un artículo de Mariano Restivo
En los Estados Unidos la tradición de recordar los orígenes históricos de una ciudad o estado se representa izando las banderas de aquellas naciones que otrora tuvieron vigencia en el territorio. Esto no implica que se afecte la soberanía del estado, para nada. Para destacar estas raíces los mástiles se instalan en algún ámbito significativo de su geografía y se concreta siguiendo un orden cronológico:
- Imperio Español, bandera atribuida a Juan Rodríguez Cabrillo, al servicio del rey de España, que exploró las costas de California hacia 1542.
- Inglaterra, bandera izada por Francis Drake en ocasión del reclamo de soberanía en favor de Isabel I sobre la California del Norte, 1579.
- Imperio Español, pabellón que habría usado la expedición al mando de Sebastián Vizcaíno al servicio del rey de España, izada en San Diego, 1602.
- Imperio Español, bandera usada por Javier de Portolá, que colonizó California en nombre de España, quien llego a la región por vía terrestre hacia 1769.
- Imperio Español, bandera marítima usada en California, cuando fue provincia del Virreinato de Nueva España, siendo su capital la plaza marítima de Monterrey, 1697 a 1767.
- Compañía Ruso Americana (Compañía ruso-americana bajo la protección de su Majestad Imperial, zar de todas las Rusias), insignia que flameó en la factoría de Fte. Ross (Krépost Ross; Fortaleza Rusa) (Alta California), establecimiento fundado por Iván Kuskov, que operó entre 1811 y hasta ca. 1841/1842.
- Provincias Unidas del Río de la Plata (hoy Argentina), pabellón izado en Monterrey y San Juan de Capistrano, durante su ocupación por el corsario Hipólito Bouchard, 1818.
- Primer Imperio de México, bandera usada en 1821 y 1822.
- República Federal de México, flameó entre 1823 y 1836.
- California, bandera empleada por la rebelión encabezada por Juan Alvarado cuando proclamó la independencia de la Alta California y la toma de Monterrey, 1836.
- Estados Unidos, bandera especial izada en el pico Gavilán (bahía de Monterrey), por John Fremont, capitán del Cuerpo Topográfico del Ejército de los Estados Unidos, durante su reconocimiento, 1846.
- California (“Bandera del Oso”; “Bear Flag”), izada por los californianos al declarar su independencia, ciudad de Sonoma, 1846.
- Estados Unidos, bandera usada por las tropas del general William J. Worth durante la batalla de Monterrey, 1846.
- Estados Unidos, bandera que lleva en el cantón 31 estrellas, incluyendo la correspondiente a California, admitida el 9 de septiembre de 1850.
- Estado de California, actual bandera estatal adoptada en 1911, que persiste con plena vigencia.
- Estados Unidos, bandera actual, con 50 estrellas en el cantón, usada a partir de 1960.
La Invasión Argentina de Monterrey también conocida como la Ocupación Argentina de California fue una acción militar llevada a cabo entre el 24 de noviembre y el 29 de noviembre de 1818 por fuerzas de las Provincias Unidas del Río de la Plata bajo el mando del corsario francés Hipólito Bouchard. Esta operación, parte de su campaña en el océano Pacífico, resultó en la captura y saqueo de la ciudad de Monterrey, entonces capital de la Alta California, una provincia del Virreinato de Nueva España.
Antecedentes
Hipólito Bouchard era un francés irascible, de carácter fuerte y a veces intolerante, aunque de proceder justo y bondadoso. Cuando llegó a Buenos Aires por 1809 ya había peleado en el mar por su país natal. En 1811 fue uno de los protagonistas de la incipiente escuadra patriota que se había formado a los ponchazos. Incorporado al Regimiento de Granaderos a Caballo, su papel en el combate de San Lorenzo fue relevante. Mató al abanderado español y se apoderó del estandarte enemigo, al punto que José de San Martín lo destacó en el parte de batalla. “Y le arrancó con la vida al abanderado el valiente oficial D. Hipólito Bouchard”. Esta acción le valió que la Asamblea del Año XIII le otorgase la ciudadanía.
