Durante casi dos décadas, el tenis masculino estuvo gobernado por un triángulo irrepetible: Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic. El Big Three acumuló 66 Grand Slams y dejó tras de sí una sombra tan alargada que ninguna hornada posterior parecía capaz de tomar el relevo. Y, sin embargo, entre su reinado y la irrupción de Carlos Alcaraz y Jannik Sinner, hubo una camada de jugadores talentosos, nacidos en los años 90, que apuntaban a dominar el circuito. Hoy, vistos en perspectiva, son recordados con un término cruel pero certero: «lost generation», la generación perdida del tenis. En la red los seguidores del tenis son duros con ellos, pues no se entiende cómo ninguno pudo
Nombres no faltaban: Milos Raonic, Grigor Dimitrov, Dominic Thiem, Nick Kyrgios, Daniil Medvedev, Alexander Zverev, Andrey Rublev, Stefanos Tsitsipas y Casper Ruud. Todos ellos alcanzaron el top 10 mundial, varios escalaron hasta el podio del ranking ATP e incluso Medvedev llegó al número 1. A ojos de los aficionados, estaban destinados a tomar el testigo del Big Three. Pero la realidad fue otra: entre 2015 y 2025, toda esta generación solo logró dos títulos de Grand Slam: el US Open 2020 de Thiem y el US Open 2021 de Medvedev. El resto de finales —un total de 20— se quedaron en derrotas frente a Djokovic, Nadal, o ya más tarde frente a Alcaraz.
Lo más llamativo es que no fueron jugadores menores. Todos ellos rozaron la gloria en algún momento, y varios estuvieron realmente cerca de cambiar el rumbo de sus carreras.
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Dominic Thiem disputó cuatro finales de Grand Slam. Perdió dos Roland Garros consecutivos ante Nadal (2018 y 2019), ambos en cuatro sets y con la sensación de que la tierra batida parisina seguía bajo dominio absoluto del español. En el Australian Open 2020, estuvo dos sets a uno arriba contra Djokovic antes de caer en cinco mangas. Su redención llegó en el US Open 2020, donde tras ir dos sets abajo frente a Zverev, logró remontar y conquistar el único gran título de su carrera.
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Daniil Medvedev, el más consistente de la Lost Gen, ha jugado seis finales de Grand Slam. En el US Open 2019, cayó ante Nadal en cinco sets, tras forzar una épica remontada desde 0–2. En el Australian Open 2021, fue barrido por Djokovic en tres parciales, y en el US Open 2021 se tomó la revancha conquistando su único Slam, impidiendo el Grand Slam de calendario de Djokovic. Luego perdió otras tres finales: AO 2022 (tras ir dos sets arriba ante Nadal), USO 2023 (ante Djokovic) y AO 2024 (otra vez ante Djokovic). Una carrera marcada por estar siempre en la élite… pero casi siempre con Djokovic o Nadal enfrente.
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Alexander Zverev acarició la gloria en el US Open 2020, cuando sirvió para partido ante Thiem en el quinto set y estuvo a dos puntos del título, en una de las finales más dramáticas de la década. Volvió a presentarse en la final de Roland Garros 2024, donde cayó en cuatro sets ante Alcaraz, y en el Australian Open 2025, derrotado también por el murciano en tres mangas. Su historia es la del talento que nunca termina de cruzar la línea.
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Stefanos Tsitsipas se quedó a las puertas en Roland Garros 2021, donde llegó a ir dos sets a cero arriba contra Djokovic antes de ver cómo el serbio remontaba en una final memorable. Dos años después, en el Australian Open 2023, volvió a enfrentarse al mismo rival, esta vez con derrota en tres sets más clara. Tsitsipas representa como pocos la sensación de oportunidades que parecían al alcance y se esfumaron ante la implacable veteranía del Big Three.
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Casper Ruud acumuló tres finales en apenas dos temporadas. En Roland Garros 2022 fue superado con claridad por Nadal, que firmaba su 14º título en París. En el US Open 2022, tuvo una bola de set en el tercer parcial ante Alcaraz que pudo cambiar el partido, pero terminó cayendo en cuatro sets. Y en Roland Garros 2023, volvió a tropezar con Djokovic, derrotado también en tres mangas.
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Nick Kyrgios hizo soñar a Wimbledon en 2022: alcanzó su primera y única final de Grand Slam, pero perdió en cuatro sets contra Djokovic. Fue la oportunidad de consagrar un talento desbordante, que nunca llegó a traducirse en constancia ni en títulos grandes.
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Milos Raonic llegó a la final de Wimbledon 2016, pero se topó con un Federer renacido que lo despachó en tres sets. Aquel fue el techo de su carrera, junto con el nº3 en el ranking ATP.
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Grigor Dimitrov, aunque nunca alcanzó una final de Grand Slam, sí rozó el momento en el Australian Open 2017, donde cayó en semifinales contra Nadal en cinco sets tras más de cuatro horas de batalla. Ese mismo año se llevó el Masters de Londres, lo que parecía un aviso de que su momento estaba por llegar… pero nunca llegó.
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Andrey Rublev es quizá la gran contradicción de la generación: sólido top 10 durante años, con múltiples cuartos de final en Grand Slam, pero incapaz de dar el salto a semifinales hasta la fecha.
En el circuito también se ha popularizado otro término para referirse a estos jugadores: la “sandwich generation”. Una generación que quedó literalmente atrapada entre dos fuerzas históricas. Por un lado, el Big Three, que prolongó su hegemonía mucho más allá de lo esperado, arrebatándoles finales clave una y otra vez: Nadal derrotó a Thiem en dos finales de Roland Garros, Djokovic remontó a Tsitsipas en París y frenó a Medvedev y Kyrgios en Melbourne y Wimbledon, y Federer sepultó el sueño de Raonic en la hierba londinense. Por otro lado, cuando el Big Three empezó a dejar huecos, ya estaba en marcha el asalto de los nacidos en los 2000. Y así, la Lost Gen se encontró con que las nuevas figuras también les cerraban el paso: Alcaraz batió a Ruud en la final del US Open 2022 y a Zverev en Roland Garros 2024 y en el Australian Open 2025.
El golpe de realidad se percibe al comparar su balance con los nacidos en los 2000. Mientras que toda la generación de los 90s apenas ha conseguido dos títulos de Grand Slam en más de una década de intentos, los dos referentes de la nueva hornada, Carlos Alcaraz (2003) y Jannik Sinner (2001), ya suman diez grandes en apenas cuatro temporadas en la élite. Ambos han conquistado 3/4 Grand Slams con una precocidad asombrosa, confirmando que no son una excepción pasajera, sino el nuevo eje del tenis mundial.
La diferencia es tan brutal que se resume en una cifra demoledora: dos jugadores de 20 y 22 años multiplican por cinco los éxitos logrados colectivamente por nueve miembros de la Lost Gen. Lo que a Thiem, Medvedev, Zverev, Tsitsipas, Ruud o Kyrgios les costó una década de finales frustradas y oportunidades desperdiciadas, Alcaraz y Sinner lo han conseguido en tiempo récord, derribando al Big Three en sus últimos coletazos y dejando ya sin margen a quienes debían haber sido sus sucesores naturales.


