Israel e Irán son enemigos que se odian a muerte. El mundo entero lo sabe y contiene la respiración para que nunca entren en guerra directa. Durante años Israel ha atacado con pequeños asesinatos y atentados a Irán a través de su potente agencia de inteligencia Mossad, e Irán ha hecho lo mismo contra Israel a través de su red de aliados en la región. Los ataques indirectos entre los dos enemigos son comunes y no alertan demasiado a la comunidad internacional, que convive con esa tensión regional entre las dos potencias.
Sin embargo en la primavera de 2024 algo cambió. Ese «juego» de espionaje, atentados, asesinatos y operaciones en las sombras terminó cuando Israel decidió atacar a cara descubierta y de manera directa contra Irán. Entonces el mundo entero temió el estallido de la temida guerra. La aviación israelí bombardeó la Embajada iraní en Damasco (Siria), matando a ocho militares del Ejército de Irán, entre ellos dos altos cargos. ¿Comenzaría una guerra abierta entre los dos países?
Desde entonces ha habido hasta tres choques importantes entre Israel e Irán, todos ellos iniciados por ataques israelíes. La explicación a qué pretende Israel con estos ataques se puede encontrar en diferentes análisis (este, este, este, este o este), pero en esta ocasión vamos a centrarnos en un breve repaso al intercambio de ataques en cada uno de estos tres choques:
- Primavera 2024 – Operation True Promise I (Bajas causadas: Irán 0-16 Israel)
- Otoño 2024 – Operation True Promise II (Bajas causadas: Irán 2-38 Israel)
- Verano 2025 – Operation True Promise III (Bajas causadas: Irán 24-430 Israel)
Operation True Promise
El 1 de abril de 2024, aviones israelíes llevaron a cabo un ataque aéreo preciso sobre el consulado iraní en Damasco, Siria. La operación, que destruyó parte del edificio y causó la muerte de al menos trece personas —entre ellas dos altos mandos de la Guardia Revolucionaria—, fue interpretada por Irán como una grave violación de su soberanía. Aunque Israel no reivindicó formalmente la acción, todos los indicios apuntaron a su responsabilidad. La operación se enmarcó dentro de la política israelí de golpear objetivos vinculados a la presencia iraní en Siria, pero al tratarse de un recinto diplomático, el ataque fue considerado un punto de ruptura.

