El idealismo, por definición, está abocado al fracaso. El idealismo se empeña en ver la realidad como no es. Se empeña en verla como debiera ser, como debiera ideal y perfectamente ser. Esta concepción ideal de la cosas (del individuo, de la sociedad, de la economía, de las relaciones internacionales, de la convivencia, de las relaciones sociales, de la resolución de conflictos, de la convivencia con el medio ambiente, de la administración del poder público, de los intereses del poder económico) no lleva sino a la impotencia, al no poderse materializar efectivamente, porque sencillamente esas cosas no son así, no funcionan de manera ideal ni perfecta.
Esa es la impotencia que ha sentido el votante de izquierdas desde que existe la posibilidad de elegir a los gobernantes. La impotencia de quien ve que lo correcto, lo que debiera ser, no consigue llegar nunca al poder político, económico ni militar por medio de las elecciones. A nivel social la izquierda sí tiene más presencia, pero es una presencia que se torna in-útil al no traspasarse al poder ejecutivo, al poder real para producir cambios en el sistema. Cada elección que pasa la izquierda choca contra la realidad real: el votante no está interesado -¿o quizás preparado?- para decantarse por las propuestas de igualdad. Sigue imponiéndose la libertad. Las razones por las que esto es así son muchas y profundas. En este artículo vamos a centrarnos en la pura observación de los datos que confirman el descenso del apoyo a la izquierda. La explicación de ese descenso daría para una tesis doctoral.
Elecciones generales y europeas
Tradicionalmente la izquierda en España se había reunido en torno a la marca Izquierda Unida (IU), formación fundada en 1986 e impulsada por el Partido Comunista de España (PCE). Durante los años noventa IU superó en un par de ocasiones los dos millones de votos, si bien en la primera década del siglo XXI sus resultados estuvieron en torno al millón de apoyos. En 2014 un grupo de profesores de la Universidad Complutense de Madrid formó un nuevo partido político llamado Podemos y consiguieron también un millón de votos. La aparición de Podemos supuso una revolución en la izquierda española, que hasta entonces sólo había contado con una formación política destacada, IU.
En enero de 2015, la Marcha por el Cambio organizada por Podemos fue una demostración de fuerza, con más de 100.000 personas llenando el centro de Madrid y gritando por el cambio político en España. Si la Marcha por el Cambio fue una movilización social de la izquierda no está del todo claro, ya que en su convocatoria los líderes de Podemos invitaron a votantes de PSOE y PP defraudados con las políticas de los partidos tradicionales. La idea de formación transversal todavía estaba sobre la mesa. Ese año, en las elecciones generales de diciembre, más de tres millones de personas votaron a Podemos directamente y otros dos millones a formaciones de unidad popular apoyadas por Podemos en Galicia, Valencia y Cataluña. Cinco millones de votos que sacudieron la política española y que se sumaron al millón de votos que recibió IU. Seis millones de votos.
Seis millones que sacudieron la política española… y que no sirvieron para mucho. Durante seis meses se intentó formar gobierno tras las elecciones de diciembre de 2015 y no se consiguió. En junio de 2016 volvió a haber elecciones. Si en 2015 las formaciones de izquierdas habían acudido separadas, en 2016 sí hubo unidad: todas acudieron bajo la marca Unidos Podemos, una coalición integrada por Izquierda Unida, En Comú Podem, En Marea, Equo, Podemos y Compromís. La apuesta era importante y el objetivo ambicioso: superar finalmente al PSOE en número de diputados en el Congreso. Sin embargo, los resultados de Unidos Podemos en 2016 no fueron los esperados por la izquierda, ni los que habían anunciado las encuestas.
La marca electoral «Unidos Podemos» no atrajo a más votantes: todo lo contrario, ahuyentó a un millón de personas. Las mismas formaciones políticas por separado habían conseguido en 2015 seis millones de votos. En 2016 se quedaron en cinco millones. Se ha escrito mucho sobre qué ocurrió (se pueden leer análisis aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí), pero nadie lo tiene muy claro. ¿Por qué un millón de votantes de izquierdas se quedó en casa? ¿por qué un millón de votantes de izquierdas no vieron atractivo a la -en principio tan deseada- unidad de la izquierda? Al parecer el votante tradicional de la histórica formación Izquierda Unida -que precisamente había conseguido en solitario un millón de votos en 2015- no estaba muy conforme con la fórmula electoral planteada por Pablo Iglesias. El propio Coordinador Federal de Izquierda Unida dijo en la campaña electoral que le iba a costar votar a la coalición. La moderación de Unidos Podemos para acercarse al electorado del PSOE no funcionó.
