En la Zaragoza del siglo XVI, los grandes palacios urbanos no buscaban impresionar desde la calle. Sus fachadas de ladrillo, sobrias y discretas, apenas dejaban intuir la riqueza que ocultaban en su interior. Porque, en realidad, estas casas-palacio no estaban pensadas para ser contempladas desde fuera, sino para ser vividas y recorridas desde dentro.
Eran edificios de grandes proporciones, organizados en varios niveles: sótano y bodegas, planta baja destinada a cocheras y actividad económica, una primera planta como vivienda principal y, en lo alto, una galería abierta que permitía la ventilación del conjunto. Pero el verdadero corazón de la casa era el patio central, conocido en Aragón como la luna: un espacio abierto, columnado, alrededor del cual se distribuían todas las estancias y que concentraba el mayor cuidado estético.
Este modelo respondía claramente a la influencia del Renacimiento italiano, aunque adaptado a la realidad local: en lugar de piedra, los palacios zaragozanos se levantaban en ladrillo, dando lugar a una arquitectura propia. Así, entre tradición y modernidad, surgió una forma de habitar la ciudad que solo se entiende al cruzar sus puertas. Hoy, varios de ellos se pueden visitar. Es lo que vamos a hacer en este artículo.
Casa Palacio de los Condes de Morata
Entre los grandes palacios del Renacimiento zaragozano, ninguno expresa mejor el poder de la alta nobleza que el Palacio de los Condes de Morata, también conocido como Palacio de los Luna. Fue mandado construir hacia 1551-1552 por Pedro Martínez de Luna, I conde de Morata, figura clave de la política aragonesa del siglo XVI y Virrey del reino entre 1539 y 1554. En este contexto de poder y prestigio, el conde decidió levantar en el Coso un palacio que no era solo una residencia, sino una auténtica declaración de estatus. De grandes dimensiones y con una presencia monumental poco habitual en la arquitectura civil zaragozana, el edificio destacaba frente a otras casas-palacio por su escala y por elementos como su imponente portada escultórica o sus torres laterales, que evocaban más una residencia señorial que una vivienda urbana.
El palacio materializaba así una doble realidad: por un lado, la consolidación de Zaragoza como ciudad de élites urbanas en pleno siglo XVI; por otro, la llegada (tardía pero decisiva) de la gran nobleza a la ciudad, que comenzó a competir simbólicamente a través de la arquitectura.
Casa Palacio de Donlope
Miguel Donlope terminó sus estudios de derecho en Huesca y llegó a Zaragoza con el objetivo de hacerse un hueco entre los letrados de la capital. No tardó mucho en conseguir su objetivo. Se dice que fue el primer abogado de la ciudad en fijar que el precio de sus servicios dependiera de ganar los casos. Su éxito hizo que el propio Ayuntamiento lo contratara como letrado, y llegó a representar a la ciudad en las Cortes. Su meteórica carrera profesional vino acompañada por un estratégico casamiento con una hija de la familia Lacabra. Poco después de casarse, su mujer heredó todas las rentas de su padre y el matrimonio se convirtió en uno de los más ricos de Zaragoza. Donlope parecía tenerlo todo, sin embargo tenía una mancha en su haber: era judeoconverso.
La Inquisición siempre miró a Donlope con recelo, quien incluso llegó a estar encarcelado. El inteligente abogado solucionó todo haciéndose familiar del Santo Oficio de la ciudad. Por fin tranquilo, en 1537 mandó construir su residencia en pleno corazón del poder eclesiástico de la ciudad: frente al Palacio Arzobispal y junto a la Catedral de La Seo. La saga familiar de los Donlope mantuvo la casa -que incluye un espectacular techo de madera sobre la escalera claustral- hasta que la familia Oña adquirió el edificio en el siglo XVIII. Éstos lo vendieron a la familia Jordán de Urriés, quienes finalmente en 1912 la vendieron a la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza, institución que desde entonces administra el palacio.
MÁS INFORMACIÓN: Casa Palacio de Donlope
Casa Palacio de los Condes de Montemuzo
A diferencia de lo que ocurre con las otras casas-palacio de la ciudad, en este caso no disponemos de información sobre la historia del edificio. Se sabe que en algún momento del siglo XIX pasó a manos de la familia Montemuzo, que lo mantuvo durante el siglo XX hasta que en 1984 fue adquirido por el Ayuntamiento de Zaragoza. La segunda planta se asomar al patio interior a través de una serie de arcos profusamente decorados, y desde fuera la fachada es un perfecto ejemplo del palacio renacentista zaragozano. Hoy en día el Palacio de Montemuzo sirve como Archivo Municipal de la ciudad y como espacio para exposiciones.
