En muchas ciudades del mundo, la sostenibilidad ha pasado de ser un concepto lejano a convertirse en un eje de transformación urbana. Se construyen parques, se crean ciclovías, se peatonalizan calles y se plantan árboles con la idea de reducir la contaminación y mejorar la calidad de vida. Son cambios que, en principio, deberían beneficiar a toda la ciudadanía, sobre todo a quienes viven en zonas con menos espacios verdes y mayores niveles de polución. Sin embargo, en la práctica, estos proyectos ecológicos a menudo terminan provocando un efecto inesperado: expulsan a los propios vecinos que más necesitan esas mejoras. A esto se le llama gentrificación verde, y es un fenómeno que está creciendo al ritmo en que las ciudades se llenan de carriles bici y zonas peatonales.
La gentrificación verde se produce cuando un barrio popular recibe inversiones para convertirse en un lugar más saludable y agradable, pero estas mejoras incrementan el valor del suelo y de la vivienda. Lo que en un primer momento es una buena noticia para los vecinos se convierte con el tiempo en una presión inmobiliaria que sube los precios de los alquileres y atrae a nuevos residentes con mayor poder adquisitivo, mientras que las familias de toda la vida se ven obligadas a marcharse porque ya no pueden permitirse vivir allí. Esto convierte a la sostenibilidad en un lujo, en lugar de un derecho, transformando barrios con vida comunitaria en espacios cada vez más homogéneos y orientados al consumo.

Un ejemplo muy citado es el de la High Line de Nueva York, un antiguo tramo elevado de vía ferroviaria que se transformó en un parque lineal con jardines, espacios culturales y miradores. Aunque el proyecto revitalizó la zona y ofreció un espacio verde en medio de la ciudad, también disparó los precios de la vivienda y atrajo una oleada de inversiones inmobiliarias que modificaron por completo el perfil del vecindario, desplazando a residentes que llevaban décadas allí. En Toronto, la recuperación del frente costero con nuevos parques y paseos arbolados tuvo un efecto similar, convirtiendo áreas antes industriales en espacios de alto valor para el mercado inmobiliario. En Barcelona, proyectos como las supermanzanas o las peatonalizaciones en Poblenou han traído consigo mejoras ambientales, pero también un alza en los precios de alquiler que dificulta la permanencia de muchos vecinos de rentas bajas.
INTERESANTE: The dangers of eco-gentrification: what’s the best way to make a city greener? (The Guardian, 2015)
Algo parecido ocurre en Ciudad de México, donde barrios como Roma-Condesa han pasado de ser zonas de clase media a convertirse en espacios de moda con precios inalcanzables para muchos, impulsados por la llegada de cafeterías, coworkings y una estética asociada al consumo verde. En Medellín, la creación de Parques del Río como espacio de regeneración ambiental generó beneficios evidentes en la calidad del entorno, pero también atrajo nuevas inversiones y modificó el perfil de quienes pueden permitirse vivir cerca de estos espacios. Incluso en Berlín, donde la conciencia ecológica es fuerte, barrios como Kreuzberg y Neukölln han experimentado subidas de precios tras la mejora de sus espacios públicos y la llegada de ciclovías, reduciendo el acceso de estudiantes, inmigrantes y familias con rentas modestas.
El trasfondo de este fenómeno tiene mucho que ver con cómo funcionan las ciudades en la actualidad, donde la mejora de un barrio, por necesaria y positiva que sea, se convierte rápidamente en una oportunidad de negocio para el mercado inmobiliario. Las inversiones en sostenibilidad transforman el paisaje urbano y lo hacen más atractivo, pero si no existen medidas de protección para los vecinos, estos acaban expulsados por la lógica del mercado. De este modo, los parques y las zonas verdes que se construyen en nombre de la justicia ambiental y el derecho a un entorno sano terminan sirviendo como herramientas de marketing urbano que favorecen la inversión y el turismo, mientras que quienes más necesitaban de esos espacios pierden la oportunidad de disfrutar de ellos.
Esto no significa que los proyectos verdes sean en sí mismos negativos. Los árboles, las ciclovías y los espacios de encuentro comunitario son esenciales para combatir el cambio climático y para construir ciudades más humanas y habitables. Lo que la gentrificación verde pone sobre la mesa es la necesidad de repensar cómo se implementan estas iniciativas para evitar que se conviertan en un factor de expulsión de los vecinos de toda la vida. Se trata de entender que una ciudad verdaderamente sostenible no es solo aquella que reduce su huella de carbono o crea más zonas verdes, sino aquella que garantiza que todas las personas puedan permanecer en sus barrios y disfrutar de estos espacios sin miedo a ser desplazadas por subidas de precios que no pueden asumir.
La gentrificación verde es, en definitiva, una llamada de atención sobre cómo las ciudades abordan la sostenibilidad. No basta con peatonalizar calles o plantar árboles si estas acciones acaban transformando los barrios en escaparates de consumo verde accesibles solo para quienes tienen dinero. Para que la sostenibilidad sea real, debe ir de la mano de la justicia social, garantizando el derecho de las personas a permanecer en sus barrios y participar de los beneficios de la transformación ecológica. Solo así lograremos que las ciudades sean espacios donde la lucha contra el cambio climático y la mejora de la calidad de vida no se conviertan en un privilegio, sino en un derecho compartido.
Los siguientes artículos de investigación amplían el análisis sobre la gentrificación verde:
Grabbed urban landscapes: Socio-spatial tensions in green infrastructure planning in Medellín (International Journal of Urban and International Research, 2018)
Urban Planning, community (re)development, and environmental justice (In R. Hollifield, G. Walker, and J. Chakraborty. Handbook of Environmental Justice. London: Routledge, 2018)
From Jacobs to the Just City: A foundation for challenging the green planning orthodoxy (Cities The International Journal of Urban Policy and Planning, 2018)
Greening cities – To be socially inclusive? About the alleged paradox of society and ecology in cities (Habitat Int., 2017)
Assessing Green Gentrification in Historically Disenfranchised Neighborhoods: A longitudinal and spatial analysis of Barcelona (Urban Geography, 2017)
Contesting and Resisting Environmental Gentrification: Responses to New Paradoxes and Challenges for Urban Environmental Justice (Sociological Research Online, 2016)
From Toxic Sites to Parks as (Green) LULUs? New Challenges of Inequity, Privilege, Gentrification, and Exclusion for Urban Environmental Justice (Journal of Planning Literature, 2015)