En septiembre de 1815 obtuvo la patente de corso, con la que comandó la corbeta “Halcón”, y con la que haría campaña junto al almirante Guillermo Brown. Como ayudante de piloto, nombró a Tomás Espora, un joven marino de 15 años que también haría historia. Nuevamente en Buenos Aires, se propuso dar la vuelta al mundo y hostigar a los buques españoles que se le cruzasen en el camino. Así, en sociedad con el armador Vicente Anastasio Echeverría, armó “La Argentina”, un buque de 34 cañones, con los calibres que pudo encontrar en una Buenos Aires económicamente exhausta. Reunió 180 hombres, entre marinos e infantes.

Durante las Guerras de independencia hispanoamericanas, las Provincias Unidas del Río de la Plata autorizaron campañas corsarias contra intereses españoles en el Pacífico para dañar el comercio marítimo de la Corona española y difundir la guerra en los territorios dominados aún por los españoles. Bouchard, al mando de la fragata La Argentina, emprendió una expedición que incluyó escalas en Chile, Perú, Centroamérica, Madagascar, el Estrecho de Macasar, Filipinas, etc.
El 27 de junio de 1817 zarpó de la Ensenada de Barragán y, entre sus papeles, llevaba varias copias de la declaración de la independencia. Puso proa al Atlántico, pasó por el cabo de Buena Esperanza, estuvo en Tamatave, Madagascar y ya en el Pacífico, cuarenta de sus hombres habían muerto víctimas del escorbuto, por la falta de frutas y verduras. Ante la desesperación, alguien propuso enterrar a los enfermos, dejando solo su cabeza descubierta. Que la tierra se ocupase de la cura. Algunos fallecieron, pero la mayoría sobrevivió a ese extraño tratamiento.
El 15 de mayo de 1817 el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Juan Martín de Pueyrredón, expidió el Reglamento Provisional para el Corso, que especificaba la situación legal de los corsarios bajo bandera argentina. La expedición contra barcos y puertos españoles en América y las Filipinas se desarrolló entre julio de 1817 y julio de 1819.
Previo a la batalla, las tropas argentinas se enfrentaron contra los piratas moros a fines de 1817, tuvieron un enfrentamiento breve en el Sultanato de Joló a principios de 1818, Bouchard capturo varios barcos españoles así como bloqueo la ciudad de Manila durante dos meses, intento llegar a China mientras meditaba hacer una expedición especial para liberar a Napoleón Bonaparte de la isla Santa Helena. Su último viaje previo al ataque a Monterrey fue hacia Hawái donde tuvo un encuentro con el rey del Reino de Hawái, Kamehameha I, donde, supuestamente, este país fue el primero en reconocer la independencia de Argentina inclusive antes que Chile.
El ataque a Monterrey
El 21 de octubre de 1818 partieron hacia California. El corsario ignoraba que un mercante español ya había llevado la alarma a la guarnición española cuando advirtió de la probable llegada de los corsarios rioplatenses. La extensa bahía de Monterey cobijaba el Presidio Real de San Carlos y una aldea de unos 400 habitantes. Cuando el 20 de noviembre los buques corsarios aparecieron en el horizonte, el gobernador Pablo Vicente Solá ordenó evacuar a mujeres, ancianos y niños, tomó los caudales reales y puso prudente distancia de los atacantes, y esperó en el Rancho del Rey, actualmente la ciudad de Salinas. En la guarnición quedaron 65 soldados al mando del sargento Manuel Gómez a aguantar lo que se venía.

Al llegar a las costas de Monterrey, Bouchard exigió la rendición del presidio local. Ante la negativa, desembarcó con sus hombres y tras un breve combate logró tomar la ciudad el 24 de noviembre de 1818. Durante cinco días, las fuerzas argentinas ocuparon y saquearon la plaza, destruyendo fortificaciones y capturando suministros.