La moderación de Unidos Podemos tuvo un artífice: Íñigo Errejón, fiel defensor de la tesis posibilista de que desde la esquina izquierda del tablero político no se podía llegar a ostentar el poder ejecutivo. La campaña electoral de 2016 fue dirigida por Errejón con el objetivo de la moderación en el discurso, en la imagen y en las propuestas. En 2017 el debate interno dentro de Podemos se planteó como una guerra civil entre las tesis de Errejón y las de Iglesias. Errejón sostenía que ligar Podemos a Izquierda Unida restaba, e Iglesias seguía convencido de la unión. Errejón defendería siempre que el objetivo inicial de Podemos «no era unir a la izquierda, era más ambicioso: era construir pueblo». El errejonismo dentro de Podemos quedó muy debilitado a partir de 2017, casi desaparecido.
Unidos Podemos evolucionó a Unidas Podemos en 2019, y en las elecciones generales de abril de ese año la coalición perdió a Compromís, a En Comú Podem y a las mareas gallegas, quedándose únicamente dentro de Unidas Podemos tres partidos: Equo, Izquierda Unida y Podemos. Esta vez la desunión fue letal para todos: Compromís se quedó con un diputado, las mareas gallegas acudieron divididas en dos partidos, Unidas Podemos perdió el 10% de los votos, En Comú Podem pasó de los 900.000 votos de 2015 a poco más de 600.000… En 2019 hubo repetición electoral, y en los segundos comicios celebrados en noviembre Unidas Podemos también perdió a Errejón, que creó un nuevo partido siguiendo su idea de «construir pueblo» y crear una formación transversal: Más País. El experimento nacido en Madrid consiguió más de 300.000 votos, pero no sirvieron para frenar una caída imparable: las formaciones populares sumaron 3.6 millones de votos, cada vez más lejos de los seis millones de 2015.
La fórmula estaba agotada tras una década, y Unidas Podemos desapareció en 2023. La siguiente etapa debía liderarla Sumar, una nueva coalición que tenía como objetivo renovar la imagen, renovar los rostros y renovar las propuestas, más errejonistas. Con Yolanda Díaz al frente , Sumar se presentó como la nueva alternativa a la vieja política, incluyendo al propio Podemos en la etiqueta de «vieja política». En las redes sociales, el odio que se profesan los seguidores de Sumar y los de Podemos es más que evidente. Saltan chispas en acalorados debates a golpe de tweet. Los periodistas y analistas encuentran en la palabra «guerra» la mejor manera de describir la relación entre Podemos y Sumar (ver aquí, aquí, aquí, aquí y aquí).
Finalmente sí hubo entendimiento para las elecciones generales de julio de 2023 -con una polémica imposición por parte de Sumar a Podemos: la eliminación de Irene Montero de las listas electorales. Con Podemos en su interior, la coalición Sumar obtuvo tres millones de votos. Sin embargo tras la formación de gobierno, la relación entre Podemos y Sumar saltó por los aires y los morados abandonaron el grupo parlamentario de Sumar. El trasfondo: la pérdida de poder político de los cargos de Podemos dentro de Sumar. El detonante: durante una sesión parlamentaria sobre el conflicto Hamás-Israel, Podemos quería que una de sus diputadas fuera la portavoz de la coalición para ese tema, pero Sumar se negó. «No podemos hacer política dentro de Sumar» se quejó Podemos. «No compartimos esa visión victimista» respondieron desde Sumar. La unidad, una vez más, parece imposible. Una historia sobre la ruptura política -y hasta personal- entre los líderes de Podemos y Sumar se puede leer aquí de la mano de José Enrique Monrosi.
También parece imposible la unidad en el seno de los partidos ecologistas de izquierdas. Tradicionalmente Equo había estado de la mano de Podemos, pero cuando en 2019 apareció Más Madrid hubo una fractura en el seno del partido verde. El sector encabezado por Inés Sabanés se fue con Errejón a Más Madrid y otro sector, liderado por Juantxo López de Uralde, abandonó Equo y formó otro partido, Alianza Verde, fiel a Podemos. Equo y Alianza Verde defendían exactamente lo mismo, pero decidieron enfrentarse. En 2023 la aparición de Sumar pareció poner paz entre las dos formaciones. La discusión inicial surgió por la posición de los candidatos en las listas electorales.
Dentro de Sumar hay hasta quince partidos políticos, cada uno con sus intereses. Dice Íñigo Sáenz de Ugarte: «Las quince formaciones que se cobijaron bajo el paraguas de Sumar tienen sus propios intereses excluyentes cuando hay que formar listas electorales y lo peor es que son los partidos más importantes los que se miran con recelo.» Algo muy típico de la izquierda. Además suele ser algo que no se esconde, sino que se hace público: Izquierda Unida ya ha verbalizado dudas sobre su participación dentro de la coalición Sumar.
