Durante los años veinte y treinta estuvo de moda entre la población afroamericana utilizar el término «rock and roll» para referirse a las relaciones sexuales. La frase procedía de los ambientes marineros, donde las palabras «rock» (sacudir) y «roll» (rodar) se referían al movimiento de los barcos. Los negros de las ciudades estadounidenses incorporaron a su jerga estos términos navales para cambiarles el significado. En 1922, la cantante de blues Trixie Smith grabó la canción ‘My Man Rocks Me with One Steady Roll’, uno de los primeros temas en incorporar las famosas palabras. La expresión «rock and roll» ya había nacido, pero faltaba mucho para que lo hiciera el género musical homónimo.
La propia comunidad afroamericana en la que se creó la curiosa jerga subida de tono fue el espacio sociológico y cultural que originó este nuevo estilo. Los músicos negros del blues urbano, que habían electrificado sus harmónicas y guitarras, sirvieron como base teórica para la estructura musical del rock: el famoso compás de 4/4 (acentuado en los tiempos 2 y 4 por la percusión) y la escala de blues (una escala pentatónica menor a la que se añade una quinta disminuida, la conocida como blue note). Los bluesmen de ciudades como Chicago, Memphis o Nueva Orleans son padres del rock, como también lo son los countrymen del Suroeste estadounidense, que a principios de los cincuenta propusieron con atrevimiento superar el folclorismo del country del Sureste y se acompañaron de bajos pesados y sonidos urbanos. Mientras que el southeastern country ligó su destino al bluegrass, el country del Southwest (California, Arizona, Nuevo México, Colorado) se sumó a la larga lista de influencias que dieron origen al rock. Otras fueron el gospel, el jazz y, especialmente, el rhythm & blues.
ARTÍCULO RELACIONADO: La Gran Migración del Blues (Juan Pérez Ventura, 2024)
Hasta mediados de los años cincuenta, el rock no se definió como género diferenciado de los demás. Si bien hay quienes señalan 1953 y ‘Mystery Train’, de Junior Parker, como el momento en el que nació un nuevo estilo, la mayoría de analistas sitúan esta fecha en 1954. Y pese a que los negros eran autores intelectuales del rock -y pioneros en tocarlo-, las primeras grabaciones fueron de cantantes blancos. Las discográficas tenían bien claro en qué segmentos socioeconómicos de la población se encontraban los potenciales consumidores de música.
Bill Haley es el escogido para llevar el rock a lo más alto de las listas musicales. En 1954 el no-tan-joven Haley, de 29 años, graba ‘Rock Around the Clock’ y ‘Shake, Rattle and Roll’, los dos primeros éxitos del género. Atenta a la locura que el nuevo sonido genera entre los más jóvenes, la industria decide doblar la apuesta: bajar de los 29 años de Haley a los 19 de un desconocido muchacho de Misisipi. Su nombre es Elvis Presley, y en este 1954 entra en el estudio de Sun Records en Nashville para grabar sus primeros sencillos.

Los historiadores y musicólogos coinciden en señalar que no ha habido en el siglo XX ningún otro estilo musical que haya despertado tanto entusiasmo como el rock (más concretamente el rock and roll, primer género reconocible dentro de la gran familia del rock). Una vez iniciada la fiebre roquera, ya dio igual el color de la piel. Tanto blancos (Elvis Presley, Buddy Holly, Eddie Cochran…), como negros (Chuck Berry, Little Richard, Big Joe Turner…) disfrutaron de un enorme éxito. La lista de temas de rock and roll surgidos entre 1954 y 1959 es extensa, si bien hay uno que destaca por encima de todos como definitorio del género: ‘Johnny B. Goode’, compuesto y grabado por Chuck Berry en 1958.
Las claves del éxito del rock and roll fueron demográficas (un tercio de los estadounidenses tenían menos de 15 años), sociológicas (el estado de ánimo de la población era bueno, con un país que lideraba el mundo libre y en plena efervescencia consumista) y musicales (ritmos bailables, letras sencillas y melodías pegadizas y repetitivas). Además, la novedad que suponía la tecnología para amplificar el sonido de los instrumentos atrajo la atención de los oídos adolescentes, impresionados por la potencia sonora de las guitarras eléctricas, la auténtica seña de identidad del rock.
Esta ola de exaltación juvenil rompió bruscamente contra la costa del final de la década. Tres episodios marcaron el final de la era del rock and roll: la muerte de Buddy Holly en un accidente aéreo (1959), el reclutamiento de Elvis Presley en el Ejército (1958) y el arresto de Chuck Berry (1959). Los sesenta comenzaron confirmando el cambio de tono y, lejos de poder retomar la alegría de la década anterior, en abril de 1960 los fans tuvieron que volver a derramar lágrimas por una nueva desgracia: Eddie Cochran fallecía a los 21 años en un accidente de tráfico. El destino parecía estar mandando señales al rock and roll. ¿Un macabro «renovarse o morir» quizás?
