Footloose, un fenómeno popular de los 80s

1. Contexto histórico

En 1890 el emprendedor empresario Jasper N. Black decidió abrir una tienda de alimentos y productos básicos en mitad de la nada, a medio camino entre Oklahoma City y Dallas. La tienda tuvo éxito por todos los viajeros que atravesaban esa ruta y pronto abrieron dos tiendas más y una oficina de correos. El crecimiento urbano, aunque limitado, permitió que en 1898 se fundara un pequeño pueblo: Elmore City, de apenas 200 vecinos.

Por su ubicación en el corazón de la América Profunda no es de extrañar que Elmore City fuera una comunidad más bien conservadora en términos ideológicos. No hay pueblo sin iglesia, y el párroco que llegó a Elmore City fue clave para impulsar una legislación que daría fama al municipio. Desde el púlpito, las ideas evangelistas del reverendo F. R. Johnson, de la Iglesia Pentecostal Unida, influyeron sobre las autoridades públicas para, de manera sorprendente, prohibir el baile en el pueblo. Decía Johnson que «nada bueno viene del acto de bailar, cuando chicos y chicas se cogen de las manos el deseo sexual se despierta». Así, desde su misma fundación en 1898 en Elmore City no se pudo bailar bajo pena de multa.

La curiosa norma legal tuvo como resultado que en Elmore City nunca hubo un baile de graduación, una práctica muy típica en el sistema educativo estadounidense y que en muchos pueblos y ciudades pequeñas es todo un evento social. Las décadas pasaron y finalmente en el curso 1979/1980 una nueva generación de jóvenes pidió un cambio. Acudieron al Consejo Escolar y pidieron formalmente el cambio de la norma, para poder celebrar un baile de graduación. La votación que tuvo lugar llegó a las portadas de los periódicos nacionales (y algunos internacionales) y hasta la revista People mandó a un periodista al pueblo para hacer un especial sobre la estrambótica situación.

El Consejo Escolar estaba formado por un presidente y cuatro miembros, y ante la propuesta de los estudiantes dos de los miembros votaron en contra y otros dos a favor. La tensión no duró mucho, porque el presidente del Consejo pronunció unas palabras que ya son parte de la historia del pueblo: «Let’em dance!» («¡Déjenles bailar!»), y así en el final de curso de 1980 los jóvenes de Elmore City pudieron celebrar su graduación bailando.

2. Mensajes e ideas de la película

Pese a ser una película sencilla en cuanto a la trama, se pueden analizar varios temas que se abordan de manera poco sutil. Entre otros, la brecha rural-urbana, la brecha generacional, la influencia de la Iglesia y el papel de la música como elemento liberalizador y contestatario.

LA BRECHA URBANA-RURAL

Las primeras escenas ya dan cuenta dónde estamos: en la América rural. Imágenes de vacas pastando, campos de cultivo, tractores aparcados frente a las casas… Además, durante los primeros 15 minutos de película varios personajes dejan claro que existe una diferencia objetiva entre la vida rural y la vida urbana:

  • El reverendo Moore menciona «los crímenes que azotan a las grandes ciudades de esta nación».
  • Un vecino da la bienvenida a la madre de Ren diciéndole que «será un shock para él vivir aquí después de conocer la gran ciudad«.
  • Willard, el amigo de pueblo que hace Ren, le dice «Debe haber muchas cosas en Chicago, creo que aquí te vas a aburrir».

La población rural viene en parte ejemplificada en el personaje de Willard, al que se muestra como un tipo no muy inteligente, con la boca todo el rato abierta y bruto en sus formas. Cuando Ren le pregunta «bueno, ¿y qué hacéis por aquí, en este pueblo?» Willard le responde: «Cascárnosla». La ridiculización de los vecinos del pueblo es más clara en la versión original, cuando se aprecian diferentes formas de hablar y un vocabulario más soez y simplón que el que usa el urbanita Ren.

