La ciudad es un espejo de las desigualdades. Cada barrio, cada calle, cada edificio cuenta algo sobre quién lo habita, cuándo se construyó y bajo qué condiciones. Por eso, caminar la ciudad con una mirada crítica se convierte en una herramienta poderosa para aprender Geografía Urbana. El proyecto «Itinerario didáctico por Zaragoza» propone precisamente eso: un recorrido guiado por cuatro espacios urbanos muy diferentes, en los que se reflejan procesos históricos, sociales y económicos. El objetivo es que el alumnado no solo aprenda sobre el urbanismo, sino que entienda cómo la ciudad produce y reproduce las diferencias sociales.
El itinerario incluye cuatro zonas representativas: el barrio obrero de Las Fuentes, el Casco Histórico, el barrio deprimido de San Pablo y el ensanche burgués del Paseo de la Constitución. A través de esta comparación directa, los estudiantes pueden observar cómo la planificación urbana, los materiales constructivos, la densidad o el tipo de servicios disponibles varían según la clase social que históricamente ha habitado cada zona.
Las Fuentes: identidad obrera y lucha vecinal
Las Fuentes representa el modelo de barrio obrero que se consolidó a lo largo del siglo XX en Zaragoza. Su origen está ligado a la expansión industrial de la ciudad, que generó una gran demanda de mano de obra y, por tanto, de viviendas para acoger a los trabajadores y sus familias. La localización del barrio, cercana a zonas industriales y a antiguos talleres, no es casual: responde a criterios de funcionalidad y bajo coste.
La trama urbana se caracteriza por bloques de viviendas modestas, de escaso tamaño y escasa calidad constructiva en sus primeras etapas. Muchas de estas casas carecían inicialmente de servicios básicos como alcantarillado o electricidad. El resultado fue un barrio con alta densidad de población, donde el hacinamiento era frecuente. A pesar de estas condiciones, Las Fuentes desarrolló un fuerte sentido de comunidad, cimentado en redes vecinales de apoyo mutuo.
En las décadas de 1970 y 1990, los vecinos protagonizaron importantes movilizaciones sociales. Lucharon por la creación de equipamientos públicos —como el polideportivo, centros educativos o zonas verdes— y por la mejora de los servicios urbanos. Estas reivindicaciones contribuyeron no solo a mejorar el barrio, sino a reforzar su identidad colectiva.
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Casco Antiguo: historia, patrimonio y revitalización
El Casco Histórico de Zaragoza concentra siglos de historia urbana. Su origen se remonta a la ciudad romana de Caesaraugusta, y desde entonces ha sido el centro político, religioso y comercial de la ciudad. El trazado irregular de sus calles, la diversidad de estilos arquitectónicos y la presencia de monumentos y restos arqueológicos lo convierten en un laboratorio vivo de historia urbana.
Durante siglos, el Casco fue el núcleo neurálgico de Zaragoza. Aquí se encuentran vestigios de la muralla romana, del foro y del teatro, además de edificaciones medievales, renacentistas y barrocas. Sin embargo, los efectos de la Guerra de la Independencia en el siglo XIX y la posterior expansión urbana relegaron el centro a un segundo plano, y durante parte del siglo XX sufrió un notable deterioro.
Desde los años 90, se han desarrollado planes de rehabilitación patrimonial y revitalización económica, centrados en mejorar las condiciones de habitabilidad y atraer actividades culturales y comerciales. Se han restaurado viviendas históricas, se han peatonalizado calles clave (como Alfonso I) y se ha reformado el Mercado Central. Estas intervenciones buscan revitalizar el centro sin expulsar a su población tradicional, aunque este equilibrio no siempre es fácil.
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San Pablo: exclusión, diversidad y gentrificación
El barrio de San Pablo, también conocido como El Gancho, es uno de los espacios urbanos más complejos y con mayor carga simbólica de Zaragoza. Su desarrollo se remonta al siglo XV, en torno a la iglesia que le da nombre. Durante siglos, fue un barrio de artesanos, pequeños comerciantes y trabajadores humildes, integrado en el centro de la ciudad pero con una posición progresivamente marginal.
Con el crecimiento urbano del siglo XX y el auge del ensanche burgués, San Pablo quedó desplazado, lo que provocó una acumulación de pobreza y exclusión social. La falta de mantenimiento, la antigüedad del parque residencial, la ausencia de espacios públicos de calidad y la inseguridad han reforzado durante décadas una imagen negativa del barrio. Sin embargo, esta imagen no refleja su riqueza humana ni su diversidad.
En las últimas décadas, San Pablo se ha convertido en un barrio multicultural, con población migrante de origen magrebí, subsahariano y latinoamericano. En sus calles conviven tiendas tradicionales con negocios internacionales, y se desarrollan iniciativas culturales y comunitarias que refuerzan el tejido social. En paralelo, el barrio ha vivido un proceso de gentrificación: nuevos residentes, atraídos por la cercanía al centro y el encanto arquitectónico, han comenzado a instalarse, lo que ha generado tensiones y riesgos de desplazamiento de la población original.
Ensanche burgués: orden urbano y clase alta
El ensanche burgués de Zaragoza surge tras el derribo de las murallas en 1861, cuando la ciudad se plantea crecer hacia el exterior siguiendo un modelo racional, planificado y moderno. Inspirado en el Plan Cerdà de Barcelona, este ensanche respondía a las necesidades de una clase media-alta que buscaba viviendas más espaciosas, salubres y prestigiosas.
La nueva trama urbana se diseñó con calles amplias, rectas y alineadas en cuadrícula, siguiendo criterios higienistas y funcionales. Se levantaron edificios elegantes, con valor arquitectónico, y se construyeron equipamientos públicos como colegios, hospitales y palacetes. El paseo de la Constitución, el entorno de la plaza de Aragón y zonas aledañas son claros ejemplos de esta transformación.
El ensanche expresa una ciudad planificada desde arriba, pensada para las clases acomodadas y para una nueva vida urbana más ordenada, más saludable y más representativa del progreso económico de la época. Incluso eventos como la Exposición Hispano-Francesa de 1908 dejaron huella en la zona, con la construcción de pabellones e infraestructuras permanentes.
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Este itinerario permite que el alumnado experimente la Geografía Urbana desde una perspectiva vivencial, observando las diferencias entre los barrios, analizando sus causas y reflexionando sobre sus consecuencias. Caminar por Zaragoza con esta mirada nos muestra cómo las ciudades no son neutras: están hechas de decisiones políticas, de luchas sociales y de huellas del pasado. Entenderlas es el primer paso para poder transformarlas.









