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El siglo de China: presencia en la economía global

  • 18 diciembre, 2024
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  • Juan Pérez Ventura

Hace más de diez años, en esta misma página web, se publicó el artículo «Cambio en el orden económico mundial» (Juan Pérez Ventura, 2012), en el que se analizaba el proceso de sustitución en los primeros puestos del liderazgo global. Las potencias tradicionales occidentales veían su posición amenazada por el avance y crecimiento de potencias emergentes como Indonesia, Brasil, Pakistán, India o México. Por encima de todo ello, el cambio en el puesto número uno, donde Estados Unidos se sentaba desde hacía más de dos décadas tranquilamente, también parecía a punto de llegar. Finalmente ha llegado.

La demografía siempre se acaba imponiendo, y el peso que China tiene en el mundo en términos de población ya se reflejan en términos económicos. Para comprobarlo, vamos a trazar un recorrido por la influencia económica de China, que abarca desde su dominio en la manufactura y la tecnología hasta su impacto en la agricultura, la automoción, el comercio marítimo, la pesca, la telefonía móvil, los videojuegos o las finanzas internacionales. En cada ámbito, China no solo lidera en términos de producción y exportación, sino que también ejerce un poder significativo mediante la innovación, las inversiones estratégicas y su capacidad para moldear mercados globales. La famosa etiqueta «Made in China» ya no es solo un símbolo de fabricación masiva; representa la interconexión económica de un mundo que depende de sus bienes, infraestructura y capital financiero. Desde ser el mayor exportador global hasta convertirse en uno de los principales prestamistas internacionales, China ha consolidado un sistema que impacta tanto a las economías desarrolladas como a las emergentes. Vamos a analizar diez sectores que China han conquistado con sus empresas, inversiones, productos y marcas. Son los siguientes:

  1. Telefonía móvil
  2. Energía y minerales
  3. Comercio electrónico
  4. Construcción de infraestructuras
  5. Videojuegos
  6. Agricultura y pesca
  7. Automoción
  8. Manufacturas
  9. Transporte y comercio marítimo
  10. Banca y finanzas

Existen muchos otros sectores donde China está consiguiendo un desarrollo sorprendente (industria aeroespacial, inteligencia artificial, industria farmacéutica, telecomunicaciones, biotecnología, ciberseguridad…), si bien en las siguientes diez está realmente alcanzando posiciones de dominio global, en algunos casos monopolístico. ¿Qué ocurrirá cuando China efectivamente monopolice sectores económicos enteros? No es esa la respuesta que esperamos contestar en este artículo, pero sí que es una de las que debería surgir al lector tras el análisis.

ARTÍCULO RELACIONADO: China, del Gran Salto Adelante a la Cara Oculta de la Luna (Juan Pérez Ventura, 2019)

1. Telefonía móvil

El mercado global de la telefonía móvil ha sido transformado en los últimos años por el ascenso de las marcas chinas, que han consolidado su posición como líderes en innovación y producción. Empresas como Huawei, Xiaomi, Oppo y Transsion han sabido aprovechar su capacidad para fabricar dispositivos tecnológicamente avanzados a precios competitivos, convirtiéndose en opciones preferidas en mercados emergentes como Asia, África y América Latina.

En 2019, Huawei marcó un hito al superar a Apple en unidades vendidas, ocupando el segundo lugar global detrás de Samsung. Sin embargo, este éxito fue seguido por un duro revés debido a las sanciones impuestas por Estados Unidos, que limitaron su acceso a componentes y servicios clave, como Google. Esto afectó significativamente su presencia internacional. A pesar de estas adversidades, Huawei ha demostrado una enorme resiliencia, lanzando su propio sistema operativo, HarmonyOS, y avanzando hacia la independencia tecnológica con el reciente anuncio de HarmonyOS Next, diseñado para competir directamente en el ecosistema global.

NOTICIA: Huawei va a olvidarse de Android: HarmonyOS NEXT ya tiene fecha de llegada (CincoDías, septiembre 2024)

Mientras tanto, otras marcas chinas como Xiaomi y Oppo han aprovechado el vacío dejado por Huawei, logrando importantes avances en mercados clave. Xiaomi, por ejemplo, ha destacado como líder en la gama media gracias a dispositivos que combinan rendimiento y asequibilidad. Por otro lado, Transsion, una marca poco conocida en Occidente pero dominante en África y Latinoamérica, ha adaptado sus productos a las necesidades locales, consolidando su liderazgo en estos dos continentes con marcas como Tecno, Infinix y Itel.

NOTICIA: Transsion se ha disparado en Latinoamérica. El nuevo gigante chino saca músculo (Xataka, mayo 2024)

ANÁLISIS: What Transsion tells us about Chinese investment in Africa (African Business, agosto 2024)

El dominio de las marcas chinas en el mercado global de la telefonía móvil trasciende ampliamente su participación en las ventas. Aunque representan un impresionante 60% de los teléfonos vendidos en todo el mundo, su influencia va mucho más allá, extendiéndose al control de las cadenas de suministro que sustentan la producción global de dispositivos electrónicos. Este control estratégico permite a China no solo liderar el mercado con sus propias marcas, como Huawei, Xiaomi y Oppo, sino también convertirse en un engranaje esencial para los gigantes occidentales.