Cuando Ren se está preparando para ir el primer día al instituto su madre le dice «¿Vas a llevar esa corbata? Aquí la gente no va tan arreglada«, un poco disimulado comentario sobre el estilo de la gente de los pueblos, y que «cuando vayas a la universidad podrás vestirte como David Bowie», una clara referencia a la libertad que se presupone en la ciudad, donde están las universidades. Una libertad simbolizada en la figura de David Bowie. Al llegar al instituto todo el mundo se fija en su coche, que destaca por ser más pequeño (para aparcar en ciudad), en comparación con las furgonetas y camiones que conducen en el pueblo.

El chico de ciudad viste una atrevida chaqueta negra de cuero y lleva la corbata mal anudada. Los chicos de pueblo van con camisas de cuadros y uno lleva hasta un sombrero de cowboy.

En la película Willard le dice a Ren que «hay otros muchos pueblos donde tampoco se puede bailar. Pueblos en Kansas y en Arkansas… mi prima vive en Montana y allí tampoco se puede». Los tres Estados que menciona son especialmente rurales, con economías basadas en el sector primario y pocas ciudades grandes. Otro comentario que muestra la brecha rural-urbana es el que le hace el mismo Willard a Ren cuando le ve poner un cassette en el reproductor de música:

Willard: ¿Oye tú eres rico?

Ren: No, ¿por?

Willard: Yo nunca he tenido una cinta de cassette…

Ren: ¿En serio?

Ren le pregunta si le gusta Men at Work (grupo muy representativo de los 80s) y Willard le dice que no le suenan, que de qué trabajan. Queda claro que la música moderna, la que está de moda en el mundo (al menos en el mundo urbano) no ha llegado a ese rincón de la América Profunda.

En otra escena Chuck, el novio guaperas y chulo de Ariel, se ríe de Ren diciéndole «bonita corbata, creía que solo los mariquitas llevaban corbata» y Ren le responde «creía que solo los capullos utilizaban la palabra mariquita«. De nuevo las conversaciones de la película son sencillas: el chico de pueblo es cerrado de mente, el chico de ciudad es más abierto de mente. El propio Chuck le pregunta a Ariel «¿para qué quieres ir a la universidad?» y ella le contesta que «este pueblo se me está quedando pequeño».

Tras confirmar que no está pudiendo encajar en el pueblo, Ren tiene que escuchar a Willard decirle: «Lo que te pasa es que tienes un complejo de superioridad. Tampoco es que aquí vivamos en la Edad Media. Tenemos televisión, aunque no nos dejan ver algunos programas…».

LA BRECHA GENERACIONAL

El reverendo Moore menciona en su discurso inicial «el triste estado de nuestra sociedad actual» y critica «la proliferación de esa obscena música de rock and roll con su mensaje de fácil sexualidad y relajada moralidad». Entre el público hay adultos que asienten convencidos y jóvenes que se duermen y aburren, incluso la propia Ariel Moore, hija del reverendo, se entretiene pintándose las uñas mientras su padre continúa con el apasionado -que no apasionante- discurso.

En una conversación entre adultos uno de los vecinos y padre de algún alumno comenta que «hay un pequeño problema: el profesor de Literatura piensa mandarles leer Matadero Cinco» y su mujer añade «es un título horrible». Entonces Ren interviene diciendo «es un libro fantástico» y todos los adultos le dirigen una mirada que muestra la brecha generacional. «¿Tú lees mucho?» le espeta el padre. Publicada por Kurt Vonnegut en 1969, Matadero Cinco es una obra antibelicista que causó impacto por desafiar las convenciones narrativas tradicionales y mezclar realidad con ciencia ficción. También durante una comida un adulto reprende a una niña por utilizar la palabra chulo comentando que «la televisión y ese tipo de libros influyen en los libros».

En una escena en la que el Reverendo Moore está trabajando en su despacho escuchando música clásica de fondo hay una interesante conversación. Su hija Ariel entra y le pregunta qué música es esa, y Moore responde que Haydn. «¿Y esa música no es pecado?» le pregunta ella. «Bueno, es música edificante, no enturbia la mente de la gente ni sus cuerpos». El mensaje es sencillo: para la generación de cincuentañeros la música buena es la música clásica, para la generación de veinteañeros la música buena es la música popular.

