Según la base de datos del portal IMDb, el parque neoyorquino de Central Park es la localización que aparece en más películas: un total de 532. Aun sin la certeza del dato, casi todos podríamos coincidir en que Nueva York es la ciudad más filmada, la que acapara más minutos en la gran pantalla, haciendo uso únicamente de nuestra memoria cinematográfica. Sin embargo en el mundo existen alrededor de 10.000 ciudades, y todos los años se ruedan cientos de películas en muchas de ellas.
En este artículo nos proponemos viajar por varias ciudades y recopilar las mejores películas ambientadas en cada una de ellas. No buscamos únicamente títulos que utilizaron sus calles y plazas para el rodaje, sino aquellos en los que además la ciudad tiene importancia para el guión. Un ejemplo: El maquinista (Brad Anderson, 2004) se rodó en Barcelona, pero la ciudad no es relevante en la trama. Por contra, Amélie (Jean-Pierre Jeunet, 2001) no se puede concebir sin París. Y aunque algunas ciudades están fuertemente ligadas a una película (Filadelfia con la saga de Rocky, Casablanca con la cinta homónima de Michael Curtiz, Río de Janeiro con Ciudad de Dios, Chicago con The Blues Brothers…), lo que buscamos en esta ocasión son ciudades en las que haya bastantes títulos entre los que elegir. ¡Vamos allá!
Boston
Para ser únicamente la vigesimocuarta ciudad más poblada de Estados Unidos, Boston es un centro cultural de primer nivel. En el plano cinematográfico, es el lugar de nacimiento de estrellas como Ben Affleck, Matt Damon, Mark Wahlberg, Steve Carell, Uma Thurman, Kurt Russell, Chris Evans o Geena Davis, y ha servido como set de rodaje para cientos de películas. Es complicado realizar un Top 5 de las películas ambientadas en sus bares y universidades. Esta es nuestra propuesta:
Escogemos como mejor película el thriller policíaco de Martin Scorsese por su guión, sus grandes actuaciones y su genial dirección (además de una buena selección musical). Infiltrados ganó el Óscar a Mejor Película y Scorsese recibió por fin la estatuilla a Mejor Director, tras cinco nominaciones frustradas. La película forma ya parte de la lista de joyas del cine policíaco y de gángsters que tanto le gusta al director. En segunda posición hemos elegido el drama periodístico Spotlight por sus excelentes interpretaciones y su guión. La cinta de Tom McCarthy también se llevó el Óscar a Mejor Película. En tercer lugar otro drama, Mystic River, dirigido por Clint Eastwood y con actuaciones oscarizadas. En cuarta posición hemos situado la que para muchos será la mejor película ambientada en Boston, escrita además por dos vecinos de la ciudad: El indomable Will Hunting valió a Matt Damon y a Ben Affleck el Óscar a Mejor Guión Original y dejó para el recuerdo una gran actuación de Robin Williams. Completando el Top 5 rescatamos un clásico: El confidente, protagonizada por el legendario Robert Mitchum, cuenta una historia parecida a la de Infiltrados, en la que un ladrón colabora con la policía. Esta joya del cine policíaco tiene un impresionante 98% de aprobación en Rotten Tomatoes.
Se han quedado fuera notables títulos como The Equalizer (Antoine Fuqua, 2014), la divertida Una rubia muy legal (Robert Luketic, 2001), Veredicto final (Sidney Lumet, 1982), The Fighter (David O. Russell, 2010), Gone Baby Gone (Ben Affleck, 2007), La red social (David Fincher, 2010), Now, Voyager (Irving Rapper, 1942), Ciudad de ladrones (Ben Affleck, 2010) o la saga Ted, creada por Seth MacFarlane y protagonizada por el bostoniano Mark Wahlberg y un oso de peluche muy mal hablado. Hemos excluido Manchester by the Sea (Kenneth Lonergan, 2016) porque no tiene lugar exactamente en Boston, sino a 80 kilómetros de la ciudad, y Shutter Island (Martin Scorsese, 2010) porque la trama tiene lugar dentro de una institución mental del Puerto de Boston y la ciudad no tiene ninguna relevancia.
Barcelona
Como una de las ciudades más visitadas del mundo, con más de 7 millones de turistas cada año, Barcelona cuenta en su plano urbano con un sinfín de rincones fotogénicos, calles pintorescas y monumentos conocidos. Es un perfecto set de rodaje que han utilizado desde Woody Allen hasta Pedro Almodóvar, y que ha sido recurrente en el cine español desde el nacimiento de la industria cinematográfica del país.
Liderando el Top 5 de cine ambientado en la Ciudad Condal tenemos la oscarizada película de Almodóvar Todo sobre mi madre, que además de en los Premios de la Academia triunfó también en los BAFTA, César, Goya, Globos de Oro y en los festivales de Cannes y San Sebastián. Totalmente diferente es Rec, un hito del cine de terror surgido de la cabeza de Jaume Balagueró y Paco Plaza con muy poco presupuesto y que encantó a crítica y público. El éxito de la película motivó el rodaje de hasta tres secuelas. No nos olvidamos del drama barcelonés Biutiful, dirigido por Alejandro González Iñárritu, uno de los Tres Amigos mexicanos, que cuenta con una gran actuación de Javier Bardem, ni de la romántica Vicky Cristina Barcelona de Woody Allen, también con Bardem. Para terminar el Top 5 escogemos Salvador, que cuenta la historia de Salvador Puig Antich, último ejecutado por garrote vil en España, en 1974.
Otras menciones honorables en el cine ambientado en Barcelona pueden ser Diario de una ninfómana (Christian Molina, 2008) o Makinavaja, el último choriso (Carlos Suárez, 1992), que muestran con gran realismo los bajos fondos de la ciudad. Muy diferente, la segunda entrega de Las Cheetah Girls, dirigida por el famoso coreógrafo Kenny Ortega en 2006 para Disney Channel, popularizó las calles de Barcelona entre los adolescentes americanos.
Roma
Inmediatamente nos vendrá la imagen de Audrey Hepburn y Gregory Peck recorriendo en moto las empedradas calles romanas. La ciudad de las Siete Colinas ha sido escenario para un sinfín de películas, pero quizás Vacaciones en Roma (William Wyler, 1953) sea la que ha dejado fotogramas más reconocidos. No incluiremos en el siguiente Top 5 películas históricas como Gladiator (Ridley Scott, 2000) o Espartaco (Stanley Kubrick, 1960) porque, pese a tener en Roma varias escenas destacadas, la gran parte de sus tramas no precisa de la ciudad.
El neorrealismo italiano lidera nuestra lista, con dos obras maestras como Roma, ciudad abierta y Ladrón de bicicletas, las mejores representantes del dramático género. El neorrealismo llegó al cine italiano tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial como una bofetada en la cara de un público al que el fascismo había acostumbrado a la épica. No había nada de glorioso en las cintas de Rossellini, Visconti o De Sica, únicamente duro realismo sobre las condiciones de vida en un país arrasado. Muy diferente es La Dolce Vita de Fellini, un canto al amor galardonado con la Palma de Oro en Cannes y que propone una estructura narrativa muy original. Para muchos es una de las mejores películas jamás hechas. En el cuarto lugar -esta sí que es épica- hemos situado Quo Vadis?, una adaptación de Mervyn LeRoy de la novela homónima de 1896 con un genial Peter Ustinov como Nerón. No se disfruta de la ciudad contemporánea, pero la reconstrucción del periodo romano fue un logro que atrajo a millones de espectadores a las salas de cine. Para dar un verdadero paseo por la Roma de hoy en día hay que recurrir a otro clásico, Vacaciones en Roma, una entretenida comedia romántica que Dalton Trumbo escribió bajo un seudónimo al estar incluido en la lista negra de Hollywood.
Han quedado fuera de la lista títulos como La gran belleza (Paolo Sorrentino, 2013), Ángeles y demonios (Ron Howard, 2009), L’Eclisse (Michelangelo Antonioni, 1962), Roma (Federico Fellini, 1972), Mamma Roma (Pier Paolo Pasolini, 1962), Las noches de Cabiria (Federico Fellini, 1957), Three Coins in the Fountain (Jean Negulesco, 1954), El vientre del arquitecto (Peter Greenaway, 1987), Accattone (Pier Paolo Pasolini, 1961), To Rome with Love (Woody Allen, 2012) o El talento de Mr. Ripley (Anthony Minghella, 1999), aunque ésta última no transcurre enteramente en Roma.
Los Ángeles
Si tenemos en cuenta también el rodaje de series de televisión, Los Ángeles es la ciudad más utilizada como escenario. Desde que en 1910 aparecieran los primeros estudios cinematográficos en el barrio de Hollywood, la ciudad de los ángeles no ha dejado de ser escenario para miles de historias de ficción. Hay decenas de buenas películas ambientadas en la ciudad californiana, lo que hace complicado seleccionar únicamente cinco. Esta es nuestra propuesta:
No es nada fácil reducir la selección a cinco títulos, y mucho menos ordenarlos tratando de diferenciar cuál es mejor que otro. Sin embargo creemos que el Top 5 que proponemos podría concitar cierto consenso. En primer lugar destacamos Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994) por su original estructura narrativa, por su gran dirección y sus geniales actuaciones. La selección musical es, como casi siempre que se trata de Tarantino, muy destacable. Público y crítica se rindieron ante este clásico de los noventa que recibió el Óscar a Mejor Guión Original y la Palma de Oro en Cannes. En segundo lugar situamos Mulholland Drive (David Lynch, 2001), una profunda cinta en la que Lynch mezcla surrealismo con tramas múltiples que acaban uniéndose y que le valió el premio a mejor director en Cannes. El thriller policíaco Chinatown (Roman Polanski, 1974) bien podría liderar la clasificación, al ser un clásico del cine negro y una joya en el apartado de la dirección. Con excelentes actuaciones de Jack Nicholson, Faye Dunaway y John Huston, la cinta de Polanski fue nominada a nada más y nada menos que 11 premios Óscar. También se centra en tramas policíacas -y también obtuvo una gran cantidad de nominaciones- L.A. Confidential (Curtis Hanson, 1997), una genial película ambientada en el Los Ángeles de los años cincuenta y repleta de rostros conocidos. Para completar el Top 5 volvemos a la policía y a la corrupción con Training Day (Antoine Fuqua, 2001), cuya trama transcurre en un solo día. Suficiente para conocer las calles más peligrosas de la ciudad.