En las elecciones autonómicas de 2023 confirmaron el agotamiento de Podemos como marca electoral, perdiendo cientos de miles de votos en todas las regiones. La formación que había liderado gobiernos en cientos de ayuntamientos y varias comunidades quedaba eliminada del poder autonómico y local. Se quedó sin representación en Comunidad Valenciana, Comunidad de Madrid (pasando de 10 diputados a cero) y Canarias, salió de los gobiernos de Aragón, Baleares y de decenas de ciudades (entre ellas Barcelona) y pasó de tener 47 diputados en las asambleas regionales a tan solo 15.
Totalmente divididos, en las elecciones europeas de 2024 Sumar y Podemos confirmaron el fin de ciclo del intento de integración de la izquierda: Sumar consiguió 800.000 votos y Podemos no llegó a los 600.000, unos resultados ridículos en comparación a los conseguidos durante estos últimos diez años. Yolanda Díaz dimitió inmediatamente como líder de Sumar. Tres análisis tras las elecciones europeas de 2014 se pueden leer aquí, aquí y aquí.
A nivel nacional y europeo, no hay duda de que el espacio de la izquierda ha sufrido una caída continuada, imparable y letal. El pico fueron los 6.180.000 votos conseguidos en 2016. El suelo -por ahora- han sido 1.380.000 votos recabados en las europeas de 2024. Cinco millones de españoles han dado la espalda a las propuestas de unidad popular en el periodo 2014-2024. ¿Son cinco millones de votos recuperables? ¿ha sido un espejismo histórico?
Andalucía: la división
En Andalucía 2015 fue el momento de mayor éxito para las candidaturas de izquierdas. En las autonómicas de ese año más de 860.000 andaluces confiaron en la izquierda (en las anteriores habían sido 460.000). Un aumento tremendo y debido al éxito repentino de Podemos. Desde entonces, sin embargo, las tensiones fueron muy fuertes. Podemos Andalucía, liderado por Teresa Rodríguez, quiso tener personalidad propia y diferenciada de la Secretaría General de Podemos, radicada en Madrid. La tensión Madrid-Andalucía se rebajó escondiendo la marca «Podemos» bajo una coalición denominada Adelante Andalucía, pensada para las elecciones autonómicas de 2018. Con esta nueva marca, de personalidad andaluza, se consiguieron 586.000 votos (Podemos había conseguido 590.000 tres años atrás).
Teresa Rodríguez abandonó Podemos Andalucía y se quedó en Adelante Andalucía, que se constituyó como partido político, y sus excompañeros crearon otra marca electoral, Por Andalucía. De manera casi humorística, la izquierda andaluza en las siguientes elecciones autonómicas se presentó completamente dividida en dos marcas que casi compartían nombre y logotipo: Adelante Andalucía y Por Andalucía. Entre las dos no consiguieron ni siquiera igualar los votos que había conseguido Podemos en solitario en 2015. La división en Andalucía sigue sin visos de arreglarse. Las malas relaciones personales y las diferencias de estrategia parecen insalvables para unir a la izquierda en esta región.
Madrid: el aguante
En los comicios autonómicos más recientes (2023), la izquierda mantiene en la Comunidad de Madrid una más que aceptable masa de 781.000 votantes. El aguante de la izquierda en esta región es destacable, teniendo en cuenta la caída en las demás comunidades autónomas. Aun así esos 781.000 apoyos son 100.000 menos que en la anterior cita electoral, tan solo dos años atrás (2021). En dos años se han perdido 100.000 apoyos. En el Ayuntamiento de Madrid la caída ha sido similar: de 500.000 votos en 2019 se ha pasado a unos 400.000 en 2023.
En la Comunidad de Madrid las candidaturas de unidad popular consiguieron algo histórico en 2015 al hacerse con los ayuntamientos de varias ciudades, entre ellas la propia capital, Madrid. Sin embargo la unidad no duró mucho, y un fuerte enfrentamiento entre los líderes de Podemos Pablo Iglesias e Íñigo Errejón en 2019 produjo una fractura total, dando lugar a dos partidos: Podemos y Más Madrid. Los votantes de izquierdas de la Comunidad tendrían que elegir entre las dos opciones: Podemos (Pablo Iglesias) o Más Madrid (Íñigo Errejón). En las elecciones autonómicas de 2019 Podemos perdió 410.000 votos con respecto a las anteriores y el recién creado Más Madrid obtuvo 475.000 votos. La división pareció funcionar, porque si en 2019 entre las dos formaciones sumaron 656.000 votos, en 2021 esa cifra aumentó hasta los 882.000 votos.
