La barca está llena de cajas y sacos. Se tambalea cuando nos subimos, pero una voz nos dice que no nos preocupemos. Es Dáin, uno de los enanos que nos acompaña. En ese momento otros dos desatan las sogas que nos mantienen unidos al muelle y empezamos a movernos. Estamos en el puerto nuevo de Framsburg, la antigua capital de Éothéod, ahora ocupada por los enanos. Todavía quedan algunos hombres en este antiguo reino, y entre la tripulación se cuentan un par de ellos. La relación con los enanos no es muy buena, pero a nosotros parecen tenernos aprecio.

“¡Adiós! ¡Volveremos con más de lo que nos llevamos!” grita jocosamente uno de los enanos. Es una barca grande, típica para el comercio fluvial por el gran río Anduin, que según nos han dicho recorre el corazón de la Tierra Media. Hemos tenido suerte de que estos vendedores de mithril accedieran a llevarnos.

Dejamos atrás las Montañas Grises y comienza nuestro viaje. Vamos a conocer los rincones donde tuvieron lugar los hechos de la famosa Guerra del Anillo. Hacía tiempo que queríamos conocer de cerca la historia que tantas veces nos contaron nuestros padres. ¿Veremos la tumba de Aragorn? ¿los campos donde luchó el famoso Legolas? ¿qué aspecto tendrá ahora Mordor? ¡El curso del Anduin será nuestro guía!

El mundo es muy grande, y sólo se puede conocer explorándolo. Durante años hemos estado repasando los libros y los mapas, pero por fin habíamos decidido salir de las bibliotecas y salas de estudio para pasar a la acción. Es cierto que la Tierra Media ya no es el lugar de peligros y aventuras que en otro tiempo fue, pero aun así el viaje va a ser muy interesante.

“El río Anduin nace en las Montañas Grises -Dáin comienza a hablarnos, lo estaba deseando. Y nosotros también-. Es uno de los ríos más largos del mundo, porque todavía no conocemos a fondo las tierras que quedan más allá de Rhûn, y sin duda el mayor de la Tierra Media. Discurre entre las Montañas Nubladas y el Bosque Negro hasta llegar a las llanuras de Rohan. Son varios días de travesía por un recorrido que en tiempos fue oscuro y poco transitado…”

Está claro, el afable Dáin va a hacer las veces de guía turístico. Mientras los demás enanos ordenan los bultos y los hombres reman, nosotros estamos disfrutando de las historias de este viejo enano. Lo primero que está haciendo es explicarnos el curso del Anduin, que recorre varias regiones y tiene hitos famosos como el Lago Nen Hithoel, con su enorme cascada (¡que no sabemos cómo superaremos!) o la ciudad-puerto de Osgiliath, ya en Gondor.

“El Río Grande -prosigue Dáin- deja a un lado la provincia de Ithilien y al otro la de Anórien”. En esta zona del mundo pocos hablan del río Anduin: lo llaman simplemente “Río Grande”.

El río es el vertebrador de la vida, la vía que permite intercambiar mercancías entre los reinos de los hombres, como Rohan o Gondor, y las montañas del Norte. Pero nosotros vamos mucho mas lejos. “Cuando lleguemos a Pelargir podréis contemplar la grandeza de las ciudades costeras del Sur de Gondor”. Las palabras de Dáin hacen brillar nuestros ojos. Nos imaginamos esos paisajes y lugares y no podemos esperar a visitarlos. Venimos de muy lejos, y esta tierra no es como la nuestra.

Curso alto: desde las Montañas Grises hasta el reino de los elfos

“El Bosque de las Hojas Verdes no siempre se ha llamado así, ¿sabéis? En la época de Aragorn y Frodo se le conocía como el Bosque Negro. Era un lugar maldito, poseído por la magia oscura de Sauron. En su interior se encontraba la temible fortaleza de Dol Guldur. Antes de que el Señor Oscuro estableciera este fortín, este lugar se conocía como el Gran Bosque Verde”.

En ese momento un nuevo interlocutor se suma a la conversación. La tripulación no es ajena a lo que nos cuenta Dáin, que parece hablar para toda la barca. “Este bosque sigue maldito” dice el capitán, Gróin, con un tono muy serio.