Entre los muchos títulos que se han quedado fuera destacan Rebelde sin causa (Nicholas Ray, 1955), Crash (Paul Haggis, 2004), Boogie Nights (Paul Thomas Anderson, 1997), Reservoir Dogs (Quentin Tarantino, 1992), Heat (Michael Mann, 1995), El gran Lebowski (hermanos Coen, 1998), Arma letal (Richard Donner, 1987), Killer of Sheep (Charles Burnett, 1977), La La Land (Damien Chazelle, 2016), (500) Days of Summer (Marc Webb, 2009), Perdición (Billy Wilder, 1944), Once Upon a Time in Hollywood (Quentin Tarantino, 2019), La jungla de cristal (John McTiernan, 1988), Beverly Hills Cop (Martin Brest, 1984), Un día de furia (Joel Schumacher, 1993), Boyz n the Hood (John Singleton, 1991), L.A. Story (Mick Jackson, 1991), Drive (Nicolas Winding Refn, 2011), City of Angels (Brad Silberling, 1998) -basada en Wings of Desire de Wim Wenders-, Nightcrawler (Dan Gilroy, 2014), Speed (Jan de Bont, 1994), las distintas adaptaciones de Ha nacido una estrella (1937, 1954, 1976, 2018), Sunset Boulevard (Billy Wilder, 1950), Historia de un matrimonio (Noah Baumbach, 2019), Jackie Brown (Quentin Tarantino, 1997), la épica San Andreas (Brad Peyton, 2015), la primera entrega de A todo gas (Rob Cohen, 2001), The Long Goodbye (Robert Altman, 1973), Bowfinger (Frank Oz, 1999), Kiss Me Deadly (Robert Aldrich, 1955), Swingers (Doug Liman, 1996), Clueless (Amy Heckerling, 1995), el mítico musical Cantando bajo la lluvia (Gene Kelly y Stanley Donen, 1952), Troop Beverly Hills (Jeff Kanew, 1989), Barton Fink (hermanos Coen, 1991), The Player (Robert Altman, 1992), Las mujeres de verdad tienen curvas (Patricia Cardoso, 2002), The Bling Ring (Sofia Coppola, 2013), A single man (Tom Ford, 2009), Point Break (Kathryn Bigelow, 1991), Repo Man (Alex Cox, 1984) o Terminator 2: el juicio final (James Cameron, 1991), que pese a centrarse en una trama poco interesada en la ciudad, tiene lugar en las calles de Los Ángeles.
El caso de Blade Runner (Ridley Scott, 1982) merece una mención a parte, ya que tiene lugar en Los Ángeles, pero en el futuro año 2019. La película, una obra de arte y un hito en el cine, no nos sirve para conocer la ciudad, aunque figuraría en cualquier Top 5 cinematográfico por su calidad en la dirección, música, escenario y especialmente guión. Puede ser útil para imaginar las grandes ciudades del futuro.
Tokio
Precisamente en el futuro sitúan muchas películas a Tokio. La ciudad más grande del mundo aparece imaginada en clásicos del cine ciberpunk como Akira (Katsuhiro Otomo, 1988) o del cine de acción como Battle Royale (Kinji Fukasaku, 2000), pero de nuevo no podemos considerarlas para nuestras clasificaciones, al estar buscando cintas que sirvan para conocer las ciudades seleccionadas. Tokio tiene gran protagonismo en cientos de películas, y de entre ellas hemos destacado las siguientes:
Por encima de todas tiene que destacar Tokyo Story (Yasujiro Ozu, 1953), fija en los puestos más altos de las listas de mejores películas de la historia. El drama generacional del maestro Ozu tiene un 100% de aprobación en Rotten Tomatoes. La siguiente en la lista es otra joya del cine japonés y otro de los títulos que suelen ser citados en las clasificaciones que buscan las mejores películas: Vivir (Akira Kurosawa, 1952), la historia de un hombre que, en la recta final de su vida, se da cuenta de que su monótono trabajo no le ha dejado vivir. Las luces de Tokio parecen invitar a la reflexión más individual y personal, pues también es el tema de fondo en Lost in Translation (Sofia Coppola, 2003), un poco ortodoxo retrato del amor que valió a Coppola el Óscar a Mejor Guión Original y a Bill Murray una nominación al Óscar a Mejor Actor. En cuarta posición hemos elegido La calle de la vergüenza (Kenji Mizoguchi, 1956), la última película del mítico director japonés, un drama ambientado en los bajos fondos de la ciudad y protagonizado por un grupo de prostitutas. En nuestro Top 5 no podía faltar Godzilla (Ishiro Honda, 1956), el clásico de acción que inició el género kaiju y comenzó una extensa franquicia sobre el monstruo gigante.
Se han quedado fuera cintas como la terrorífica Pulse (Kiyoshi Kurosawa, 2001), El perro rabioso (Akira Kurosawa, 1949), Memorias de una geisha (Steven Spielberg, 2005), Yakuza (Sydney Pollack, 1974), la quinta entrega de James Bond Sólo se vive dos veces (Lewis Gilbert, 1967), A todo gas: Tokyo Race (Justin Lin, 2006), Like Someone in Love (Abbas Kiarostami, 2012), Funeral Parade of Roses (Toshio Matsumoto, 1969), la perturbadora Audition (Takashi Miike, 1999), Tokyo Pop (Franz Rubel Kuzui, 1988), Tampopo (Juzo Itami, 1985), Mishima, una vida en cuatro capítulos (Paul Schrader, 1985), House of Bamboo (Samuel Fuller, 1955), The Insect Woman (Shohei Imamura, 1963), Adrift in Tokyo (Satoshi Miki, 2007), Tokyo Sonata (Kiyoshi Kurosawa, 2008), o la surrealista Enter the Void (Gaspar Noé, 2009), perfecta para imaginar la vida en los clubes nocturnos de Tokio.
No hemos valorado como posibles cintas como Kill Bill Vol. 1 (Quentin Tarantino, 2003), Babel (Alejandro González Iñárritu, 2006) o Your name (Makoto Shinkai, 2016) por no tener en Tokio la mayor parte de la trama, si bien la cinta de Shinkai ofrece algunas de las más bellas estampas -aunque sea en dibujos animados- de la capital japonesa.
París
La Ciudad de la Luz es un escenario natural para el cine. Entre sus calles y edificios históricos la imaginación se deja llevar y la ficción encuentra un lugar en el que hacerse realidad. Desde que los hermanos Lumière proyectaran una serie de cortometrajes en el Gran Café del Boulevard de las Capuchinas el 28 de diciembre de 1895, París ha sido protagonista de la historia del cine. Como en el caso de otras grandes capitales, no es fácil reducir la lista a cinco películas destacadas. Lo hemos intentado y hemos escogido las siguientes:
En primera posición situamos el clásico de la Nouvelle Vague Los 400 golpes (François Truffaut, 1959), la historia de un chico que no encaja ni en su familia ni en la escuela y que se escapa con un compañero. Truffaut hace un homenaje al clásico Cero en conducta (Jean Vigo, 1933) copiando una escena en la que unos niños pasean por las calles de París maravillados por las atracciones de la ciudad. En segundo lugar tenemos Amélie (Jean-Pierre Jeunet, 2001), una película en la que prácticamente podemos pasear por la capital francesa siguiendo a una joven cuyo objetivo es hacer feliz a la gente. Por su mágica cinta, Jeunet recibió una nominación al Óscar a Mejor Guión Original. Hasta el estreno de Intocable (Olivier Nakache & Éric Toledano, 2011), Amélie fue la película francesa más taquillera de la historia. Mucho más oscura, La Haine (Mathieu Kassovitz, 1995) retrata la dura vida de tres jóvenes en la periferia de París. Todo lo contrario ocurre con el clásico musical Un americano en París (Vincente Minnelli, 1951), en la que un soldado estadounidense se queda a vivir en la Ciudad de la Luz al terminar la Segunda Guerra Mundial. Protagonizado por Gene Kelly, la cinta de Minnelli fue un éxito en taquilla y ganó seis premios Óscar. El director volvería a ambientar uno de sus musicales en París con Gigi (1958). Para finalizar el Top 5 hemos escogido una joya del cine de animación: El jorobado de Notre Dame (Kirk Wise y Gary Trousdale, 1996), adaptación de la novela de Victor Hugo que muestra el París medieval con una inolvidable banda sonora de Alan Menken.
Estaban dentro de la lista de posibles Top 5 la divertida Ratatuille (Brad Bird, 2007), La Vie en Rose (Olivier Dahan, 2007), el homenaje a la ciudad Paris, je t’aime (varios directores, 2006), la sensual El último tango en París (Bernardo Bertolucci, 1972), Cléo from 5 to 7 (Agnès Varda, 1962), El Código Da Vinci (Ron Howard, 2006), Midnight in Paris (Woody Allen, 2011), Before Sunset (Richard Linklater, 2004), Funny Face (Stanley Donen, 1957), Los amantes del Pont-Neuf (Leos Carax, 1991), Intocable (Olivier Nakache & Éric Toledano, 2011), Al final de la escapada (Jean-Luc Godard, 1960), Les Misérables (Tom Hooper, 2012) -escogemos la versión de 2012, aunque la novela de Victor Hugo ha sido llevada al cine en decenas de ocasiones-, Leon: The profesional (Luc Besson, 1994), Moulin Rouge! (Baz Luhrmann, 2001), Charade (Stanley Donen, 1963), el acelerado cortometraje C’était un rendez-vous (Claude Lelouch, 1976), Bande á part (Jean-Luc Godard, 1964), Hugo (Martin Scorsese, 2011), Amour (Michael Haneke, 2012), Frantic (Roman Polanski, 1988), Gigi (Vincente Minnelli, 1958), Tres colores: Azul (Krzysztof Kieslowski, 1993), Jules et Jim (François Truffaut, 1962), Hidden (Michael Haneke, 2005), Alphaville (Jean-Luc Godard, 1965), Zazie dans le le Métro (Louis Malle, 1960), Belle de jour (Luis Buñuel, 1967) o el curioso cortometraje Le Ballon rouge (Albert Lamorisse, 1956).
