Aunque la mayor parte de la producción musical está dirigida al entretenimiento y al disfrute, a lo largo de la historia han aparecido autores con otras inquietudes. De las preocupaciones sociales de los músicos nace la canción protesta, que aparece como un género propio caracterizado por letras comprometidas y por no limitarse a ningún estilo. La canción protesta suele ligarse al folk de cantautores acompañados por guitarras, harmónicas e ideas, pero en realidad también hay canciones de este tipo dentro del rock, del rap o incluso del pop más comercial.
Las primeras canciones protesta aparecieron en la década de 1910, relacionadas con huelgas de trabajadores, como el caso de ‘The Preacher and the Slave’ (Joe Hill, 1911) o ‘Bread and Roses’ (James Oppenheim, 1912), y con la Primera Guerra Mundial, como ‘I Didn’t Raise My Boy to Be a Soldier’ (Al Piantadosi, 1915) o la triste ‘Hello Central! Give Me No Man’s Land’ (Jean Schwartz, 1918), en la que un niño trata de llamar por teléfono a su padre destinado en el Frente Occidental sin saber que ha muerto. Más adelante, durante la Gran Depresión, las huelgas mineras fueron defendidas por Florence Reece, que preguntaba a los oyentes ‘Which Side Are You On?’ (1931), el racismo fue criticado por Billie Holiday en ‘Strange Fruit’ (1939) y las penurias de los habitantes del interior de Estados Unidos fueron descritas por Woody Guthrie en el disco Dust Bowl Ballads (1940).
En 1959 el Movimiento por los Derechos Civiles adoptó el canto cristiano ‘We Shall Overcome’ como himno no oficial de la organización. En las voces de Joan Baez y Pete Seeger, el tema se convirtió en una de las canciones protesta con más impacto, lanzando un grito por la unidad de las gentes y la búsqueda de la paz. La lucha de la población afroamericana en Estados Unidos dio origen a una gran cantidad de sencillos musicales que no pretendían hacer bailar, sino denunciar situaciones de injusticia. Buen ejemplo de ello es ‘Mississippi Goddam’, escrito en 1963 por Nina Simone tras el asesinato de Medgar Evers, un activista por los derechos civiles. Otras importantes canciones de esta lucha son ‘A Change Is Gonna Come’ de Sam Cooke (1964), la explícita ‘Say It Loud (I’m Black And I’m Proud)’ de James Brown (1968) o ‘What’s Going On?’ de Marvin Gaye (1971), escogida por la revista Rolling Stone como la cuarta mejor canción de la historia.
Otro de los grandes temas tratados en las canciones protesta es la guerra. El antibelicismo está muy presente en la historia del siglo XX, y se difunde a través de duras canciones como ‘The Unknown Soldier’ de The Doors (1968), que transmite el horror de la guerra, ‘Sky Pilot’, en la que Eric Burdon & The Animals (1968) hablan de cómo las autoridades convencen a los jóvenes para ir a luchar, o ‘In the Army Now’ de Status Quo (1982), que relata la poca heroicidad que supone participar en una guerra. Por su parte Pete Seeger, el abuelo de la canción protesta, cantaba por el regreso de los soldados de Vietnam a casa en ‘Bring ‘em Home’ (1969). La crítica dentro de la temática bélica también se ha enfocado prestando atención a cuestiones como el trato a los veteranos (‘Born in the U.S.A.’ de Bruce Springsteen, 1984), a la importancia de la clase social en la guerra (‘Fortunate Son’ de Creedence Clearwater Revival, 1969), a los intereses ocultos detrás de los conflictos (‘Masters of War’ de Bob Dylan, 1963) o a la vida en un mundo postnuclear, un escenario explorado en ‘Wooden Ships’ por grupo californiano Crosby, Stills & Nash en 1969.
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Otros autores se preocuparon por centrar la atención en la paz. Probablemente John Lennon sea el compositor de los principales himnos pacifistas, como ‘Give Peace a Chance’ (1969) o ‘Imagine’ (1971), temas que tratan de promover un mundo mejor. Lennon canta en ‘Imagine’ por la «brotherhood of man» («la fraternidad de los hombres») y por «all the people sharing all the World» («todo el mundo compartiendo todo el mundo»). También Cat Stevens con su ‘Peace Train’ (1971) o más recientemente The Black Eyed Peas con ‘Where Is the Love?’ (2003) proponen que la única manera de superar los problemas es a través de la paz y el amor.

El movimiento hippie a finales de los sesenta fue el caldo de cultivo perfecto para la aparición de cientos de canciones protesta. Una generación de jóvenes informados y conscientes de cómo funcionaba el mundo reclamó cambios y se atrevió a romper con las tradiciones. La reafirmación de sus ideales queda bien clara en el hit ‘I Got You Babe’ de Sonny and Cher (1965), que dice «Let them say your hair’s too long / ‘Cause I don’t care, with you I can’t go wrong» («Deja que digan que tu pelo es demasiado largo / A mi no me importa, contigo no me puedo equivocar»). Un mensaje similar cantará David Crosby con Crosby, Stills, Nash & Young en su ‘Almost Cut My Hair’ (1970), donde afirma que «I’m not givin’ in an inch to fear» («No voy a ceder ni un centímetro al miedo»).
Otro de los iconos del movimiento hippie fue Joni Mitchell, que escribió el himno no oficial del Festival de Woodstock con ‘Woodstock’. El tema, escrito en 1970 por una Mitchell que en realidad no pudo acudir al evento, describe cómo dos extraños se juntan en la carretera y acaban llegando juntos al festival: «By the time we got to Woodstock / We were half a million strong / And everywhere was a song / and a celebration» («Cuando llegamos a Woodstock / Ya éramos medio millón / Y en todas partes había una canción / y una celebración»). La canción termina con «And I dreamed I saw the bomber jet planes / Riding shotgun in the sky / Turning into butterflies / Above our nation» («Y soñé que veía bombarderos / llevando escopetas en el cielo / convirtiéndose en mariposas / sobre nuestra nación»).
