Con motivo del Año Geofísico Internacional, en 1956 el Reino Unido construyó la primera Base Halley en la costa del Mar de Weddell, en la Antártida. Este campamento científico fue incorporando mejoras y ampliaciones, de forma que la base cambió de nombre numéricamente: Halley I, Halley II, Halley V… Desde este lugar los científicos han conseguido importantes descubrimientos, como el del Agujero de la Capa de Ozono en 1985.

En el año 2012 se terminó la última renovación, que dio lugar a la Halley VI, en la actualidad la base científica más moderna del mundo. Es una de las más impresionantes estructuras creadas por el ser humano, y en este artículo vamos a conocerla un poco mejor.

La primera característica que llama la atención de la Halley VI es que, como si de un mueble de IKEA se tratara, está compuesto por piezas y bloques independientes (módulos: siete azules y uno rojo). Su construcción comenzó en 2006 en Sudáfrica, y su traslado a la Antártida se realizó por partes y durante varios años, aprovechando los periodos de verano polares.

Otra de las características de esta curiosa base es que está en altura, es decir, no está apoyada sobre el terreno, sino sobre una serie de pilares que la elevan varios metros del suelo. Así se consigue evitar que la base quede inmovilizada por la nieve tras una ventisca, como ocurrió con sus predecesoras.

Este diseño fue premiado con el “Structural Award 2013”, un prestigioso premio que celebra la Institution of Structural Engineers.

La base está operada y es propiedad de la British Antarctic Survey (BAS), institución fundada en 1962 para el estudio de los ecosistemas polares. Desde Febrero de 2013 un equipo de entre 16 (en los meses de invierno) y 52 personas habita en la Halley VI, que lleva cuatro años operativa. Además de los científicos de la BAS hay personal técnico para las labores de limpieza, cocina, manutención… y capitaneo.

¿Capitaneo? Efectivamente. El secreto de la Halley VI es que se puede mover. Los pilares que la elevan del suelo son en realidad piernas hidráulicas con grandes esquíes que se deslizan por el terreno antártico, permitiendo a cada módulo desplazarse.

Y aunque es un movimiento lento, es muy importante esta capacidad motora por el continuo agrietamiento de los casquetes polares. De hecho, en la actualidad la Halley VI está huyendo de una grieta que no deja de crecer. La base debe moverse lo más rápidamente posible y encontrar un nuevo emplazamiento seguro.

Desde los días de la Halley I, esta base científica se ha dedicado a estudiar la glaciología y las consecuencias del cambio climático. En la moderna Halley VI se abastecen de energías limpias: cuenta con turbinas de viento y energía fotovoltaica. El buen aislamiento de las instalaciones permite un consumo eficiente de energía durante todo el día, por lo que podemos decir que este laboratorio predica con el ejemplo: investiga la sostenibilidad de un modo sostenible.

La Halley VI está formada por siete módulos de color azul conectados mediante brazos flexibles. En su interior hay laboratorios, oficinas, salas de estudio, plantas de energía y habitaciones. Un módulo más grande y de color rojo sirve como espacio social: espacios de descanso y ocio, una biblioteca, un comedor, un bar y un gran ventanal de cristal.

En los meses de verano conviven hasta 52 personas en los módulos de la base científica. Además de salir a hacer extracciones y tomar muestras del hielo tienen mucho trabajo en los laboratorios. Sin embargo, la Halley VI también tiene espacios para el descanso y el ocio (¡tienen hasta una mesa de billar!). Se ha demostrado que el descanso mejora la productividad, así que nunca viene mal desconectar un poco de las investigaciones.

La base científica Halley VI es un ejemplo más de que el ser humano, cuando se lo propone, puede conseguir cosas increíbles y que parecen imposibles. Desde atravesar el helado Paso del Noreste hasta encontrar agua bajo el desierto, nuestra especie nunca dejará de sorprendernos.