Por su parte, Inception (Christopher Nolan, 2010) tiene varias escenas importantes en París, pero no podemos considerar que la ciudad es relevante en la trama. Tampoco en Los niños del paraíso (Marcel Carné, 1945), considerada una de las mejores películas jamás hechas, pero cuya acción transcurre en el interior de un teatro parisino, ni en la genial Playtime (Jacques Tati, 1967), que presenta un París futurista. Son películas muy buenas, pero que no nos sirven realmente para conocer la ciudad.
San Francisco
La ciudad californiana tiene varios escenarios ligados al cine, desde el puente Golden Gate hasta la prisión de Alcatraz, pasando por sus empinadas calles, sus casitas de colores, sus tranvías o su Chinatown. El área de la Bahía de San Francisco ha servido como escenario para un total de 319 películas desde que se rodara la primera en el año 1915. Sin embargo en este caso ha sido sencillo escoger la que destaca por encima de todas, puesto que es precisamente la mejor película de la historia, según una encuesta de la revista Sight & Sound realizada en 2012.
Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958) nos lleva de la mano del acrofóbico ex-detective James Stewart por un San Francisco lleno de misterio, persiguiendo a la bella y sospechosa Kim Novak. Los primeros que pudieron seguir este thriller psicológico fueron los espectadores invitados al Festival de San Sebastián de 1958, donde Hitchcock estrenó su película y ganó la Concha de Plata a Mejor Director. Sin embargo los premios de la Academia estadounidense apenas prestaron atención a su película. Sin duda la recepción inicial no fue como la fama que más tarde adquiriría esta obra maestra. La relación de la ciudad con los detectives continúa en El halcón maltés (John Huston, 1941), donde Humphrey Bogart se ve involucrado en una compleja trama de traición, crimen y codicia. La joya con la que los críticos dicen que se inició el género del cine negro valió una nominación al Óscar a Mejor Guión Adaptado para John Huston, que tomó la idea de la novela homónima de Dashiell Hammett.
Se puede decir que 1974 es el gran año de Francis Ford Coppola. Estrenar la segunda parte de El Padrino eclipsó todo lo demás, pero hay que recordar que ese año el director estadounidense también dirigió otra gran película, The Conversation. Ambientada en San Francisco, la cinta es de nuevo otro ejemplo del cine policíaco que tanto gusta en la Bahía. Si la segunda parte de El Padrino dio a Coppola el Óscar a Mejor Película, The Conversation le valió la Palma de Oro en Cannes.
No lo hemos hecho a propósito, pero en cuarta posición situamos a otra película de policías, Zodiac (David Fincher, 2007). Normalmente mencionada entre las mejores cintas del siglo XXI, la película de Fincher se basa en la historia real de la búsqueda de un asesino en serie que actuó en la zona de la Bahía de San Francisco a finales de los años sesenta. El conocido como «Zodiac killer» es también buscado por Harry el Sucio, nuestra quinta elección para cerrar el Top 5. La película de Don Siegel es la primera de las cinco en las que Clint Eastwood daría vida al famoso inspector del Departamento de Policía de San Francisco, considerada una de las mejores películas de acción del siglo.
Se han quedado fuera del Top 5 títulos como Instinto básico (Paul Verhoeven, 1992), Milk (Gus Van Sant, 2008), El infierno en llamas (1974) En busca de la felicidad (Gabriele Muccino, 2006), Rise of the Planet of the Apes (Rupert Wyatt, 2011), las divertidas What’s Up, Doc? (Peter Bogdanovich, 1972), Sister Act (Emile Ardolino, 1992) y Señora Doubtfire (Chris Columbus, 1993), la originadora del género buddy cop Límite: 48 horas (Walter Hill, 1982), Bullitt (Peter Yates, 1968), Blue Jasmine (Woody Allen, 2013), The Joy Luck Club (Wayne Wang, 1993), los biopics del genio informático Jobs (Joshua Michael Stern, 2013) y Steve Jobs (Danny Boyle, 2015), Point Blank (John Boorman, 1967), American Graffiti (George Lucas, 1973), After the Thin Man (W.S. Van Dyke, 1936), Harold y Maude (Hal Ashby, 1971), El graduado (Mike Nichols, 1967), The Barbary Coast (Howard Hawks, 1935), Invasion of the Body Snatchers (Philip Kaufman, 1978), Pacific Heights (John Schlesinger, 1990), Moneyball (Bennet Miller, 2011), Fruitvale Station (Ryan Coogler, 2013), La Mission (Peter Bratt, 2009), Fearless (Peter Weir, 1993), San Francisco (W.S. Van Dyke, 1936), Guess Who’s Coming To Dinner? (Stanley Kramer, 1967), Flower Drum Song (Henry Koster, 1961), The Wedding Planner (Adam Shankman, 2001), The Princess Diaries (Garry Marshall, 2001) o The Sweetest Thing (Roger Kumble, 2002). También se ha quedado fuera La Roca (Michael Bay, 1996), que tiene una intensa escena en uno de los típicos tranvías de San Francisco. Por su parte, la similar La fuga de Alcatraz (Don Siegel, 1979) no estaba entre nuestras candidatas al no mostrar apenas imágenes de la ciudad.
Madrid
«De Madrid al cielo, y en el cielo un agujerito para verlo» dice el dicho popular, originado en el siglo XVIII durante el prolífico reinado de Carlos III, conocido como el Mejor Alcalde de Madrid. La capital española ha servido de escenario para obras de teatro, novelas, zarzuelas… y películas. Desde su Gran Vía central hasta sus barrios obreros, Madrid presenta un perfecto plató para desarrollar tramas protagonizadas por personajes con personalidad. Utilizada principalmente por realizadores nacionales, la capital de España ha aparecido brevemente también en producciones de Hollywood como El ultimátum de Bourne (Paul Greengrass, 2007).
Alejandro Amenábar encantó a medio mundo con la profunda y filosófica Abre los ojos, que presenta a un Eduardo Noriega atrapado entre lo real y lo soñado. Aunque el propio Amenábar renegaría años después de la que había sido su segunda película, el inteligente guión gustó tanto que Hollywood hizo su propia versión en 2001 (Vanilla Sky, protagonizada por Tom Cruise), cambiando las calles de Madrid por Nueva York. Pese a la opinión de su director, Abre los ojos suele estar en las listas de mejores películas de ciencia ficción, y tiene un 85% de aprobación en Rotten Tomatoes.
En segunda posición colocamos un clásico del cine gamberro español, El día de la bestia (Álex de la Iglesia, 1995). Una película que no puede dejar indiferente a nadie y que se convirtió rápidamente en una cinta de culto. Mucho más elegante, Mujeres al borde de un ataque de nervios (Pedro Almodóvar, 1988), resultó ganadora del Goya a Mejor Película y fue candidata al Óscar a Mejor Película Extranjera. El espectador puede disfrutar de las panorámicas vistas de un ático en la calle Montalbán y recorrer las calles del centro de Madrid en un particular taxi. En cuarta posición hemos situado El bola (Achero Mañas, 2000), un drama familiar en un barrio obrero que dominó la XV Edición de los Premios Goya recibiendo los galardones de Mejor Película, Mejor Guión Original, Mejor Director Novel y Mejor Actor Revelación. Una temática y un ambiente muy parecidos podemos encontrar en Barrio (Fernando León de Aranoa, 1998), que cosechó un éxito también muy muy parecido a El bola en los Premios Goya, sólo le faltó Mejor Película. Dos películas que se alejan del centro de la ciudad para acercarnos a las crudas realidades familiares de los barrios.
Entre las candidatas al Top 5 estaban títulos como ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (Pedro Almodóvar, 1984), Stockholm (Rodrigo Sorogoyen, 2013), Las 13 rosas (Emilio Martínez-Lázaro, 2007), Chuecatown (Juan Flahn, 2007), Los abrazos rotos (Pedro Almodóvar, 2009), Historias del Kronen (Montxo Armendáriz, 1995), las joyas del cine quinqui Navajeros (Eloy de la Iglesia, 1980) o La estanquera de Vallecas (Eloy de la Iglesia, 1987), Azul Oscuro Casi Negro (Daniel Sánchez-Arévalo, 2006), Surcos (José Antonio Nieves Conde, 1951), Que Dios nos perdone (Rodrigo Sorogoyen, 2016), La ley del deseo (Pedro Almodóvar, 1987), la hollywoodiense El crack (José Luis Garci, 1981), Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (Pedro Almodóvar, 1980), Bajarse al moro (Fernando Colomo, 1988), Asignatura pendiente (José Luis Garci, 1977), Las bicicletas son para el verano (Jaime Chávarri, 1984), El cochecito (Marco Ferreti, 1960), Los peores años de nuestra vida (Emilio Martínez-Lázaro, 1994) o Las chicas de la Cruz Roja (Rafael J. Salvia, 1958), que incluye una de las secuencias más recordadas de las rodadas en las calles de la capital española.
Películas como El verdugo (Luis García Berlanga, 1963), Las brujas de Zugarramurdi (Álex de la Iglesia, 2013), El ultimátum de Bourne (Paul Greengrass, 2007) o Lucía y el sexo (Julio Medem, 2001) tienen varias escenas en Madrid, pero no el total de su trama. En el caso de Tesis (Alejandro Amenábar, 1996), no podemos considerar que se desarrolla en Madrid, ya que tiene lugar en el interior de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Complutense y no nos sirve para conocer la ciudad.
Las Vegas
En muchas películas la trama viaja a la ciudad del pecado para entretener al espectador con las luces y el sonido de las máquinas tragaperras. Ubicada en mitad del desierto, Las Vegas es un escenario perfecto para situar historias de amigos, amores, negocios, escapadas y robos. Normalmente se cita a The Las Vegas Story (Robert Stevenson, 1952), con Jane Russell y Vincent Price, como la primera película ambientada en la Ciudad del Pecado, en la que el famoso bulevar Strip toma protagonismo. Desde entonces cientos de cintas han sido rodadas en sus casinos, clubes nocturnos, calles iluminadas y alrededores desérticos. Gracias a -o por culpa de- estas películas, lo que pasa en Las Vegas no se queda en Las Vegas.
