Teatro naturalista

Las bases del teatro contemporáneo se cimentaron en las últimas décadas del S.XIX, comenzó entonces una nueva sensibilidad, más cercana al naturalismo de Zola. quien, en 1881, pubica “El naturalismo en el teatro”, donde expone sus nuevas ideas para el género dramático, básicamente: trasladar el realismo de las novelas al teatro, sin atender a las restricciones del lenguaje teatral. Este enfoque del teatro cuajará muy bien en el norte de Europa, donde encontramos a Ibsen (noruego) y Strindberg (sueco) como principales escritores de obras teatrales.

Ibsen comenzó a escribir en verso y en estilo romántico, pero rápidamente cambió de aires y se enfocó más en el realismo. El autor localiza sus obras en la noruega de su época. Sus obras tienen un carácter crítico. Su teatro se fundamenta en la verdad y en la libertad. Algunas de sus obras más famosas son “Casa de Muñecas” o “Los pilares de la sociedad”.

En los últimos años de su vida, Ibsen abandona las cuestiones sociales y se aleja del naturalismo para pasar a atender cuestiones más psicológicas e individuales en obras como “La dama del mar”. Las obras de Ibsen se caracterizan por la relación “espectador-sentimientos”, la ternura, la lástima y otras emociones se transmiten fácilmente al público.

Strindberg fue influenciado por Ibsen, y sus obras son naturalistas. Una de las más importantes es “La señorita Julia”, de 1888. La vida turbulenta que llevó explica los cambios que Strindberg añadió al teatro: personajes violentos y desgarrados, un punto de vista complejo, decorados asimétricos, rechazo del modelo de diálogo francés, la supresión de la división en actos… La época final de Strindberg viene marcada por obras que inician el teatro expresionista y surrealista, como “El sueño”, donde el inconsciente toma el protagonismo. Por eso a Strindberg se le considera el preculsor del teatro expresionista y surrealista.

Teatro simbolista

Como acabamos de ver, antes del comienzo del S.XX era el enfoque naturalista el que mandaba en los escenarios. A finales del XIX comenzó a surgir un cambio de mentalidad. El movimiento simbolista afectó también a los teatros. Los nuevos planteamientos escénicos vinieron de la mano de directores teatrales como Gordon Craig, Adolphe Appia o Meyerhold. Directores como estos rechazaron completamente la estética naturalista y se apoyaron en las bases del simbolismo, como el carácter poético, la cuidadosa estética de la escena (iluminación, movimiento…), el uso de la música y de la danza, la importancia del lenguaje corporal… Uno de los autores más importantes y que dieron un empujón al teatro simbolista fue Alfred Jarry, que, con su triología de Ubú revolucionó los escenarios. Los personajes de Jarry son infantiles, pareces imbéciles, son ignorantes… cualidades que pretenden representar a la raza humana.

Luigi Pirandello fue el autor no-francés más destacado. Fue Premio Nobel en 1934, después de una vida dedicada al teatro. Su producción pretende reflejar los aspectos psicológicos de los personajes utilizando su propia estética. Frente al realismo y al simbolismo, Pirandello aplica su propia “poética de lo humorístico”, que viene a ser el toque de incoherencia a la representación teatral. Así, el resultado es un teatro abstracto, con personajes sin vida. Una de sus mejores obras es “Seis personajes en busca de autor”.

Teatro expresionista

Al igual que el simbolismo, el expresionismo es una corriente que aparece a finales del siglo XIX y que se declara completamente contrario al naturalismo y defensor de lo irracional y lo grotesco. Este tipo de teatro se dio sobretodo en Alemania. La acción de este tipo de teatro es caótica, fantástica, acompañada de música, de sonidos simbólicos y recursos especiales como caretas, trucos de luz… etc. Con todo esto, las obras expresionistas son muchas veces sorprendentes y, también, incomprensibles. A mediados de los años 20 se considera que el expresionismo está agotado. La mayoría de los expresionistas se vieron afectados por la Primera Guerra Mundial y por el ascenso de los nazis al poder. Algunos escritores, sin embargo, ante esta situación, se comprometieron más con su producción. Piscator fue uno de esos autores. Comprometido, fundó el llamado teatro político. Influyó en gran medida en Bertolt Brecht, la gran figura del teatro de entreguerras.

Bertolt Brecht se deja influenciar por los movimientos artísticos y literarios de principios de siglo. Sus primeras obras se pueden catalogar de expresionistas. Influenciado por Piscator, Brecht se convierte en un ferviente defensor del pueblo, comprometido con la causa social, se verá influenciado por Marx. Se posicionará políticamente, y esto le traerá problemas. Durante su exilio en Estados Unidos, el Comité de actividades antinorteamericanas le investigará. Su teatro se llena de didactismo y de crítica al nazismo. Algunas de sus obras de carácter simbolista son muy críticas con la ideología nazi. Algunas de sus obras más famosas son “Madre coraje y sus hijos” o “La ópera de perra gorda”.