LA INFLUENCIA DE LA IGLESIA

En su discurso en la iglesia el Reverendo Moore apunta a que «Dios podría coger esos álbumes de discos obscenos y quemarlos en una hoguera», haciendo referencia a la música de baile y de letras libertinas que están de moda entre la juventud, pero que no lo hace porque está poniendo a prueba a la Humanidad. Unas escenas después los propios vecinos empiezan a quemar libros que consideran faltos de moral. «Deberíamos ir a la biblioteca y limpiar las estanterías de toda esa corrupción» dice uno de los vecinos.

Debido al trágico accidente que tuvieron unos jóvenes -entre ellos al hijo del propio Reverendo- unos años atrás después de una noche de fiesta en el pueblo se considera que la música, el alcohol y el baile son considerados pecado. «Cuando los jóvenes bailan juntos suelen ser sexualmente irresponsables» dice el Reverendo ante las risas de su mujer. En la importante reunión del Consejo para revocar o no la ley anti-baile el Reverendo vuelve a insistir en que el baile lleva asociada una «corrupción espiritual».

En otra escena el Reverendo explica que en el mundo rural, en el pueblo, la sensación de comunidad es mayor, las vidas de los vecinos «están entrelazadas» y «unos se preocupan de otros». Esta vida rural, «alejada del bullicio del siglo XX», acerca más a las personas a Dios, en su opinión. Ren tiene una visión muy diferente de lo que está ocurriendo en el pueblo. Dice: «No entiendo a este pueblo, es como si algo les estuviera estrangulando, solo que ellos no se dan cuenta de que se ahogan». Si se está refiriendo a las creencias religiosas es un mensaje muy potente por parte de la película.

En todo caso no estamos ante una película anti-cristiana, porque uno de los argumentos principales que utiliza Ren para convencer al Consejo sobre la no impureza del baile es precisamente la Biblia, en concreto el Salmo 149, que dice:

Cantad a Jehová cántico nuevo,

alaben su nombre con danza,

Con pandero y arpa a él canten,

Porque Jehová tiene contentamiento en su pueblo.

Ren también cita al Eclesiastés, uno de los libros del Antiguo Testamento, para apoyar su idea: «Hay un tiempo para llorar y un tiempo para reír; un tiempo para hacer duelo y un tiempo para bailar». El uso de las mismas Sagradas Escrituras para dar solución a la trama de la película es la estrategia que sigue el guionista Dean Pitchford para protegerse ante críticas de anti-cristianismo.

LA MÚSICA POPULAR COMO LIBERACIÓN Y REBELDÍA

No es la música en general la que es rechazada por las generaciones mayores, sino la música popular de baile. Es esta la música que desinhibe y que hace que los jóvenes se liberen de constricciones sociales. En Footloose tiene que ser un urbanita del Norte quien revele este goce a los jóvenes rurales sureños. Ren lleva a sus amigos en coche a una ciudad al otro lado del condado y entran en un bar a bailar. El desenfreno se apodera de ellos.

También es liberadora la música para el propio Willard, que pasa de verse a sí mismo como un inútil que no tiene coordinación a un tío que aprende a bailar, adquiriendo así una habilidad muy bien vista socialmente por los demás jóvenes. En el caso de Ariel, bailar supone ir en contra de la autoridad de su padre, por lo que es una muestra de rebeldía. Es ella quien enciende el reproductor de cassettes en el bar del pueblo y pone a todo el mundo a bailar, y tiene que ser el Reverendo quien aparezca en escena para apagarlo.

3. Producción de la película

En 1979 Dean Pitchford fue uno de los millones de lectores que abrieron el periódico y se encontraron con la noticia de la lucha estudiantil en Elmore City por recuperar el derecho a bailar. La historia era lo suficientemente atractiva como para imaginar una película, y rápidamente Pitchford se puso a escribir el guión. Paramount Pictures aceptó financiar el proyecto y el primer problema fue elegir al director.