Durante los días siguientes, Irán prometió una represalia “decidida y proporcionada”, mientras las potencias internacionales instaban a la contención. La región quedó en vilo durante dos largas semanas. Finalmente, en la noche del 13 al 14 de abril, Irán lanzó la Operación True Promise, su primera ofensiva directa desde suelo propio contra territorio israelí. La magnitud del ataque fue notable: más de 170 drones, 120 misiles balísticos y 30 misiles de crucero fueron lanzados contra bases militares israelíes como Nevatim y Ramon, así como contra infraestructuras estratégicas en los Altos del Golán.
Israel activó de inmediato su escudo defensivo, con apoyo de Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Jordania. El sistema Iron Dome, junto con otras plataformas antimisiles, interceptó entre el 84 % y el 99 % de los proyectiles, según distintas estimaciones. Aunque la mayoría fueron derribados, algunos misiles lograron pasar: se reportaron daños menores y una niña beduina resultó gravemente herida por metralla. También hubo decenas de casos de ansiedad y lesiones leves.
El sistema antiaéreo israelí
El sistema de defensa antiaéreo israelí está compuesto por tres capas principales, diseñadas para interceptar amenazas en distintos rangos y altitudes:
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Cúpula de Hierro (Iron Dome):
Es la primera línea de defensa. Intercepta cohetes de corto alcance, morteros y drones a baja altitud, generalmente lanzados desde Gaza, Líbano o Siria. Opera de forma altamente automatizada y selecciona solo los proyectiles que amenazan zonas pobladas. -
Honda de David (David’s Sling):
Intermedia entre la Cúpula de Hierro y las defensas de largo alcance. Está diseñada para detener misiles tácticos y balísticos de mediano alcance, como los lanzados desde Hezbollah o Irán. -
Arrow (Flecha):
Sistema de alta altitud, desarrollado junto a EE. UU., enfocado en interceptar misiles balísticos de largo alcance, incluso en el espacio. Incluye Arrow-2 y Arrow-3, capaces de neutralizar proyectiles antes de que entren en la atmósfera baja.
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En Teherán, la Operation True Promise fue presentada como un acto de justicia. El gobierno iraní aseguró que se trataba de una respuesta limitada, que no buscaba una guerra abierta, y dio por concluida la operación. Pese a la escala del ataque, Irán evitó deliberadamente impactar zonas civiles o infraestructuras críticas, lo que reforzó la idea de que buscaba una demostración de fuerza, no una confrontación prolongada.
No obstante, Israel no dio por cerrado el episodio. En la madrugada del 19 de abril, una semana después del ataque iraní, aviones israelíes ejecutaron una serie de bombardeos localizados en Irán, cerca de la ciudad de Isfahán, en el centro del país. Los objetivos fueron una base aérea militar y una instalación vinculada a la producción de drones, según fuentes internacionales. Las explosiones se sintieron en la zona, pero los daños materiales fueron mínimos y no se registraron víctimas. Irán confirmó el ataque, pero lo minimizó y, de forma significativa, optó por no responder militarmente.
NOTICIA: «Jordan airforce shoots down Iranian drones flying over to Israel» (Reuters, 14 abril 2024)
Operation True Promise II
El 27 de septiembre de 2024, Israel llevó a cabo uno de los ataques más audaces y letales de los últimos años en Oriente Medio. A través de una operación aérea de alta precisión, aviones israelíes bombardearon un edificio de mando de Hezbolá en el barrio de Haret Hreik, en el sur de Beirut. El ataque, que empleó munición penetrante diseñada para destruir estructuras subterráneas, causó la muerte de 33 personas y dejó 195 heridos, incluyendo a numerosos civiles. Pero lo más impactante fue la muerte de dos figuras clave en el eje Irán–Hezbolá: Hassan Nasrallah, secretario general de Hezbolá desde 1992, y el general Abbas Nilforoushan, alto mando de la Guardia Revolucionaria iraní y coordinador de operaciones exteriores.

La respuesta iraní no se hizo esperar. En los días siguientes, las autoridades de Teherán prometieron una represalia directa. La tensión volvió a dispararse en toda la región, con misiones diplomáticas intensificadas para evitar una guerra abierta. El 1 de octubre, Irán lanzó la Operación True Promise II, una ofensiva de gran envergadura que consistió en el lanzamiento de unos 200 misiles balísticos, algunos de ellos hipersónicos, dirigidos a instalaciones militares israelíes. El ataque se centró en bases como Nevatim, Tel Nof y presuntos centros de inteligencia vinculados al Mossad. También se reportaron intentos de golpear hangares donde se almacenan cazas F‑35.
Las defensas aéreas israelíes, con apoyo de sistemas estadounidenses y cooperación regional (especialmente desde Jordania), interceptaron la mayoría de los misiles. A pesar del volumen del ataque, los daños fueron relativamente leves. Se reportaron dos víctimas mortales: un civil palestino fallecido por la caída de restos de un misil interceptado, y un ciudadano israelí que murió de forma indirecta durante la alerta. Además, hubo cuatro heridos leves, entre ellos dos ciudadanos jordanos.
NOTICIA: «Imágenes de satélite muestran el impacto de misiles iraníes en una base militar israelí» (El Confidencial, 3 octubre 2024)
En Irán, los medios estatales presentaron la operación como un éxito rotundo. Las autoridades afirmaron que “el 90 % de los misiles alcanzaron sus objetivos” y que se habían enviado señales claras a Israel. Sin embargo, las fuentes militares israelíes minimizaron el impacto real y negaron daños relevantes en sus capacidades operativas. Más allá de las cifras, lo cierto es que la ofensiva mostró que Irán tiene capacidad de ataque directo sostenido, incluso tras el golpe del 27 de septiembre.

Israel respondió unos días más tarde con ataques localizados contra instalaciones militares en suelo iraní, incluyendo una base aérea en la provincia de Isfahán y una fábrica de drones. Pero, al igual que ocurrió en abril, la respuesta fue limitada en escala. Irán, por su parte, no respondió a esta segunda ofensiva, lo que marcó el cierre definitivo de este nuevo episodio de hostilidades… por el momento.
Operation True Promise III
La madrugada del 13 de junio de 2025 quedará registrada como uno de los momentos más impactantes en la historia reciente de Oriente Medio. Ese día, Israel lanzó una operación sin precedentes contra Irán, un ataque quirúrgico y devastador que eliminó, en cuestión de horas, a gran parte de la cúpula militar iraní. Se trató de una acción planificada con precisión milimétrica, en la que participaron más de 200 cazas y drones, y que incluyó operaciones desde el interior del propio territorio iraní.