Una de las joyas de este Palacio es, irónicamente, una pieza que no le pertenece. El magnífico techo de su Hemeroteca tiene mucha historia: perteneció originalmente a la antigua Casa Palacio de Gabriel Sánchez, derribada parcialmente en 1865 por las obras de ampliación de la Plaza del Pilar. En su lugar se edificó el Pasaje del Comercio y la Industria. La techumbre del siglo XV quedó oculta tras un falso techo de un edificio de viviendas contiguo al Pasaje. Cuando en 1971 se demolió aquel edificio se descubrió el tesoro, y la talla de madera se desmontó y se trasladó al Palacio de la Aljafería, donde se guardaría oculta durante veinte años. En 1993 el Ayuntamiento montó la techumbre del Palacio de Gabriel Sánchez en el recién remodelado Palacio de Montemuzo, donde desde entonces se puede apreciar. La última restauración permite admirar todo su esplendor.
MÁS INFORMACIÓN: Techumbre de la Casa Palacio de Gabriel Sánchez (1492-1865)
Casa Palacio de los Condes de Sástago
En 1511 el rey Fernando II de Aragón (Fernando El Católico) creó el condado de Sástago a favor del ricohombre aragonés Blasco de Alagón y Lanuza. Dos generaciones después, su nieto Artal de Alagón y Martínez de Luna, III Conde de Sástago, quiso dejar clara la posición de la familia entre la nobleza aragonesa y se mandó construir esta imponente casa-palacio en pleno Coso de Zaragoza. Era 1570 y el estilo que predominaba en la capital estaba claro: la casa de los Sástago debía ser un palacio renacentista. Su sobria fachada iba a esconder un lujoso interior.
El patio central presenta esbeltas y altas columnas que dan una sensación de amplitud mayor que en otras casas-palacio. Es el elemento que mejor ha perdurado de la construcción original, pues el edificio ha tenido cinco siglos de vida muy… interesantes. A las innumerables fiestas de la alta sociedad (e incluso de la realeza) hay que sumar a la vida de este Palacio la conversión en sede del Consejo de Guerra en 1813, Casino de Zaragoza en 1848, sede del Gobierno Civil en 1858, Café París entre 1882 y 1915, Banco Español de Crédito desde 1920, declarado Bien de Interés Cultural en 1974 y en 1981 adquirido por la Diputación Provincial de Zaragoza para abrirlo en 1985 como espacio de exposiciones. Hoy en día ocupa un lugar central en la vida cultural de la ciudad.
Casa Palacio de los Tarín
También conocida como Casa del Canal por haber sido la sede de la Dirección del Canal Imperial de Aragón, la casa que una vez perteneció a la poderosa familia Tarín tuvo muchos otros usos: desde sede de la Inquisición hasta residencia del Justicia de Aragón (ironías de la Historia…), pasando por sede de la Sociedad Aragonesa El Cachirulo y sede del Departamento de Carreteras del Estado. Ubicada junto a la Iglesia de la Exaltación de la Santa Cruz, los Tarín tenían como vecinos a Los Torrero, que habitaban en un Palacio similar.
En 1759 la Santa Inquisición abandonó el edificio y en 1765 una importante rehabilitación por el nuevo propietario Francisco Antonio Domezain cambió la fachada de la antigua casa palaciega, desechando muchos elementos renacentistas. Al año siguiente, Domezain vio cómo su nueva casa era incendiada durante los sucesos de la convulsa Primavera de 1766 en Zaragoza. En 1818 la Dirección del Canal Imperial se hizo con el edificio y volvió a acometer intervenciones. Es fácil imaginar cómo sería el original Palacio, pero únicamente por la simple comparación con otros similares. Ningún Tarín seguramente reconocería su propia casa si la hubiesen visto en el siglo XIX.
Casa Palacio de Los Morlanes
En este caso, el nombre del edificio procede no de la familia que la habitó, sino del escultor que se cree que la decoró. Durante mucho tiempo se pensó que Gil Morlanes el Joven (1470-1547) fue el autor de la espléndida fachada, pero recientemente se ha puesto en duda porque se ha descubierto que las obras se acometieron en 1555. El joven Morlanes era hijo de Gil Morlanes el Viejo (1445-1517), también célebre escultor del Reino de Aragón en la época de Fernando II. El tiempo debió otorgar el sobrenombre a este palacio renacentista del que sólo se conserva el exterior.
Reconocible desde la calle como efectivamente un palacio del Renacimiento zaragozano, nada en el interior de la Casa de Los Morlanes nos llevaría a esa conclusión. En la actualidad es sede del Servicio de Juventud del Ayuntamiento -que adquirió el edificio en 1981 por su mal estado de conservación- y de la Filmoteca de Zaragoza. En 1996 se descubrió una fabulosa cloaca romana que los sucesivos dueños del inmueble habían utilizado como depósito de materiales de construcción.
Casa Palacio de los Torrero
La decana de las Casas Palacio renacentistas es la residencia de la familia Torrero, la más antigua de las que se conservan de este estilo. Construida en 1506, también en la zona de la Plaza Santa Cruz como la Casa Palacio de los Tarín, sirvió originalmente como morada de Miguel Torrero, exitoso latifundista que inició un linaje en la ciudad de Zaragoza y que falleció en 1518. La antigüedad del inmueble se observa en el estilo de las columnas y arcos de la galería, con claras reminiscencias medievales. Sin embargo, las columnas del patio de fuste anillado, típicas del Renacimiento, son ya ejemplo del estilo toscano que empezaba a llegar a la ciudad a principios del siglo XVI.