Sin duda 1995 es al año de Las Vegas en el cine. Hasta tres de las cinco seleccionadas en el Top 5 se estrenaron ese año: Casino, Leaving Las Vegas y Showgirls. Aunque las tres son muy buenas películas, nos hemos decantado por Casino (Martin Scorsese, 1995) para el número uno. Basada en hechos reales sobre la mafia y los negocios en la ciudad, la cinta supuso una nueva colaboración entre Scorsese y Robert De Niro. La actuación de Sharon Stone mereció una nominación al Óscar a Mejor Actriz, que compartió con Elisabeth Shue por Leaving Las Vegas (Mike Figgis, 1995). Ninguna de las dos consiguió la estatuilla. Shue deja una gran interpretación en la cinta de Mike Figgis, tratando de acompañar a un Nicolas Cage alcoholizado y sin ilusión por la vida. Cage sí que recibió el Óscar a Mejor Actor. También contiene grandes cantidades de alcohol Miedo y asco en Las Vegas (Terry Gilliam, 1998), basada en la novela de Hunter S. Thompson, que muestra el viaje caótico, psicodélico y surrealista de dos amigos a Las Vegas. La película de Terry Gilliam mezcla humor absurdo con una crítica a la sociedad estadounidense y el fracaso del sueño americano. Muy diferente es Bugsy (Barry Levinson, 1991), biopic sobre el gánster Bugsy Siegel, clave en la creación de los primeros casinos en Las Vegas. La cinta protagonizada por el veterano galán Warren Beaty fue un éxito en términos de nominaciones: compitió en hasta 10 categorías en los Premios Óscar. Sin embargo únicamente ganó el Óscar a Mejor Dirección Artística y el Óscar a Mejor Diseño de Vestuario. Para cerrar nuestro Top 5 hemos escogido Showgirls (Paul Verhoeven, 1995), una película centrada en la vida de las bailarinas de espectáculos. La erótica cinta de Verhoeven recibió muy malas críticas, pero el tiempo acabó posicionándola como una de las mejores ambientada en la Ciudad del Pecado.
Se han quedado fuera títulos como la divertida The Hangover (Todd Phillips, 2009), Ocean’s Eleven (Steven Soderbergh, 2001), Hard Eight (Paul Thomas Anderson, 1996), Honeymoon in Vegas (Andrew Bergman, 1992), 21 Blackjack (Robert Luketic, 2008), What Happens in Vegas (Tom Vaughan, 2008), la cinta protagonizada por Elvis Presley Viva Las Vegas (George Sidney, 1964), Now You See Me (Louis Leterrier, 2013), Con Air (Simon West, 1997), The Cooler (Wayne Kramer, 2003), Go (Doug Liman, 1999), Las Vegas (Jon Turteltaub, 2013), Pay It Forward (Mimi Leder, 2000) o Smokin’ Aces (Joe Carnahan, 2006). De haber considerado El Padrino: Parte II (Francis Ford Coppola, 1974) como una película ambientada en Las Vegas no habría duda de que habría entrado en el Top 5. Sin embargo la joya de Coppola no es una película que base su trama en torno a Las Vegas, al menos enteramente. Es cierto que una parte importante de ella sí involucra negocios en la Ciudad del Juego. Ocurre algo parecido con Rain Man (Barry Levinson, 1988).
Berlín
Desde los años del expresionismo alemán, Berlín ha sido un recurrente set de rodaje cinematográfico en el que se han filmado cintas de enorme calidad. No ha sido nada fácil seleccionar únicamente cinco para destacar. La ciudad ha vivido distintas épocas clave en la historia -no sólo alemana, sino mundial-, y sobre cada una de ellas hay ejemplos de joyas cinematográficas: de la República de Weimar destaca El ángel azul (Josef von Sternberg, 1930), de la época nazi Europa Europa (Agnieszka Holland, 1990), de los años del Muro de Berlín El espía que surgió del frío (1965), de la Reunificación sobresale Good Bye Lenin! (Wolfgang Becker, 2003) o del Berlín contemporáneo el mejor ejemplo es la genial Corre, Lola, Corre (Tom Tykwer, 1998).
En primer lugar hemos situado M, con la que Fritz Lang sorprendió a todos en 1931. Desde entonces este thriller psicológico no ha dejado de poner de acuerdo a la crítica: estamos ante una obra maestra del cine. La actuación de Peter Lorre como perturbado asesino en serie es inolvidable, así como la atmósfera conseguida por el director de fotografía Fritz Arno Wagner, figura clave del expresionismo alemán que utilizaba juegos de luces y sombras de manera muy efectiva. En segunda posición, una película particular que podría haber quitado el puesto a la obra de Fritz Lang: Wings of Desire (Wim Wenders, 1987), cuyo título original en alemán sería El cielo sobre Berlín. Contando también con otro genio de la fotografía, Henri Alekan, la profunda cinta de Wenders presenta una ciudad llena de gente que vaga solitaria, acompañados por ángeles invisibles que tratan de dar confort y esperanza. Rodada con el tono poético y filosófico que caracteriza a Wenders, Wings of Desire explora temas como la vida, la muerte, el amor y la existencia.
En tercera posición hemos colocado La vida de los otros (Florian Henckel von Donnersmarck, 2006), un celebradísimo drama en el Berlín del Muro, ganador del Óscar, del BAFTA y del César en la categoría de Mejor Película Extranjera. El título ayuda a entrever la trama: la cinta sigue a un oficial de la Stasi cuya misión es espiar a una pareja. No es la única película de espías inspirada en las calles y edificios de Berlín, pero sí una de las más destacadas, incorporando el elemento moral y personal. Muy diferente -casi inclasificable- es Berlin Alexanderplatz (Rainer Werner Fassbinder, 1980), una obra épica de 15 horas de duración (publicada en televisión como serie) que presenta un Berlín lleno de violencia, crimen y desesperación. Fassbinder explora temas como la culpa, la redención, la alienación y la lucha por la identidad personal a través de un realismo crudo y una profunda introspección psicológica. Dos años después el director moriría por una sobredosis de somníferos y cocaína. Tenía 37 años, y con él terminaba el movimiento del Nuevo Cine Alemán. Para cerrar el Top 5 nos vamos bailando con Cabaret (Bob Fosse, 1972), un musical en el Berlín de los años treinta, durante el ascenso del nazismo, que resultó vencedor -casi- total en los Óscars de ese año: ganó ocho estatuillas, pero se le escapó la de Mejor Película (es la película con más Óscars sin ganar la categoría principal).
Se han quedado fuera de nuestra lista clásicos como Gran Hotel (Edmund Goulding, 1932), ganadora del Óscar a Mejor Película en la quinta edición de los Premios de la Academia, la peculiar Corre, Lola, Corre (Tom Tykwer, 1998), Good Bye Lenin! (Wolfgang Becker, 2003), Victoria (Sebastian Schipper, 2015), El matrimonio de María Braun (Rainer Werner Fassbinder, 1979), Hanna (Joe Wright, 2011), El ángel azul (Josef von Sternberg, 1930), Gente en domingo (Robert Siodmak, 1930), Atomic Blonde (David Leitch, 2017), Uno, dos, tres (Billy Wider, 1961), Christiane F. (Uli Edel, 1981), Der Baader Meinhof Komplex (Uli Edel, 2008), Alemania, año cero (Roberto Rossellini, 1948), Berlin Calling (Hannes Stöhr, 2008), Berlin Blues (Leander Haußmann, 2003)… y también habíamos considerado las muchísimas misiones de espías que han tenido lugar en la ciudad alemana: Torn Curtain (Alfred Hitchcock, 1966), Die Mörder sind unter uns (Wolfgang Staudte, 1946), El espía que surgió del frío (Martin Ritt, 1965) -basada en la obra homónima de John LeCarré-, Funeral in Berlin (Guy Hamilton, 1966), Octopussy (John Glen, 1983), The Bourne Supremacy (Paul Greengrass, 2004) o El puente de los espías (Steven Spielberg, 2015). Sin duda Berlín ha inspirado historias de intrigas políticas y policiales. No hemos considerado entre las candidatas al clásico de ciencia ficción Metrópolis, que Fritz Lang dirigió en 1927 presentando una imagen de un Berlín futurista, ni a la genialmente actuada El hundimiento (Oliver Hirschbiegel, 2004), en la que la cámara no sale del búnker de Hitler.
Hong Kong
Hong Kong es un rincón del mundo con mucha personalidad. Con poco más de 1.000 kilómetros cuadrados, es un centro de producción cinematográfica de primer nivel. Aunque desde la devolución de la ciudad a China por parte del Reino Unido en 1997 el estreno de películas ha descendido (pasó de las 300 producciones anuales en los 70s y 80s a unas 50 películas al año en la década de 100 en los 2000s y 2010s), en sus calles se han rodado joyas del Séptimo Arte que han quedado en la memoria de millones de espectadores y han influido al cine occidental de manera significativa. Este es nuestro Top 5 de películas ambientadas en Hong Kong:
No es que tengamos una preferencia especial por el realizador Wong Kar-wai, es que para este director -el tercer mejor director de los últimos 25 años según la revista Sight & Sound– Hong Kong no es solo un telón de fondo, sino que también juega un papel importante en sus tramas, en el estado emocional de los personajes, reflejando el aislamiento, la alienación y la búsqueda de conexión en medio del bullicio urbano. Es sin duda el mejor director para conocer la ciudad.
