Liberalismo (4): el Sexenio Democrático (resumen)

El malestar político, económico y social que se arrastraba desde años atrás condujo al pronunciamiento del almirante Topete en Cádiz en 1868. El modelo político isabelino, fundamentado en torno a los partidos unionista y moderado, había llegado a su fin. En 1866 una coalición de demócratas y liberales progresistas firmaron el Pacto de Ostende, que fue el primer movimiento para derrocar a Isabel II.

El levantamiento militar dio paso a un movimiento revolucionario popular conocido como La Gloriosa. La batalla del puente de Alcolea fue la que, definitivamente, echó a Isabel II y a sus seguidores del país. Para controlar la revolución, que se había extendido por todo el país, se formó un Gobierno Provisional presidido por el general Serrano, principal artífice de la revolución. El gobierno provisional se encargó también de convocar unas elecciones a Cortes Constituyentes, que finalmente iniciaron sus sesiones en 1869, año en el cual se redactó y firmó una nueva constitución. Esta constitución establecía la soberanía popular y la división de poderes, pero también hizo hincapié en algunos aspectos tan importantes como el de declarar un sistema bicameral y que la labor del rey seguía vigente. Era un sistema de monarquía constitucional. La adopción de una monarquía como forma de gobierno provocó malestar entre los republicanos, y se nombró a Serrano como regente, para calmar la tensión política. Durante toda la regencia de Serrano (año 1869) el principal objetivo del gobierno fue buscar un nuevo rey para España. Además de eso, se tuvo que hacer frente al estallido de la guerra de cuba (1868) y a la oposición de alfonsinos (que apoyaban al hijo de Isabel II) y carlistas. Finalmente, después de muchos debates y enfrentamientos a la hora de elegir, se decidió que el nuevo rey de España sería Amadeo de Saboya. Juan Prim fue el principal defensor de esta elección. Así pues en 1870 llegaba el nuevo rey Amadeo I, y ese mismo día Prim era asesinado. El reinado de Amadeo no podía comenzar peor.

A lo largo de tres penosos años (1870-1873) Amadeo I estuvo al frente de un país que no avanzaba. El rey apenas tenía apoyos y los problemas brotaban de cualquier parte. La guerra de Cuba, la inestabilidad política y social, el estallido de la Tercera Guerra Carlista… y a todo esto se le sumaba el hecho de que Amadeo I apenas hablaba ni entendía el castellano. El rey estuvo sumido en una incomunicación profunda, y finalmente, no viéndose capaz de cambiar el rumbo del país, renunció a la corona en 1873. Al día siguiente de la marcha de Amadeo de Saboya se proclamaba la I República por una amplia mayoría de votos. La etapa que iba a comenzar no iba a tener buenos resultados.

Tras aprobarse la constitución en la que se establecía la monarquía como forma de gobierno, el general Serrano fue nombrado Regente y Prim pasó a presidir un nuevo gobierno. Desechada la opción de los Borbones, se inició la búsqueda de una candidato adecuado a la Corona entre las familias reales europeas. Finalmente las Cortes eligieron como nuevo rey a Amadeo de Saboya, hijo del Víctor Manuel II, rey de la recién unificada Italia, y perteneciente a una dinastía con fama de liberal.

El mismo día de la llegada de Amadeo a España fue asesinado el general Prim. El general progresista era el principal apoyo del nuevo rey. Su ausencia debilitó grandemente la posición del nuevo monarca.
Amadeo se encontró inmediatamente con un amplio frente de rechazo. Aquí estaban grupos variopintos y enfrentados: los carlistas, todavía activos en el País Vasco y Navarra; los “alfonsinos”, partidarios de la vuelta de los Borbones en la figura de Alfonso, hijo de Isabel II; y, finalmente, los republicanos, grupo procedente del Partido Demócrata que reclamaba reformas más radicales en lo político, económico y social y se destacaba por un fuerte anticlericalismo.

Mientras la alianza formada por unionistas, progresistas y demócratas, que había aprobado la constitución y llevado a Amadeo al trono, comenzó rápidamente a resquebrajarse. Los dos años que duró su reinado se caracterizaron por una enorme inestabilidad política, con disensiones cada vez más acusadas entre los partidos que habían apoyado la revolución. Impotente y harto ante la situación, Amadeo I abdicó a principios de 1873 y regresó a Italia.

Sin otra alternativa, era impensable iniciar una nueva búsqueda de un rey entre las dinastías europeas, las Cortes proclamaron la República el 11 de febrero de 1873. El experimento republicano duró apenas once meses, desde febrero de 1873 hasta enero de 1874. Se sucedieron cuatro presidentes (Figueras, Pi i Margall, Salmerón y Castelar), seis gobiernos, dos guerras… el esfuerzo para construir un nuevo modelo de Estado tropezó con múltiples dificultades.

La república comenzó con el gobierno provisional de Figueras, que mantuvo la Constitución de 1869 suprimiendo sólo los artículos referidos a la monarquía y que abolió la esclavitud. Se convocaron elecciones, donde acudieron divididos los republicanos, entre federalistas y centralistas. Con mayoría republicana federal se abrió la etapa de la República Federal, con Pi i Margall como presidente. Durante estos meses tuvieron lugar acontecimientos que acabaron con la paciencia del presidente y le obligaron a dimitir, viéndose incapaz de controlar la situación, principalmente la huelga general en Alcoy o el surgimiento del fenómeno cantonalista. Salmerón sustituyó a Pi en la presidencia de la república, y finalmente se pudo reprimir a los cantonalistas. Salmerón dejó la presidencia del gobierno al negarse a firmar unas sentencias de muerte y le sustituye Emilio Castelar, que defendía una república centralista. Eran principios de 1874 y el general Pavía, capitán general de Madrid, veía que los republicanos no se ponían de acuerdo y que la República no estaba ayudando a España. El general Pavía dio un golpe de Estado y puso de nuevo a Serrano al frente del gobierno. Técnicamente seguía siendo el sistema republicano el vigente, pero el gobierno de Serrano no tuvo nada de republicano. Fue autoritario y duro. Fue un gobierno de unos meses, que habría de servir para dejar atrás la República y abrir el camino al retorno de los Borbones. El golpe de Pavía no había sido un golpe contra la República, sino contra los políticos republicanos. El verdadero golpe de Estado contra el sistema republicano lo dio
Martínez Campos a finales de 1874. Mientras tanto Cánovas, principal dirigente del sector alfonsino, preparaba la vuelta de Alfonso, hijo de Isabel II, como Alfonso XII de España. En 1875 Alfonso XII entró en Madrid como nuevo rey. Comenzaba con él una nueva etapa en la historia de España: la Restauración, un largo periodo en el que los Borbones regresaron al trono y en el que la estabilidad reinó gracias a un fraudulento sistema político en el que se turnaban dos grandes partidos, el conservador y el liberal. Todo este sistema fue ideado por Cánovas para darle estabilidad al país.

El sexenio democrático (1868-1874) había sido una etapa de transición para pasar del sistema liberal del reinado de Isabel II al sistema canovista. Un período de transición en el que se experimentó con la República, pero que no dio resultados.