Durante 402 años fue residencia privada, hasta que en 1908 pasó a manos de la Congregación de las Religiosas de la Consolación. En 1946 el arquitecto municipal Regino Borobio (miembro de una célebre familia de arquitectos) acometió una profunda reforma, y en 1980 se rehabilita completamente para ubicar la sede del Colegio Oficial de Arquitectos. Dos años después el edificio fue declarado Bien de Interés Cultural.
Casa Palacio de los Pardo
También debemos mencionar a Regino Borobio en este caso. La restauración del antiguo Palacio de los Pardo y su reinvención como Museo de Humanidades Camón Aznar, dirigida por el entonces veterano arquitecto, fue premiada con el galardón Europa Nostra en 1980. Borobio no pudo disfrutar del premio, pues había fallecido cuatro años antes. La recuperación de este magnífico palacio nos permite hoy en día admirar el decorado plateresco del patio central. Construido en 1550, el edificio pasó por muchas familias: los Condes de Bobadilla, los Pardo, los Moliner… estos últimos vendieron en 1976 el inmueble a la Caja de Ahorros de Monte de Piedad (hoy Ibercaja), que fue quien encargó a Borobio la intervención.
Además de residencia privada, la Casa Palacio sirvió como sede de la Capitanía General (1874), como Escuela de Música (1903) e incluso como sede de la Filmoteca de Zaragoza. El 30 de noviembre de 1979 Ibercaja inauguró en el interior del edificio el Museo Camón Aznar, que hoy cuenta con un fondo de más de 500 obras, la mayoría donadas por el académico y coleccionista local José Camón Aznar, fallecido precisamente unos meses antes. Hoy en día, visitar el Museo es también visitar un antiguo palacio renacentista.
Casa Palacio de los Conde de Argillo
Otro ejemplo de Casa Palacio renacentista musealizado. Las otrora dependencias de la familia Argillo son ahora salas del Museo Pablo Gargallo, repletas de esculturas del célebre artista. En realidad, el apellido Argillo es el de la última familia que habitó este palacio que desde 1659 venía viendo cambios de propietarios. María Soledad Muñoz de Pamplona y Sanz de Cortés, Condesa de Argillo, heredó el palacio en 1837, pero antes de ella había pertenecido a los marqueses de Villaverde.
Por su edificación tardía vemos un Renacimiento diferente al de otras casas palacio de la ciudad, incluso con elementos típicos de la transición al Barroco. Destaca el coronamiento del hueco del patio, con un friso de madera tallada representando los doce signos del zodíaco. En 1943 recibió la declaración de Monumento Nacional y, en 2002, de Bien de Interés Cultural.
Casas Palacio desaparecidas
Casa Palacio de Zaporta
Irónicamente una de las estampas más reconocidas del Renacimiento zaragozano es la de una Casa Palacio que ya no existe. El llamado «Patio de la Infanta» que recibía a los invitados del comerciante Gabriel Zaporta suele aparecer como fotografía de cabecera de los artículos dedicados a este tema. Es, sin duda, el patio más profusamente ornamentado y el de mayor valor cultural de los que se levantaron en el siglo XVI. Tanto es así, que en 1903 un anticuario francés lo compró y lo trasladó a París. Afortunadamente, en 1957 la Caja de Ahorros de Monte de Piedad (hoy Ibercaja) lo adquirió y lo volvió a llevar a Zaragoza.
MÁS INFORMACIÓN: Sobre el antiguo Palacio de Zaporta
Casa Palacio de Aytona
El Palacio de Aytona se ubicaba en la Plaza del Pilar, precisamente junto a la Basílica. Con una portada muy ornamentada y cinco balcones, su imponente presencia no debió impresionar a los arquitectos de la década de 1940, que consideraron un estorbo a este edificio de comienzos del siglo XVI. Fue demolido en los años cuarenta del siglo XX, en el marco de la remodelación franquista de la Plaza. Por un dibujo del ilustrador oscense Valentín Carderera, fechado entre 1840 y 1855, sabemos cómo era este Palacio. Sus impresionantes techos de madera fueron salvados y hoy en día se exponen en la Casa Palacio de Montemuzo.
Casa Palacio de Gaspar de Ariño
Gracias también a Carderera podemos saber cómo era el Palacio de Gaspar de Ariño, Marqués de Osera. Un espléndido dibujo suyo de 1855 nos adentra en su patio y nos presenta las doble escalera que subía a la residencia. Cien años después, el trabajo de algún fotógrafo desconocido nos permitía ver dos fotografías (esta y esta) del interior del edificio, próxima a su demolición en 1963. Desde 1937 pertenecía a la Caja de Ahorros de la Inmaculada, que había establecido allí la sede de Acción Social Católica. Como en tantos palacios renacentistas zaragozanos, las techumbres de madera eran elementos valiosos, y por ello el Ayuntamiento las adquirió y colocó en varios techos del consistorio, donde hoy en día todavía se pueden observar.