Apple y Samsung, dos de las marcas más reconocidas a nivel mundial, dependen profundamente de la infraestructura industrial china para mantener su competitividad. Los dispositivos de Apple, aunque diseñados en Estados Unidos, son fabricados mayoritariamente en fábricas chinas gestionadas por empresas como Foxconn, el mayor ensamblador de productos electrónicos del mundo. Esto no solo se debe al bajo costo de la mano de obra, sino también a la capacidad de China para ofrecer una combinación única de escalabilidad, eficiencia y proximidad a una red integral de proveedores de componentes. Además, el ecosistema industrial de China no solo facilita la producción, sino que también influye en el desarrollo de la tecnología que llega al mercado global. El país cuenta con una sólida infraestructura de fabricación de componentes clave, como procesadores, pantallas, baterías y chips de memoria. Empresas como BOE Technology, líder en la fabricación de pantallas, o CATL, pionera en baterías de litio, destacan como ejemplos del impacto chino en la industria tecnológica.

Fábricas de Foxconn, el fabricante chino de los dispositivos de la estadounidense Apple

El control chino de las cadenas de suministro también significa que, en momentos de crisis global, como las interrupciones causadas por la pandemia de COVID-19, el país fue capaz de adaptarse y mantener la producción a niveles que otros países no pudieron igualar. Esto subraya la importancia de China como el «taller del mundo», un título que, lejos de limitarse a productos de bajo coste, abarca ahora dispositivos de alta tecnología y componentes esenciales para las marcas más avanzadas del mercado. Por otro lado, este control estratégico plantea retos para los competidores globales y ha generado tensiones geopolíticas. Estados Unidos, por ejemplo, ha intentado reducir su dependencia de China a través de políticas como el «reshoring» (relocalización de fábricas) y el impulso a la fabricación doméstica de semiconductores. Sin embargo, la capacidad de China para ofrecer una infraestructura industrial tan integrada y eficiente sigue siendo difícil de igualar.

ARTÍCULO RELACIONADO: El proceso de deslocalización empresarial (Juan Pérez Ventura, 2013)

2. Energía y minerales

China ha consolidado su posición como un actor dominante en las industrias energética y minera a nivel mundial, destacándose tanto por su capacidad de producción como por su influencia estratégica en cadenas de suministro y tecnologías emergentes. Su liderazgo global abarca desde el control de recursos tradicionales como el carbón, el petróleo y los minerales estratégicos, hasta la inversión masiva en energías renovables y proyectos internacionales que redefinen las dinámicas económicas globales.

En el ámbito energético, China lidera con gigantes como Sinopec, CNPC y CNOOC, cuyos ingresos rivalizan con los de empresas globales como ExxonMobil o Shell. Además, el país ha demostrado su compromiso con la transición energética. En 2004, apenas representaba el 1% de la producción mundial de energía solar, pero para 2024 ya genera más del 40%, un logro que subraya su capacidad para adaptarse a las demandas del mercado y liderar en tecnologías limpias. Un ejemplo emblemático es la instalación del aerogenerador más grande del mundo, el SI-270150, diseñado para abastecer a 160.000 hogares con energía limpia.

No obstante, este dominio no está exento de desafíos. En el mercado de paneles solares, las empresas chinas, que lideran la producción global con más del 70% de los paneles vendidos en el mundo, enfrentan una caída drástica en los precios de venta, impulsada por la sobreproducción y una creciente competencia internacional. La reducción de los márgenes de ganancia ha puesto en riesgo la sostenibilidad financiera de muchas empresas, incluidas algunas de las más grandes del sector, que deben lidiar con los altos costos de producción, transporte y distribución en un mercado saturado.

Para contrarrestar este problema, las principales empresas del sector en China, entre las que destacan gigantes como Longi Green Energy y JinkoSolar, han creado una especie de «OPEP solar». Este acuerdo, inspirado en el modelo de los países exportadores de petróleo, establece cuotas de producción voluntarias entre las empresas participantes, basadas en la capacidad instalada y la demanda proyectada. El objetivo es estabilizar el mercado, reducir el exceso de oferta y recuperar precios que permitan la viabilidad económica del sector.

Este movimiento no solo busca asegurar la sostenibilidad de las empresas individuales, sino también proteger la posición dominante de China en el mercado global de energías renovables. Al coordinar su producción, las empresas chinas intentan evitar que los competidores extranjeros aprovechen la volatilidad del mercado para ganar cuota. Además, la medida envía un mensaje claro sobre la capacidad de la industria china para adaptarse y responder colectivamente a los retos del mercado, consolidando su liderazgo estratégico.

El avance en energías renovables se combina con el control estratégico de minerales esenciales para la tecnología moderna. China alberga más del 33% de las reservas globales de tierras raras, metales fundamentales para dispositivos electrónicos, baterías y turbinas eólicas. Además, sus empresas mineras como China Shenhua Energy lideran en la producción de carbón, mientras que compañías como Zijin Mining destacan en la extracción de oro y cobre. Este dominio de recursos críticos también se ha convertido en una herramienta geopolítica. Recientemente, China impuso restricciones a la exportación de minerales como el grafito o el germanio, esenciales para la fabricación de semiconductores, en respuesta a limitaciones tecnológicas impuestas por Occidente.

NOTICIA: China responde a los aranceles de Trump: restringirán exportaciones de metales clave a Estados Unidos (Huffington Post, diciembre 2024)

3. Comercio electrónico

En el año 2013 China se convirtió en el mercado más grande para el sector del comercio electrónico (e-commerce, en inglés). Desde entonces las dimensiones de esta industria no han dejado de crecer. Hoy en día, más de 850 millones de chinos realizan compras a través de Internet, utilizando populares plataformas como JD.com, AliExpress, Shein o Temu. La mayoría de ellas ya han desembarcado en Occidente. Aunque ninguna se acerca a tener la cuota de mercado que tiene la estadounidense Amazon a nivel global, lo cierto es que cuatro de las cinco empresas más grandes de comercio electrónico del mundo son empresas chinas. Y sus clientes no dejan de aumentar.