La flota comandada por Hipólito Bouchard puso proa a la capital más boreal del imperio español en América: San Carlos de Monterrey en la Alta California. La flota argentina arribó al escenario de las aventuras de “El Zorro”, el capitán Monasterio y el sargento García, el 22 de noviembre de 1818. A poco de llegar, Bouchard ordenó a su teniente Pedro Cornet, que comandaba la Chacabuco, que inspeccionara el estado de las defensas españolas. Al amanecer del 23, los dos buques argentinos comenzaron a bombardear el fuerte de Monterrey. Desde tierra respondieron con fuego a discreción. El combate se prolongó hasta la mañana del 24, cuando Bouchard y 200 de los suyos pudieron desembarcar y establecer una cabeza de playa. Derrotaron a una fuerza de caballería de más de 300 hombres. California era argentina. Así lo atestiguaban las banderas de Belgrano que flameaban en lo alto de todos los edificios de Monterrey.

El jefe franco-argentino ordenó la requisa general de víveres y de todas las propiedades del rey. Nada español quedó en pie comenzando por la residencia del gobernador y continuando por todas las piezas de artillería que no pudieron ser embarcadas. Sólo se respetaron las propiedades de los americanos que según el testimonio de los revolucionarios locales apoyaban la causa de la libertad. La reconstrucción de la capital de California les llevaría seis meses a los españoles. Bouchard recibió informes sobre la existencia del rancho “El Refugio”. Sus espías le informaron que aquella estancia era propiedad de un español que “martirizaba a los patriotas de México”. El corsario armó un pelotón de 60 hombres que partió en busca del personaje que pudo darse a la fuga. Los hombres de Bouchard lograron liberar a todos los detenidos y capturar a dos oficiales y dos soldados enemigos. De “El Refugio” y de todas las propiedades del que martirizaba a los patriotas, no quedó ni la memoria.
Bouchard ordenó al “Santa Rosa”, de menor calado que “La Argentina”, que se acercara a las murallas de la fortificación, a fin de hostigar las defensas y desembarcar. Pero el barco fue acribillado a disparos durante quince minutos y el teniente primero Guillermo Shepperd no tuvo más remedio que rendirse.
Llamó la atención que lo españoles no abordasen la nave rendida. Cuando el marino comprendió que no disponían de barcos para hacerlo, armó un operativo de rescate del barco -a merced del enemigo por la falta de viento- que se hizo exitosamente. Detrás de las murallas se escuchaba el festejo por el rechazo al ataque. “Yo formé en este momento el designio de acabar con su alegría”, escribiría el francés. Y con 200 hombres, en la madrugada del 24 de noviembre, desembarcó a una legua del fuerte. Lo hizo en nueve botes y llevó un cañón. Los españoles que les salieron al encuentro no pudieron detenerlos y cuando escalaron los muros de la fortificación, los defensores huyeron despavoridos por el portón principal.

Tras el ataque a Monterrey, las tropas de Bouchard llegaron a Santa Bárbara, donde había decenas de patriotas detenidos. Todos fueron liberados por los argentinos. El 11 de agosto de 1818 las naves argentinas llegaron a San Juan Capistrano. Bouchard intimó la rendición al jefe español del poblado, quien no tuvo mejor idea que contestarle que “tenía bastante pólvora y balas para darle”. La provocación fue respondida de inmediato y cien hombres al mando del teniente Cornet incendiaron el pueblo; sólo dejaron en pie la iglesia y las propiedades de “americanos amigos”. Se desconoce el paradero del temerario jefe español. Todos los puertos y poblados de California habían sido arrasados por los corsarios argentinos. La campaña prosiguió con rumbo sur. El 25 de enero de 1819, Bouchard bloqueó el puerto de San Blas y el 11 de marzo de 1819 atacó y bloqueó el puerto de Acapulco. En Guatemala destruyó Sonsonate y capturó varios bergantines enemigos.

En Nicaragua, los hombres de La Argentina y la Chacabuco tomaron el Realejo, uno de los principales puertos españoles del Pacífico, y se apoderaron de cuatro buques españoles. Tras la toma del Realejo, Bouchard redactó el siguiente parte de guerra:
“el 2 de abril llegué frente al puerto del Realejo, y en el mismo apresté dos lanchas con cañones de a cuatro y dos botes con cincuenta hombres y tres buques: la Lauretana fue quemada al día siguiente porque tratando de rescatarla su dueño sólo me ofertaba 4.000 duros. La María Sofía llevaré para poner a las órdenes de V.E. El bergantín San Antonio fue quemado también porque sólo me ofertó su dueño 6.000 duros. El lugre llamado San José me acompañará por ser de excelentes calidades.”