El Bosque Negro, que se extiende paralelo al río Anduin hasta la altura de Rohan

A Gróin lo hemos conocido en el puerto de Framsburg, y aunque ciertamente es de gesto seco ha sido él quien nos ha permitido subirnos a su barca. Le estamos agradecidos por ello, pero él no va a querer nuestra amistad. Al parecer no quiere la amistad de nadie. Es heredero del típico carácter enano, que durante milenios han preferido la sombra de la ladera al trato abierto con otras razas.

Los enanos habían sido expulsados de las montañas por grandes criaturas del Mundo Antiguo, como el Balrog o Smaug, el dragón. Ahora, tras el pacífico reinado del rey Aragorn II se estaba viviendo una enorme re-colonización de estas tierras. Las Montañas Grises volvían a estar llenas de vida, con varias rutas comerciales y núcleos urbanos floreciendo. Con cada golpe de sus picos y palas, los enanos hacían crecer la economía. Todo eso lo sabemos gracias a lo que hemos podido ir leyendo en nuestras casas. Ahora estamos siendo testigos de ello.

“Durante gran parte del trayecto vamos a tener a nuestra derecha la gran cordillera de las Montañas Nubladas -nos dice Dáin-. Y en la orilla izquierda no encontraremos nada, salvo la antigua finca de Beorn, ya abandonada, y la linde del bosque.”

Aunque el Bosque de las Hojas Verdes ya es un lugar sanado, es verdad que desde la barca, mientras avanzamos por el río, lo miramos con cierto recelo. Si se intenta, se puede aguzar la vista y notar la profundidad y oscuridad de esta gran masa de árboles. ¿Qué lugares todavía sin descubrir se esconderán en su interior! El recuerdo del mal de Dol Guldur sigue presente aunque ha pasado mucho tiempo.

“Los elfos han curado el bosque y, aunque no es habitual escucharlo de la boca de un enano, han hecho un buen trabajo -Dáin sonríe-. Pero el poder que Sauron desató en este lugar fue muy intenso, y todavía no nos acostumbramos a la orilla del Bosque Negro…”

Hablando de elfos, nos advierten que ya estamos a la altura de Lórien, uno de los reinos de esta raza. Nosotros lo conocemos como Lothlórien, hogar de la famosa elfa Galadriel y de la ciudad-árbol de Caras Galadhon.

Caras Galadhon, la fortaleza-árbol que sirve de ciudad capital del reino de Lórien

Ahora que Galadriel, una de las últimas protagonistas de la Guerra del Anillo que quedan por la Tierra Media, está pensando en irse al reino de Aman (las Tierras Imperecederas), muchos dicen que Lothlórien será progresivamente abandonado. Sería una pena, puesto que es un precioso bosque a los pies de las Montañas Nubladas.

Curso medio: desde Fangorn hasta las cataratas de Rauros

“Seguro que sobre las alas de Meneldor llegaríais mucho antes a vuestro destino” se ríe de pronto uno de los hombres. “Calla y sigue remando -le dice Dáin para nuestra sorpresa-. Se refiere a una de las grandes águilas que muchos años atrás ayudaron a los Héroes de la Guerra del Anillo”.

Ya habíamos oído hablar de aquellas águilas, y muchas veces habíamos pensado en que Frodo y Sam habrían llegado a Mordor sin tantos sobresaltos si hubieran hecho uso de ellas. Pero nosotros preferimos no acortar el trayecto. Lo que nos interesa no es llegar al fin del camino, sino recorrerlo.

Hemos dejado atrás los bosques de Lórien y enseguida nos topamos con las primeras ramas del Bosque de Fangorn, que todos conocemos por la historia de los ents y de Bárbol, el pastor de árboles que ayudó a los héroes Merry y Pippin. ¡Cuántas veces nos habrán contado la batalla de los ents contra Isengard!

“Nos estamos acercando al Lago Nen Hithoel, allí al fondo podéis adivinar las cabezas de los Argonath -Dáin señala a lo lejos-. Y, por cierto, ya estamos en Rohan”.