Las claves del crecimiento de las empresas chinas de e-commerce son 1. los precios bajos, 2. la rapidez en las entregas, 3. la facilidad en la compra y 4. la cantidad de productos disponibles. La innovación tecnológica, como el uso de inteligencia artificial y big data, ha permitido a estas empresas optimizar desde la personalización de ofertas hasta la logística. Igual de importante ha sido el papel del gobierno chino, invirtiendo en infraestructura como redes 5G, internet de alta velocidad y programas para digitalizar las zonas rurales, creando así el terreno ideal para que estas empresas crezcan dentro del país. La internacionalización se ha basado en un uso agresivo de la publicidad en redes sociales y una bajada de precios contra la que no han podido competir las empresas de otros países.

La más grande de todas es JD.com, que pese a iniciarse como un marketplace de productos de tecnología ha evolucionado hasta ofrecer un catalogo casi infinito y que incluye ropa, alimentos, productos del hogar… Su fama se debe a la velocidad en sus entregas y a la calidad de los productos, que son auténticos (en contrastes con otras plataformas, que han enfrentado críticas por la venta de falsificaciones). JD.com cuenta con una red logística propia, que incluye almacenes, centros de distribución y flotas de transporte. Este enfoque le permite garantizar entregas incluso el mismo día o al día siguiente en muchas áreas de China. Además, la empresa ha sido pionera en el uso de drones y vehículos autónomos para mejorar el acceso a regiones rurales.

NOTICIA: «Is JD.com the future of Chinese e-commerce?» (Forbes, julio 2018)

Pero no todo son buenas noticias para los multimillonarios gigantes del e-commerce chinos. La llegada de Temu ha tensionado el sector, y en 2024 Shein ha presentado acusaciones contra la empresa de PDD Holdings por varias prácticas que considera desleales, incluyendo la promoción de productos que imitan sus diseños, incentivando la violación de derechos de autor, y el uso de precios extremadamente bajos que distorsionan la competencia en el mercado. Además, denuncia tácticas engañosas, como anuncios que imitan su imagen y la contratación de influencers para difundir información negativa sobre Shein. Por su parte, Temu previamente había señalado a Shein por obligar a sus proveedores a acuerdos exclusivos. La rivalidad entre las dos empresas es intensa, lo cual revela el valor del premio por el que compiten.

MÁS INFORMACIÓN: «Shein declara la guerra total a Temu» (El Confidencial, agosto 2024)

A quien nadie se atreve a molestar es al gigante Alibaba, decano en el sector del comercio electrónico. Fundado en 1999 por el visionario Jack Ma, que ya entonces percibió que el e-commerce sería la forma de comprar y vender en el siglo XXI. En 2014 Alibaba realizó su Oferta Pública Inicial (IPO) en la Bolsa de Nueva York -una IPO es el proceso mediante el cual una empresa privada pone a la venta sus acciones al público por primera vez en una bolsa de valores- y fue un hecho histórico al recaudar $25 mil millones de dólares, lo que la convirtió en la mayor IPO de la historia. Este movimiento otorgó a Alibaba una valoración de 231.000 millones de dólares y marcó un punto de inflexión en la industria tecnológica global. Era 2014 y China entraba por todo lo alto en el sector del comercio electrónico, hasta entonces dominado por las estadounidenses Amazon y eBay.

En estos últimos diez años Alibaba ha seguido creciendo. El núcleo de su negocio sigue estando en plataformas de e-commerce como Taobao, Tmall y AliExpress, que envían productos de manera eficaz gracias a la empresa logística Cainiao, también del Alibaba Group. Otras empresas del grupo son Alipay, plataforma de pago en línea, Youku Tudou, una plataforma de videos similar a YouTube, Alibaba Cloud, la mayor empresa de computación en la nube en Asia, donde le ha robado el mercado a AWS (Amazon Web Services). La influencia de Alibaba en Asia es total. En Occidente ha llegado a través de la plataforma de comercio electrónico AliExpress.

Las Aldeas Taobao

Las Aldeas Taobao son un ejemplo impresionante de cómo el comercio electrónico está transformando la vida en zonas rurales de China. Estas aldeas, conectadas al ecosistema de Taobao, la plataforma de Alibaba, se han convertido en verdaderos centros de negocios digitales donde la gente del campo pasa de vender productos locales en mercados tradicionales a comercializarlos en línea para todo el país y más allá.

¿Pero qué hace que una aldea sea llamada «Taobao Village»? Para ganarse el título, debe cumplir tres requisitos: estar en una zona rural, generar al menos 10 millones de yuanes al año a través del comercio electrónico, y tener unas 100 tiendas online activas o al menos que el 10% de los hogares participen en este negocio digital. El concepto nació en las regiones costeras, cerca de donde Alibaba tiene su sede, pero el modelo se ha extendido como la pólvora por todo el país. En 2013 había solo unas 20 aldeas de este estilo. Hoy, el número ha superado las 5.000, con miles de millones de yuanes en ventas anuales. Esto ha convertido a aldeas antes olvidadas en potencias económicas.

El impacto ha sido asombroso. Por un lado, las «Taobao Villages» crean empleo, ya que la gente necesita fabricar, embalar y gestionar los envíos de los productos que venden. Además, fomentan el intercambio de ideas y estrategias entre los vecinos, porque todos están metidos en el mismo barco. Es un ciclo: más negocios traen más inversión y más desarrollo. Tanto así, que el gobierno chino y Alibaba han creado programas como «Rural Taobao» para que más aldeas puedan subirse a esta ola digital.

