Griegos en Estambul, una historia

Fener, conocido también como Fanar en griego, es un barrio de Estambul con una rica historia que se remonta a la época bizantina. Durante el período bizantino, el área era conocida como Fanarion y estaba habitada principalmente por griegos. Después de la caída de Constantinopla en 1453, el barrio siguió siendo habitado por una gran población griega, junto con comunidades armenias y judías.

Una de las características más destacadas de Fener es la presencia de la Iglesia Patriarcal Ortodoxa Griega de Constantinopla, que ha sido el centro espiritual del cristianismo ortodoxo durante siglos. También conocido como la Iglesia de San Jorge, este templo es un importante sitio de peregrinación para los fieles ortodoxos de todo el mundo. Durante el periodo otomano, Fener se convirtió en un importante centro cultural y educativo, con la presencia de varias escuelas griegas y otomanas. Además, el barrio albergaba a importantes personalidades del mundo ortodoxo, incluidos patriarcas y líderes religiosos.

En el siglo XX, Fener experimentó cambios significativos debido a los eventos históricos y políticos, como el intercambio de población entre Grecia y Turquía en 1923, que resultó en la emigración masiva de griegos de Anatolia. A pesar de estos cambios demográficos, Fener conserva su carácter multicultural y sigue siendo un lugar importante para la comunidad griega en Estambul. Hoy en día, Fener es un barrio tranquilo y pintoresco, con estrechas calles empedradas y coloridas casas de madera que reflejan su rica herencia histórica. Aunque ha perdido parte de su antigua población griega, sigue siendo un lugar de gran importancia cultural y religiosa en Estambul.

El Patriarcado de Constantinopla

Bandera del Patriarca ecuménico de Constantinopla

El Patriarcado de Constantinopla tiene una historia que se remonta al siglo I d.C. cuando Andrés, uno de los apóstoles de Jesucristo, es considerado el primer obispo de Bizancio, la antigua ciudad que luego se convertiría en Constantinopla y luego en Estambul. A lo largo de los siglos, el patriarcado se convirtió en un importante centro de la cristiandad oriental, ejerciendo una gran influencia sobre la Iglesia Ortodoxa. En el año 330 d.C., el emperador Constantino fundó la ciudad de Constantinopla y la convirtió en la nueva capital del Imperio Romano de Oriente. Esto llevó a un aumento en la importancia del patriarcado, que se convirtió en el principal centro religioso y administrativo del cristianismo oriental.

Durante el período bizantino, el patriarcado desempeñó un papel crucial en la promoción y defensa de la fe ortodoxa, así como en la preservación de la identidad cultural griega en la región. Sin embargo, también enfrentó conflictos internos y disputas teológicas, especialmente durante los debates sobre la naturaleza de Cristo en los concilios ecuménicos.

El cisma entre las Iglesias Católica y Ortodoxa se formalizó en 1054 con el llamado Cisma de Oriente y Occidente. Este conflicto teológico, político y cultural culminó en la excomunión mutua entre el Papa León IX y el Patriarca Miguel Cerulario. Entre las principales causas del cisma estaban las diferencias en la autoridad papal, la naturaleza del Espíritu Santo y las prácticas litúrgicas. Este evento histórico dividió a la cristiandad en dos ramas principales: la Iglesia Católica Romana, con su centro en Roma y bajo la autoridad del Papa, y la Iglesia Ortodoxa Oriental, con múltiples patriarcados, siendo el de Constantinopla uno de los más prominentes, y sin una autoridad centralizada como la del Papa. A pesar del cisma, el Patriarcado de Constantinopla siguió siendo un importante centro religioso y cultural en el mundo ortodoxo. A lo largo de los siglos, ha desempeñado un papel crucial en la promoción y defensa de la fe ortodoxa, así como en la preservación de la identidad cultural griega en la región.

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La caída de Constantinopla ante los otomanos en 1453 y los cambios políticos subsiguientes no disminuyeron la importancia del patriarcado, aunque enfrentó desafíos bajo el dominio otomano y posteriores. A pesar de los desafíos, el Patriarcado de Constantinopla ha mantenido su posición como una institución venerada dentro de la Iglesia Ortodoxa, con el Patriarca Ecuménico como su líder espiritual. En el año 1600 el Patriarcado estableció su sede en la Catedral de San Jorge, en el barrio de Fener, donde sigue estando el trono del Patriarca de Constantinopla, Bartolomé I.

