Tras la derrota de Napoleón, los representantes de todos los Estados europeos se reunieron en Viena. La intención de este congreso era que Europa volviera al orden anterior a la Revolución Francesa. Para ello decidieron reponer en sus tronos a los monarcas depuestos por Napoleón y reimplantar monarquías absolutistas. Los gobiernos liberales basados en la soberanía popular se sustituyeron por el absolutismo del Antiguo Régimen, y volvió a imponerse la idea del derecho divino de los reyes.

Además, en el Congreso de Viena se reorganizó el mapa de Europa para disminuir el poder francés. Se dividió el imperio napoleónico y Francia volvió a sus fronteras de 1789, se rodeó a Francia con un conjunto de pequeños Estados que la separaban de Prusia, Austria y Rusia. Estos tres Estados -las nuevas potencias europeas- se repartieron territorios de manera equilibrada y formaron la Santa Alianza, con el objetivo de mantener el absolutismo en el continente. La Santa Alianza envió un ejército a España en 1823 para acabar con el gobierno liberal implantado en 1820 y reponer a Fernando VII.