PARA AMPLIAR: Rural Taobao: Alibaba’s Expansion into Rural E-Commerce (Harvard Business School, 2019)

Las Aldeas Taobao son un ejemplo del interés -y de la intervención- del gobierno chino en el sector del comercio electrónico. Esta industria, que está liberalizada y protagonizada por empresas privadas, no escapa sin embargo a la vigilancia del gobierno, verdadero protagonista tras las bambalinas. La buena relación de Alibaba con el desarrollo económico del mundo rural no impidió al gobierno chino imponer en 2021 una multa récord a la empresa, que tuvo que pagar 2.100 millones de dólares por prácticas monopolísticas.

La monopolización del mercado es solo una de las críticas que se vierten sobre las empresas chinas de comercio electrónico. Los gobiernos de los países y las instituciones internacionales están escandalizados por cuestiones como la baja calidad de algunos productos, las condiciones laborales exigentes para repartidores y trabajadores de almacenes, el impacto medioambiental derivado del uso masivo de envases y transporte intensivo, prácticas de competencia desleal y manejo poco transparente de datos personales. Dominan el mundo del comercio electrónico y se están haciendo multimillonarias, pero estas empresas se enfrentan a sanciones gubernamentales por sus modelos de negocio.

NOTICIA: Seis países de la UE piden sanciones severas contra plataformas como Shein y Temu (Euronews, septiembre 2024)

4. Construcción de infraestructuras

El sector de la construcción refleja la evolución del poder económico global. Durante el siglo XX, Estados Unidos, Reino Unido y Francia lideraron con proyectos icónicos como el Empire State Building y el Canal de Panamá. En la posguerra, Japón emergió como referente, destacando por su innovación tecnológica y construcción sísmica durante su boom económico.

A partir de los años 80, China comenzó a ganar protagonismo gracias a las reformas de Deng Xiaoping, impulsando una urbanización masiva y desarrollando infraestructura a gran escala. En el siglo XXI, se ha consolidado como líder global, con empresas como CSCEC y CCCC que dominan tanto el mercado interno como proyectos internacionales vinculados a la Iniciativa Belt and Road, consolidando a China como la potencia principal en la construcción moderna.

MÁS INFORMACIÓN: China’s Massive Belt and Road Initiative (Council on Foreign Relations, 2023)

China es hoy en día hogar de las mayores empresas constructoras del mundo. Gigantes como China State Construction Engineering Corporation (CSCEC), China Communications Construction Company (CCCC) y China Railway Group encabezan los rankings globales por ingresos. Estas empresas, en su mayoría estatales, no solo lideran en términos de tamaño, sino también por su capacidad para ejecutar proyectos complejos y de gran escala en plazos cortos.

La presencia de estas empresas en el extranjero ha sido impulsada por políticas estatales como la Belt and Road Initiative, lanzada en 2013. Esta estrategia tiene como objetivo conectar a China con el resto del mundo a través de infraestructuras globales, como puertos, ferrocarriles y carreteras, consolidando su influencia económica y geopolítica.

El éxito de la industria constructora china no se limita a su territorio. En los últimos años, empresas chinas han liderado proyectos en Asia, África y América Latina, construyendo puentes, aeropuertos, carreteras y zonas económicas especiales. Las tres mayores empresas constructoras chinas son auténticos gigantes que lideran el sector global de infraestructuras: China State Construction Engineering Corporation (CSCEC), China Communications Construction Company (CCCC) y China Railway Group (CREC). Estas compañías han llevado a cabo algunos de los proyectos más emblemáticos y ambiciosos del mundo a lo largo de toda la geografía global.

China State Construction Engineering Corporation (CSCEC) es la mayor empresa de construcción del mundo por ingresos. Su capacidad para ejecutar proyectos de infraestructura a gran escala es impresionante y se refleja en obras icónicas. Un ejemplo es el Shanghai World Financial Center, uno de los rascacielos más altos del mundo con 492 metros de altura, símbolo del desarrollo financiero de Shanghai y un referente de la arquitectura moderna. También destaca el Aeropuerto Internacional de Beijing Daxing, inaugurado en 2019 como uno de los aeropuertos más grandes y avanzados del mundo, una obra que demuestra la habilidad de CSCEC para gestionar proyectos complejos en diseño y logística. En África, la sede de la Unión Africana en Etiopía, construida en Addis Abeba, es un símbolo de cooperación sino-africana, donado por China y ejecutado por esta empresa. Otro proyecto destacado es el Puente Sheikh Jaber Al-Ahmad en Kuwait, un puente marítimo de 48 kilómetros que conecta Kuwait City con Subiyah, reflejando la expansión global de CSCEC en Oriente Medio. Finalmente, la Carretera Costera de Argelia, de 1.216 kilómetros, mejora la conectividad en el norte de África y muestra el dominio de CSCEC en proyectos de infraestructura vial a gran escala.

Por su parte, China Communications Construction Company (CCCC) se especializa en la construcción de puertos, carreteras y obras marítimas, siendo una pieza clave en la expansión de la Belt and Road Initiative. En Europa, ha modernizado y expandido el Puerto del Pireo en Grecia, convirtiéndolo en un centro logístico fundamental para el comercio entre Asia y Europa. Otro ejemplo de su excelencia es el Puente Hong Kong-Zhuhai-Macao, con 55 kilómetros, el puente marítimo más largo del mundo y una obra maestra de la ingeniería moderna que refuerza la integración económica del delta del río de las Perlas. En Sri Lanka, desarrolló la Autopista Colombo-Katunayake, mejorando la infraestructura vial al conectar la capital con el aeropuerto internacional. En Pakistán, CCCC es responsable del desarrollo del Puerto de Gwadar, una pieza estratégica del Corredor Económico China-Pakistán, que facilita el acceso de China al mar Arábigo. Además, participó en la Ampliación del Canal de Panamá, contribuyendo con esclusas y obras relacionadas que mejoraron el tránsito de buques más grandes y reforzaron el comercio global.