Si Woodstock había sido el punto álgido del movimiento hippie, el Verano del Amor de 1967 sirvió como punto de partida. Ese año, en diferentes puntos de Estados Unidos, miles de jóvenes quedaron espontáneamente para cantar y consumir drogas, desafiando a las autoridades y a sus propios padres. San Francisco fue el centro de aquella explosión de libertad juvenil, y dio nombre a uno de los temas más representativos del movimiento hippie, ‘San Francisco (Be Sure To Wear Flowers In Your Hair)’, en la que Scott McKenzie (1967) recuerda que «there’s a whole new generation with a new explanation» («Hay toda una nueva generación con una nueva explicación»). El otro tema que acompañó al Verano del Amor fue ‘All You Need Is Love’, con el que The Beatles (1967) se sumaron a la ola hippie.
Los cambios sociales fueron también objeto de canciones como ‘For What It’s Worth’ de Buffalo Springfield (1966), en la que se relata la tensión en una manifestación durante los sesenta, ‘Turn! Turn! Turn!’ de The Byrds (1965), escrita por Pete Seeger a finales de los cincuenta y que habla de las dos caras que todo tiene en la vida y de cómo hay que quedarse con lo bueno, o ‘The Times They Are a-Changin», con la que en un veinteañero Bob Dylan explica a los adultos que el cambio es imparable.
La crítica a las autoridades estatales y a la política interior también es muy común en la canción protesta. Gran ejemplo es ‘God Save The Queen’, del grupo de punk inglés Sex Pistols (1977). Las radios británicas rechazaron reproducir el polémico tema, que llamaba «régimen fascista» al Reino Unido. También U2 con ‘Sunday Bloody Sunday’ (1983) expresa su crítica al Ejército británico, que mató a 14 personas durante una protesta por los derechos civiles de Irlanda del Norte, en el trágico Domingo Sangriento de 1972. Otras canciones que lanzan un grito contra las prácticas violentas de los Estados son ‘Killing in the Name’, de Rage Against the Machine (1992), ‘Free Nelson Mandela’, de la banda de ska The Specials (1984), o ‘Fuck tha Police’, del grupo de hip hop N.W.A. (1988), en la que se denuncian los prejuicios que existen dentro de la policía contra la población afroamericana.
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El propio funcionamiento de la sociedad ha sido objeto de análisis y crítica en muchas canciones. La profunda ‘Another Brick In The Wall (Part 2)’ de Pink Floyd (1979) considera a los individuos simples ladrillos que forman parte de un muro, y de manera mucho menos metafórica Green Day describe a los estadounidenses en ‘American Idiot’ (2004). El canadiense Neil Young denuncia la desigualdad en ‘Rockin’ in the Free World’ (1989) y Phil Collins critica la indiferencia hacia la pobreza con ‘Another Day In Paradise’ (1989). La sociedad de consumo es otro de los temas abordados, con canciones que alertan sobre los excesos del consumismo. Ejemplos de ello son la divertida ‘Mercedes Benz’, en la que Janis Joplin (1971) le pide a Dios una televisión en color y un coche nuevo, ‘Ka-Ching!’ de Shania Twain (2003), cuyo título hace referencia al sonido de las máquinas tragaperras, o ‘American Life’ de Madonna (2003), con la que la Reina del Pop se hace una enmienda a sí misma y rechaza lo que planteó en ‘Material Girl’ (1984). Las canciones protesta también han servido como altavoz para causas como el feminismo (‘Respect’, de Aretha Franklin, 1965), los derechos de los aborígenes (‘Beds Are Burning’, de Midnight Oil, 1987), la normalización de la homosexualidad (‘Glad To Be Gay’, Tom Robinson, 1978), contra el apartheid (‘Biko’, de Peter Gabriel, 1980) o para concienciar sobre los peligros del cambio climático (‘Idioteque’, de Radiohead, 2000).
En el ámbito latino, a finales de los sesenta y durante los setenta surgió una generación de cantautores que se preocupó por la lucha contra las dictaduras (‘L’estaca’, de Lluís Llach, 1968), por la lucha obrera (‘Te recuerdo Amanda’, de Víctor Jara, 1969), por la libertad (‘Canto a la libertad’, de José Antonio Labordeta, 1975), el exilio (‘Solo le pido a Dios’, de León Gieco, 1978), por la paz (‘Sobreviviendo’, de Víctor Heredia, 1984), por la violencia estatal (‘Desapariciones’, de Rubén Blades), por la democracia (‘Cerca de la revolución’, de Charly García, 1984), por la sociedad (‘Las cosas que pasan’, de Piero, 1972) o por el medio ambiente (‘Pare’, de Joan Manuel Serrat, 1973). Una gran cantidad de problemáticas sobre las que era necesario alzar la voz. De este movimiento conocido como Nueva Canción ha quedado como himno internacional el tema ‘El pueblo unido jamás será vencido’, publicado por el grupo chileno Quilapayún en 1973.
Algo muy parecido cantaba Patti Smith en ‘People Have The Power’ (1988): en realidad es la gente quien tiene el poder para cambiar las cosas. Para hacerlo efectivo es necesario adquirir conciencia, y por ello son tan necesarias las canciones protesta.
artículo extraído del libro ‘Música y cine, año a año’ (2023)