La imagen del crucero La Argentina se transformó en un símbolo de terror para las fuerzas españolas y de lucha contra la tiranía para los patriotas americanos. La casi totalidad de los países de Centroamérica que se irán constituyendo, diseñarán sus banderas basándose en la celeste y blanca creada por Belgrano y exhibida con orgullo a lo alto de las naves de Bouchard.
La travesía de La Argentina fue resumida así por Bartolomé Mitre:
“Una campaña de dos años dando la vuelta al mundo en medio de continuos trabajos y peligros, una navegación de diez o doce mil millas por los más remotos mares de la tierra, en que se domina una sublevación, se sofoca un incendio a bordo, se impide el tráfico de esclavos en Madagascar, se derrota a piratas malayos en Macasar, se bloquea a Filipinas, anonadando su comercio y su marina de guerra, se domina parte de Oceanía imponiendo la ley, a sus más grandes reyes por la diplomacia o por la fuerza; en que se toma por asalto la capital de la Alta California, se derrama el espanto en las costas de México, se hace otro tanto en Centro América, se establecen bloqueos entre San Blas y Acapulco, se toma a viva fuerza el puerto de Realejo apresándose en este intervalo más de veinte piezas de artillería, rescatando un buque de guerra de la Nación y aprisionando o quemando como veinticinco buques enemigos.”
Consecuencias
La acción tuvo un fuerte impacto simbólico, al demostrar el alcance global de la lucha independentista rioplatense. También consolidó la figura de Bouchard como héroe naval y precursor de la marina argentina. Se izó la bandera argentina y durante seis días, en los hechos fue territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Se apropiaron del ganado que serviría como comida para el viaje; los animales que no pudieron llevar fueron sacrificados. Luego de liberar a los prisioneros, incendiaron el fuerte, la residencia del gobernador -que esperó inútilmente refuerzos- y las casas de los españoles. Por orden de Bouchard, tanto las iglesias como los domicilios de los americanos no fueron tocados. También inutilizaron los cañones. Aunque breve, la ocupación de Monterrey es recordada como uno de los episodios más insólitos de la historia militar argentina.

El 29 dejaron Monterrey. Fueron al rancho El Refugio, cercano a Santa Bárbara, propiedad de la familia Ortega, contraria a los movimientos independentistas mexicanos. Nuevamente, se apropiaron de todo lo que pudieron llevarse y el resto lo quemaron y destruyeron. El 16 de diciembre, en San Juan de Capistrano, una misión fundada por el padre Junípero Serra en 1776, ofrecieron pagar por bolsas de papas, de trigo y por animales. Los españoles se negaron y escaparon luego de una breve resistencia. Los corsarios se reaprovisionaron de víveres y destruyeron las casas de los peninsulares.
Se movían rápido, porque en ese raid cuando las tropas españolas llegaban, las de Bouchard ya habían partido. El 17 de enero de 1819 bloquearon el puerto mexicano de San Blas y el 4 de abril atacaron El Realejo, un puerto clave del comercio español ubicado en la actual Guatemala. Finalmente, el 9 de julio de 1819, en el tercer aniversario de la independencia, Bouchard fondeó en el puerto de Valparaíso.
Lejos de ser recibido como un héroe, por orden del almirante Cochrane fue acusado de piratería y encarcelado. El 9 de diciembre de 1819 fue declarado inocente. Cuando recuperó sus barcos, éstos habían sido despojados de sus cañones, de sus velas y sus bodegas estaban vacías.
Quiso regresar a Buenos Aires, pero José de San Martín le pidió que se quedase unos meses en el Perú. En 1828 abandonó la marina y el congreso peruano lo premió con las haciendas de San Javier y San José. Fue asesinado a cuchilladas el 4 de enero de 1837 por sus esclavos, cansados de los malos tratos de ese marino taimado que pasaría a la historia por hacer que California fuera argentina por una semana.
un artículo de Mariano Restivo