China Railway Group (CREC) es líder mundial en infraestructura ferroviaria, destacándose por su especialización en ferrocarriles de alta velocidad y proyectos de transporte a gran escala. Entre sus logros se encuentra el Tren de Alta Velocidad Beijing-Shanghai, con 1.318 kilómetros de longitud, uno de los más rápidos y utilizados del mundo, que representa la excelencia tecnológica de CREC. En Indonesia, ha construido el Ferrocarril Jakarta-Bandung, el primer tren de alta velocidad del sudeste asiático, que conecta las enormes ciudades de Yakarta y Bandung y que refleja el esfuerzo de China por exportar su tecnología ferroviaria. En Pakistán, CREC desempeña un papel crucial en el desarrollo de infraestructuras dentro del Corredor Económico China-Pakistán, mejorando la conectividad terrestre. En Laos, el Tren de Alta Velocidad Vientiane-Boten conecta la capital Vientiane con la frontera china, promoviendo la integración comercial entre ambos países en el contexto de la Belt and Road Initiative. Por último, en Egipto, CREC ha contribuido a la expansión del Metro de El Cairo, mejorando el transporte urbano en una de las ciudades más densamente pobladas del mundo.

ARTÍCULO RELACIONADO: China mueve las ciudades africanas (Pablo Arconada, 2016)

5. Videojuegos

La industria de los videojuegos en China no solo es la más grande del mundo, sino también una de las más dinámicas e influyentes. Con una base de más de 700 millones de jugadores -prácticamente la mitad de la población del país- y unos ingresos anuales que superan los 110 mil millones de dólares, China se ha convertido en el epicentro de esta industria global. Su crecimiento explosivo ha sido impulsado por avances tecnológicos y un mercado móvil en expansión. Aunque las grandes compañías a nivel global todavía son en su mayoría occidentales, en los últimos cinco años han aparecido con fuerza Tencent y NetEase, superando cada año que pasa a las antiguas potencias del sector de los videojuegos.

INFORME: Overview of Chinese Gaming Industry (2022)

El éxito de los videojuegos en China se debe en gran parte a la popularidad de los juegos móviles. Títulos como Honor of Kings o PUBG Mobile han redefinido el concepto de entretenimiento portátil, atrayendo a millones de jugadores y generando ingresos multimillonarios. Los juegos móviles representan más del 60% del mercado total de videojuegos en el país, impulsados por la rápida adopción de smartphones y la expansión de redes 5G que garantizan una experiencia fluida y de alta calidad.

China también es líder en la escena de los e-Sports, con una infraestructura impresionante que incluye estadios dedicados, academias de formación y eventos de escala mundial. Equipos chinos han dominado competiciones de juegos como League of Legends y Dota 2, mientras que eventos como el Campeonato Mundial de LoL alcanzan cifras récord de audiencia, tanto a nivel local como global. Esta combinación de inversión y talento ha hecho que los e-Sports sean considerados casi un deporte nacional en el país.

MÁS INFORMACIÓN: e-Sports, una radiografía del deporte del futuro (Juan Pérez Ventura, 2018)

De manera discreta ante el gran público, la para muchos desconocida Tencent se ha establecido como la empresa con mayores ingresos en la industria de los videojuegos a nivel mundial. Todo comenzó en el año 2011, cuando Tencent desembolsó 400 millones para convertirse en el accionista mayoritario de la estadounidense Riot Games, desarrollador del exitoso League of Legends. Tencent terminó ese mismo año como la empresa con mayor facturación en la industria, y ya no se ha bajado de ese puesto insistiendo en la misma estrategia: en 2012 adquirió el 40% de Epic Games, en 2013 el 5% de Activision Blizzard, en 2015 compró la totalidad de Riot Games, en 2016 el 82% de Supercell, en 2017 el 13.5% de Krafton… y en 2018 el 5% de Ubisoft, mítica casa de videojuegos que no atraviesa su mejor momento y que Tencent se está planteando adquirir por completo.

NOTICIA: «Tencent está planteándose comprar Ubisoft por los graves problemas económicos de la compañía francesa» (Meristation, octubre 2024)

Este escenario del gigante chino entrando a controlar otras empresas del sector de los videojuegos ha podido pasar desapercibido entre los jugadores y entre la población, pero está alarmando a directivos y políticos occidentales. Por ello, cuando en enero de 2022, tras mucho esfuerzo y negociaciones, Microsoft anunció que adquiría por completo Activision Blizzard -una operación valorada en 68.000 millones de dólares, la compra más grande en la historia de la industria de los videojuegos-, la Federación Europea de Videojuegos reconoció que este acuerdo entre era crucial para frenar a Tencent.

6. Agricultura y pesca

China es el mayor productor mundial de alimentos, con una producción que abarca desde cultivos básicos hasta frutas, verduras y productos especializados. Es líder indiscutible en la producción de arroz, con más de 140 millones de toneladas anuales, y se encuentra entre los mayores productores de trigo, maíz y soja. Su capacidad agrícola no solo responde a la alimentación interna, sino también a las demandas del comercio global. Además, destaca en la producción de frutas, con un volumen superior a las 260 millones de toneladas anuales, liderando en variedades como manzanas, cítricos y uvas.

Sin embargo, esta capacidad está limitada por desafíos estructurales. Con solo el 10% de las tierras cultivables del mundo, China debe maximizar su eficiencia agrícola. Para superar esta limitación, ha adoptado dos enfoques clave: la innovación tecnológica y la adquisición de tierras en el extranjero. Los avances en agricultura de precisión, drones e inteligencia artificial han permitido optimizar la producción local, mientras que la compra de tierras en países como Brasil, Argentina, naciones africanas y hasta en Estados Unidos ha garantizado el acceso a recursos agrícolas esenciales. Estas inversiones en tierras extranjeras no solo refuerzan su seguridad alimentaria, sino que también amplían su influencia en el comercio global. Además, China ha impulsado la acuicultura y el uso de invernaderos para garantizar una producción constante, incluso frente al cambio climático.