La formación Más Madrid se ha consolidado en la región, con una base de unos 600.000 votantes. Con esa fuerza, Íñigo Errejón apostó por convertir la formación en un partido nacional, y así nació, para las elecciones de noviembre de 2019, Más País. Errejón aseguró que el objetivo de sumar una nueva opción electoral en la izquierda era para combatir la abstención, pero los 330.000 votos que consiguió procedieron de Unidas Podemos y PSOE. El experimento de Más País tuvo un recorrido algo confuso: en noviembre de 2020 volvió a llamarse Más Madrid y en febrero de 2021 volvió a llamarse Más País. Finalmente, en octubre de 2023 Más País se disolvió como formación política, integrándose sus miembros en un nuevo partido de izquierdas, Sumar.
Galicia: la desaparición
En Galicia la izquierda compite en un tablero complicado. Es una región en la que la derecha siempre consigue mayoría absoluta, así que gestionar el gobierno es un horizonte lejano, casi una quimera. Aun así la región vivió como todas la emergencia de las candidaturas de unidad popular en 2015. En Galicia estas unidades se llamaron mareas. En las generales de 2015, una gran coalición llamada En Marea (que integraba a Podemos, Izquierda Unida, y varias mareas municipales) sorprendió a todos convenciendo a más de 400.000 gallegos. La repetición de elecciones en 2016 no le sentó nada bien, y En Marea bajó hasta los 347.000 votos. Ese mismo año hubo elecciones autonómicas, y la cifra cayó a los 273.000. ¿Había sido un espejismo? El tiempo confirmaría que sí: En Marea desaparecería como partido político en 2020.
Podemos formó parte de En Marea por instrucción del Secretario General Pablo Iglesias, no porque fuera un proceso completamente natural. La cooperación de 2015 y 2016 se rompió completamente en 2020. En las elecciones autonómicas de ese año la unidad saltó por los aires, y los gallegos tuvieron tres opciones de izquierdas entre los que elegir: Equo, En Marea y En Común Podemos. Entre los tres apenas sumaron 54.000 votos, una caída tremenda desde los 273.000 obtenidos en las autonómicas anteriores.
En 2024 la desaparición del bloque de izquierdas en Galicia se confirmó con los apenas 4.000 votos que recibió Podemos y con los 29.000 que obtuvo la nueva fórmula de la coalición Sumar. Las bases de Podemos rechazaron integrarse en Sumar. En los últimos diez años (2014-2024), los dos intentos de unidad en Galicia (En Marea y Sumar) han fracasado.
Cataluña: el camaleón
El votante de izquierda (no independentista) en Cataluña ha tenido que estar muy atento al nombre que, en cada elección, presenta su candidatura. El baile de siglas llega a marear: en 2015 Catalunya Sí Que Es Pot, en 2016 En Comú Podem, en 2017 Catalunya En Comú-Podem, 2024 Comuns Sumar… Lo que debiera indicar flexibilidad y adaptación al contexto en realidad revela inestabilidad. El proyecto de la izquierda no independentista en Cataluña es inestable, y así lo han percibido los electores, que le han ido dando la espalda con el paso de los años. En las elecciones generales de 2015 la coalición En Comú Podem sorprendió a todos rozando el millón de votos. En las elecciones generales de 2019 la misma marca había caído hasta los 500.000 votos. En Comú Podem aglutinaba bajo su paragüas a cuatro partidos: Iniciativa per Catalunya Verds, Esquerra Unida i Alternativa, Catalunya en Comú y Podemos.
En 2019 el espacio de la izquierda no independentista en Cataluña se vio sacudido. La histórica Iniciativa per Catalunya Verds (ICV), fundada en 1987, se disolvió. Por diluirse dentro de Catalunya En Comú, ICV había perdido las subvenciones públicas. Por su parte, Izquierda Unida (IU) y Esquerra Unida i Alternativa (EUiA) rompieron relaciones por acercarse ésta última a posiciones independentistas. Desde 1998 IU no se presentaba en Cataluña y daba su apoyo a EUiA, pero en 2019 creó su propia federación catalana, Esquerra Unida Catalunya (EUCat). Así, ahora se puede votar entre EUCat y EUiA. Mientras EUCat sigue en la esfera de los comunes, EUiA se ha asociado con la esfera de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC).
En 2024 En Comú Podem se disuelve dentro del proyecto Sumar y cambia de nombre a Comuns Sumar. Las redes sociales y también la página web confirman el cambio: si se intenta entrar a la web de En Comú Podem (encomupodem.cat) únicamente aparece un enlace a la nueva página web de Comuns Sumar (comuns.cat). En Comú Podem llegó a obtener 929.000 votos en 2015. Comuns Sumar apenas superó los 180.000 en 2024. Los cambios de nombre son seña de identidad de la izquierda no independentista en Cataluña, lo que no está tan claro es que sean efectivos para atraer votantes.
