un artículo de Fernando Arbe Falcón
La papa es el cuarto cultivo más importante del mundo, después del arroz, el trigo y el maíz, y el primero entre los cultivos no cerealistas. Hoy alimenta a cientos de millones de personas gracias a su extraordinario valor nutricional, su capacidad de adaptación y la facilidad con la que puede cultivarse en ambientes muy distintos. [1]
Pero detrás de este alimento cotidiano existe una historia mucho más antigua. No comienza en las mesas del mundo ni en los campos europeos, sino en uno de los paisajes más complejos del planeta: la cordillera de los Andes.
La naturaleza preparó el escenario
Hace aproximadamente nueve millones de años, mientras los Andes continuaban elevándose, ocurrió un encuentro evolutivo inesperado. Según un estudio genómico publicado en 2025, dos linajes de plantas emparentadas —uno relacionado con los tomates actuales y otro con el grupo silvestre conocido como Etuberosum— se hibridaron y dieron origen al linaje denominado Petota (figura 1A). Este comprende a las papas silvestre y a las actuales papas cultivadas. [2]
Aquella combinación genética hizo posible una innovación extraordinaria: el desarrollo de tubérculos subterráneos capaces de almacenar agua y nutrientes. Gracias a ellos, estas plantas pudieron sobrevivir a estaciones desfavorables y colonizar nuevos ambientes a medida que la cordillera cambiaba de relieve y clima. [3]
Durante millones de años, ese linaje se expandió por gran parte del continente americano (figura 1B). Se diversificó en más de un centenar de especies silvestres que ocuparon los Andes centrales, el norte de Sudamérica, el noroeste argentino y Chile. Siguiendo las cadenas montañosas de América Central y México, algunas especies alcanzaron incluso el actual suroeste de los Estados Unidos. [4]
Sin embargo, solo en los Andes centrales esa extraordinaria diversidad genética encontró un nuevo protagonista: el ser humano.
La papa: una respuesta al desafío de los Andes
Hace unos ocho mil años, en las frías alturas cercanas al lago Titicaca, los agricultores andinos afrontaban un desafío permanente. Debían producir alimentos en un territorio marcado por heladas frecuentes, fuertes pendientes y un breve período favorable para el cultivo. [5]
En ese paisaje extremo, la papa silvestre ofrecía una oportunidad única. Aunque la naturaleza ya había desarrollado la capacidad de formar tubérculos, aquellos eran pequeños, amargos y poco adecuados para el consumo humano.
Durante generaciones, las comunidades andinas seleccionaron las plantas que producían tubérculos más grandes, menos amargos y más nutritivos. Sin conocer la genética, realizaron uno de los procesos de mejoramiento agrícola más prolongados de la historia. [6]
Las investigaciones sitúan este proceso al norte del lago Titicaca, en el sur del actual Perú, entre los 3.500 y 4.000 metros de altitud (figura 2B). No fue una elección casual. Allí coexistía una extraordinaria diversidad de papas silvestres, lo que proporcionó el material genético necesario para la domesticación. [6] La papa nació, en definitiva, como una respuesta al desafío impuesto por la geografía andina.

La expansión de la papa por los Andes
La expansión de la papa por los Andes (figura 2A) no consistió simplemente en trasladar un cultivo de una región a otra. En cada territorio, las comunidades andinas seleccionaron las plantas que mejor respondían a las condiciones locales, adaptando progresivamente el cultivo a nuevos ambientes.
Los agricultores seleccionaban las plantas más productivas y resistentes. De forma ocasional, además, incorporaban nuevas combinaciones genéticas surgidas de cruzamientos espontáneos con papas silvestres locales.
Como resultado aparecieron más de cuatro mil variedades agrícolas distribuidas a lo largo de la cordillera. Entre ellas destacan la papa Criolla en Colombia, la Chaucha Amarilla en Ecuador, la Huayro en Perú, la Sani Imilla en Bolivia y la Collareja en Argentina. En los Andes centrales predominan las variedades pertenecientes al Grupo Andigenum.