NOTICIA: China compra el 5% de Ucrania (Libre Mercado, septiembre 2013)

En el sector pesquero, China es igualmente dominante. Es el mayor productor mundial de productos pesqueros, tanto en pesca marina como en acuicultura, y genera más del 15% de las capturas marinas globales. Su industria de acuicultura, que produce el 60% del pescado cultivado a nivel mundial, ha revolucionado el acceso a proteínas en mercados emergentes y desarrollados. Especies como tilapia, carpas y camarones lideran sus exportaciones, que tienen como destino principal Japón, Estados Unidos y Europa.

Además, China posee la flota pesquera más grande del mundo, con miles de embarcaciones que operan en aguas internacionales. Su presencia en regiones como América Latina y África ha generado tensiones diplomáticas debido a la sobrepesca y el impacto ambiental. A pesar de las críticas, esta expansión ha permitido a China consolidar su papel como proveedor esencial de productos del mar.

La flota pesquera china, la más grande del mundo, ha generado tensiones geopolíticas significativas debido a su alcance y prácticas en aguas internacionales. Estas embarcaciones, que operan en regiones como el Pacífico, América Latina y África, han sido objeto de críticas por sobrepesca, incursiones en zonas económicas exclusivas y el uso de prácticas que algunos consideran depredadoras. Países como Ecuador, Argentina y Filipinas han denunciado la presencia masiva de barcos chinos cerca de sus costas, lo que pone en riesgo la sostenibilidad de los recursos marinos locales. Además, la actividad de estas flotas ha provocado tensiones diplomáticas y demandas de mayor regulación internacional, ya que muchas de las operaciones se realizan en áreas de alta mar donde las leyes son más difíciles de aplicar. Estas dinámicas no solo afectan las relaciones bilaterales entre China y los países involucrados, sino que también generan preocupaciones sobre la gobernanza global de los océanos y el impacto ambiental a largo plazo de estas actividades.

ANÁLISIS: Role and Impact of China on World Fisheries and Aquaculture (Parlamento Europeo, 2022)

7. Automoción

China se ha consolidado como el mayor fabricante de vehículos del mundo, con una producción de más de 30 millones de unidades en 2023, una cifra que representa casi un tercio de la producción mundial. Este liderazgo es el resultado de décadas de inversión estratégica, innovación tecnológica y una política industrial enfocada en fortalecer su posición global en un sector dominado históricamente por países occidentales y Japón.

El mercado automovilístico chino no solo es el más grande en términos de producción, sino también en consumo. Con una población que sigue urbanizándose y una clase media en constante expansión, la demanda interna de vehículos es una fuerza motriz para su industria. Además, la transición hacia vehículos eléctricos e híbridos ha dado a China una ventaja competitiva clave. Empresas chinas como BYD han emergido como líderes globales en este segmento, logrando ventas que compiten directamente con gigantes establecidos como Toyota y Volkswagen.

NOTICIA: «China acelera la ‘gran invasión’ de Europa con un mega buque cargado de coches eléctricos a precios de risa» (Huffington Post, diciembre 2024)

Aunque marcas internacionales como Tesla, BMW y Mercedes-Benz mantienen una fuerte presencia en el mercado chino, el sector está dominado por una combinación de empresas estatales y privadas locales. Estas han logrado no solo satisfacer la demanda interna, sino también ampliar su influencia en mercados internacionales. Ejemplos como la expansión global de BYD, que en 2023 alcanzó ventas superiores a 3 millones de unidades, muestran la capacidad de las marcas chinas para competir en calidad e innovación.

NOTICIA: «Tesla sales fall in China as BYD surges» (The Times, diciembre 2024)

La estrategia de China en la industria automotriz también incluye un fuerte enfoque en tecnologías de nueva energía. Con el respaldo del gobierno, el país lidera en la producción de baterías y en el desarrollo de infraestructuras de carga, elementos esenciales para consolidar el futuro de los vehículos eléctricos. Además, la creciente inversión en investigación y desarrollo ha permitido a los fabricantes chinos reducir su dependencia de componentes importados, avanzando hacia una mayor autosuficiencia.

A pesar de su predominio en números absolutos, China aún enfrenta desafíos para igualar el prestigio y reconocimiento de las marcas occidentales y japonesas en mercados desarrollados. Sin embargo, su capacidad para innovar rápidamente y adaptarse a las demandas globales apunta a un futuro en el que las marcas chinas no solo liderarán en volumen, sino también en influencia tecnológica y cultural. Algunas marcas occidentales ya han tomado nota y están maniobrando para hacer frente a la Gran Ola china que se avecina.

8. Manufacturas

Desde hace décadas, el sello «Made in China» ha pasado de ser un simple indicativo del origen de un producto a convertirse en un símbolo del alcance global de la manufactura china. Este país asiático, con su vasta capacidad productiva y su red industrial altamente desarrollada, domina una variedad asombrosa de sectores, desde tecnología hasta juguetes, ropa, muebles y maquinaria, consolidándose como la fábrica del mundo. En 2023, China reafirmó su posición como mayor exportador global, alcanzando un volumen de exportaciones superior a los 3,6 billones de dólares, lo que representa alrededor del 15% del comercio mundial de bienes. Este liderazgo industrial se extiende a una diversidad de sectores clave.

