentir el frío.

Además, El renacido es una historia muy personalizada y enfocada en un personaje concreto, el protagonista que “renace” y sobrevive empujado por un instinto animal, por el amor que siente hacia su familia, y por la venganza que le hace hervir la sangre. En este sentido es la historia de un solitario, que vaga rodeado de una naturaleza bella y mortal.

En esta soledad del protagonista la naturaleza se convierte en el principal elemento de la narración. Los bosques, las praderas nevadas, el cielo extenso y los ríos de agua helada ocupan largos espacios de silencio durante la película. Secuencias de muchos minutos sin un sólo diálogo, y sin ni siquiera una banda sonora. Simplemente naturaleza. Paisajes y más paisajes. Imágenes y más imágenes creadas por un Lubezki inspirado por el entorno natural.

El renacido obtuvo doce nominaciones a los Óscars y ganó tres estatuillas: Mejor Actor para Leonardo DiCaprio, Mejor Fotografía para Lubezki (que tripitía) y Mejor Director para Iñárritu (que repetía). Fue todo un éxito entre la crítica, que señaló la potencia de las imágenes de Lubezki y aplaudió la actuación de DiCaprio. Lo cierto es que con El renacido se regala al espectador un viaje visualmente increíble a través de paisajes asombrosos y escenas envolventes. Un perfecto trabajo firmado por uno de los mejores directores de fotografía de la historia: Emmanuel Lubezki.