En primer lugar hemos elegido In the Mood for Love (Wong Kar-wai, 2000), un elegante drama romántico que explora temas como el amor, el deseo y la soledad utilizando las luces de neón y la lluvia como compañeros de viaje para una pareja de desconocidos que se conoce por la infidelidad de sus respectivos cónyuges. La película se estrenó en el Festival de Cannes y encantó a la crítica. Pese a estrenarse en el mismo año 2000 rápidamente se la elevó como una de las mejores del siglo XXI. Su influencia en el cine de este siglo ha sido importante: sin ir más lejos inspiró a Sofia Coppola para escribir su Lost in Translation, que también aparece en el Top 5 de películas ambientadas en Tokio). Cambiando de género, A Better Tomorrow (John Woo, 1986) es igual de importante en la historia del cine. En este caso, como pieza clave en la evolución del cine de acción. Aunque el género no suele recibir demasiada atención por parte de la crítica, la cinta del maestro John Woo sí pone de acuerdo a los analistas: es una de las más influyentes del cine asiático. La película popularizó el género heroic bloodshed (derrames de sangre heroicos), caracterizado por secuencias de acción estilizadas y la lucha por el honor y la venganza.
En los puestos nº3 y nº4 volvemos a Wong Kar-wai con Chungking Express (1994) y Fallen Angels (1995), dos profundas cintas que exploran el aislamiento en la vida urbana y las conexiones humanas fugaces y que se ambientan en el vibrante pero melancólico Hong Kong nocturno. Estéticamente, las dos películas sorprendieron por su cinematografía hiperestilizada, con planos distorsionados, ángulos de cámara extremos y una iluminación en tonos neón que crea una atmósfera surrealista. Como en muchas de las películas de Wong Kar-wai, la música juega un papel crucial para capturar el estado emocional de los personajes. Por no relacionar al 100% Hong Kong con Wong Kar-wai, en el puesto número 5 y cerrando el ranking encontramos A Simple Life (Ann Hui, 2011), un drama dirigido por la veterana realizadora hongkonesa Ann Hui que encantó a la crítica y arrasó en el Festival de Venecia y en los Hong Kong Film Awards (donde Hui ostenta el récord de premios a Mejor Dirección). A Simple Life es un conmovedor drama que narra la relación entre un hombre y la mujer que ha sido la sirvienta de su familia durante más de 60 años. Como es recurrente en la Nueva Ola del Cine Hongkonés (de finales de los años setenta a la actualidad), las relaciones humanas son el tema principal de esta historia.
Hemos escogido el Top 5 entre una lista de películas que incluía otros títulos como la mítica Infernal Affairs (Andrew Lau, 2002), The Private Eyes (Michael Hui, 1976), The Mission (Johnnie To, 1999), Drunken Master II (Liu Chia Liang, 1994), Days of Being Wild (Wong Kar-wai, 1990), Rush Hour (Brett Ratner, 1998), Hard Boiled (John Woo, 1992), The Killer (John Woo, 1989), las dos entregas de Election (Johnnie To, 2005 y 2006), Dumplings (Fruit Chan, 2004), Sparrow (Johnnie To, 2008), Dream Home (Pang Ho-cheung, 2010), Vulgaria (Pang Ho-cheung, 2012), Operación Dragón (Robert Clouse, 1972), Fong juk (Johnnie To, 2006), Comrades: Almost a Love Story (Peter Chan, 1996), Lost and Found (Lee Chi-Ngai, 1996), The Wild, Wild Rose (Wong Tin-lam, 1960) o la clásica -y en su día criticada- Sorrows of the Forbidden City (Zhu Shilin, 1948). Debemos recordar que estas películas no son necesariamente producciones propiamente hongkonesas, simplemente ambientadas en Hong Kong. La mítica película Fist of Fury (Lo Wei, 1972) podría haber estado entre las elegibles, pero su trama rápidamente pasa de localizarse en Hong Kong a Shanghái, donde Bruce Lee busca vengar la muerte de su maestro.
Ciudad de México
La enorme Ciudad de México se asienta en el Valle de México y da cobijo a más de 20 millones de almas. Esta megalópolis inabarcable ha sido escenario de cientos de películas desde la proliferación del Séptimo Arte en el país, especialmente durante la llamada Edad de Oro del cine mexicano, durante los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado, con una gran cantidad de comedias, musicales y cintas de gángsters. Sin embargo las mejores películas -al menos en nuestra opinión- ambientadas en las calles de esta ciudad se han producido en décadas más recientes, en especial a partir de los años noventa, gracias a nuevos directores nacionales como Alejandro González Iñárritu o Alfonso Cuarón.
Aunque estrenada en 1950, Los olvidados (Luis Buñuel, 1950) no es una cinta que deba ser encajada dentro de la llamada Edad de Oro del cine mexicano. Esta película trasciende las épocas, los apelativos y el tiempo. Es la mejor película rodada en Ciudad de México y una de las mejores películas del siglo XX. El genio Luis Buñuel escribió y dirigió un crudo retrato en el que presenta la vida de niños de barrios marginados como una lucha diaria por la supervivencia en una ciudad indiferente a su sufrimiento. La película, que arrasó en los Premios Ariel y en el Festival de Cannes, aborda temas como la pobreza, la violencia y la injusticia social de una manera implacable.
Tras el genio y maestro Buñuel aparecen ya los nuevos directores mexicanos que tanto éxito están teniendo en este siglo XXI. En la segunda posición del Top 5 aparece Amores perros (Alejandro González Iñárritu, 2000), una inteligente cinta que entrelaza tres historias conectadas por un accidente automovilístico en Ciudad de México. A través de estos relatos, Iñárritu explora en su primera película temas como la desigualdad social, la violencia y la desesperación en un contexto urbano. Nominada al Óscar a Mejor Película Extranjera y Ganadora del Premio Ariel a Mejor Película, la cinta ofrece un retrato multifacético de la vida en Ciudad de México, desde los barrios más pobres hasta las zonas de clase alta. De manera mucho más elegante, Roma (Alfonso Cuarón, 2019) también recorre una ciudad de desigualdades sociales, y lo hace con un estratégicamente escogido blanco y negro que encantó a la crítica. La casi autobiográfica cinta de Cuarón le valió el Óscar a Mejor Película Extranjera.
En cuarto lugar hemos situado El callejón de los milagros (Jorge Fons, 1995), basada en la novela homónima de Naguib Mahfuz. Se trata de una película coral que sigue las vidas de varios personajes en un barrio popular de Ciudad de México, abordando temas como el amor, la traición, la pobreza y la búsqueda de una vida mejor. A través de sus múltiples historias, ofrece un retrato vívido de la vida en los barrios de clase baja de la ciudad y las dificultades que enfrentan sus habitantes. Muy diferente pero igualmente ambientada en la gran capital de México es la producción hollywoodiense Frida (Julie Taymor, 2002), centrada en la vida de los pintores Frida Kahlo y Diego Rivera, genialmente protagonizada por Salma Hayek, y nominada a seis Premios Óscar. En Frida Ciudad de México cobra protagonismo, apareciendo según era en las décadas de 1920 a 1950, con calles bulliciosas llenas de color, una atmósfera vibrante y un ambiente cultural en plena explosión. El director de fotografía Rodrigo Prieto (nominado hasta en cuatro ocasiones al Óscar a Mejor Fotografía) utiliza una paleta de colores que evocan los cuadros de Kahlo, mezclando elementos de realismo mágico para capturar no sólo los lugares físicos, sino también los estados emocionales de la artista.
Se han quedado fuera del Top 5 títulos como la feroz sátira política La ley de Herodes (Luis Estrada, 1999), la hollywoodiense El fuego de la venganza (Tony Scott, 2004), Nicotina (Hugo Rodríguez, 2003), las obras de Alonso Ruizpalacios Güeros (2014) y Museo (2018), la surrealista La montaña sagrada (Alejandro Jodorowsky, 1973), Rotting in the Sun (Sebastían Silva, 2023), María Candelaria (Emilio Fernández, 1943) o Temporada de Patos (Fernando Eimbcke, 2004).
Washington
Una ciudad creada para alojar a instituciones públicas inspira la creación de historias basadas en las tramas políticas, los juegos de tronos y las cloacas del sistema. En ocasiones incluso estas historias no tienen que ser «creadas»: basta con que reflejen la realidad. El género del thriller político y Washington van de la mano.
El primer lugar no podía ser para ninguna otra. Mr. Smith Goes to Washington (Frank Capra, 1939) sigue a un ingenuo senador, interpretado por James Stewart, que lucha contra la corrupción política en Washington D.C. La película fue nominada a nada más y nada menos que a once Premios Óscar, ganando en la categoría de Mejor Guión Original. Es considerada una de las grandes películas políticas de Hollywood por su crítica al sistema y la defensa de la integridad moral en la política. Muy diferente -pero igualmente genial- es Being There (Hal Ashby, 1979), una sátira protagonizada por Peter Sellers como Chance, un jardinero simple cuya vida cambia cuando es malinterpretado como un intelectual influyente en la política. La película explora la superficialidad de la política y los medios. En esta película podemos hacer un recorrido por la alta sociedad y los círculos políticos de la ciudad, mostrando mansiones elegantes y los escenarios políticos que rodean a la Casa Blanca.
Por su parte, Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula, 1976) dramatiza la investigación periodística sobre el escándalo del Watergate, que llevó a la renuncia del presidente Richard Nixon. La película ganó el Óscar a Mejor Guión Adaptado y sigue siendo a día de hoy una de las mejores películas sobre periodismo. La cinta de Pakula nos lleva al interior de las oficinas del Washington Post y al famoso Hotel Watergate. También se centra en el mundo de los medios de comunicación Broadcast News (James L. Brooks, 1987), una comedia dramática que explora el conflicto entre el periodismo serio y el entretenimiento en la televisión, a través de las relaciones entre tres personajes que trabajan en una redacción. El siempre inteligente Brooks consiguió que su cinta fuera nominada a siete premios Óscar, incluyendo Mejor Película. Para finalizar el Top 5 hemos escogido una película más reciente y que no cuenta con tanto aprecio por parte de la crítica: Quemar después de leer (hermanos Coen, 2008), es una comedia negra de espionaje que sigue a un grupo de personajes desventurados que se ven envueltos en un caos por una información clasificada. Los hermanos Coen nos llevan por varios barrios de clase media en la ciudad y nos acercan a las oficinas de la CIA en Langley.
