La invasión italiana de Etiopía, también conocida como la Primera Guerra Ítalo-Etíope, ocurrió en 1895-1896. Italia, bajo el liderazgo del rey Humberto I, buscó expandir su imperio colonial en África y conquistar Etiopía. Sin embargo, los etíopes, liderados por el emperador Menelik II, lograron infligir una derrota a las fuerzas italianas en la Batalla de Adwa en 1896. Esta derrota humillante fue un revés importante para Italia y consolidó la independencia de Etiopía, que nunca fue colonizada por una potencia europea.
Durante el intento de colonización de Etiopía por parte de Italia a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, se evidenció una mentalidad de supremacía racial entre algunos italianos que estaban involucrados en la empresa colonial. Esta creencia en la superioridad de la raza blanca europea sobre la población etíope resultó en actitudes y prácticas discriminatorias. Los etíopes frecuentemente eran objeto de trato desigual, con restricciones impuestas a su movilidad, propiedad de tierras y oportunidades económicas.
Los italianos en Etiopía también establecieron un sistema de segregación racial, lo que significaba que había escuelas y espacios separados para italianos y etíopes. Esto se hizo con la intención de mantener una clara división racial y de mantener a los etíopes en una posición subordinada. Además, se empleó la violencia y la represión para sofocar cualquier resistencia etíope, lo que llevó a episodios de violencia y a la comisión de crímenes de guerra en algunas áreas.
Uno de los aspectos más notables de la lucha contra la colonización italiana fue la Batalla de Adwa en 1896, en la que las fuerzas etíopes infligieron una derrota decisiva a los italianos. Este evento se convirtió en un símbolo de la resistencia africana exitosa contra el colonialismo europeo y un recordatorio de la determinación de Etiopía por mantener su independencia. Aunque hubo actitudes y prácticas racistas por parte de algunos italianos en Etiopía, la resistencia etíope y la victoria en Adwa preservaron la soberanía de Etiopía y lo convirtieron en un símbolo de la lucha contra el colonialismo y el racismo en África.





