Muchas veces, los desiertos esconden el tesoro más valioso que se pueda imaginar. En ese ambiente duro y seco, bajo las dunas, las rocas desnudas y la arena, las civilizaciones más antiguas encontraron algo que les permitió prosperar. En este artículo descubrimos cómo con la imaginación y la tecnología el ser humano ha sido capaz de desarrollarse y sobrevivir, incluso en lugares que parecía imposible poblar.

Nos situamos en los desiertos de Irán, donde no fluyen ríos ni existen lagos. No hay vegetación. Sólo viento y piedras. Es el año 1.000 a.C y grupos de nómadas buscan un lugar para establecerse definitivamente. En la superficie de ese lugar inhóspito no hay nada que se pueda aprovechar para la vida pero, ¿y bajo el suelo?

Imagen de un qanat, un canal de aprovechamiento de las aguas subterráneas que se desarrolló especialmente en la antigua Persia. Fuente: Wikimedia

No se sabe quién ni cuándo exactamente, pero por aquella época a alguien se le ocurrió cavar en el suelo del desierto. Lo que encontraron al fondo les sorprendió, y les salvó. Era una fina y fresca capa de agua dulce. Tras los gritos de alegría, la inteligencia hizo el resto: así nació el sistema de los qanat, una sencilla y asombrosa técnica de aprovechamiento de las aguas subterráneas que se desarrolló especialmente en la antigua Persia.

Una vez encontrada la fuente de la vida (en realidad, acuíferos subterráneos), los pobladores del desierto se las ingeniaban para abrir un pasillo bajo la tierra que condujera desde el acuífero hasta el poblado, gracias al cual podrían establecer una zona de irrigación en la que plantar y cosechar.

Este “pasillo” o canal subterráneo se excavaba accediendo al interior del desierto a través de pozos que se iban abriendo. Estos pozos servían como entradas al canal, y permitían sacar agua y también realizar tareas de mantenimiento. Era importante que estuvieran cuidados, ya que el canal que transportaba el agua era el elemento más importante de toda la comunidad.

Estos pozos son la prueba visible de que bajo la arena fluye un canal, y aun hoy en día se pueden observar estos orificios sobre la superficie desierta.

Vista aérea de los pozos que dan acceso al canal subterráneo. Fuente: Agencia ASA

La técnica de los qanat nació en Persia (actual Irán), y se extendió por todo el mundo. En la actualidad tenemos ejemplos en lugares de Latinoamérica, Japón o Italia (en la ciudad de Palermo). El sistema, como hemos apuntado, no es muy complicado. El siguiente esquema lo señala muy bien: un primer pozo es el que encuentra la bolsa de agua del acuífero, y sucesivamente se van abriendo otros para excavar el túnel que conducirá el agua hasta el punto de salida.

Una vez en el exterior, el agua sigue canalizándose mediante acequias y canales para llevarla a donde interese, y repartirla entre los campos de cultivo, las fuentes para recoger agua o las zonas de bebederos para los animales.

Esquema explicativo del sistema de los qanats. Fuente: Wikipedia

Se estima que en Irán existen hasta 5.000 qanats, de unos 7 kilómetros de longitud de media. Eso significaría que el país está recorrido por 350.000 kilómetros de galerías y túneles subterráneos que transportan agua dulce y fresca.

Estos pasillos eran lugares húmedos, que permitían llevar el agua hasta a 70 kilómetros de distancia del acuífero. En la actualidad podemos no llegar a entender la importancia que este sistema tiene, y que permitió florecer a cientos de pueblos.

Interior de un qanat. Fuente: Wikipedia

Normalmente nadie bajaba a los túneles una vez se habían abierto. Eran pasillos inundados por agua que fluía, y era necesario mantenerlos limpios y lejos de la contaminación humana. Los pozos que bajaban hasta ellos eran un buen sistema de ventilación, y se podían utilizar también de manera excepcional como acceso a los túneles para hacer tareas de excavación o ampliación.

La siguiente imagen es perfecta para entender la importancia de los qanats y del aprovechamiento del agua subterránea en general. Se observa claramente el entorno desértico y se hace evidente el efecto de los qanats al ver el verde de los campos cultivados. El contraste entre el marrón y el verde es símbolo de lo que separa la vida de la muerte: el agua.

El agua del acuífero (que se encuentra bajo la montaña que se adivina por el relieve) es transportada bajo tierra hasta la zona verde, zona en la que además de campos de cultivo la gente podrá instalarse.

Zona en el Sur de Irán regada gracias a un qanat. Fuente: NASA, Wikipedia

Es importante también recordar el uso lúdico y social que tiene el agua, que no sirve únicamente para dar vida a los campos o para saciar la sed. La existencia de fuentes, canales y lugares frescos es necesaria en ambientes desérticos o semi-desérticos. La gente se sienta junto a las fuentes para charlar, pasea junto a los canales, busca los lugares frescos. En este sentido la técnica de los qanats permitió florecer a civilizaciones enteras, edificar ciudades y disfrutar de la vida en el desierto.

Piscina con el agua procedente del interior de la tierra. Fuente: Wikipedia

Los qanats que aparecieron en Persia hace casi tres mil años son una muestra más del ingenio del ser humano, del poder de la tecnología y del empeño que tiene nuestra especie en sobrevivir, algo que sólo puede conseguirse adaptándose al medio en el que nos ha tocado vivir, aprovechando lo que nos ofrece y respetando su naturaleza.