Estaban entre las candidatas otros célebres títulos como El exorcista (William Friedkin, 1973), Algunos hombres buenos (Rob Reiner, 1992), Charlie Wilson’s War (Mike Nichols, 2007), The American President (Rob Reiner, 1995) D.C. Cab (Joel Schumacher, 1983), No hay salida (Roger Donaldson, 1987), Live Free or Die Hard (Len Wiseman, 2007), Objetivo: La Casa Blanca (Antoine Fuqua, 2013), Peligro inminente (Phillip Noyce, 1994), Wag the Dog (Barry Levinson, 1997), las películas de superhéroes estrenadas en 2014 Capitán America: el Soldado de Invierno (hermanos Russo) y X-Men: días del futuro pasado (Bryan Singer), o incontables thrillers políticos como Tempestad sobre Washington (Otto Preminger, 1962), El Informe Pelícano (Alan J. Pakula, 1993), Enemigo público (Tony Scott, 1998), State of Play (Kevin Macdonald, 2009), Candidata al poder (Rod Lurie, 2000), Absolute Power (Clint Eastwood, 1997), En la línea de fuego (Wolfgang Petersen, 1993), Breach (Billy Ray, 2007), The Post (Steven Spielberg, 2017) o The Manchurian Candidate (Jonathan Demme, 2004). Además, Washington aparece en cientos de películas de manera puntual, como en Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994), donde podemos ver populares estampas de la ciudad como el Monumento a Washington o la propia Casa Blanca.
Viena
Una ciudad imperial y milenaria como Viena estimula con sus avenidas, palacios, cafés y jardines todo tipo de historias. La imponente arquitectura y las evocativas calles empedradas han servido desde los inicios del cine como perfecto escenario para situar comedias románticas, dramas políticos, thrillers de espionaje, cintas de terror… Viena no se cierra a ningún género en concreto. Viena está abierta a todo, combinando el esplendor del Imperio Austrohúngaro y la modernidad de una metrópolis europea contemporánea, pasando por la devastación de la Segunda Guerra Mundial o por la tensión del Telón de Acero.
Además, Viena es sinónimo de cultura y conocimiento, habiendo servido como residencia para importantes figuras de la Historia como Mozart, Klimt, Freud, Beethoven, Wittgenstein, Schubert, Schintzler… además de una innumerable lista de monarcas, príncipes, princesas, condes y duquesas de la Casa de Habsburgo, la Casa de Wittlesbach o la Casa de Babenberg. Viena es sin duda una de las grandes capitales mundiales, y el Séptimo Arte le ha rendido su merecido homenaje.
Pese a la gran cantidad de posibles títulos, no era demasiado complicado decidirse por la mejor película rodada en las calles de Viena. La obra maestra de Carol Reed El tercer hombre (1949) es una de las películas mejor valoradas del siglo XX. Los calificativos se quedan cortos para describir la genialidad e importancia de esta cinta de cine negro que tiene algunas de las mejores escenas de ese arte que es el cine. Los diálogos, la magnífica dirección de Reed, la profundidad del guión, lo conseguido del suspense, la banda sonora de Anton Karas (nacido precisamente en Viena), la actuación de Orson Welles, la ambientación y la fotografía… El tercer hombre es una obra maestra que utiliza una ciudad en ruinas de posguerra como parte del elenco. No se puede entender la película sin los callejones oscuros, sin las cloacas, sin esa noria del Prater. Es la mejor película ambientada en Viena, y Viena es un personaje más.
Mucho menos aparece la ciudad en Amadeus (Milos Forman, 1984), pero sin duda es una de las mejores películas ambientadas en la capital austríaca. El biopic sobre Mozart presenta varias escenas en las nevadas calles de Viena, recorridas por caballerías en pleno siglo XVIII. Entramos también en una casa de la clase media-alta y podemos admirar sus techos, paredes y mobiliario, y por la noche vamos de fiesta a cafés de la alta sociedad a tocar el piano borrachos. En Amadeus Viena no es protagonista, pero se pueden palpar tanto su faceta imperial como sus bajos fondos. También es musical The Piano Teacher (Michael Haneke, 2001) -aunque más que musical es sexual-, y también nos permite ver algo de la vida en Viena, especialmente desde un apartamento. En la película del alemán Haneke la ciudad es un reflejo del alma de los personajes, con escenarios fríos y formales que coinciden con la rígida y sofocante vida de la protagonista, una estricta profesora de piano. Los conservatorios y los apartamentos capturan el ambiente cultural y psicológico de la Viena moderna.
Volviendo a los siglos pasados y a los biopics, Sissi (1955), del vienés Ernst Marischka, es la primera de una serie de tres películas sobre la emperatriz Isabel de Baviera, protagonizadas por Romy Schneider. Aunque la película se centra en la vida en la corte, Viena aparece como una ciudad majestuosa, representando el esplendor y la elegancia de la Casa de Habsburgo, con tomas de palacios como el Schönbrunn y ceremonias reales. Marischka consiguió su propósito de convertir a Sissi en un icono popular, y el éxito de la cinta promovió el rodaje de secuelas en 1956 y 1957. También forma parte de una trilogía -aunque de tono muy diferente- Before Sunrise (Richard Linklater, 1995), en la que un joven estadounidense y una estudiante francesa que se conocen casualmente en un tren deciden pasar un día juntos en Viena, recorriendo la ciudad mientras hablan sobre la vida, el amor y el futuro. En la cinta de Linklater Viena es fundamental, sirviendo como telón de fondo romántico. La casual pareja recorre algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad, como la Riesenrad en el Prater, el Café Sperl y las calles del casco antiguo. Por esta historia Richard Linklater ganó el Oso de Plata a Mejor Director en el Festival de Berlín.
En las calles de Viena están ambientadas también The Joyless Street (G. W. Pabst, 1925), El Ilusionista (Neil Burger, 2006), Museum Hours (Jem Cohen, 2012), Woman in Gold (Simon Curtis, 2015), la cinta de James Bond Alta tensión (John Glen, 1987) o A Dangerous Method (David Cronenberg, 2011).
Londres
Ha sido casi inabarcable reducir la lista a cinco títulos. Es, además, injusto. Londres es una de las capitales mundiales -quizás la capital del mundo desde una perspectiva histórica. Se han rodado cientos y cientos de películas en sus calles. Las primeras fueron en 1895, y desde entonces la ciudad no ha dejado de servir como set de rodaje. Londres ha sido capital de un Imperio, es capital cultural del mundo, ilumina con su música, su moda, su lenguaje y sus gustos al resto del planeta en lo que es una implacable globalización cultural. Es la ciudad más influyente de nuestro mundo desde hace 200 años, centro financiero, potencia cultural, lugar de encuentro para millones de personas de diferentes nacionalidades… Tiene un impacto que ya damos por hecho, y que sin darnos cuenta nos abraza cada día. Es, también, escenario de decenas de películas cada año. Algunas de ellas son simples superproducciones destinadas a producir taquillas millonarias, otras (las más antiguas) son verdaderas obras de arte.
No ha sido nada fácil escoger una para ocupar el primer puesto, y nos hemos decidido por Kind Hearts and Coronets (Robert Hamer, 1949), titulada en español Ocho sentencias de muerte– por varias razones: el guión está lleno de diálogos ingeniosos, ironía y juegos de palabras que hacen que la película sea tan divertida como profunda, la actuación de Alec Guinness es única en la historia del cine (interpretando de manera magistral hasta ocho personajes), la combinación de comedia, crimen y drama es genial, la crítica aguda a las divisiones sociales en Inglaterra se burla de manera brillante a las normas de la aristocracia (un enfoque que ha sido imitado -pero no igualado- por decenas de películas a posteriori), el personaje principal es fascinante, con una gran carga filosófica sobre la moralidad, el diseño visual es elegante, estilizado y recrea meticulosamente la época victoriana, el uso del blanco y negro aporta además una sensación de atemporalidad, las escenas de asesinatos son filmadas con creatividad, añadiendo un toque casi poético a la brutalidad… y, finalmente, el impacto que Kind Hearts and Coronets ha tenido en el cine británico es incalculable, elevándose como una referencia clave en el cine de sátira y comedia negra. En la cinta de Robert Hamer Londres aparece como telón de fondo a las intrigas sociales, mostrando desde sus elegantes barrios de clase alta hasta los espacios más humildes, representando la rígida estratificación social de la ciudad.
Cualquiera de las cinco elegidas podría ocupar cualquiera de las cinco posiciones. En segundo puesto hemos colocado El hombre elefante (David Lynch, 1980) porque debíamos poner alguna. Basada en la historia real de un hombre con graves deformidades que fue exhibido como atracción en el Londres victoriano, la película David Lynch es una exploración conmovedora de la compasión humana frente a la crueldad. Fue un éxito tanto crítico como comercial y ayudó a consolidar a Lynch como uno de los directores más interesantes de su generación. Londres se presenta como una ciudad opresiva y sombría, con una atmósfera industrial que refleja el aislamiento y el sufrimiento del protagonista, mientras también destaca la disparidad social de la época. La actuación de John Hurt como hombre deformado le valió el BAFTA a Mejor Actor y una nominación al Óscar. Lynch también fue nominado al Óscar a Mejor Director. En tercera posición aparece Night and the City (Jules Dassin, 1950), joya del cine negro, ejemplo clave del género noir, no solo en su trama de traiciones y ambiciones fallidas, sino en su atmósfera oscura y pesimista. Londres aquí se convierte en un laberinto de sombras, con calles estrechas y rincones oscuros que acentúan la tensión y el peligro.