Tras esta acumulación de malas noticias, y una vez conseguido el objetivo de crear ritmos bailables, el rock como género amplio superó su primera etapa, más simple musicalmente, y evolucionó junto a las inquietudes de la nueva juventud de los años sesenta. Una nueva conciencia política y social hizo que apareciera el folk rock, basado en la música tradicional y liderado por comprometidos cantautores como Bob Dylan y grupos eléctricos como The Byrds, la experimentación y el consumo de drogas en la segunda mitad de la década dieron origen al rock psicodélico y al rock progresivo, el redescubrimiento del blues original derivó gracias a Led Zeppelin, Cream y Eric Clapton en el hard rock… y así la gran familia del rock fue creciendo. Los primeros estilos (el rock and roll, el rockabilly…) se vieron superados y perdieron el interés del público. El siglo XX avanzaba con rapidez y el rock se adaptaba a los cambios sociales y tecnológicos.
Superado pero no olvidado, el rockabilly tuvo una gran influencia en las bandas inglesas que protagonizaron la British Invasion, un movimiento musical de enorme trascendencia cultural. Inspirados por las letras sencillas y los ritmos animados de los primeros géneros dentro del rock, grupos como The Kinks, The Beatles, The Who, The Animals, The Zombies o The Rolling Stones inundaron las radios anglosajonas en ambas costas del Atlántico con temas bailables y dirigidos a un público adolescente. Tras vivir un par de años de enorme popularidad dentro de este estilo musicalmente simple, cada una de las bandas de la British Invasion se renovó explorando -e incluso creando- géneros más elaborados.
La British Invasion barrió de lleno la ola de la surf music en Estados Unidos, que disfrutó de un breve periodo de éxito y estuvo protagonizada por grupos nacionales como The Beach Boys y basada en un rock popero y desenfadado. Décadas después, los sonidos de la invasión británica influyeron en muchos grupos ingleses de los noventa (Oasis, Blur, The Verve…).
Muy diferente es el sonido que nace en 1968 con la formación de Led Zeppelin, Black Sabbath y Deep Purple. Tomando influencias del rock psicodélico y del blues rock, evolucionan el hard rock hacia el heavy metal, con innovadores riffs de guitarra y un sonido mucho más estruendoso. De Deep Purple se llegaría a decir que era «la banda más ruidosa del mundo». La familia del heavy metal tuvo mucha descendencia y vivió su época dorada durante la década de los ochenta, con bandas de enorme popularidad como Iron Maiden o Def Leppard (metal clásico), Bon Jovi, Kiss o Mötley Crüe (glam metal) y Metallica, Slayer, Megadeth o Anthrax (trash metal). En los noventa aparecieron el groove metal y el nu metal.
El estilo glam que influyó a parte del heavy metal en los ochenta procedía del glam rock que David Bowie y Marc Bolan habían liderado entre 1971 y 1975. Era un rock teatral y extravagante, con cantantes convertidos en verdaderos artistas: actuaban sobre el escenario, maquillados y vestidos con disfraces estrafalarios.
Frente a las letras sesudas y la música compleja que planteaban géneros como el rock progresivo o el glam rock, a mediados de los setenta apareció el punk para destrozarlo todo. Con canciones de corta duración, guitarras ruidosas y cantantes más preocupados por pasarlo bien que por cantar correctamente, el punk atrajo a una generación frustrada. Su actitud enfadada y antisistema influiría a principios de los noventa en el grunge.
Durante los ochenta, la corriente de la new wave siguió apostando por la sencillez musical, pero con una orientación más pop y añadiendo muchos elementos electrónicos. Entre los musicólogos se discute si la new wave fue en sí misma una corriente musical, ya que el término fue acuñado por las propias discográficas y radios para referirse a todos aquellos nuevos sonidos ochenteros que trajeron Blondie, Talking Heads, Television, Elvis Costello y muchos otros. Un radical cambio de tono llegó con el fin de la década, y el rock alternativo inundó a una juventud que veía cómo se acababa un milenio. Bandas estadounidenses como R.E.M. o los Red Hot Chili Peppers se hicieron de oro sacando la palabra «alternativo» de los ambientes underground. De allí nacieron las bandas de grunge (Nirvana, Pearl Jam, Alice in Chains….) que fueron impugnadas a mediados de los noventa por el britpop. Y después llegó el post-britpop. Y así, el rock no dejó de evolucionar y crecer, manteniendo siempre algo intacto: la guitarra eléctrica.
artículo extraído del libro ‘Música y cine, año a año’ (2023)



