El 31 de enero de 1953 los diques que contenían el empuje del océano se vieron superados por la terrible tormenta generada en el Mar del Norte. En Escocia murieron 19 personas, en Bélgica 38, en Inglaterra 307… pero hubo un lugar donde la catástrofe fue de dimensiones muy superiores: en Países Bajos 1836 personas perdieron la vida por las inundaciones. El agua se adentró en el país con facilidad y rapidez. En este artículo tratamos de descubrir por qué Países Bajos tiene tanto riesgo ante las inundaciones y cómo lucha para mantenerse a salvo de un mar cuyo nivel crece año tras año.
Países Bajos es un país con una curiosa geografía. Es una planicie que encuentra su punto más alto en los 320 metros de la colina de Vaalserberg, y que está encharcado por lagos, pantanos y deltas de ríos como el Rin. Es un país rodeado y lleno de agua, y además tan solo cuenta con 40.000 kilómetros cuadrados de extensión (7.000 de ellos son agua, principalmente la del Lago Ijsselmer, de una profundidad media de 5 metros).
Al ser una nación tan pequeña, Países Bajos ha enfrentado siempre la necesidad de encontrar más espacio para desarrollar su actividad. En el siglo XII los neerlandeses comenzaron a desarrollar una curiosa técnica para generar nuevas áreas agrícolas: crear las llamadas “tierras ganadas al mar”. Los pólders -como se conoce en Países Bajos a estas zonas- surgen aprovechando zonas pantanosas en el interior del país o directamente rellenando el mar con arena, tratando de unir pequeños islotes entre sí o con el continente. La clave está en seleccionar aquellas zonas acuáticas de poca profundidad.
Entre 1609 y 1852 se construyeron la mayoría de los pólders sobre los que hoy en día se asienta la agricultura neerlandesa, y al menos desde el año 1000 se han ido levantando diques para combatir las mareas. Aunque ésta fue la motivación de las primeras barreras marítimas, pronto los habitantes de esta zona del mundo se dieron cuenta que podían empujar los diques mar adentro y ganar, poco a poco, algo de tierra.
Tras siglos de construcción de pólders, en la actualidad el 20% del territorio de Países Bajos son tierras ganadas al mar. Es decir, esta técnica ha permitido al país crecer un 20% en superficie. ¡Y sin necesidad de invadir a ningún vecino! Todo gracias al encauzamiento de ríos, control de mareas, creación de islas, ocupación de lagos y, sobre todo, buena relación con el agua. De hecho, los neerlandeses han utilizado tradicionalmente este recurso como estrategia militar: una manera de proteger las ciudades en la Edad Media era abrir ciertos diques para causar inundaciones controladas y así rodearlas de agua. Además, en el plano económico, las inundaciones y los pólders permiten generar espacios agrícolas muy productivos, por la calidad de las tierras y la cantidad de agua.
Entonces llegó la Tormenta del Mar del Norte de 1953. Y en la noche del 31 de enero al 1 de febrero el agua ya no pareció aliada del pueblo neerlandés. El mar penetró en el país con una horrorosa facilidad. Los diques y barreras medievales no supusieron obstáculo alguno, y decenas de pueblos fueron inundado, especialmente en la región de Holanda del Sur, desprotegida de un archipiélago de islas que pudiera haber contenido la fuerza del mar.
La compleja geografía de Países Bajos añade un elemento más a su realidad nacional: las Islas Frisias, una barrera de islotes que rodean la costa norte del país. Estas islas, muchas veces conectadas al continente por la marea baja, suponen una gran ayuda para apaciguar la fuerza del mar. El sur de Países Bajos, sin embargo, se enfrenta al Mar del Norte sin ningún tipo de barrera que haga de escudo: estas tierras están cara a cara con el poder del océano.
Tan solo veinte días después de las inundaciones, el Gobierno neerlandés decidió iniciar un ambicioso proyecto de ingeniería para proteger completamente el país. El llamado Plan Delta debía abrir 13 nuevas esclusas que cerraran los brazos de mar que se adentran en la región del sur. Este proyecto se considera una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno.
La impresionante puerta de Oosterscheldekering, de 9 kilómetros de largo, se terminó en 1986. Fue diseñada para sostener una crecida del mar de hasta 40 centímetros. Funciona también como autopista, pero su misión es controlar la marea y proteger frente a las marejadas. Las esclusas se mantienen abiertas para no alterar las mareas normales ni el paso de embarcaciones o fauna, y solo se cierran cuando la meteorología lo requiere.
Otra de las maravillas del Plan Delta es la barrera Maeslantkering, abierta en 1997. Es una de las estructuras más grandes del mundo, y su compuerta principal se abre y cierra con dos brazos hidráulicos gigantes que sólo se han movido en una ocasión por cuestiones de seguridad: el 9 de noviembre de 2007, frente a una tormenta que generó olas de tres metros de altura. Los brazos de la Maeslantkering tardan dos horas en cerrarse y protegen el puerto de Róterdam, el más importante de Europa.
Tras 60 años y 13.000 millones de dólares invertidos, en 2010 el Plan Delta concluyó con la apertura de la última barrera, a las afueras de la ciudad de Harlingen. Sin embargo, el Gobierno acordó un nuevo plan dotado de 144.000 millones de dólares para gastar hasta el año 2100 en previsión de que el nivel del Mar del Norte aumente 1,3 metros para ese año.
2100 parece muy lejano en el tiempo, pero son tan solo 80 años. Los neerlandeses saben que las décadas pasan con rapidez, y que los niños que nacen hoy en día vivirán con el peligro de un mar 1,3 metros más alto. De nuevo, los números pueden engañar: 1,3 metros no es una cifra pequeña, especialmente en un país donde el 50% del terreno se encuentra a un metro sobre el nivel del mar.
Una subida del mar de 1,3 metros podría no importar a la mayoría de naciones del mundo, pero es que la inusual geografía neerlandesa resulta en que el 26% de la tierra del país está por debajo del nivel del mar. Una realidad así sólo se puede sostener de manera artificial, ya que no tiene sentido asentarse y establecerse en tierras que, de manera natural, deberían estar cubiertas por el agua.
El ser humano se caracteriza por su capacidad de adaptación, y el ejemplo de Países Bajos es la mejor demostración de ello. Puede parecer una locura vivir por debajo del nivel del mar, pero por ahora la tecnología y la ingeniería nos lo han permitido. Lo irónico de esta situación es que contamos con la inteligencia para idear técnicas de supervivencia puntuales y nos falta el compromiso para abordar los verdaderos problemas a largo plazo. ¿No sería más apropiado atender al cambio climático que construir barreras artificiales?