La presencia del cristianismo ortodoxo en Estambul no solo viene de la mano de la población griega. También existe una minoría de ortodoxos búlgaros. El cristianismo ortodoxo llegó a Bulgaria en el año 865 y durante mil años la Iglesia Ortodoxa Búlgara estuvo bajo la influencia del Patriarcado de Constantinopla. Tras siglos de tensiones y disputas, en 1870 Bulgaria declaró su independencia religiosa. Esto llevó al establecimiento del Patriarcado Búlgaro, muy relacionado con el movimiento nacionalista búlgaro del siglo XIX. Hasta la construcción de la Iglesia de San Esteban de los Búlgaros en el mismo año de 1870 la minoría búlgara estambulita tenía que rezar en las iglesias que el Patriarcado de Constantinopla tenía en el barrio de Fener. Hacia mediados del siglo XIX se calculaba que había en Estambul unos 30.000 búlgaros. Hoy son menos de 500. Sin embargo la imponente Iglesia de San Esteban de los Búlgaros, construida a base de hierro, sigue presente y forma parte del patrimonio cultural y arquitectónico de la ciudad, especialmente del distrito de Fatih.

Los fanariotas, la élite griega

Los fanariotas eran un grupo de familias griegas que residían en el barrio de Fanar, centro cultural y religioso de la comunidad griega en el Imperio Otomano. Los fanariotas ejercían una gran influencia en la administración del Patriarcado de Constantinopla y en la elección de sus líderes, incluido el mismísimo Patriarca Ecuménico. Además de su poder religioso, muchos fanariotas ocuparon importantes cargos políticos y administrativos en el Imperio Otomano, lo que les otorgó un estatus privilegiado dentro de la sociedad otomana.

Imagen de las extravagancias atribuidas a los fanariotas: el príncipe Mavrogenes pasea por Bucarest en un carruaje tirado por ciervos (1780)

Durante el siglo XVIII, algunos miembros de las familias fanariotas lograron ascender a posiciones de gran importancia, como intérpretes principales en la Sublime Puerta (el gobierno otomano) y gobernadores de los Principados Danubianos (Moldavia y Valaquia) durante lo que se conoce como la «época fanariota» en la historia de Rumanía. Este período estuvo marcado por la influencia política y económica griega en la región. Sin embargo, la influencia de los fanariotas no estuvo exenta de controversias y conflictos internos. En ocasiones, enfrentaron la oposición de otras facciones griegas y de la población local en los territorios donde ejercían su poder. Además, la caída del Imperio Otomano y los cambios políticos en la región llevaron al declive gradual del poder de los fanariotas.

El Colegio Rojo

El Colegio Ortodoxo Griego de Fanar, conocido también como la Gran Escuela de la Nación o «Megaloschole», es un símbolo de la duradera herencia de la educación ortodoxa griega en Estambul, Turquía. Fundado en 1454 por Gennadius II Scholarius, el primer Patriarca de Constantinopla tras la conquista otomana en 1453, la escuela surgió como una piedra angular de la educación y la cultura cristiana ortodoxa. Estratégicamente ubicado en el distrito del Fanar, históricamente el corazón de la comunidad ortodoxa griega y el lugar de la Patriarcado de Constantinopla, el colegio asumió un papel fundamental en la preservación del idioma, la cultura y la tradición religiosa griega bajo el dominio otomano.

Inicialmente concebido como un centro de educación superior dentro de la comunidad cristiana ortodoxa, el Colegio Ortodoxo Griego del Fanar rápidamente ganó reconocimiento por su riguroso plan de estudios y sus búsquedas intelectuales. Se hizo famoso por ofrecer una educación integral que abarcaba teología, filosofía, literatura, matemáticas y ciencias. La escuela sirvió como semillero para futuros líderes de la Iglesia ortodoxa, produciendo numerosos eruditos, clérigos y figuras influyentes que darían forma al curso de la historia.

A lo largo de su larga historia, el colegio enfrentó diversos desafíos, incluyendo convulsiones políticas, guerras y cambios en las políticas gubernamentales. A pesar de estos obstáculos, permaneció resiliente, adaptándose a las circunstancias cambiantes mientras se mantenía fiel a su misión de educación y preservación cultural. El Colegio Ortodoxo Griego del Fanar no solo emergió como una institución educativa, sino también como un centro cultural e intelectual para la comunidad ortodoxa griega en Estambul.