“Rohan”, el país de los caballos y los guerreros rohirrim. Un lugar histórico y en el que los hombres demostraron a Sauron que no le iba a ser nada fácil destruirlos. La épica batalla del Abismo de Helm, la reunión de miles de jinetes para ir a Gondor, el dorado brillante de Edoras…

Mientras recordamos las aventuras del Aragorn montaraz, Gróin sigue dando órdenes a la tripulación. Al parecer hay mucho que hacer. “Nos estamos preparando para Rauros, el enorme salto de agua que el Anduin hace en el lago”. Creemos entender lo que nos acaba de decir Dáin: hay que prepararse para las famosas cataratas que despidieron el cuerpo de Boromir. ¿A caso vamos a saltar también nosotros?

“Nos bajaremos en la orilla de Emyn Muil -dice Gróin mirándonos-. Así veréis de lejos la Ciénaga…”.

Pasamos por debajo de los impresionantes Argonath, que recuerdan a dos antiguos reyes de los hombres, Isildur y Anárion, y navegamos por el gran lago redondo. Miramos a nuestra derecha y vemos la orilla en la que la Comunidad del Anillo se enfrentó a los uruk-hai. Pero la embarcación se desvía hacia la izquierda. “Ahora hay que deshacer la barca y llevarla a cuestas” dice un hombre cuando llegamos a la orilla.

Este fue el lugar donde Frodo y Sam dieron sus primeros pasos en solitario, dejando atrás a sus compañeros. La historia nos la sabemos de memoria. Mientras los demás deshacen con sorprendente facilidad los maderos de la barca nosotros nos adentramos un poco hacia el interior. Da miedo pensar que allí delante están las afiladas colinas de Emyn Muil, donde los dos hobbits descubrieron que Gollum les seguía. Este sitio ya nos daba miedo cuando leíamos sobre él, y ahora estamos a dos pasos. “Mejor no ir por allí” nos dice Dáin. Y tiene razón.

Bajamos la ladera empinada. Los hombres cargan con los maderos y los enanos con la mercancía. Al llegar de nuevo a la orilla, ya al pie de la gran catarata, comienza la labor de reconstrucción. Se empieza a escuchar el sonido del martillo golpeando clavos. “Es una suerte que las barcas de Éothéod sean desmontables” comenta un hombre mientras va clavando maderos. “Es todo un invento” dice otro.

“Mirad chicos -Dáin se acerca a nosotros-, ¿veis aquella nube verde que no se despega del suelo? -la vemos, está lejos, pero se percibe en contraste con el azul del cielo-. Es la Ciénaga de los Muertos, un lugar que sigue maldito y que guarda los cuerpos de elfos y hombres”. Es cierto lo que nos dice Dáin. Han pasado miles de años pero aquella batalla es de las más famosas. La Guerra de la Última Alianza unió a elfos y hombres, y muchos de ellos están muertos allí, en la Ciénaga.

Curso bajo: atravesando los escenarios de la Guerra del Anillo hasta la Bahía de Belfalas

Por fin está de nuevo montada la barca y podemos volver al curso del Río Grande. “Ahora pronto entraremos en Gondor, otro de los reinos de los hombres”. Lo primero que vemos son las impresionantes Montañas Blancas, otra de las grandes cordilleras de la Tierra Media. Es una barrera orográfica entre Rohan y Gondor, pero ha sido inteligentemente utilizada desde tiempos inmemoriales como vehículo de transmisión a través de las útiles almenaras, que se encienden para enviar mensajes desde Edoras hasta Minas Tirith. ¡Fue astuto Gandalf al encenderlas para que ambos reinos se unieran contra Mordor en la Guerra del Anillo!

La capital de Gondor es una ciudad insertada en la montaña, que tradicionalmente se conoció como Minas Anor, la “Torre del Sol”, y que en la actualidad es la residencia del monarca de los hombres. Cuando la barca alcanza la altura de la Torre de Ecthelion, un enano comenta: “El rey Eldarion no es como su padre, pero está consiguiendo buenas alianzas con Arnor. Apenas hay conflictos en el mundo hoy en día”. La Torre Blanca refleja la luz del Sol y actúa como un faro sobre Pelennor.