The Life and Death of Colonel Blimp (Michael Powell y Emeric Pressburger, 1943) entra en el Top 5 por méritos propios. Este clásico de Powell y Pressburger es una una meditación sobre el honor, la tradición y el cambio, sirviendo también como una crítica al conservadurismo militar. Powell y Pressburger, dos genios e innovadores del Séptimo Arte, rompen con la estructura lineal tradicional al utilizar flashbacks para contar la historia. En The Life and Death of Colonel Blimp Londres es testigo del paso del tiempo, mostrando sus diferentes facetas: desde los esplendores del Imperio hasta los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Finalmente, nuestra elección para entrar en el reservado grupo de cinco películas que sobresalen es The Long Good Friday (John Mackenzie, 1980). Protagonizada magistralmente por Bob Hoskins, la película sigue la historia de un gánster que intenta modernizar su imperio en el Londres de los años 80s. La ciudad aparece aquí como una metrópolis dura y en constante cambio, reflejando la tensión entre el viejo y el nuevo orden, con el telón de fondo del urbanismo y la arquitectura en transformación. The Long Good Friday se sitúa en el contexto de un Reino Unido dividido, con tensiones sociales, económicas y políticas. La trama involucra a facciones del IRA, la corrupción dentro del ámbito empresarial y los movimientos internacionales de capital, lo que la convierte en una compleja red de poder, dinero y violencia. Ésta es representada de manera cruda y directa. Las escenas violentas son impactantes porque no están estilizadas, lo que les otorga un realismo brutal. La película de John Mackenzie se recuerda como una de las mejores cintas de gángsters, y el British Film Institute la coloca en el número 21 entre las 100 mejores películas británicas de la historia.
Entre las cientos de candidatas a entrar en el Top 5 se encontraban clásicos como My Fair Lady (George Cukor, 1964), The 39 Steps (Alfred Hitchcock, 1935), La naranja mecánica (Stanley Kubrick, 1971), Mary Poppins (Robert Stevenson, 1964), Oliver! (Carol Reed, 1968), The Ladykillers (Alexander Mackendrick, 1955) y otras más recientes como Attack the Block (Jow Cornish, 2011), Rocks (Sarah Gavron, 2020), Been So Long (Tinge Krishnan, 2018), Fish Tank (Andrea Arnold, 2009), Skyfall (Sam Mendes, 2012), Happy-Go-Lucky (Mike Leigh, 2008) o In the Loop (Armando Iannucci, 2009). También películas infantiles como Los 101 dálmatas (Stephen Herek, 1961) o Paddington (Paul King, 2014) presentan las calles de la capital inglesa como un personaje más, así como las terroríficas Sweeney Todd (Tim Burton, 2007), 28 días después (Danny Boyle, 2002), Hellraiser (Clive Baker, 1987) o Death Line (Gary Sherman, 1972). El terror en Londres a veces se torna gracioso, como ocurre en la aclamada Shawn of the Dead (Edgar Wright, 2004) o en la divertida An American Werewolf in London (John Landis, 1981).
Londres es protagonista también en la obra del célebre Charles Dickens, cuyas Oliver Twist y A Christmas Carol, han sido llevadas a la gran pantalla en decenas de ocasiones. Entre nuestras candidatas para entrar en el Top 5 estaban los Oliver Twist de David Lean (1948) y Roman Polanski (2005) y los Christmas Carol de Clive Donner (1984), Robert Zemeckis (2009) y Brian Desmond Hurst (1951, titulada Scrooge por el nombre del personaje principal). Ocurre algo parecido con Sherlock Holmes, llevada al cine en más de veinte ocasiones. Una de las mejores es precisamente la más reciente, Sherlock Holmes (Guy Ritchie, 2009). Por su parte, varias escenas de la saga de Harry Potter (2001-2016) tienen también lugar en la capital inglesa.
Otros títulos que habrían podido entrar en un Top 5 son Luz que agoniza (George Cukor, 1944), Un pez llamado Wanda (Charles Crichton, 1988), Sliding Doors (Peter Howitt, 1998), Piccadilly (Ewald André Dupont, 1929), My Beautiful Laundrette (Stephen Frears, 1985), Babylon (Franco Rosso, 1980), Nil by Mouth (Gary Oldman, 1997), El puente de Waterloo (Mervyn LeRoy, 1940), Victim (Basil Dearden, 1961), A Lizard in a Woman’s Skin (Lucio Fulci, 1971), The Day the Earth Caught Fire (Val Guest, 1961) o las cintas con gran influencia india Dilwale Dulhania Le Jayenge (Aditya Chopra, 1995) y Quiero ser como Beckham (Gurinder Chadha, 2002). La lista puede tornarse interminable si seguimos, pero merece la pena mencionar a otras candidatas, excelentes películas como Passport to Pimlico (Henry Cornelius, 1949), Blow-up (Michelangelo Antonioni, 1966), La mujer solitaria (Alfred Hitchcock, 1936), The Lavender Hill Mob (Charles Crichton, 1951), Brief Encounter (David Lean, 1945), Withnail and I (Bruce Robinson, 1987) o The Servant (Joseph Losey, 1963).
Londres ha sido también escenario para una serie de comedias románticas que gozaron de gran éxito en el cambio de siglo de la mano del galán londinense Hugh Grant: Cuatro bodas y un funeral (Mike Newell, 1994), Notting Hill (Roger Michell, 1999), El diario de Bridget Jones (Sharon Maguire, 2001) y Love Actually (Richard Curtis, 2003). En los diez años que van de 1994 a 2004 Londres fue protagonista indiscutible en el cine global con estos cuatro taquillazos internacionales que popularizaron sus calles empedradas. Décadas antes la ciudad había protagonizado cintas inspiradas por el rock como A Hard Day’s Night (Richard Lester, 1964), un falso documental que sigue a los Beatles, Quadrophenia (Franc Roddam, 1979), basada en el álbum homónimo de The Who, o Sid and Nancy (Alex Cox, 1986), sobre la vida del miembro de los Sex Pistols Sid Vicious. En la tabla Excel que teníamos con posibles candidatas a sobresalir entre las películas ambientadas en Londres había todavía más: Hope and Glory (John Boorman, 1987), Lock, Stock, and Two Smoking Barrels (Guy Ritchie, 1998), Naked (Mike Leigh, 1993), Wonderland (Michael Winterbotton, 1999), Austin Powers (Jay Roach, 1997), Layer Cake (Matthew Vaughn, 2004), las oscarizadas Phantom Thread (Paul Thomas Anderson, 2017) o El discurso del Rey (Tom Hooper, 2010) y las distópicas e interesantes Children of Men (Alfonso Cuarón, 2006) y V de Vendetta (James McTeigue, 2005).
Muy cerca de entrar en el Top 5 han quedado las cinco siguientes joyas del cine: Peeping Tom (Michael Powell, 1960), una de las mejores películas británicas jamás hechas, Performance (Nicolas Roeg, 1970), una cinta experimental basada en la obra de Borges y protagonizada por Mick Jagger, El hombre que sabía demasiado (Alfred Hitchcock, 1956), segunda ocasión en la que el Maestro del Suspense llevó a la gran pantalla este guión (la primera había sido en 1934), It Always Rains on Sunday (Robert Hamer, 1947), un clásico del cine de posguerra que ofrece una mirada cruda de la clase trabajadora en un momento de reconstrucción nacional, y The Lodger: A Story of the London Fog (Alfred Hitchcock, 1927), película muda que inicia el cine hitchcockiano, la primera cinta importante del genio, que establece las bases del cine de suspense.
Nueva York
Al igual que ocurre con Londres, en este caso reducir la lista de mejores películas a tan sólo cinco títulos es casi imposible. Como dijimos en la introducción, Nueva York es la ciudad más filmada del planeta. El portal IMDb lista unos 17.000 títulos grabados completa o parcialmente en la Gran Manzana. En este caso nos interesan las películas que tienen toda o gran parte de su trama en las calles -o edificios- de esta emocionante ciudad. Y la pre-selección para escoger el Top 5 ha resultado en una enorme lista con más de cincuenta títulos. Esto indica 1. que Nueva York efectivamente es utilizada como set de rodaje e inspira cientos de películas y 2. un gran número de las películas que se ruedan en esta ciudad son de calidad. La ciudad que ha visto nacer a directores de primer nivel como Martin Scorsese, Spike Lee, Mel Brooks, Stanley Kubrick, Sidney Lumet, Darren Aronofsky o Woody Allen, y a actores legendarios como Al Pacino, Robert De Niro, Denzel Washington, Whoopi Goldberg, Susan Sarandon, Harvey Keitel o Scarlett Johansson es también una ciudad que ha inspirado decenas de películas que ya forman parte de la historia del cine. Las cinco escogidas son verdaderas obras maestras, pero todavía quedan otras tantas descartadas de un nivel y una importancia cinematográfica similar. Nueva York es una ciudad hecha para la gran pantalla.
Taxi Driver, El Padrino y El apartamento son tres de las mejores películas jamás hechas, no solo en Nueva York, sino a nivel mundial. Cualquiera podría ser la mejor de un ranking neoyorquino y, también, de un ranking más general. Sin embargo nos hemos decantado por escoger en primer lugar a Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976) porque en ella la ciudad es totalmente imprescindible (no ocurre tanto así en las otras dos cintas). No se puede entender Taxi Driver sin Nueva York. La magistral película de Scorsese -por la que fue nominado a Mejor Director- presenta una ciudad plagada de criminalidad, prostitución y decadencia, retratando una sociedad en descomposición, reflexionando sobre el aislamiento y ofreciendo un análisis sobre cómo las sociedades urbanas pueden crear individuos al borde de la violencia, y cómo esta violencia puede surgir de un deseo de justicia o de un profundo malestar personal. Scorsese explora esta violencia de manera cruda y realista, lo que le da un impacto emocional tremendo en el espectador. La película no presenta al protagonista -interpretado por Robert De Niro en una actuación memorable- ni como un héroe ni como un villano, lo que invita a reflexionar sobre cuestiones de moralidad, justicia y redención. A todo ello se suma la música de Bernard Herrmann, con sus tonos jazzísticos melancólicos y oscuros, que ayuda a establecer un tono psicológico y emocional. Sin duda, una obra maestra del Séptimo Arte y una invitación a la reflexión. Taxi Driver ha influido profundamente en generaciones de cineastas. Su estructura, estilo visual y su enfoque sobre personajes alienados y moralmente ambiguos han servido como referencia para muchas películas y series que exploran temas similares. Directores como Quentin Tarantino, Paul Thomas Anderson y Todd Phillips han citado esta película como una gran influencia.