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En la era moderna, el colegio continúa manteniendo su legado, aunque con menos estudiantes en comparación con sus años de apogeo. Mantiene estrechos vínculos con el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, que tiene su sede cerca, y sigue siendo un símbolo de la herencia ortodoxa griega en Estambul y más allá. A pesar del paso del tiempo y los desafíos del presente, el Colegio Ortodoxo Griego del Fanar se erige como un faro de aprendizaje, tradición e identidad, encarnando el espíritu perdurable de la educación ortodoxa griega en Estambul.

La expulsión de los griegos en 1923

Después de la derrota del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial, varias potencias aliadas, incluidos Gran Bretaña, Francia e Italia, comenzaron a dividir el territorio otomano entre ellos según los acuerdos secretos del Tratado de Sèvres de 1920. Esto incluía la asignación de importantes territorios en Anatolia a Grecia, lo que provocó la resistencia de la población turca. El líder turco Mustafa Kemal, más tarde conocido como Atatürk, encabezó la resistencia contra las fuerzas ocupantes y las intenciones expansionistas griegas. Kemal estableció un gobierno provisional en Ankara y organizó el Ejército Nacional Turco para luchar por la independencia y la integridad territorial de Turquía.

La guerra fue larga y brutal, caracterizada por batallas en múltiples frentes y tácticas de guerrilla. Finalmente, las fuerzas turcas, lideradas por Kemal, lograron repeler a las fuerzas griegas y avanzaron hacia la victoria. El punto de inflexión en la guerra fue la Batalla de Sakarya en agosto y septiembre de 1921, donde las fuerzas turcas infligieron una derrota decisiva a los griegos, deteniendo su avance hacia Ankara. Después de esta batalla, las potencias extranjeras comenzaron a retirar su apoyo a Grecia, y en 1922, las fuerzas turcas lanzaron una contraofensiva exitosa en el frente occidental, que culminó con la liberación de İzmir en septiembre de 1922.

La guerra llegó a su fin con la firma del Tratado de Lausana en 1923, que reconoció la independencia de Turquía y estableció las fronteras modernas del país. Además, el tratado estipulaba un intercambio de población entre Grecia y Turquía, que condujo a la expulsión masiva de población griega. En Estambul la población griega, radicada en el barrio de Fener, pasó de 100.000 a 20.000.

El pogromo de Estambul

El Pogromo de Estambul, también conocido como los Disturbios de Estambul de 1955, fue un evento trágico que ocurrió en la ciudad de Estambul, Turquía, el 6 y 7 de septiembre de 1955. Este evento marcó un punto oscuro en la historia de las relaciones étnicas y religiosas en Turquía, especialmente entre la población griega y turca.

El contexto de los disturbios se remonta a la tensión política entre Turquía y Grecia sobre la cuestión de Chipre. En agosto de 1955, se produjo un incidente diplomático cuando el gobierno griego hizo demandas sobre la isla de Chipre en una reunión internacional, lo que exacerbó las tensiones entre las comunidades griega y turca en Turquía. Otro elemento inflamatorio en la propagación de la violencia fue la falsa noticia de que los griegos habían atacado la casa natal de Mustafa Kemal Atatürk en la ciudad (ahora griega) de Tesalónica. Esta falsa acusación avivó aún más la ira de la multitud y aumentó la violencia contra la población griega.

El 6 de septiembre de 1955, una multitud enfurecida, compuesta principalmente por ciudadanos turcos instigados por grupos nacionalistas y ultranacionalistas, inició una ola de violencia indiscriminada contra la población griega de Estambul y sus propiedades. La turba saqueó y destruyó hogares, negocios y lugares de culto griegos, así como escuelas y hospitales. Los griegos fueron atacados en las calles, y las mujeres y niñas griegas fueron especialmente vulnerables a la violencia sexual. Los disturbios continuaron durante varias horas, mientras la policía turca y las autoridades locales en muchos casos no hicieron nada para detener la violencia, e incluso se informó que algunos miembros de las fuerzas de seguridad participaron en los ataques.

El resultado de los disturbios fue devastador para la comunidad griega de Estambul. Se estima que más de 5.000 propiedades griegas fueron dañadas o destruidas, y miles de griegos se vieron obligados a huir de la ciudad por temor a su seguridad. Muchos de ellos nunca regresaron. Hoy ya únicamente quedan entre 2.000 y 3.000 griegos en Estambul.