Cuenta la leyenda que en el antiguo reino de Frigia vivía un rey llamado Midas, que convertía en oro todo lo que tocaba. Muchos años después, en 1946, nació en la ciudad de Cincinnati, Ohio, un pequeño que demostraría tener un poder parecido.
El joven Steven rodó su primera película a los 12 años, grabando cómo chocaban dos trenes de juguete, y en 1967 estrenó en el cine local Firelight, 140 minutos de ciencia ficción que él mismo había escrito, dirigido y producido (con 500 dólares). Para continuar su carrera cinematográfica entró en la Universidad Estatal de California en Long Beach y, estando en el lugar correcto en el momento adecuado, convenció a un directivo de Universal Pictures para financiar su proyecto Amblin’. Este cortometraje inspirado en el momento hippie resulta ganador de varios premios en festivales de cine de todo el país, y entonces desde Universal lo tienen claro: aquel chico sabe dirigir. En 1969, Spielberg se convierte en el director más joven en firmar un contrato a largo plazo con una productora importante. Sin embargo, Universal le coloca en la división televisiva, para dirigir capítulos de varias series.
En 1971 llega finalmente su gran oportunidad: los directivos le encargan dirigir El diablo sobre ruedas, un telefilme que se emite en la cadena ABC y resulta un rotundo éxito. Tanto, que dos años después se estrenaría en la gran pantalla. El genio de Spielberg tras la cámara, creando escenas de acción y momentos de tensión que encantan al público, llama la atención del productor Richard D. Zanuck -hijo del célebre Darryl F. Zanuck-, que ayuda al joven director a hacer realidad The Sugarland Express. Este drama escrito por el propio Spielberg supone el inicio de su prolífica colaboración con John Williams, compositor responsable de la banda sonora de 28 de sus 33 películas. Al año siguiente, Zanuck le encarga el proyecto definitivo: llevar a la gran pantalla una novela recién publicada, Tiburón.
1975 está marcado en la biografía de Steven Spielberg como el año en el que despegó definitivamente su carrera. Estrenada en pleno verano, Tiburón es un auténtico fenómeno cultural en medio mundo que produce, a la vez, ingresos millonarios y pánico a los escualos. Elevada como la cinta más taquillera de la historia hasta la fecha, resulta también nominada al Óscar a Mejor Película (aunque no en la categoría de Mejor Director, algo que molesta a Spielberg). A partir de este momento, todas las productoras de Hollywood quieren contratar al director de moda: el de Cincinnati recibe ofertas para dirigir Tiburón 2, King Kong y Superman, pero las rechaza. Evidenciando un atrevido gusto por la autonomía y el riesgo, prefiere dedicarse a sus propios proyectos.
Retomando la idea juvenil de su Firelight y con la fuerza negociadora que le daba ser el director de Tiburón, cierra un acuerdo con Columbia Pictures para producir Encuentros en la tercera fase. Han pasado dos años y en 1977 la historia se repite: nuevo taquillazo que supera los 300 millones de dólares recaudados y, esta vez sí, nominación al Óscar a Mejor Director. Una combinación constante a lo largo de la carrera de Spielberg: ingresos y reconocimientos, público masivo y aplauso de la crítica. La otra clave en su trayectoria será la innovación. Su interés por abordar nuevos géneros hace que, en 1979, apueste por la comedia y presente 1941. El experimento funciona en la taquilla, pero no convence demasiado a los críticos ni a los productores.
Entonces llegó George Lucas. El creador de Star Wars tenía varias ideas que quería desarrollar y llama a la puerta de Spielberg para buscar un socio. El negocio no puede salir mejor: entre los dos crean Indiana Jones, la franquicia más exitosa de los ochenta. Con Lucas a cargo del guión y Spielberg a los mandos de la dirección, la primera entrega de la saga se estrena en 1981. En busca del arca perdida llena las salas de cine de medio mundo y pasa a la historia como una de las mejores películas de aventuras jamás rodadas. La banda sonora de John Williams también queda grabada en los anales del Séptimo Arte. El arqueólogo con la vida más emocionante volverá en 1984 y 1989.
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Con dinero suficiente como para no volver a depender de grandes productoras, Spielberg funda en 1981 su propia compañía, a la que bautiza acordándose de su primera producción profesional: Amblin Entertainment. Con la ayuda de la pareja de empresarios Frank Marshall y Kathleen Kennedy, el ambicioso director se convierte en productor. Durante los años ochenta, el nombre de Amblin está detrás algunos de los títulos más populares: Gremlins (1984), Los Goonies (1985), ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (1988) o la saga Regreso al futuro, con películas en 1985, 1989 y 1990. Esta trilogía convertirá 100 millones de dólares de presupuesto en una recaudación de 1.000 millones. A través de Amblin, Spielberg también apuesta por el cine de animación, produciendo Fievel y el nuevo mundo (1986) y En busca del valle encantado (1988).