País Vasco: la disminución
En el País Vasco la izquierda no independentista ha sufrido una caída continua. Ha pasado de 354.000 apoyos en 2015 a 55.000 en 2024. La difícil relación con la izquierda independentista (a veces bien, a veces mal) ha marcado la vida de los proyectos de la izquierda nacional en el País Vasco, que muchas veces han mirado a los efectos electorales que tienen sus decisiones fuera de la región. Acercarse -aunque sea en políticas diferentes a las territoriales- a la izquierda independentista en el País Vasco suele acarrear alejarse del votante de izquierdas de otras zonas de España. Es un complicado balance que la izquierda nacional lleva intentando aprender más de 100 años. Según Alberto Garzón, «la izquierda ha cometido el error de romantizar los nacionalismos periféricos».
En todo caso el espacio de Unidos Podemos llegó a convencer a más de 300.000 vascos en 2015 y 2016, y a 200.000 en 2019. En 2020, sin embargo, la caída se hizo insalvable con 70.000 votos. En 2024 ya eran poco más de 20.000 los votantes de Podemos en el País Vasco. De 300.000 a 20.000 en una década. Es evidente que algo se ha hecho mal.
En las elecciones al Parlamento vasco de 2016, celebradas en septiembre, los vascos tuvieron hasta tres candidaturas de izquierdas entre las que elegir: Podemos, Ganemos y Los Verdes-Recortes Cero, esta última impulsada por la Unificación Comunista de España. La candidatura de Ganemos se presentó con el nombre completo de Ganemos Euskadi: Sí se puede, y fue impugnada por los compañeros de Podemos, que veían en este nombre un intento de confusión al electorado. Finalmente Ganemos obtuvo 6.000 votos.
Cuatro años después Podemos no tuvo ningún problema con Ganemos, porque esta agrupación ya había desaparecido. El problema en 2020 fue con Equo, que abandonó la coalición de Podemos y se llevó consigo más de 11.000 votos. Repitiéndose la historia, en 2024 Equo ya no era un problema y el «enemigo» ahora era otro: una nueva marca, Sumar, atrajo a 35.000 votantes. En las elecciones autonómicas vascas, Podemos ha pasado de los 157.000 votos de 2016 a los 23.000 de 2024. Por su parte, Equo y Los Verdes-Recortes Cero han desaparecido. ¿Qué ha conseguido la izquierda española planteando a los votantes vascos hasta cuatro opciones? ¿qué diferencia había entre votar a Ganemos, a Podemos, a Equo, a Sumar o a Los Verdes? ¿qué necesidad había de crear tantas opciones políticas?
Aragón: la desunión
En Aragón la izquierda nunca ha estado unida. Cuando en 2014 nació Podemos, la vieja Izquierda Unida le miró con recelo. Se demostró en 2015, cuando prefirió acudir a las elecciones autonómicas en solitario, y pasó de 41.000 votos a 28.000. El varapalo no hizo reflexionar a la histórica formación, que nunca entraría en los proyectos aglutinadores de Podemos. Los verdes de Equo sí entraron en Unidos Podemos en 2019, pero para 2023 ya se habían vuelto a salir. Las tres formaciones han ido por separado, lo que sumado a la existencia del partido regionalista Chunta Aragonesista, produce que existan hasta cuatro opciones para los votantes aragoneses en el menú de la izquierda. Cuatro formaciones que se evitan que el voto se concentre en una sola papeleta.
En 2019, el reparto de puestos en la lista electoral y la asignación de un porcentaje económico fueron las razones por las que en Aragón, a nivel autonómico, Izquierda Unida y Podemos no se pusieron de acuerdo. Tampoco a nivel municipal en varias ciudades, como Huesca o Zaragoza. La división alejó a los votantes, y Podemos pasó de los 100.000 votos que había obtenido en las elecciones generales de abril (2019) a los 50.000 que consiguió finalmente en las autonómicas de mayo (2019). Perdió la mitad de sus apoyos en un mes.
El fracaso de Podemos se confirmó cuatro años después, cuando únicamente obtuvo 27.000 votos en las elecciones autonómicas de 2023. Comparada con los votos conseguidos en las autonómicas de 2015 (137.000), esta cifra es alarmante para el proyecto morado. Izquierda Unida, pese a perder también apoyos, se ha mantenido con una base de fieles: 28.000 votos en 2015, 22.000 en 2019 y 21.000 en 2023. La estrategia de no unirse con Podemos no le ha castigado especialmente, aunque en la etapa pre-Podemos tuvo más de 40.000 apoyos.

Comunidad Valenciana: el compromiso
El Acuerdo del Botánico fue un importante compromiso político entre Podemos, Compromís y PSOE para gobernar la Comunidad Valenciana durante ocho años. Conocidos como Botànic I (2015-2019) y Botànic II (2019-2023), estos pactos supusieron todo un ejemplo de cooperación entre distintas sensibilidades progresistas, aunque no estuvieron exentos de problemas. Las relaciones Compromís-Podemos nunca han sido demasiado buenas al competir por el mismo electorado y al estar el partido valenciano más en la línea errejonista.
