A finales del S.XIX la novela comenzó a transformarse. El influjo del Simbolismo había afectado al Naturalismo y Realismo, que vivían sus últimos años. La novela como una sucesión de hechos externos cronológicos había llegado a su fin. A partir de entonces los autores comenzaron a preocuparse más por la forma, una forma que llegó a ser poética. Los autores se preocupan más por la estructura y por el lenguaje. Nuevos métodos como la interiorización de la trama ayudarán a romper con la linealidad de la novela realista. Técnicas como el flujo de conciencia o el monólogo interior son incluidos en las novelas, que se preocupan más por el “yo” que por el desarrollo de la trama. El filósofo francés Henri Bergson fue el que, en 1889, dio un empujón a la renovación de la novela publicando su ensayo sobre los datos de la conciencia, donde invitaba a los autores a crear una novela que analizara a fondo los contenidos de la conciencia.

Cine y Literatura

La novela de finales de siglo XIX coincidió con la aparición del cine, que durante unos años fue un cine experimental, no el cine que conocemos. De todas formas, para llegar hasta el cine que conocemos nosotros, los directores y guionistas se dejaron influenciar por la novela. De hecho, muchos de los guionistas y directores eran escritores también.

La influencia de la novela contemporánea llevó al cine a alcanzar un lenguaje propio. El lenguaje cinematográfico se consiguió hacia 1910, quince años después de la invención del cinematógrafo. Con la adquisición de este lenguaje el cine comenzó a tener continuidad, diferentes puntos de vista y una trama. Antes de eso y de la influencia de la novela el cine era simplemente pequeños documentales en los que se veían cómo una avioneta despegaba o cómo una familia tomaba el té. Ahora, con la influencia de la literatura, las películas empiezan a tener mayor duración y comienzan a contar historias, sobretodo historias populares, que el público ya conocía y comprendía la trama. Así pues, la literatura prestó el argumento al cine y también las nuevas técnicas, como la de la simultaneidad (contar diferentes acciones). De la misma forma, el cine también influyó en la literatura, sobretodo en los movimientos vanguardistas del XIX. El futurismo quedó sorprendido por el movimiento, y el expresionismo o el imaginismo se maravillaron con los primeros planos y colages. Así pues, cine y literatura fueron de la mano a finales del XIX y principios del XX.

Características de la novela contemporánea frente a la tradicional

La novela contemporánea (la del S.XX) presenta muchos cambios con respecto a la novela tradicional (la novela realista del XIX). Para empezar, en la novela tradicional el narrador es omnisciente, controla todos los aspectos y elementos de la acción, por ejemplo, en “Doña Perfecta”, en cambio en la novela contemporánea el narrador es dubitativo, que no conoce lo que va a pasar, muchas veces es un narrador en primera persona, como, por ejemplo, en el “Ulises” de Joyce. Los puntos de vista también son diferentes. Mientras en la novela tradicional el narrador es omnisciente e impersonal, en la novela del S.XX los puntos de vista pueden ser varios (monólogo interior, objetividad). En cuanto a la estructura, la novela realista tiene su trama organizada de forma lineal, cronológica, los hechos transcurren unos detrás de otros, hay causalidad.

En la novela contemporánea, por el contrario, la estructura no está claramente definida. A veces se presentan simultáneamente varios sucesos, la estructura “presentación-nudo-desenlace” ya no sirve. Se rompe la continuidad a través de la interiorización de la trama. Lo mismo pasa con el tiempo, el tiempo en la novela realista tradicional es lineal y cronológico, en la novela contemporánea se rompe con el orden lineal, y se solapan pasado, presente y futuro, con nuevas técnicas como el flash-back, la repetición o la retrospección (técnicas que influirán en el cine). Los personajes también tienen sus diferencias. Por ejemplo, de los personajes, en la novela tradicional, conocemos cualquier aspecto físico o psicológico, gracias a la omniscencia del narrador.

En la novela contemporánea, el personaje es un anti-héroe, un ser corriente, que evoluciona conforme avanza la trama. La novela se centra más en el personaje que en los hechos. En cuanto al espacio, la trama de la novela tradicional transcurre en el campo o en la ciudad, da lo mismo, pero en la novela contemporánea es la ciudad el escenario por excelencia, la ciudad complementa a los personajes, la ciudad es un personaje más. Y, finalmente, sobre los géneros, la novela tradicional sigue los cánones de la novela pura y, por el contrario, los autores contemporáneos escriben todo clase de estilos y géneros.

Autores del primer tercio del S.XX

En la renovación de la novela (finales del XIX, principios del XX) es importante citar al norteamericano Henry James, que trata cuidadosamente la relación “entorno-personajes”. Los personajes de James vienen determinados por el entorno. Así mismo, la descripción del entorno es un espejo de lo que sucede en la mente de los protagonistas. Henry James cuida también el estilo y el punto de vista. El narrador interviene sólo para darnos la interpretación indirecta de los acontecimientos.