La geografía desempeñó un papel decisivo. La cordillera de los Andes es una de las regiones con mayor diversidad ecológica del planeta. En apenas unos kilómetros cambian la altitud, la temperatura, las lluvias, los suelos y las posibilidades de cultivo.
Cada valle, cada altiplano y cada ladera actuó como un pequeño laboratorio natural. Allí, durante siglos, los agricultores seleccionaron plantas adaptadas a condiciones ligeramente distintas. La diversidad actual de la papa es el resultado de miles de experimentos agrícolas realizados simultáneamente por innumerables comunidades andinas.
Aunque la expansión principal siguió el eje longitudinal de la cordillera, también hubo una difusión transversal hacia algunos valles costeros irrigados, donde surgieron variedades capaces de prosperar en ambientes más cálidos.

El viaje hacia el sur: la conquista de los días largos
Las primeras papas domesticadas estaban adaptadas a las condiciones tropicales de los Andes, donde la duración del día apenas varía a lo largo del año. Su crecimiento dependía de jornadas cercanas a doce horas de luz y doce de oscuridad.
Al avanzar hacia el sur, especialmente hasta el archipiélago de Chiloé (figura 2C), la planta encontró un obstáculo inesperado. Los largos días del verano austral favorecían el crecimiento de las hojas, pero retrasaban la formación de los tubérculos, que permanecían diminutos.
Durante generaciones, los agricultores indígenas seleccionaron las plantas que mejor respondían a esas nuevas condiciones. Poco a poco fueron acumulándose cambios genéticos que permitieron producir tubérculos bajo días mucho más largos. [7]
Así surgió el linaje chileno o Grupo Chilotanum. Siglos más tarde, este linaje aportaría una parte importante del germoplasma utilizado en el mejoramiento de las variedades cultivadas en Europa, contribuyendo posteriormente a la expansión mundial de la papa. [8]
El chuño: cuando la geografía se convirtió en una despensa
La domesticación de la papa no resolvió todos los problemas. Los tubérculos frescos eran altamente perecederos y podían perderse tras una mala cosecha o durante largos periodos de almacenamiento.
La respuesta fue otra innovación extraordinaria: el chuño (figura 3A).
Su elaboración aprovechaba las condiciones únicas del Altiplano. Durante la noche, las intensas heladas congelaban naturalmente las papas. Al día siguiente, el fuerte sol y el aire extremadamente seco eliminaban la humedad, mientras el pisado facilitaba la expulsión del agua restante (figura 3B).
Tras repetir este proceso durante varios días, se obtenía un alimento ligero, resistente y capaz de conservarse durante años. Se trataba de un procedimiento tradicional de deshidratación por congelación que, en algunos aspectos, recuerda a la liofilización moderna, aunque desarrollado mediante el aprovechamiento de las condiciones naturales del Altiplano. [9]
El chuño constituyó una reserva estratégica de alimentos. Permitía enfrentar sequías, malas cosechas y largos desplazamientos, además de abastecer ejércitos y centros administrativos cuando surgieron los primeros Estados andinos.
Una vez más, la geografía se convirtió en una aliada. El frío nocturno, el intenso sol diurno y el aire seco del Altiplano hicieron posible transformar un alimento perecedero en una reserva capaz de alimentar poblaciones durante largos periodos.

De los Andes al mundo
La papa fue uno de los pilares que permitió sostener grandes poblaciones en el Imperio Inca. Aunque las estimaciones difieren según los autores, diversos estudios coinciden en que, en el momento de la conquista española, el imperio albergaba alrededor de diez millones de habitantes, una cifra extraordinaria para un territorio de geografía tan accidentada. [10]
Pero su legado no terminó allí. La combinación entre evolución, conocimiento agrícola e innovación tecnológica convirtió a la papa en mucho más que un alimento. Fue una solución creada para vencer uno de los ambientes más difíciles del planeta.