Mientras en otras regiones Podemos pudo hacerse un hueco fácilmente, en la Comunidad Valenciana se encontró con que ya existía un partido de izquierdas asentado en el territorio. La tensión Compromís-Podemos ha sido patente tanto en la Comunidad Valenciana como a nivel nacional, en el Congreso de los Diputados. Compromís ha demostrado tener una base electoral fuerte, en torno a los 200.000 votantes, especialmente concentrados en las grandes ciudades de la región. Podemos, en cambio, ha llegado a tener un suelo de apenas 50.000 votantes (quedándose en solo 9.000 apoyos en la ciudad de Valencia, donde Compromís tiene más de 100.000).
La historia de Podemos en la Comunidad Valenciana nunca ha sido fácil. En su primera aparición en 2015 ya tuvo que hacer frente a una temprana escisión. Siendo un partido en construcción, varios disidentes descontentos con la dirección de Podemos presentaron una candidatura alternativa a las elecciones autonómicas, bajo la etiqueta electoral Ganemos Sí Se Puede. Por confusión o por convicción, casi 20.000 valencianos depositaron su voto en Ganemos en vez de en Podemos. Justo los votos que impidieron que Podemos alcanzara los 300.000 sufragios. Además, otros miles de votos han ido a parar a la formación Recortes Cero – Los Verdes y al Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE). El PCPE tiene una sorprendente implantación en la región valenciana, con un suelo de 1.000 votantes fieles y un pico de 4.000 en las elecciones autonómicas de 2019.
La fragmentación de la izquierda
La fragmentación de la izquierda no es una teoría, no es una opinión, no es una impresión: es una realidad. La izquierda tiende a fragmentarse. En palabras de Juan Carlos Monedero «la derecha, al ser variaciones del statu quo siempre, tiene más en común que diferencias, mientras que la izquierda, como siempre opera desde el marco teórico de lo que debiera ser, tenemos dificultades que se nos tornan irreconciliables, y nos terminamos golpeando con un piolet en la cabeza, porque creemos que pensar diferente es garantía del fracaso. Es uno de los problemas que tiene la izquierda por su propia condición de izquierda que busca transformar lo existente. Puede que lo aprendamos, y que intentemos moderar ese tipo de comportamientos, pero es verdad que es algo consustancial a la izquierda y vamos a tener que convivir con ello.»
Reflexionando sobre las causas que quizás expliquen este comportamiento de la izquierda -tan contraproducente para sus propios intereses- podemos pensar en el funcionamiento interno de los partidos y en el contexto externo que les rodea. En cuanto a los propios partidos, van desde el socialismo democrático hasta el comunismo, por lo que la amplitud ideológica es notable. Ocurrió en el seno de Podemos con la fractura Iglesias-Errejón y ocurre diariamente en todas las formaciones de izquierdas de todos los rincones del mundo: es complicado ponerse de acuerdo cuando se tienen ideas, enfoques y estrategias diferentes. Los debates están abiertos en cuanto a la soberanía nacional, al papel del Estado en la economía, sobre la integración internacional, sobre la asunción del proceso de globalización… Además, en la actualidad, la brecha generacional (que produce además un cambio en la base electoral) ahonda la brecha ideológica, abriendo nuevos debates, poniendo sobre la mesa nuevas preocupaciones y chocando con las posturas más tradicionales. Más allá de las diferencias ideológicas, hay también -y esto ocurre igualmente en la derecha- tensiones en cuanto a la estructura organizativa, la estrategia electoral o la distribución del poder. Todos estos conflictos pueden hacer que dentro de los partidos surjan facciones, muy comunes en la izquierda, y que desde la Dirección de los partidos se quieran purgar.
En cuanto al contexto que rodea a los partidos de izquierda, es importante reconocer como dice Monedero que éstos operan en un entorno político dominado por ideas neoliberales. De esta manera, la izquierda siempre juega en un terreno adverso. Mantener y promover sus ideas en este contexto no es fácil. La hegemonía del neoliberalismo ha llevado a muchos partidos de izquierda a adoptar políticas más centristas, y los procesos de globalización y de integración supranacional han creado nuevos ejes de conflicto político que los partidos de izquierda no siempre han sabido gestionar. En este sentido, la relación internacional con otros partidos de izquierda también suele causar -de manera irónica- división. Finalmente, la interacción con movimientos sociales y otras organizaciones de izquierda puede generar tensiones sobre cómo integrar estas influencias externas en la estrategia y las políticas del partido, algo que se vio en España con el movimiento 15-M.