Pero, más importante que Henry James es el francés Marcel Proust, que será de los primeros en escribir ya dentro de los cauces de la renovación, dejando atrás los movimientos y estilos del XIX. Proust se inició desde muy joven en la literatura, leyendo a poetas románticos y simbolistas. Vivió una vida de salón en salón, juntándose con la alta sociedad, pero la muerte de sus padres le llevó a apartarse de esa vida y a sumirse en un enclaustramiento personal. A partir de 1909, encerrado en su casa, aislado del mundo, comienza a escribir su gran proyecto y una de las novelas más importantes del siglo: “En busca del tiempo perdido”. Esta novela, aunque puede parecer autobiográfica, no lo es. Sí cuenta con recuerdos del propio autor, pero están expuestos de forma no lineal. La novela entera es una mezcla de espacios temporales. Es una especie de mosaico que no sigue ninguna linealidad. Por eso tuvo problemas a la hora de encontrar algún editor que quisiera publicarla. Era una novela que rompía con todo lo anterior, de estilo original pero arriesgado. En cuanto a los personajes, todos los del libro sufren algún tipo de insatisfacción o de desengaño, los personajes de Proust, además, van evolucionando y cambiando conforme avanza la novela, pasan por tantas fases que es difícil describir sus historias. La novela, compuesta por siete volúmenes, es muy larga. El estilo de Proust acaba por enterrar los restos de la novela del siglo XIX.

Otro de los autores importantes de principio de siglo es el irlandés James Joyce, que con su famosa novela “Ulises” revolucionó la forma de escribir, combinando diferentes estilos, saltándose las reglas de puntuación… etc. James Joyce comenzó a escribir “Ulises” en Zurich (Suiza), donde tuvo que refugiarse con su familia durante la Primera Guerra Mundial. Como bien indica el título de la novela, el autor intenta plasmar una épica moderna del hombre ordinario, a modo de Odisea. El Ulises de Joyce sigue a la Odisea de Homero tanto en tema como en la forma, puede decirse que para comprender bien el Ulises de Joyce hay que haber leído la Odisea. Si el Ulises de Homero es un griego astuto, famoso, valiente… el Ulises de Joyce es un judío de Dublín, agente de publicidad, cuya mujer le es infiel. Es una representación de la vida de un fracasado, poniéndole el irónico título de un héroe de la Antigüedad.

Una contemporánea de Joyce, murieron y nacieron el mismo año, Virginia Woolf, se convertirá en la otra figura decisiva de la narrativa inglesa moderna. La obra de Woolf está llena de lirismo y un lenguaje culto, casi religioso. Virginia Woolf, hija del escritor Leslie Stephen, mostró desde pequeña una extremada sensibilidad. La muerte de algunos familiares acentuó su crisis nerviosa y la neurosis que padeció a lo largo de su vida. De hecho, la muerte, presente en la mayoría de sus novelas, y la búsqueda del significado de la vida son dos motivos recurrentes de la escritora. Los comienzos literarios de Virginia Woolf se asientan todavía en la tradición, cuando se empieza a notar la originalidad es con “El cuarto de Jacob”, donde se yuxtaponen imágenes y palabras. El contenido lirismo de Virginia Woolf aflorará en su siguiente novela “Mrs.Dalloway” (1925), donde la doble acción sigue la estructura del contrapunto, por un lado el proceso de enloquecimiento de un vulgar empleado que es en parte reflejo de la vida de la escritora, y, por otro lado, la descripción de la vida de Clarissa Dalloway, una mujer brillante, esposa de un político.

En 1927 se publica la que se considera su mejor novela: “Al faro”, en la que las divagaciones de la mente ocupan más espacio que la propia acción de la trama, que habla de una familia que preparaba una excursión a un faro que no pudieron realizar debido al mal tiempo. Finalmente esa excursión tiene lugar diez años después. La trama queda relegada a un segundo plano, lo importante es la dimensión psicológica de los personajes.

Otras obras de Virginia Woolf son “Las olas”, un libro experimental y llamativo, “Los años”, donde se retoma el tradicional tema del paso del tiempo, “Un cuarto propio”, que es un claro alegato feminista… Finalmente, Virginia Woolf se suicidó ahogándose en un río.

Otro de los escritores que han de ser nombrados es Franz Kafka, uno de los autores fundamentales del S.XX. Vivió los años en los que el movimiento expresionista estaba en auge, pero, aun así, su obra no se incluye dentro del expresionismo. En cierto sentido es un escritor aislado, debido a su condición de judío en parte. En cuanto a su obra, pocos autores han ligado sus problemas vitales tanto a su obra. En sus novelas aparecen el mundo consciente y el inconsciente. La enorme sensibilidad, la introversión y timidez, unidas a la figura de un padre autoritario, hicieron mella en las novelas de Kafka, que dedicó toda su vida a la escritura. Obras como “Carta al Padre”, donde se demuestra la tensa relación que tenían ambos dos, o “La Metamorfosis”, su obra maestra, las escribió en vida. Parte de su obra es póstuma y se publicó gracias a su amigo Max Brod, que hizo caso omiso a la petición de Kafka de quemar todas las obras. Gracias a él se publicaron novelas como “El Castillo” o “América”. La escritura de Kafka es enigmática. Resulta paradójico el tono impasible de la narración frente al horror de los hechos narrados. En cuanto a la temática, siempre se tratan temas profundos como el conflicto generacional entre padres e hijos, la imposibilidad de realizarse como ser individual, el poder del azar en la vida, la alienación del ser humano al servicio del trabajo…