Aunque en las elecciones del 12 de Abril de 1931 los monárquicos obtuvieron mayoría de votos en las zonas rurales por el control que los caciques ejercían en esas zonas, la coalición republicano-socialista triunfó en las grandes ciudades, mostrando así la verdadera falta de apoyo que la monarquía tenía. La república llegó de forma pacífica y en un ambiente festivo. Para mucha gente la república era el símbolo de las reformas políticas y sociales que necesitaba el país. El 14 de Abril de 1931 el nuevo presidente del gobierno, Alcalá Zamora, proclamó en Madrid la II República y exigió al rey Alfonso XIII que abandonara el país. El gobierno estaba formado por todos los partidos favorables a la república: republicanos de derechas, republicanos de izquierdas, Partido Socialista (PSOE)… Estos partidos representaban a las clases medias profesionales, a la pequeña burguesía y a los líderes obreros de ideas socialistas.

A la proclamación de la II República el 14 de Abril de 1931 siguió la formación de un Gobierno Provisional, formado principalmente por los firmantes del Pacto de San Sebastián y presidido por Alcalá Zamora. El Gobierno Provisional preparó las elecciones a Cortes Constituyentes. Los resultados de las elecciones dieron un triunfo aplastante a la coalición de republicanos y socialistas, que consiguieron casi el 90% del Parlamento. Destacaron dos grandes partidos: el Partido Socialista, con 116 diputados y el Partido Republicano Radical, con 90 diputados. Por primera vez en la historia hubo tres mujeres diputadas en el Parlamento, entre ellas Clara Campoamor. En las elecciones de 1931 los partidos de derechas y antirrepublicanos consiguieron pocos votos, ya que fueron muy desorganizados. En total los partidos de derechas sumaron entre todos apenas 50 diputados.

Una vez formado el Parlamento, se elaboró y aprobó la primera constitución republicana de la historia de España. La Constitución de 1931 definía a España como una República democrática y laica. Esta constitución contenía una amplia declaración de derechos y libertades para la sociedad: se reconoció el derecho de voto de las mujeres, el matrimonio civil, el divorcio, la educación primaria obligatoria y gratuita… etc. También se reconocía la propiedad privada, aunque ésta podía ser expropiada por el Estado. También se estableció la división de los poderes: legislativo, ejecutivo y judicial.

Una vez aprobada la constitución, Alcalá Zamora fue elegido presidente de la República. Alcalá Zamora encargó a Manuel Azaña la formación de gobierno. Azaña formó gobierno con una alianza entre republicanos de izquierdas y socialistas. El primer bienio republicano se caracterizó por la puesta en marcha de muchas reformas, que afectaron a la educación, a la Iglesia, a la agricultura, al Ejército, a la política territorial, a la política social… etc.

En primer lugar, la política religiosa tuvo como objetivo establecer una clara separación entre la Iglesia y el Estado. Se pusieron en marcha leyes que no gustaron a la Iglesia, como la “Ley del Divorcio” o la “Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas”, ésta última ley suponía el cierre de escuelas religiosas.

En cuanto a la política educativa y cultural, el Gobierno se propuso hacer de la educación gratuita y laica un derecho universal. Se construyeron unas 13.000 escuelas, y se aumentó el número de maestros a más de 50.000 en todo el país. El número de institutos de bachillerato se duplicó, y se aumentaron el número de bibliotecas públicas. La política educativa se dirigió también a la extensión de la cultura en las áreas rurales. Para ello se crearon las “Misiones Pedagógicas”, en las que colaboraron intelectuales como Antonio Machado ó Pedro Salinas.

En cuanto a la política social y laboral, el Ministro de Trabajo, Largo Caballero, aprobó una serie de leyes como la “Ley de Contratos de Trabajo”, que regulaba la jornada laboral o el trabajo de las mujeres y los niños. Otra ley aprobada fue la “Ley de Jurados Mixtos”, que estaba dirigida a buscar la conciliación y el acuerdo entre empresarios y obreros, en temas como las condiciones de trabajo, los despidos, los salarios… etc.

Una de las reformas más importantes realizadas durante el Bienio Reformista fue la reforma agraria. La “Ley de Bases de la Reforma Agraria” pretendía la modernización técnica del campo, acabar con el latifundismo y redistribuir la propiedad. La aplicación de esta ley estuvo en manos del Instituto de Reforma Agraria (IRA), aunque con un presupuesto insuficiente. La reforma agraria fue una de las prioridades del gobierno debido a varias causas: el colapso industrial en las ciudades, el crecimiento demográfico, y las reivindicaciones de los sindicatos y campesinos. El Instituto de Reforma Agraria tenía varios objetivos: la modernización técnica en el campo (para que incrementara la producción agrícola), la redistribución de la renta agraria (para que el dinero generado volviera a los campesinos), y acabar con latifundismos improductivos. Finalmente lo que se consiguió con la Reforma Agraria no fue tanto como se planeó, debido a la falta de medios y de presupuesto. Además la fuerte oposición de los grandes propietarios de tierras y el escaso compromiso de los políticos y ministros del gobierno.