Ejemplos de división
La historia de la izquierda comienza estrictamente con la Revolución Francesa, cuando los propios términos «izquierda» y «derecha» se empiezan a utilizar, si bien es ya durante el siglo XIX cuando realmente aparece una propuesta política clara por parte de individuos y organizaciones basada en las ideas asociadas a este margen del espectro (igualdad, cooperación, internacionalismo, frente a la libertad, competitividad y nacionalismo propuesto por la derecha). Desde el momento de su propia concepción como idea, la izquierda ha presentado en su seno graves problemas de atomización, de división, de separación. Ya quedó claro en la Primera Internacional (1864), con el conflicto entre anarquistas y marxistas, o en la Tercera Internacional (1919), enfrentados los stalinistas y los trotskistas. Los ejemplos de división de las organizaciones de izquierdas son continuos y se encuentran a nivel internacional, a nivel nacional y a nivel local, algunos son los siguientes:
- La Segunda Internacional (1889) se refundó en 1923 con el nombre de Internacional Obrera y Socialista, y luego se volvió a refundar en 1951 como Internacional Socialista. Esta organización de partidos de izquierdas a nivel mundial sigue plagada de tensiones internas, engloba un total de 119 partidos de 92 países distintos. En 2013 un grupo de partidos liderados por el Partido Laborista del Reino Unido y el Partido Socialdemócrata de Alemania decidieron abandonar la Segunda Internacional por considerar que ya no representaba una visión moderna del socialismo, y crearon la Alianza Progresista, una nueva organización internacional en la que ya participan unos 140 partidos políticos. ¿Tan diferentes son los objetivos de la Segunda Internacional y de la Alianza Progresista como para necesitar de dos organizaciones a nivel mundial?
- El Partido Comunista Italiano (PCI) fue uno de los partidos comunistas más exitosos de Europa durante el siglo XX, pero en 1991 se disolvió. La izquierda más moderada creó entonces el Partido Democrático de Izquierda (PDI), y la izquierda más pura fundó el Partido de la Refundación Comunista (PRC). Sin embargo la pureza completa no existe en la izquierda, y algunos votantes y líderes no vieron en el PRC el instrumento efectivo para defender las ideas de la izquierda: en 1998 se fundó el Partido de los Comunistas Italianos (PdCI). Sin embargo la pureza completa no existe en la izquierda, y algunos votantes y líderes no vieron en el PCI el instrumento efectivo para defender las ideas de la izquierda: en 2009 se fundó el Partido Comunista (PC). Está por ver si el PC es por fin la herramienta que la izquierda necesita para llegar al poder y cambiar la vida de la gente en Italia. Por ahora no ha superado el 0,88% de los votos en ningún comicio. Tras la desaparición del PCI han intentado llenar su espacio el PDI, el PRC, el PdCI y el PC. Una fragmentación perfecta para el mantenimiento del sistema.
- En 1902 la izquierda francesa no se puso de acuerdo, y se fundaron dos partidos: el Partido Socialista Francés y el Partido Socialista de Francia. Esta ridícula situación no duró mucho, y en 1905 ambos crearon la Sección Francesa de la Internacional Obrera (SFIO), el gran partido de izquierdas del país. En 1969 la SFIO evolucionó para convertirse en el Partido Socialista (PS), que ha llegado a gobernar el país en cuatro ocasiones. Las grandes dimensiones del Partido Socialista y la crisis económica de 2008 han hecho que recientemente el PS haya sufrido escisiones que recuerdan a los tiempos de su concepción. Si a finales del S.XIX existieron hasta cuatro opciones de izquierdas que finalmente confluirían en el PS, a principios del S.XXI son también cuatro las opciones de izquierdas que han surgido del PS: el Partido de Izquierda (2008), la Nouvelle Gauche Socialiste (2015), Génération.s (2017) y Gauche Démocratique et Sociale (2018).
- En el caso de la India, el Partido Comunista de India (PCI) ha visto desde su fundación en 1925 la escisión de una gran cantidad de partidos, todos surgidos de sus propias entrañas. En 1961, descontentos por la política pro-soviética del PCI, muchos miembros dejaron el partido y fundaron el Partido Comunista de India (Marxista) (PCI(M)). El jaleo de siglas se complica en 1969 cuando, dentro del PCI(M) algunos optaron por la lucha armada contra el sistema capitalista, y se escindieron en el Partido Comunista de India (Marxista-Leninista) (PCI(ML)). Como si de una broma se tratara, dentro del PCI(ML) tampoco se pusieron de acuerdo, y en 1988 se escindió el Partido Comunista de India (Marxista-Leninista) Bandera Roja (PCI(ML)BR). Aunque el lector no se lo crea, la cosa no mejora: en 2003 el PCI(ML)BR sufrió una nueva división, y se fundó el Partido Marxista-Leninista de India (Bandera Roja). Para añadir más siglas a la izquierda india, en 2004 se fundó el Partido Comunista de India (Maoísta). El caso de la India es paradigmático de lo que le ocurre a la izquierda en todos los rincones del mundo: las luchas internas y la falta de entendimiento resulta siempre en la fragmentación.