En el ámbito tecnológico y electrónico, China produce el 70% de los smartphones y el 90% de los ordenadores portátiles del mundo. Empresas como Foxconn, con plantas gigantescas en ciudades como Shenzhen, ensamblan dispositivos para marcas globales como Apple, HP y Dell. Además, el país lidera en la producción de paneles solares, con una participación que supera el 80% del mercado mundial, consolidando su papel tanto en tecnología de consumo como en energías renovables. Por otro lado, en la industria juguetera, aproximadamente el 80% de los juguetes del mundo se fabrican en China, con provincias como Guangdong que concentran la mayor parte de esta producción, abasteciendo mercados globales con juguetes electrónicos, peluches y juegos de mesa.

El sector textil y de confección también encuentra en China a su líder indiscutible, con cerca del 35% de las exportaciones mundiales de ropa provenientes del país en 2023. Grandes marcas internacionales como Zara, H&M y Nike dependen de las fábricas chinas para sostener su cadena de suministro. Este liderazgo se replica en la industria del mobiliario, donde China exportó muebles por un valor de 93.000 millones de dólares en 2023, abasteciendo principalmente a Estados Unidos y Europa, y trabajando estrechamente con gigantes como IKEA. Además, en el ámbito de maquinaria y herramientas, China representó el 30% del mercado global en 2023, fabricando desde equipos de construcción hasta herramientas de uso doméstico.

La omnipresencia del sello «Made in China» también se extiende a los productos del hogar, desde utensilios de cocina hasta electrodomésticos. Se estima que siete de cada diez electrodomésticos vendidos a nivel global provienen de fábricas chinas, destacando el alcance masivo de su producción. Esta capacidad no es casualidad, sino el resultado de una combinación de factores que explican su dominio: economías de escala que permiten reducir costos, infraestructura avanzada con puertos como el de Shanghái y una extensa red logística, y una fuerza laboral de más de 793 millones de personas, de las cuales cerca de 250 millones trabajan en el sector secundario. A esto se suma una cadena de suministro integrada, en la que China produce no solo bienes finales, sino también los componentes necesarios para ensamblarlos, reduciendo así la dependencia de importaciones.

La etiqueta «Made in China» se ha normalizado en la vida cotidiana de consumidores de todo el mundo. Desde los teléfonos que usamos a diario hasta los muebles de nuestros hogares o los juguetes de nuestros hijos, el alcance de la producción china es omnipresente. Además, esta etiqueta ya no está necesariamente asociada con productos de bajo coste. Hoy en día, también representa bienes de alta calidad, tecnología avanzada y diseño innovador. Sin embargo, la manufactura china no está exenta de desafíos. El aumento de los costos laborales ha llevado a algunas empresas a trasladar operaciones a otros países asiáticos como Vietnam o Bangladesh. No obstante, China mantiene su ventaja competitiva gracias a su capacidad tecnológica y su inversión en innovación, lo que le permite seguir adaptándose y liderando en el escenario global de la manufactura.

9. Transporte y comercio marítimo

China es el indiscutible líder global en transporte y comercio marítimo, un sector estratégico que ha sido clave para su ascenso como potencia económica mundial. Su ubicación geográfica, en la encrucijada de las principales rutas comerciales asiáticas, junto con sus políticas de desarrollo portuario y su vasta red logística, han convertido al gigante asiático en el epicentro del comercio marítimo internacional. Actualmente, más del 90% del comercio exterior de China se realiza por vía marítima, una cifra que refleja la magnitud de su infraestructura portuaria y su dependencia estratégica de los océanos.

Su litoral de más de 14.500 kilómetros alberga una red de puertos y rutas estratégicas que canalizan una porción significativa del comercio global. China cuenta con siete de los diez puertos más grandes del mundo en términos de volumen de carga. El puerto de Shanghái lidera la lista como el más activo, procesando más de 47 millones de TEU (contenedores equivalentes a 20 pies) en 2023, una cifra que refleja su capacidad para manejar mercancías de todo tipo, desde bienes de consumo hasta materias primas. Le siguen de cerca otros gigantes portuarios como Ningbo-Zhoushan, que combina carga de contenedores y mercancías a granel, Shenzhen, el principal nodo logístico del sur de China, y Guangzhou, que conecta las manufacturas de Guangdong con el resto del mundo. Otros puertos destacados incluyen Qingdao, Tianjin, Xiamen y Dalian, cada uno especializado en diferentes tipos de comercio marítimo y regiones geográficas, ampliando la red de transporte marítimo del país.

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En el ámbito corporativo, China también lidera con gigantes como COSCO Shipping Corporation, una de las mayores compañías de transporte marítimo del mundo, que gestiona una flota de más de 1.400 buques y transportó más de 28 millones de TEU en 2023. Esta compañía, junto con otras como China Merchants Group y Sinotrans, domina el transporte de contenedores, mercancías a granel y productos especializados, como gas natural licuado (GNL). Además, empresas privadas como SITC International y Zhonggu Logistics han ganado terreno en el mercado regional asiático, contribuyendo al dinamismo del sector.

China no solo transporta mercancías, sino que también lidera la construcción de los buques que surcan los océanos. Con astilleros de renombre como Jiangnan Shipyard y Hudong-Zhonghua, el país produce más del 40% de los barcos nuevos a nivel global, desde graneleros y portacontenedores hasta petroleros y buques especializados para industrias emergentes. Este dominio en la construcción naval refuerza su control sobre las cadenas logísticas mundiales, ya que muchas navieras internacionales dependen de barcos fabricados en China.

El comercio marítimo chino está estrechamente vinculado a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (Belt and Road Initiative), que ha modernizado o construido infraestructuras portuarias en países clave como Pakistán (puerto de Gwadar), Sri Lanka (puerto de Hambantota) y Grecia (puerto de El Pireo). Estas inversiones han ampliado el alcance de la influencia china y garantizan un flujo constante de bienes en rutas estratégicas. Otros proyectos, como la modernización de los puertos de Djibouti y los acuerdos logísticos en América Latina, demuestran cómo China extiende su red comercial marítima hacia todos los continentes.