El éxito como productor otorga a Spielberg libertad total para llevar a cabo sus proyectos. El más personal surge en 1982, inspirado por el amigo imaginario que creó tras el divorcio de sus padres. Pronto, ese amigo pasa a ser el de todos los niños del mundo: E.T., el extraterrestre. No parecía posible, pero Spielberg se supera a sí mismo y vuelve a conseguir la película más taquillera de la historia al recaudar 792 millones de dólares. De nuevo la crítica se rinde ante el director, y la mágica cinta recibe hasta nueve nominaciones en los Óscars y el Globo de Oro a Mejor Película. Incansable, el mismo año produce Poltergeist, otro clásico.
En 1984, Indiana Jones y el templo maldito supone otro taquillazo, la cuarta ocasión en la que Spielberg está detrás de la película más taquillera del año. Tras conquistar el cine de entretenimiento, trata de buscar nuevas historias y demostrar que también domina el cine dramático. En 1985 El color púrpura consigue hasta once nominaciones en los Óscars, pero increíblemente pierde todas y cada una de ellas. Dos años después, vuelve al drama con la bélica El imperio del sol, que recibe otro varapalo por parte de la Academia: seis nominaciones y cero estatuillas. Para acabar la década, Always supone una aproximación a la comedia romántica e Indiana Jones y la última cruzada promete ser la aventura final de Harrison Ford y su látigo.
Los noventa comienzan con otro de los géneros fetiche de Spielberg: el cine para niños. Con un elenco lleno de famosos, Hook lleva la historia de Peter Pan a las salas de cine, donde recuda 300 millones. Sin embargo el año clave es 1993. Es el momento en el que el Rey Midas consigue llegar a la cima del mundo en todos los sentidos. Nunca nadie había hecho algo parecido, y nunca nadie lo podría repetir. En un mismo año, Steven Spielberg es responsable tanto de la película más premiada y aclamada por la crítica como de la cinta más exitosa comercialmente. Un genio.
Spielberg se confirma como un director de enorme calidad con La lista de Schindler, un épico drama sobre el Holocausto que decide rodar en blanco y negro, que arrasa en las entregas de premios con siete Óscars, siete BAFTAs, tres Globos de Oro… y que será elevada como la octava mejor película estadounidense de la historia por el American Film Institute. Normalmente un director quedaría satisfecho estrenando en un año una película con esta recepción. Sin embargo hablamos de Steven Spielberg, y en 1993 presenta también Jurassic Park, un fenómeno cultural equiparable a Tiburón o E.T., el extraterrestre que, como sus predecesoras, también rompe récords y se establece como la película más taquillera de todos los tiempos. Jurassic Park inicia además una locura por los dinosaurios y la paleontología, y crea una franquicia multimillonaria que el propio Spielberg continuará en 1997.
No contento con haber fundado Amblin Entertainment, en 1994 se decide a fundar otra productora y, junto con el productor Jeffrey Katzenberg y el magnate David Geffen, crea DreamWorks Pictures. Efectivamente todo lo que toca se convierte en oro, pues DreamWorks no tarda en elevarse como una de las compañías más exitosas, especialmente gracias a su división de animación.
En 1998 regresar a la Segunda Guerra Mundial le vuelve a valer el Óscar a Mejor Director gracias a Salvar al soldado Ryan, convertido en un clásico del cine bélico. Spielberg demuestra que es posible combinar el aplauso de la crítica, los premios y una taquilla millonaria. La cinta gana cinco Óscars y recauda 480 millones de dólares. Tras 25 años consecutivos sin descanso, el cambio de siglo supone un breve respiro para el prolífico director, que entre 1998 y 2001 no presenta nuevos proyectos.
De este paréntesis, Spielberg regresa con la misma inquietud de siempre. Lo primero que hace es volver a la ciencia ficción que tanto le había gustado en sus inicios, con A. I. Inteligencia Artificial (2001) y Minority Report (2002). Luego, proyectos tan diferentes como Atrápame si puedes (2002), La terminal (2004), La guerra de los mundos (2005) o Múnich (2005) confirmarán lo que a estas alturas todos saben: Spielberg cosecha éxitos dentro de cualquier género. En 2008 vuelve a encontrarse con George Lucas para escribir y rodar una cuarta entrega de Indiana Jones que, aunque es un éxito en taquilla, genera muchos comentarios negativos.
En los últimos años, Steven Spielberg se ha dedicado al cine histórico, estrenando War Horse (2011), Lincoln (2012), El puente de los espías (2015) y Los archivos del Pentágono (2017), aunque en 2011 tuvo un interesante acercamiento al cine de animación por computadora con Las aventuras de Tintín. En 2018 volverá a la ciencia ficción con Ready Player One, demostrando que, a sus 72 años, sigue interesado en explorar nuevas historias.
Tras haber acumulado una fortuna de 3.000 millones de dólares y haber recibido tres Óscars, un premio en el Festival de Venecia, seis Globos de Oro, tres BAFTAs y un premio en el Festival de Cannes, Steven Spielberg puede señalarse como el director más exitoso en términos generales. Evaluando logros entre la crítica (medidos en forma de premios) y logros entre el público (medidos en forma de taquilla), no es arriesgado afirmar que no ha habido en la historia un director más exitoso. Su nombre ya destaca junto a los más grandes del Séptimo Arte, y solo queda disfrutar de la extensa obra que ha dejado. Una obra que puede erizar la piel y hacer saltar en la butaca.