- La Unificación Comunista de España se fundó en 1973, y tras cuarenta años de discreción en términos electorales, en 2014 creó la marca Recortes Cero, que mucho más atractiva y sumada a Los Verdes-Grupo Verde consiguió un notable resultado ese año en las Elecciones Europeas con 31.000 votos. Durante varios años y pese al agotador ciclo electoral, Recortes Cero mantuvo un electorado fiel de unos 50.000 votantes, entre los que se contaron nombres destacados de la cultura española. En 2020 Los Verdes-Grupo Verde abandonó la formación, y desde entonces Recortes Cero ha caído en picado. En 2024 únicamente 7.000 personas les votaron en las elecciones europeas. Por su parte, Los Verdes-Grupo Verde apenas tiene actividad desde 2020. El experimento de la Unificación Comunista de España tuvo éxito entre 2014 y 2024. Diez años en los que evitaron que 50.000 votos de izquierdas acabaran en una candidatura única de unidad popular.
- En España la división y subdivisión de la izquierda es algo constante, especialmente a partir del Movimiento 15-M que tuvo lugar en 2011. La lista de partidos nuevos que proponen su propia visión de lo que debe ser (y de cómo debe operar) la izquierda es interminable: Equo (2011), Izquierda Abierta (2012), Alternativa Socialista (2013), Alternativa Republicana (2013), Convocatoria Cívica (2013), Partido X (2013), Podemos (2014), Decide en Común (2015), Somos Izquierda (2015), Izquierda Revolucionaria (2016), Actúa (2017), Más País (2019), Alianza Verde (2021), Sumar (2023)… hasta la última incorporación de Izquierda Española, en diciembre de 2023. ¿Cuántas más opciones de izquierda necesita el votante español?
- En Palestina la oferta política desde la izquierda es muy numerosa, y viene siendo así desde los años sesenta. Muy pronto la lucha contra la invasión israelí se dividió en facciones: el Frente para la Liberación de Palestina (1959), la Organización para la Liberación de Palestina (1964), el Frente Popular para la Liberación de Palestina (1967), el Frente de Lucha Popular Palestina (1967), el Frente Popular para la Liberación de Palestina-Comando General (1968), el Frente por la Liberación Árabe (1969) y el Frente Democrático por la Liberación de Palestina (1969) fueron las siete organizaciones que luchaban por la liberación de Palestina. Un mismo objetivo perseguido de siete formas diferentes, con siete enfoques distintos, con siete estrategias diferentes. Para terminar por complicar la situación, durante los años ochenta y noventa los comunistas también se sumaron a la lucha, y se crearon el Partido Comunista Palestino Revolucionario (1982), el Partido del Pueblo Palestino (1982) y el Partido Comunista Palestino (1991). Un total de diez partidos políticos con diez formas de ver una única cuestión política. Debe ser complicado para un palestino decidir a quién apoyar. ¿Cuáles pueden ser sus diferencias? ¿son tan grandes como para mantenerse separados?
Los ejemplos de división de la izquierda se repiten a nivel global, a nivel histórico, a nivel local, a nivel regional, en cualquier esquina del planeta, en cualquier momento de la historia. Por ello se podría pensar que la división es efectivamente algo intrínseco de este sector del espectro político. Llegar a esa conclusión, sin embargo, produciría un pesimismo que únicamente perpetuaría la situación, creando un irónico estado en el que «la izquierda no se une porque es imposible que la izquierda se una». Aceptar eso garantizará el fracaso (si es que se considera éxito la unión y fracaso la desunión, una cuestión sobre la que hay debate dentro de la izquierda). Si se considera la unión un objetivo, hay que superar la idea de que la división es algo intrínseco, pese a que los ejemplos se empeñen en confirmar lo contrario.
Inspirados por la compleja -y casi lamentable- historia de los grupos de izquierda en Palestina, en 1979 el genial grupo humorístico Monty Python incluyó en su película La vida de Brian un sketch donde ridiculizaban la división de la izquierda. El ya famoso sketch suele utilizarse como metáfora perfecta de las dinámicas de la izquierda: 1. la retórica vacía (pasar más tiempo elaborando retóricas semánticas y discursos grandilocuentes que actuando de manera concreta) que lleva a una ineficiencia política, 2. los egos de los líderes (más interesados en mantener el control dentro de sus organizaciones que en la causa por la que supuestamente luchan) y 3. la fragmentación y el sectarismo (la continua división y subdivisión en facciones, todas ellas creyendo tener el enfoque correcto). Han pasado 50 años y este sketch sigue ayudándonos a entender (algunas de) las causas por las que la izquierda no convence a la mayoría de la población:


