Miles de años después, esa solución nacida en las alturas andinas cruzaría los océanos y contribuiría a alimentar a cientos de millones de personas. Pocas plantas reflejan con tanta claridad cómo la interacción entre la naturaleza y el ingenio humano puede transformar la historia del mundo.
un artículo de Fernando Arbe Falcón
Bibliografía
[1] ZHANG, Hong; XU, Fen; WU, Yu; HU, Hong-hai and DAI, Xiao-feng. Progress of potato staple food research and industry development in China. Journal of Integrative Agriculture. 2017, Volume 16, Issue 12, p. 2924-2932. ISSN 2095-3119. DOI: https://doi.org/10.1016/S2095-3119(17)61736-2.
[2] ZHANG, Z et al. Ancient hybridization underlies tuberization and radiation of the potato lineage. Cell, 2025, Volume 188, p. 5249-5265.e15. DOI: 10.1016/j.cell.2025.06.034
[3] VENTURA, Dalia. La hazaña evolutiva a la que le debemos las papas (y por qué no existirían si no fuera por los tomates). In: BBC News Mundo. [online]. 16 Aug 2026. [accessed: 21 jun 2026]. Retrieved from: https://www.bbc.com/mundo/articles/cgjy8ydqjnyo
[4] CASTAÑEDA, Nora, et al. (2015) Ex Situ Conservation Priorities for the Wild Relatives of Potato (Solanum L. Section Petota). PLoS ONE [online]. 2015, 10(4). DOI: 10.1371/journal.pone.0129873. [accessed: 21 jun 2026]. Retrieved from: https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0122599
[5] FAO. The potato’s travel through ages and continents. In: FAO Feature story. [online]. 30 May 2024. [accessed: 21 jun 2026]. Retrieved from: <https://www.fao.org/newsroom/story/the-potatos-travel-through-ages-and-continents/en>
[6] RODRIGUEZ, Luis Ernesto. Origen y evolución de la papa cultivada: Una revisión. Agron. colomb. [online]. 2010, vol.28, n.1 [accessed: 21 jun 2026], pp.9-17. Retrieved from: <http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0120-99652010000100002&lng=en&nrm=iso>. ISSN 0120-9965.
[7] GAVRILENKO, Tatjana et al. Comparative Analysis of the Genetic Diversity of Chilean Cultivated Potato Based on a Molecular Study of Authentic Herbarium Specimens and Present-Day Gene Bank Accessions [online]. Plants. 2023, Volume 12, Issue 1, p. 174. DOI: 10.3390/plants12010174. [accessed: 21 jun 2026]. Retrieved from: https://www.mdpi.com/2223-7747/12/1/174?utm_source=chatgpt.com
[8] GUTAKER, R.M., WEIß, C.L., ELLIS, D. et al. The origins and adaptation of European potatoes reconstructed from historical genomes. Nat Ecol Evol. 2019, Volume 3, p.1093–1101. DOI: 10.1038/s41559-019-0921-3.
[9] FONSECA, Cristina; HUARACHI, Eddy; CHURA, William and COTRADO, George. Guía de las buenas prácticas de procesamiento para la producción artesanal de la tunta [online]. Puno: Alianza institucional para el desarrollo competitivo de la tunta, 2007. ISBN: 978-92-9060-339-9. [accessed: 21 jun 2026]. Retrieved from <https://cipotato.org/wp-content/uploads/2014/09/004295.pdf>
[10] CONTRERAS, Carlos. La crisis demográfica del siglo xvi en los andes: una discusión acerca de sus dimensiones y consecuencias. Diálogo Andino [online]. 2020, Nro. 61. ISSN 0719-2681. DOI: 10.4067/S0719-26812020000100007. [accessed: 21 jun 2026]. Retrieved from: https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0719-26812020000100007
[11] Peruvian farmers get help from Belgium to save traditional potato product from climate change. In: potatopro.com [online]. 26 February 2019. [accessed: 21 jun 2026]. Retrieved from: <https://www.potatopro.com/news/2019/peruvian-farmers-get-help-belgium-save-traditional-potato-product-climate-change>