La productora se interesó por Ron Howard, pero este lo rechazó porque prefirió dirigir Splash. Después se contactó con Michael Cimino y todo pareció ir bien. El director de la oscarizada El cazador (1978) era conocido en Hollywood por su particular forma de trabajar, e hizo honor a su fama y no duró ni un mes de rodaje. Por sus continuas y extravagantes peticiones, Paramount le despidió. La opción de Herbert Ross apareció y fue la que finalmente funcionó, gracias a la experiencia y seriedad del director.

  • Dean Pitchford: tras obtener el Óscar a Mejor Canción Original por el tema principal de la película Fame (1980) Pitchford pudo acudir a las oficinas de 20th Century Fox con un buen aval y con confianza. Era el año 1981 y el joven treintañero tenía toda una carrera por delante y toda la ilusión del mundo: llevaba en su carpeta el guión completo de una nueva película basada en los hechos de Elmore City y hasta tres canciones escritas. Sin embargo ni toda esa producción ni el reluciente Óscar impresionaron a la Fox, que rechazó el proyecto. Tuvo que esperar hasta 1982 para que una productora le comprara el producto: Paramount Pictures aceptó financiar la película, pero tomando el control sobre las decisiones. Tras el éxito de Footloose Pitchford siguió escribiendo canciones y guiones y en 2024 fue incluido en el Songwriters Hall of Fame.
  • Herbert Ross: el veterano director ya había tenido éxitos en el cine musical como Goodbye, Mr. Chips (1969) o Funny Lady (1975), y su interés por el mundo de la danza había quedado patente con la aclamada The Turning Point (1977), que le valió una nominación al Óscar a Mejor Director. Antes de ponerse detrás de las cámaras, durante los años cincuenta y sesenta, Ross había sido coreógrafo en Broadway y para series de televisión.
  • Ren McCormack: Paramount ofreció el papel de Ren McCormak primero a Tom Cruise (por las habilidades para el baile mostradas en famosa escena bailando en calzoncillos de la película de 1983 Risky Business) y luego a Rob Lowe, pero por compromisos laborales Cruise y por una inoportuna lesión del ligamento cruzado Lowe no pudieron aceptar el papel. Un relativamente desconocido Kevin Bacon de 26 años fue el elegido para interpretar a McCormack, y así comenzó su carrera como estrella de Hollywood. El nombre de Ren es un amalgama que hace un homenaje a Rex Kennedy y Leonard Coffee, dos de los estudiantes que en 1979 lideraron la protesta que derivó en el cambio de la ley anti-baile.
  • Ariel Moore: la rebelde hija del Reverendo Moore es un personaje para el que audicionó la propia Madonna. Finalmente Paramount escogió a Lori Singer, que venía de aparecer en la serie televisiva Fame (1982-1987), basada en la película del mismo nombre de 1980. Singer era hija del reconocido violinista y director de orquesta Jacques Singer (1910-1980), y por ello tenía formación musical y tocaba el violonchelo (habilidad que le valdría para mantener una carrera como solista en paralelo a la de actriz). Tras el éxito de Footloose Singer no volvió a tener ningún papel destacado, y entre 1994 y 2024 apenas apareció en ocho películas, la mayoría independientes y de bajo presupuesto.

La cinta llegó finalmente a los cines el 17 de febrero de 1984. Fue un éxito inmediato, convirtiéndose en el estreno de febrero más taquillero de la historia hasta el momento. Paramount Pictures pudo celebrar convertir 8 millones de presupuesto en 80 millones de recaudación. Un buen negocio que, además, se seguiría explotando décadas después.

4. El impacto cultural

Pese a que la calidad puramente cinematográfica de Footloose está en entredicho, es innegable que su banda sonora ha quedado para la historia y forma ya parte del acerbo cultural de una generación entera, la generación que vivió los años 80s. No solo eso: sus melodías también están en la cabeza de generaciones posteriores, gracias a la continua radiodifusión de sus temas principales, especialmente ‘Let’s Hear It for the Boy’ y ‘Footloose’. Se puede decir que el impacto cultural de la cinta viene por su música.