ANÁLISIS: «Tracking China’s control of overseas ports» (Council on Foreign Relations, 2024)

10. Banca y finanzas

China ha emergido como una superpotencia en el ámbito financiero global, desempeñando un papel central en la configuración de las finanzas del siglo XXI. Su impacto abarca desde el dominio de sus principales bancos en el sistema financiero internacional hasta su influencia en líneas de financiación globales, reservas de divisas, acumulación de oro e inversiones extranjeras directas. Esta capacidad consolidada ha hecho de China un auténtico “banco mundial” contemporáneo, con implicaciones trascendentales para la economía global.

Los bancos chinos dominan los rankings internacionales por activos. El Industrial and Commercial Bank of China (ICBC) es el banco más grande del mundo, con activos que superan los 5,6 billones de dólares en 2023. Le siguen de cerca el China Construction Bank (CCB), el Agricultural Bank of China (ABC) y el Bank of China (BOC), todos situados entre los cinco mayores bancos globales. Estos gigantes financieros no solo sostienen la economía interna de China, sino que también desempeñan un papel fundamental en proyectos internacionales, financiando desde infraestructuras en Asia y África hasta iniciativas energéticas en Europa y América Latina. Precisamente, un pilar clave de la estrategia financiera china es la ya mencionada Belt and Road Initiative, que ha canalizado cientos de miles de millones de dólares en financiación para proyectos de infraestructura en más de 140 países. A través de instituciones como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB) y el Banco de Desarrollo de China, el país ha otorgado préstamos para construir puertos, carreteras, líneas ferroviarias y plantas de energía en regiones en desarrollo. Este enfoque no solo fortalece la conectividad global, sino que también amplía la influencia geopolítica de China al posicionarlo como prestamista preferido en muchas economías emergentes.

En el ámbito de las reservas internacionales, China es líder indiscutible. Mantiene las mayores reservas de divisas del mundo, con más de 3,6 billones de dólares en 2023, lo que le otorga una sólida capacidad para estabilizar su economía y participar activamente en los mercados globales. Asimismo, sus reservas de oro han aumentado significativamente en la última década, alcanzando cerca de 2.100 toneladas en 2023, lo que refuerza su posición frente a fluctuaciones en el valor del dólar y otros riesgos financieros internacionales. Las inversiones extranjeras directas (IED) son otro componente esencial de la estrategia financiera de China. En 2023, las empresas chinas invirtieron más de 130.000 millones de dólares en proyectos internacionales, con un enfoque particular en sectores estratégicos como tecnología, energía y recursos naturales. Estas inversiones no solo apuntalan el crecimiento global, sino que también consolidan el acceso de China a mercados clave y tecnologías avanzadas. Regiones como África han recibido masivas inyecciones de capital chino, transformando su infraestructura y posicionando a Pekín como socio económico indispensable.

En el plano financiero, el yuan también está ganando terreno como moneda de referencia global. Aunque todavía está lejos de competir con el dólar estadounidense, el euro o el yen, la inclusión del yuan en la canasta de monedas del Fondo Monetario Internacional (FMI) en 2016 marcó un hito importante. Además, China ha fomentado el uso del yuan en acuerdos comerciales bilaterales, especialmente con países en Asia, África y América Latina, como parte de su estrategia de internacionalización de su moneda y reducción de la dependencia del dólar. China también está avanzando en la tecnología financiera (fintech), liderando el desarrollo de monedas digitales con el yuan digital (e-CNY). Este proyecto piloto ya ha sido implementado en varias ciudades y apunta a revolucionar las transacciones nacionales e internacionales, consolidando aún más la posición de China en las finanzas globales. Al mismo tiempo, plataformas como Alipay y WeChat Pay dominan el mercado interno de pagos electrónicos, destacando la capacidad de innovación tecnológica de su sector financiero.

ANÁLISIS: Yuan, ¿la nueva moneda mundial? (SELA, 2015)

A pesar de su fortaleza, el ascenso financiero de China no está exento de desafíos. Las tensiones comerciales y financieras con Estados Unidos, las preocupaciones sobre la sostenibilidad de su deuda y los riesgos asociados a los préstamos internacionales son obstáculos que requieren una gestión cuidadosa. Sin embargo, el país ha demostrado una notable capacidad para adaptarse y evolucionar frente a estas adversidades, fortaleciendo su posición como un actor clave en el sistema financiero global. Sus bancos dominan los mercados, su capacidad de financiación internacional transforma economías, y sus vastas reservas de divisas y oro le proporcionan una estabilidad única. Con una visión estratégica de largo plazo, China continúa consolidando su papel como el «banco mundial» del siglo XXI, redefiniendo las dinámicas financieras globales y estableciendo nuevas reglas en el juego económico internacional.

ARTÍCULO RELACIONADO: China, el nuevo banquero mundial (Juan Pérez Ventura, 2015)

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Juan Pérez Ventura

Juan Pérez Ventura es profesor por las mañanas y divulgador por las tardes. Le interesa todo. Absolutamente todo. En 2012 fundó la página web 'El orden mundial en el S.XXI', el medio de análisis internacional más leído en español. En 2023 publicó el libro 'Música y cine, año a año', una obra única que repasa de manera anual la historia de la música y el cine. En 2025 publicó el libro 'VENTURA: 100 artículos de divulgación multidisciplinar', un compendio que celebra sus 15 años como divulgador. Actualmente prepara una tesis doctoral sobre geografía urbana.

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