“Desde aquí no se ve, pero la puerta principal de la ciudad está rematada con mithril -nos dice Dáin-. Fue el héroe Gimli quien lideró la reconstrucción del portón, después de que fuera destruido en el Asalto comandado por el Rey Brujo de Angmar.”

Seguimos bajando por el curso del río y atravesamos Osgiliath, que según sabemos fue capital de Gondor durante un tiempo. Pasó muchos años de decadencia porque era un enclave estratégico que recibía muchos ataques. Además, era la población humana más cercana a Mordor. Ahora vemos que la vida ha vuelto a Osgiliath, y que los mercados en la orilla del río están llenos de gente. “¡Podríamos intentar vender aquí!” grita un enano cogiendo una bolsa llena de mithril. “¡Silencio! -grita inmediatamente Gróin-. Seguimos. En Pelargir las compran a mejor precio.”

Pocas palabras bastan para que Gróin haga obedecer a la tripulación. Tenemos ganas de llegar al puerto final, una ciudad con mucha fama pero que no tuvo protagonismo durante la Guerra del Anillo.

“Más allá de Osgiliath, entre las negras montañas que rodean Mordor, se encontraba la fortaleza de Minas Morgul -nos cuenta Dáin-, de la que salían las huestes de Sauron. Tras la derrota del Señor Oscuro, Aragorn II mandó destruirla y prohibió que nadie ocupara esos terrenos. Creo que su hijo el actual rey sigue con la misma política. Esos valles baldíos están vacíos. Un escalofrío me recorre el cuerpo sólo de pensar en vivir allí, ¡y eso que me gustan las montañas, como a buen enano!”

Dáin tiene razón. Observamos desde la barca las montañas negras de Mordor y sentimos lo mismo. La guerra pasó hace años y la oscuridad fue derrotada, pero al igual que ocurría en el Bosque Negro, en los alrededores de Mordor nadie querría poner el pie. En la otra orilla en cambio los recuerdos son más positivos: se extienden los famosos Campos de Pelennor, donde tuvo lugar la victoriosa carga de los rohirrim del rey Théoden.

El río se ensancha en estas tierras de Gondor. Dejamos atrás los famosos lugares que protagonizaron la Guerra del Anillo y nos adentramos en el Sur del continente, hacia la Bahía de Belfalas. “El comercio en esta zona es impresionante muchachos -nos dice Dáin-. Viajamos aquí unas tres veces cada año, y con lo que vendemos podemos pasar largas temporadas en las Montañas Grises. Los hombres del Sur no conocen el mithril ni las gemas, y en ciudades tan bulliciosas como Pelargir estos materiales son muy cotizados”.

Pelargir aparece en los mapas como una fascinante ciudad portuaria con un plano urbano muy curioso. Es una ciudad con varios canales, y con un espectacular lago triangular en el centro. Los libros la describen como la ciudad más activa de la Bahía. Ha sido atacada por corsarios en varias ocasiones, y por ello durante la Guerra del Anillo prefirieron no prestar demasiada ayuda a sus vecinos del norte y no enviaron tropas a Minas Tirith. Temían que los corsarios se hicieran con la ciudad si desplazaban a su ejército a Pelennor.

El río Anduin riega las llanuras de esta zona del Sur de Gondor, conocida como Lebennin, “la tierra de los cinco ríos”. Observamos que es un lugar fértil y repleto de cultivos. Se empieza a escuchar el ruido de la actividad humana. Estamos ya cerca del puerto. “El viaje se acaba chicos -nos dice Dáin-. A nosotros nos toca visitar el mercado y buscar al mejor comprador”.

Hemos acabado nuestro viaje a través del río Anduin, que nos ha llevado desde las Montañas Grises hasta la Bahía de Belfalas. Ahora estamos solos, en mitad de una calle en una ciudad portuaria llena de movimiento. ¿Buscamos una carreta que nos lleve de vuelta a Gondor o nos atrevemos con un barco y visitamos las costas al otro lado del Gran Mar de Belegaer?