Las reformas del Bienio Reformista también afectaron al Ejército. El problema militar se solucionó con importantes recortes para ahorrar dinero al gobierno. Se redujo el número de jefes y oficiales, y con esta medida, a la vez que se ahorraba dinero, se intentó que disminuyera el riesgo de que hubiera un golpe de estado por parte de los militares. Además se cerró la Academia General Militar de Zaragoza.

Finalmente durante el Bienio Reformista también se puso especial atención al problema territorial. En Cataluña había cada vez más deseos de autonomía. Se aprobó el proyecto del “Estatuto de Nuria”, y se llevó al Congreso de los Diputados. En el Congreso la derecha se opuso a aprobar el Estatuto, y la izquierda no muestra mucho entusiasmo. Aun así, Manuel Azaña acabó aprobándolo. De esta manera, con un Estatuto de Autonomía propio, Cataluña ganó competencias exclusivas en cuestiones de administración y servicios sociales.

Durante el Bienio Reformista el gobierno de Manuel Azaña sufrió el acoso y la oposición de muchos sectores. Por un lado hubo una parte del Ejército que intentó un Golpe de Estado en 1932, liderado por el general Sanjurjo. Finalmente no tuvo éxito, pero quedo claro que parte de los militares estaban en contra del Gobierno. Además, en el ámbito político, se creó un nuevo partido político: la CEDA (la Confederación Española de Derechas Autónomas). Era un partido claramente de derechas, que estaba apoyado por la Iglesia, por los grandes terratenientes latifundistas, y todos aquellos que se oponían a las reformas del Gobierno de Azaña. La CEDA representaba la derecha más pura, sus ideas se basaban en la religión, la familia, el orden y la propiedad.

Por otro lado la coalición que formaba el gobierno, entre Partido Socialista y Partido Radical, tenía bastantes problemas internos. Principalmente debido a la postura del líder del Partido Radical, Alejandro Lerroux. Los problemas internos en el gobierno hicieron peligrar la coalición, republicanos y socialistas estaban cada vez más divididos. También fue importante la oposición de los sindicatos. La CNT convocaba huelgas y movilizaciones continuamente. El episodio más importante y sangriento tuvo lugar en Casas Viejas, provincia de Cádiz, donde campesinos de la CNT se enfrentaron a la Guardia Civil, que finalmente acribilló a ocho campesinos y fusiló a otros doce. La oposición radical y la derecha exigieron una investigación por la matanza de Casas Viejas. La opinión pública y la prensa responsabilizaron a Azaña.

Finalmente, Azaña presentó su dimisión y se convocaron elecciones en 1933. En dichas elecciones (en las que votaron por primera vez las mujeres) el centro (Partido Radical) y la derecha (CEDA) obtuvieron la victoria, pues se presentaron unidos y organizados, a diferencia que la izquierda. El gobierno lo formó el Partido Radical y lo presidió Lerroux. Este gobierno llevó a cabo una serie de medidas que detenían algunas reformas del bienio anterior: se detuvo la Reforma Agraria, se eliminó el matrimonio civil, se devolvió a la Iglesia la participación en la enseñanza, y se anuló el concepto de autonomía. Todas estas medidas conservadoras y la entrada de la CEDA en el gobierno provocaron la reacción de los movimientos obreros. Los anarquistas y el PSOE optaron por la vía revolucionaria y decretaron la Huelga General Revolucionaria (Octubre de 1934). Coincidiendo con esto Esquerra Republicana proclamó la independencia de Cataluña.

La huelga tuvo un seguimiento irregular, sobretodo triunfó en la Cuenca Minera de Asturias. El gobierno envió al ejército al mando de Franco y durante dos semanas Asturias se convirtió en un campo de batalla. La Revolución de Octubre de 1934 se saldó con miles de muertos y más de 30.000 detenidos. Además el gobierno suspendió la Autonomía de Cataluña y encarceló a la Generalitat. A partir de Octubre de 1934 la situación política en España se polarizó hacia la extrema derecha e izquierda. La reconciliación política parecía imposible. La caída del gobierno radical-cedista se produjo por el hundimiento del Partido Radical, que se había involucrado en escándalos de corrupción. Nuevamente se disolvieron las cortes y se convocaron elecciones.

A las elecciones de 1936 acudieron unidas tanto la izquierda (Frente Popular), como la derecha (CEDA), mientras se hundía el Partido Radical que había ocupado el centro hasta entonces, lo cual contribuyó a la radicalización política. Las elecciones las ganó el Frente Popular, una gran coalición de los republicanos de izquierda, socialistas y comunistas. Alcalá Zamora fue sustituido por Azaña como presidente de la República, y Casares Quiroga presidió el gobierno. Se decretó la amnistía para todos los encarcelados en Octubre del 34, restituyó la Autonomía de Cataluña y esta vez sí que aplicó la Reforma Agraria de forma más generalizada. También se reanudaron las reformas del Bienio Reformista, que afectaban a la Iglesia, al Ejército… etc.

Durante la Primavera de 1936 la tensión política y la violencia se apoderaron de España. Los anarquistas ocupaban fincas en el sur de España (ocupación de latifundios), mientras la violencia callejera iba en aumento. Falangistas y anarquistas asesinaban a sus enemigos políticos casi a diario, y un sector del ejército, liderado por el General Mola, preparaba un golpe de estado contra la República. El detonante del golpe de Estado fue el asesinato de Calvo Sotelo.