El término «Collar de Perlas» (en inglés, String of Pearls) se refiere a una estrategia geopolítica atribuida a la República Popular China, diseñada para expandir su influencia marítima a lo largo de las rutas comerciales clave que conectan el Mar del Sur de China con el Cuerno de África, atravesando el océano Índico. Este concepto fue introducido por primera vez en 2007 en el informe Energy Futures in Asia, elaborado por la consultora Booz Allen Hamilton para el Departamento de Defensa de los Estados Unidos. El informe identificaba una red de puertos comerciales y bases navales que China estaba desarrollando o apoyando financieramente en países estratégicamente ubicados, interpretándola como un esfuerzo para asegurar las líneas de comunicación marítima y garantizar el flujo de recursos energéticos, especialmente petróleo y gas, desde el Golfo Pérsico hacia China.
El «Collar de Perlas» no es una política oficialmente declarada por Pekín, sino una construcción analítica Occidental que refleja las preocupaciones de potencias rivales, como Estados Unidos e India, sobre las ambiciones navales chinas. China, por su parte, enmarca estas actividades dentro de su iniciativa más amplia de la Nueva Ruta de la Seda, enfatizando su carácter económico y pacífico. Sin embargo, el potencial dual (comercial y militar) de esta red ha generado debates sobre las verdaderas intenciones de China y su impacto en el equilibrio de poder regional.
El Collar de Perlas se compone de una serie de nodos estratégicos que abarcan desde el Mar del Sur de China hasta el Cuerno de África, pasando por puntos clave en el océano Índico. El mapa 1 ilustra esta red con claridad, marcando las principales bases navales y puertos asociados a China:
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Isla de Hainan (China), un punto de partida crítico para las operaciones navales chinas en el Mar del Sur de China.
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Camboya, donde China ha invertido en infraestructura portuaria con posible uso militar.
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Canal Kra (Tailandia), un proyecto propuesto para conectar el Golfo de Tailandia con el Mar de Andamán, reduciendo la dependencia del Estrecho de Malaca.
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Islas Andamán (India), aunque no controladas por China, son un punto de interés estratégico debido a su proximidad a rutas marítimas.
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Chittagong (Bangladés), un puerto clave para el comercio en el Golfo de Bengala.
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Hambantota (Sri Lanka), arrendado a China por 99 años tras problemas de deuda de Sri Lanka, lo que ha generado preocupaciones sobre su posible uso militar.
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Marao (Maldivas), donde China ha incrementado su presencia mediante inversiones.
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Gwadar (Pakistán), un puerto desarrollado bajo el Corredor Económico China-Pakistán (CPEC), con acceso directo al Mar Arábigo.
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Adén (Yemen), un punto estratégico en el Golfo de Adén.
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Puerto Sudán (Sudán), que fortalece la presencia china en el Mar Rojo.
El mapa 1 también destaca la zona de influencia naval de China, sombreada en verde, que abarca una vasta extensión del océano Índico. Esta red permite a China diversificar sus rutas de suministro, reducir su vulnerabilidad ante bloqueos navales (especialmente en el Estrecho de Malaca, por donde transita cerca del 80% de sus importaciones de petróleo), y proyectar poder naval en una región históricamente dominada por India y Estados Unidos.
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Desde una perspectiva económica, el Collar de Perlas responde a las necesidades de China como la segunda economía mundial y el mayor importador de petróleo. La seguridad energética es una prioridad para Pekín, dado que su crecimiento depende de un suministro constante de recursos. Los puertos del Collar de Perlas no solo facilitan el comercio, sino que también permiten a China establecer una presencia económica dominante en los países anfitriones, a menudo mediante préstamos e inversiones que algunos críticos han calificado como «diplomacia de la deuda». Por ejemplo, el caso de Hambantota en Sri Lanka, donde la incapacidad de Colombo para pagar sus deudas llevó a la cesión del puerto a China, ha sido citado como un ejemplo de esta práctica.
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Desde el punto de vista militar, la red tiene un potencial significativo. Aunque China niega intenciones bélicas, los puertos como Gwadar y Hambantota podrían ser utilizados para operaciones navales en caso de conflicto, permitiendo a la Armada del Ejército Popular de Liberación (PLAN) operar lejos de sus costas. Además, la base militar en Yibuti, establecida en 2017, es la primera instalación militar china en el extranjero y demuestra su intención de mantener una presencia permanente en el océano Índico.
La expansión de China ha generado respuestas estratégicas de otras potencias, particularmente de Estados Unidos e India. El mapa 2 ilustra esta dinámica al mostrar el «collar de contención» de EE.UU., una red de bases militares y alianzas diseñada para limitar la influencia china. Puntos clave como la Base Militar Naval de Diego García (en el océano Índico) y la Base Militar Naval de Guam (en el Pacífico) son fundamentales para la proyección de poder estadounidense. Además, el mapa 2 distingue entre países aliados de China (en marrón) y de EE.UU. (en azul), destacando la polarización geopolítica en la región.
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India, por su parte, percibe el Collar de Perlas como una amenaza directa a su seguridad. La presencia china en Hambantota y Gwadar, a pocos cientos de kilómetros de sus costas, es vista como un intento de cerco estratégico. En respuesta, India ha fortalecido su propia red de alianzas, como el Quad (junto a EE.UU., Japón y Australia), y ha incrementado su presencia naval en el océano Índico, desarrollando puertos en Chabahar (Irán) y Duqm (Omán) para contrarrestar la influencia china. Las tensiones también se extienden a países más pequeños. Por ejemplo, las Maldivas y Sri Lanka han enfrentado dilemas internos sobre su relación con China, con gobiernos locales divididos entre aceptar la inversión china y resistir la presión de India y Occidente para limitar la influencia de Pekín.
El Collar de Perlas ha sido objeto de críticas tanto dentro como fuera de China. Algunos analistas argumentan que la teoría exagera las intenciones militares de Pekín, señalando que muchos de los puertos carecen de la infraestructura necesaria para operaciones navales a gran escala. Además, la dependencia de China de socios locales, que a menudo enfrentan inestabilidad política, introduce riesgos significativos. Por ejemplo, los cambios de régimen en Sri Lanka y las Maldivas han generado incertidumbre sobre el acceso continuo de China a estos puertos.
Por otro lado, el creciente poder naval de China es innegable. La modernización de la PLAN, que incluye la construcción de portaaviones y submarinos nucleares, sugiere que China está preparándose para un rol más activo en los asuntos marítimos globales. En este contexto, el Collar de Perlas podría evolucionar de una red principalmente comercial a una herramienta de proyección militar, especialmente si las tensiones con EE.UU. o India escalan.



