El caso de La Merced, en Ciudad de México, ilustra de manera clara cómo un proyecto de “rescate” y revitalización urbana puede esconder un alto riesgo de exclusión. Tras el incendio de 2013, el Plan Maestro de Rescate Integral impulsado por el gobierno local y colegios profesionales fue presentado como una estrategia para modernizar y revalorizar la zona, pero rápidamente surgieron voces críticas —como las de Víctor Delgadillo (2016) y el colectivo Left Hand Rotation en su documental Permanecer en La Merced— que denunciaron su potencial gentrificador. La aplicación del Índice PRG (Potencial Riesgo de Gentrificación) confirma esas alertas: con un resultado de 82,1 sobre 100, el proyecto se sitúa en la categoría de riesgo crítico. Este valor se ajusta a la percepción de que la intervención, bajo el discurso de la revitalización y la patrimonialización, amenaza con desplazar a los comerciantes populares y transformar el barrio en un espacio elitizado y turístico.
En la Dimensión Económica / Financiarización, La Merced obtiene una puntuación de 2,25 sobre 3, lo que refleja un riesgo muy alto de gentrificación asociado a la lógica de valorización inmobiliaria. Tras el incendio de 2013, el gobierno capitalino convocó, junto con el Colegio de Arquitectos, un concurso para diseñar el Plan Maestro de Rescate Integral, concebido explícitamente para la “revalorización del espacio público” (Delgadillo, 2016). Aunque no se documentaron incentivos fiscales directos ni venta de suelo público, las fuentes señalan la presencia de fuertes intereses financieros y empresariales interesados en el barrio, descritos por Delgadillo como actores clave en la reconfiguración de este espacio estratégico.
El colectivo Left Hand Rotation, en su documental Permanecer en La Merced, advierte que el proyecto fue pensado “para las élites, para despojar de sus espacios a la ciudad popular”, confirmando que la intervención apunta a capturar la plusvalía urbana bajo la lógica descrita por Neil Smith en su teoría del rent gap. Además, aunque se habla de “ampliar las opciones de vivienda”, no se contempla un porcentaje de vivienda asequible, lo que sugiere que la oferta habitacional se orientaría a sectores medios-altos, en consonancia con patrones de desplazamiento indirecto observados en otras regeneraciones urbanas.

La Dimensión Simbólica / Cultural de La Merced alcanza la puntuación máxima del Índice PRG (3 sobre 3), evidenciando cómo el discurso de la autenticidad y la patrimonialización se convirtió en un eje central de la intervención. El Plan Maestro de Rescate Integral se apoyó en la idea de “revitalizar” y “rescatar” un barrio popular históricamente ligado al comercio informal y a la gastronomía tradicional, presentando proyectos como un Centro Gastronómico Nacional que capitalizara la identidad culinaria de la zona (Delgadillo, 2016). El discurso oficial, en palabras de Delgadillo, se construyó desde la noción de “obsolescencia” de los mercados para legitimar su modernización, mercantilizando el patrimonio tangible e intangible.
Al mismo tiempo, el plan buscaba integrar a La Merced en los circuitos turísticos de la capital, transformando su autenticidad popular en atractivo de consumo, un fenómeno que recuerda las advertencias de Sharon Zukin sobre la conversión de la “autenticidad” en recurso de mercado. La propuesta incluyó además la creación de plazas peatonales, mobiliario urbano con motivos históricos y una estrategia de arborización intensiva, elementos de estetización que apuntan a reforzar la nueva imagen de barrio patrimonial y atractivo para visitantes e inversionistas.
La Dimensión Social / Comunitaria de La Merced obtiene una puntuación de 2,75 sobre 3, reflejando un riesgo muy alto de exclusión y debilitamiento del tejido vecinal. El Plan Maestro de Rescate Integral no contempló cuotas de vivienda asequible, lo que implica que la nueva oferta residencial difícilmente será accesible para los comerciantes y familias que históricamente habitan la zona (Delgadillo, 2016). En cuanto a la participación comunitaria, el proyecto fue diseñado en un concurso convocado por el gobierno y colegios profesionales, sin espacios reales de consulta o deliberación con los vecinos, en una lógica eminentemente top‑down.
Pese a ello, surgieron resistencias visibles: el colectivo Left Hand Rotation, en su documental Permanecer en La Merced, y comerciantes organizados han denunciado que el plan supone un “despojo de la ciudad popular” y han protagonizado acciones para frenar desplazamientos. Estas luchas confirman lo que autores como Manuel Castells han señalado respecto a la tensión entre proyectos urbanos impulsados desde arriba y la defensa comunitaria de la vida cotidiana. Además, las fuentes advierten que la reconfiguración del barrio amenaza con fracturar las redes sociales locales, basadas en el comercio de proximidad y la economía popular, sustituyéndolas por dinámicas de consumo turístico y cultural orientadas a públicos externos.
INTERESANTE: Plan Maestro Mercado de La Merced: del rescate urbano a la transformación socioeconómica de un barrio (Giovanna-Elizabeth Zavala, 2019)
La Dimensión Ecológica / Verde de La Merced obtiene una puntuación de 1,75 sobre 3, situándose en un rango medio de riesgo gentrificador. El Plan Maestro de Rescate Integral incluyó medidas de embellecimiento como la creación de una gran plaza pública, arborización intensiva y la introducción de huertos urbanos comunitarios (Delgadillo, 2016). Estas intervenciones, presentadas como parte de un “modelo sustentable y resiliente”, buscan mejorar la calidad ambiental del barrio, aunque sin respaldo de certificaciones internacionales como LEED.
La propuesta también contempló la creación de andadores peatonales y un Centro de Transferencia Multimodal (CETRAM) para favorecer la movilidad sostenible, pero sin cambios profundos en infraestructura ciclista. Si bien estas mejoras ambientales podrían suponer un beneficio para los residentes, en la práctica funcionan como herramientas de revalorización simbólica, asociadas a lo que Gould y Lewis (2016) denominan green gentrification. La introducción de árboles y mobiliario ornamental, concebidos como “pieza elemental de la revalorización” del espacio, muestra cómo incluso mejoras ambientales modestas pueden convertirse en catalizadores de exclusión, incrementando el atractivo del barrio para inversionistas y turistas en detrimento de sus habitantes originales.
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La aplicación del Índice PRG (Potencial Riesgo de Gentrificación) al caso de La Merced arroja un resultado de 82,1 sobre 100, situándolo en la categoría de riesgo crítico de gentrificación. Las dimensiones económica, simbólica y social presentan puntajes muy altos, confirmando que el Plan Maestro de Rescate Integral responde a una lógica de revalorización orientada a capitales privados, a la mercantilización de la autenticidad y a la transformación de un barrio popular en enclave turístico y cultural elitizado. Aunque la dimensión ecológica se ubica en un nivel medio, también contribuye simbólicamente a la revalorización del área mediante la estetización verde y la creación de microclimas atractivos.
Este resultado coincide con las advertencias de autores como Víctor Delgadillo (2016) y colectivos como Left Hand Rotation, que denunciaron desde el inicio que el proyecto podía significar un despojo de la ciudad popular. Así, el PRG demuestra su utilidad como herramienta crítica para anticipar y evaluar riesgos de exclusión en procesos de regeneración urbana “amables”, revelando cómo bajo discursos de sostenibilidad, patrimonio y revitalización se esconden dinámicas de desplazamiento y desigualdad.