Los objetivos eran claros: instalaciones nucleares, bases de misiles, centros de mando y, sobre todo, los altos mandos del poder militar iraní. En Teherán, Isfahán, Natanz y otras localizaciones estratégicas, se escucharon explosiones durante toda la noche. La ofensiva logró acabar simultáneamente con varias de las figuras más influyentes del aparato militar de la República Islámica. Entre los fallecidos estaban Hossein Salami, comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria; Mohammad Bagheri, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas; y Amir Ali Hajizadeh, principal responsable del programa de misiles y drones. En total veinte altos mandos del Ejército iraní. También murieron seis científicos vinculados al programa nuclear, destacando el doctor en física teórica Mohammad Mehdi Tehranchi y el científico nuclear -y político radical- Fereydoon Abbasi. El total de fallecidos tras este ataque sorpresa alcanzó los 78, entre ellos decenas de civiles.
Uno de los aspectos más destacados del ataque fue el uso de comandos infiltrados y drones lanzados desde dentro de Irán, lo que sugiere una capacidad de inteligencia y logística israelí notable dentro del territorio enemigo. La operación fue ejecutada con una combinación de fuerza aérea, ciberataques y sabotajes internos, lo que dejó fuera de servicio temporalmente varios sistemas defensivos iraníes. Israel justificó el ataque como una respuesta a la creciente presión militar de Irán y su red de aliados regionales, pero también como un intento de retrasar decisivamente el programa nuclear iraní. Aunque las instalaciones más profundamente enterradas, como Fordow, no fueron destruidas, otras infraestructuras clave de enriquecimiento y almacenamiento resultaron dañadas o inhabilitadas.
La reacción iraní no se hizo esperar. En la misma jornada del 13 de junio, Irán lanzó una primera oleada de más de 150 misiles y 100 drones contra territorio israelí. Sin embargo, la mayoría fueron interceptados por el escudo defensivo israelí, con ayuda de Estados Unidos y otros aliados regionales. Otras tres oleadas consecutivas volvieron a llover sobre Israel. Todo el despliegue militar iraní se saldó con apenas cuatro muertos, si bien los heridos alcanzaron los 175.

El 14 de junio Israel decidió hacer daño a Irán enfocándose en su infraestructura energética, tanto petrolífera como gasística y nuclear. El campo de gas South Pars (fase 14), uno de los mayores del mundo, sufrió un incendio tras un bombardeo con drones en una de sus cuatro unidades, lo que paralizó la producción de 12 millones de m³ de gas al día en esa sección. Simultáneamente dos depósitos clave de combustible en Teherán, el depósito de Shahran en el oeste y otro al sur, fueron alcanzados, generando incendios controlados pero significativos, según el Ministerio iraní de Petróleo. Este ataque, considerado el primero que impacta el sector gasístico y petrolero iraní directamente, provocó un repunte en los precios del petróleo de hasta el 9 %, reflejando la preocupación de los mercados por la estabilidad del suministro global. Irán respondió amenazando con cerrar el Estrecho de Ormuz y bloquear la salida de barriles de crudo al resto del mundo.

El mismo 14 de junio, Irán envió nuevas oleadas de misiles, esta vez mucho más efectivas, contra Israel. Centrándose en la zona de Haifa y en la ciudad de Tel Aviv, los proyectiles iraníes consiguieron atravesar los escudos israelíes (al menos un 25% de los misiles esquivaron las defensas) e impactaron sobre cientos de edificios. A lo largo de la jornada diez israelíes perdieron la vida, lo que supone un récord para Irán. En cambio los muertos causados por Israel en este tercer choque (Operation True Promise III) son ya 430. El Ejército israelí es mucho más letal.
ARTÍCULO RELACIONADO: Irán y su red de aliados: el Eje de la Resistencia (Juan Pérez Ventura, 2023)