  • ‘Let’s Hear It for the Boy’: escrita por Tom Snow y Dean Pitchford y con un sonido totalmente ochentero, se escogió a Deniece Williams para interpretarla. En la 54ª Edición de los Premios de la Academia fue nominada al Óscar a Mejor Canción Original, pero perdió ante ‘I Just Called to Say I Love You’, el hit que Stevie Wonder había escrito para la película The Woman in Red. ‘Let’s Hear It for the Boy’ llegó al número uno del Billboard Hot 100 (de singles más vendidos) a finales de mayo y se mantuvo durante una semana en esa posición, cuando fue desplazada por ‘Time After Time’ de Cyndi Lauper.
  • ‘Footloose’: también nominada al Óscar a Mejor Canción Original, es el tema que quedaría en la mente de millones de personas y que sigue sonando en las cabezas de las generaciones actuales como himno de los ochenta. ‘Footloose’ llegó al número uno del Hot 100 a finales de marzo y se mantuvo tres semanas en lo más alto, hasta ser reemplazada por ‘Against All Odds’, de Phil Collins. Escrita por Kenny Loggins, que atravesaba un momento de fama, ‘Footloose’ incluía -a diferencia de ‘Let’s Hear It for the Boy’- una letra contestataria y rebelde, siguiendo el leit motiv de la película.

You’re playing so cool
Obeying every rule
Deep way down in your heart
You’re burning

  • ‘Almost Paradise’: el tema romántico de la película, un dueto con música compuesta por Eric Carmen y letra de Dean Pitchford, llegó al número 7 del Hot 100 en las voces de Ann Wilson (cantante de Heart) y Mike Reno (cantante de Loverboy), contactados por Paramount por el éxito que sus respectivas bandas estaban teniendo en el momento.
  • ‘Holding Out for a Hero’: cuando Paramount Pictures contactó con Bonnie Tyler para pedirle una canción para la película, la cantante aceptó únicamente con la condición de que pudiera trabajar mano a mano con Jim Steinman, quien le había escrito y producido ‘Total Eclipse of the Heart’ el año anterior. El genio de las power ballads -y artífice también del éxito de Meat Loaf- escribió ‘Holding Out for a Hero’ junto a Dean Pitchford. El tema se convertiría en uno de los más celebrados de Bonnie Tyler, quien lo incluiría en su disco de 1986 Secret Dreams and Forbidden Fire.

En abril de 1984 el álbum de la banda sonora de Footloose destronó a Thriller del número uno de la lista Billboard 200 (que mide las ventas de cada disco de manera semanal), y se mantuvo en lo más alto durante mayo y junio. Se puede decir que durante abril-mayo-junio de 1984 fue el disco más popular. Llegaría a vender 9 millones de copias. Tras el verano el disco que dominó la lista Billboard 200 fue Purple Rain, de Prince, otro fenómeno popular que también era la banda sonora de una película musical (Purple Rain, estrenada el 27 de julio). Sin embargo la música de Footloose ya nunca dejaría de sonar en las radios.

El éxito radiofónico continuado de las canciones de Footloose en las emisoras hizo que en 1998 se estrenara un musical en Broadway basado en el texto de Dean Pitchford. La obra fue también un éxito, encadenando 700 funciones y siendo nominada a cuatro Premios Tony. En 2006 el musical se llevó al West End londinense y en 2017 Broadway hizo un revival.

La fiebre por Footloose motivó que la cinta volviera a los cines en 2011, con un remake producido por MTV Studios y distribuido por Paramount Pictures que tuvo un presupuesto mucho mayor (25 millones de dólares) y una recaudación algo menor (65 millones). Inicialmente este remake iba a ser dirigido por Kenny Ortega y protagonizado por Zac Efron, quienes venían de tener un enorme éxito en el cine musical con la trilogía High School Musical (2006-2007-2008). Finalmente no fue así y la recepción crítica de la película fue más bien desfavorable.