En segunda posición colocamos a El Padrino (Francis Ford Coppola, 1972). Con menos carga filosófica que Taxi Driver, pero igualmente atravesada por temas morales, esta cinta está considerada como una de las mejores películas jamás hechas -quizás la mejor. La dirección de Coppola es excelente, la banda sonora una delicia, las actuaciones excepcionales, la ambientación perfecta, el guión inmejorable… Es una película sobresaliente, y que presenta una Nueva York de post-guerra como escenario ideal. La ciudad, históricamente relacionada con la comunidad italoamericana, aparece constantemente como telón de fondo, aun sin tener mucho protagonismo. Tampoco es vital la ciudad en El apartamento (Billy Wilder, 1960) -la trama podría situarse perfectamente en Chicago por ejemplo-, pero sin duda ayuda a crear un ambiente de oportunidades y soledad. El genial y fracasado Jack Lemmon es un hombre solitario en una gran ciudad, rodeado de gente pero sin ninguna conexión real. Nueva York sirve como escenario de rascacielos, avenidas, apartamentos y bares donde beberse las penas. Desde las ventanas solo se ven edificios de oficinas con las luces encendidas. La ciudad se come a los personajes, atrapados entre el cemento y el cristal. El de Wilder es un guión perfecto, profundo y melancólicamente divertido. Por ello y por su abordar temas como la soledad, el desamor y la moralidad en el entorno laboral, Wilder arrasó en los Premios Óscar recibiendo las estatuillas a Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Guión Original.
También está cargada de reflexiones profundas sobre la condición humana La ley del silencio (Elia Kazan 1954), mucho más política que las otras tres cintas. Este drama está protagonizado por un magistral y obrero Marlon Brando que se enfrenta a los sindicatos corruptos que controlan los muelles de Nueva York. Kazan explora temas de corrupción, lealtad y redención. La lucha de clases, la desesperación por la omertà y sus implicaciones morales, la lealtad, el miedo a no pertenecer a un grupo… La profundidad de los temas tratados en La ley del silencio encuentra un perfecto escenario en el puerto de Nueva York, que da un ambiente industrial y obrero a la cinta. Elia Kazan recibió el Premio Óscar a Mejor Director, y la película se llevó otras siete estatuillas. El American Film Institute la ubicó como la octava mejor película estadounidense de la historia, y resaltó como tercera mejor frase de la historia del cine la famosa línea de Brando lamentándose: «I could’ve had class, I could’ve been a contender, I could’ve been somebody…». Sin duda un excelente guión para la historia y para reflexionar sobre cuestiones morales. Para cerrar el Top 5 nos hemos decantado por una obra de Spike Lee, quien tanto ha hecho por Nueva York. Su carrera no se puede desligar de la -de su- ciudad. Ambientada en Brooklyn, Do the Right Thing (Spike Lee, 1989) examina las tensiones raciales en un caluroso día de verano, cuando un enfrentamiento en una pizzería local escala hasta convertirse en un estallido de violencia en el barrio. El enfoque audaz y honesto de Spike Lee sobre el racismo y la desigualdad expone sin tapujos la complejidad y la diversidad de las comunidades urbanas y sus conflictos. En esta obra maestra del cine independiente -como en toda la obra de Lee- Nueva York no es solo el escenario de la película, sino un personaje en sí mismo. La geografía de los barrios, la arquitectura de las calles, la estructura de los edificios, el olor del sudor y de las cocinas… El escenario no está en el fondo y sobre él se desarrolla la trama: el escenario es parte de la trama y ayuda a contar la historia. Spike Lee es un genio consiguiendo esa simbiosis entre la ciudad, los personajes y el guión, un texto original por el que recibió una nominación al Óscar.
No hemos considerado El Padrino: Parte II (Francis Ford Coppola, 1974) porque en su trama Nueva York comparte el protagonismo con otras ciudades como Las Vegas o La Habana. Sin embargo sí que estaban en nuestra lista clásicos como Eva al desnudo (Joseph L. Mankiewicz, 1950), Desayuno con diamantes (Blake Edwards, 1961), La tentación vive arriba (Billy Wilder, 1955), King Kong (Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper, 1933), Sweet Smell of Success (Alexander Mackendrick, 1957), 42nd Street (Lloyd Bacon, 1933), Marty (Delbert Mann, 1955), La ventana indiscreta (Alfred Hitchcock, 1954) o Miracle on 34th Street (George Seaton, 1947). Otros títulos seleccionables eran Big (Penny Marshall, 1988), Wall Street (Oliver Stone, 1987), Escape from New York (John Carpenter, 1981) o el musical Un día en Nueva York (Gene Kelly y Stanley Donen, 1949). Se han quedado fuera también la divertida Sólo en Casa 2: perdido en Nueva York (Chris Columbus, 1992), Inside Llewyn Davis (hermanos Coen, 2013), The Clock (Vincente Minnelli, 1945), The Group (Sidney Lumet, 1966), la adaptación cinematográfica del mítico musical West Side Story (Robert Wise, 1961), la profunda Birdman (Alejandro González Iñárritu, 2016), Los amos de la noche (Walter Hill, 1979), La jungla de cristal 3: la venganza (John McTiernan, 1995), Ghostbusters (Ivan Reitman, 1984), todas las películas de Spider-Man (especialmente la aclamada Spider-Man: Into the Spider-Verse, de 2018), la terrorífica La semilla del diablo (Roman Polanski, 1968), When Harry Met Sally… (Rob Reiner, 1989), Uncut Gems (hermanos Safdie, 2019), la última película de Louis Malle Vanya on 42nd Street (Louis Malle, 1994), Parting Glances (Bill Sherwood, 1986), Metropolitan (Whit Stillman, 1990), If Beale Street Could Talk (Barry Jenkins, 2018), Uptown Girls (2003), Saving Face (Alice Wu, 2004), Rent (2005), Enchanted (Kevin Lima, 2007), la aplaudida Frances Ha (Noah Baumbach, 2012), Donnie Brasco (Mike Newell, 1997), Working Girl (Mike Nichols, 1988) o dos cintas con título engañoso: Paris Is Burning (Jennie Livingston, 1991) y Sleepless in Seattle (Nora Ephron, 1993), ambientadas en Nueva York.
El neoyorquino Martin Scorsese, que ocupa el primer lugar en el Top 5, tenía otras candidatas para el ranking final: Mean Streets (1973), Gangs of New York (2002), Toro Salvaje (1980), Uno de los nuestros (1990), After Hours (1985) y New York, New York (1977). Scorsese es, sin duda, el mejor aliado de la ciudad de Nueva York en el cine. Por su parte, el otro gran director neoyorquino, Woody Allen, tenía buenas candidatas a entrar en el Top 5: Manhattan (1979), Broadway Danny Rose (1984), Hannah y sus hermanas (1986) y especialmente la genial Annie Hall (1977). Los setenta fueron buenos años para Nueva York -al menos en lo que a su presencia en el cine se refiere-. Además del trabajo de Scorsese y Allen destacan títulos como Tarde de perros (Sidney Lumet, 1975), con una recordada actuación del neoyorquino Al Pacino, The French Connection (William Friedkin, 1971), Girlfriends (Claudia Weill, 1978), Saturday Night Fever (John Badham, 1977), Black Caesar (Larry Cohen, 1973), Taking of Pelham 123 (Joseph Sargent, 1974), Superman (Richard Donner, 1978), The Warriors (Walter Hill, 1979), Serpico (Sidney Lumet, 1973), Three Days of the Condor (Sydney Pollack, 1975), News from Home (Chantal Akerman, 1977), Klute (Alan J. Pakula, 1971), An Unmarried Woman (Paul Mazursky, 1978), Kramer contra Kramer (Robert Benton, 1979), All That Jazz (Bob Fosse, 1979) o la genial Network (Sidney Lumet, 1976).
En la interminable lista de posibles candidatas había muchas más: la épica Érase una vez en América (Sergio Leone, 1984), la entretenida Moonstruck (Norman Jewison, 1987), la oscarizada Cowboy de medianoche (John Schlesinger, 1969), Margaret (Kenneth Lonergan, 2011), Inside Llewyn Davis (Joel Coen and Ethan Coen, 2013), The Cool World (Shirley Clarke, 1963), Carlito’s Way (Brian De Palma, 1993), el oscarizado documental Man on Wire (James Marsh, 2008), Two Lovers (James Gray, 2008), The Royal Tenenbaums (Wes Anderson, 2001), El príncipe de las mareas (Barbra Streisand, 1991), la impactante American Psycho (Mary Harron, 2000), In Jackson Heights (Frederick Wiseman, 2015), Just Another Girl on the I.R.T. (Leslie Harris, 1993), The Crowd (King Vidor, 1928), las infantiles The Muppets Take Manhattan (Frank Oz, 1984) y Oliver y su pandilla (George Scribner, 1988), Smithereens (Susan Seidelman, 1982), Man Push Cart (Ramin Bahrani, 2005), Love Is Strange (Ira Sachs, 2014), Crossing Delancey (Joan Micklin Silver, 1988), la película de bajo presupuesto Shadows (John Cassavetes, 1959), Personal Problems (Bill Gunn, 1980), Make Way for Tomorrow (Leo McCarey, 1937), Applause (Rouben Mamoulian, 1929), I Shot Andy Warhol (Mary Harron, 1996), el documental experimental Symbiopsychotaxiplasm: Take One (William Graves, 1971) o las divertidas The Producers (Mel Brooks, 1967) y El príncipe de Zamunda (John Landis, 1988). Junto a Scorsese y Allen -y quizás incluso más que estos dos- el director predilecto de Nueva York es Spike Lee, que ocupa un lugar en el Top 5 y que tenía otras tantas obras neoyorquinas apuntando alto: La última noche (2002), Crooklyn (1994) y She’s Gotta Have It (Spike Lee, 1986). Aunque las mejores películas ambientadas en Nueva York tienen ya más de veinte años, en tiempos recientes también encontramos ejemplos de buen cine que coge como escenario la Gran Manzana: Can you ever forgive me? (Marielle Heller, 2018), Hustlers (Lorenne Scafaria, 2019), Good Time (hermanos Safdie, 2017), Brooklyn (John Crowley, 2015), High Flying Bird (Steven Soderbergh, 2019), In the Heights (John M. Chu, 2021), On the Rocks (Sofia Coppola, 2020) o la genial película de animación Soul (Pete Docter, 2020).

















