La restauración del río Cheonggyecheon, en el corazón de Seúl, es uno de los proyectos de regeneración urbana más emblemáticos de comienzos del siglo XXI. Inaugurado en 2005, transformó un cauce fluvial históricamente cubierto por una autopista elevada en un parque lineal de más de cinco kilómetros, combinando infraestructuras verdes, sendas peatonales y espacios de ocio. La intervención, impulsada por el entonces alcalde Lee Myung-bak, se presentó como una operación de recuperación ecológica, revitalización del espacio público y modernización de la imagen de la capital surcoreana. Su magnitud física y simbólica la convirtió rápidamente en un referente internacional de urbanismo “verde” y en un modelo exportado a otras ciudades que buscaban reconvertir infraestructuras obsoletas en paisajes urbanos de alto valor estético.
Sin embargo, detrás del relato de éxito ambiental y turístico, el caso de Cheonggyecheon revela dinámicas complejas vinculadas a la gentrificación y la reestructuración socioeconómica del centro de Seúl. La apertura del parque elevó notablemente el valor del suelo, atrajo inversión corporativa y favoreció la sustitución progresiva de pequeños talleres y comercios tradicionales por oficinas, establecimientos turísticos y actividades de mayor renta. Estos cambios han suscitado debates sobre el equilibrio entre los beneficios ambientales y la inclusión social, y han convertido a Cheonggyecheon en un ejemplo paradigmático para evaluar, mediante herramientas como el Índice PRG, cómo los proyectos de revitalización urbana pueden generar riesgos potenciales de desplazamiento y transformación del tejido comunitario.
En la Dimensión 1 (Económica / Financiarización), la restauración del río Cheonggyecheon obtiene una media de 2,00 sobre 3, lo que representa un riesgo medio-alto. La evidencia muestra que la intervención generó una fuerte revalorización del suelo y de los inmuebles cercanos, impulsando la llegada de empresas y comercios de alto valor. Aunque el proyecto fue inicialmente liderado por el gobierno metropolitano y no por un gran promotor privado, atrajo posteriormente capital corporativo importante, lo que aceleró la transformación económica del entorno.
No se identificaron grandes paquetes de incentivos fiscales ni ventas masivas de suelo público, aunque sí cambios normativos que favorecieron la instalación de actividades más rentables. Además, si bien no se produjo una sustitución inmediata masiva de vivienda por complejos residenciales de lujo, sí hubo un reemplazo progresivo de usos y tipologías hacia segmentos de mayores ingresos. En conjunto, estos factores evidencian que el componente económico actuó como motor clave de la reconfiguración urbana, con capacidad para presionar sobre los residentes y actividades preexistentes.
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En la Dimensión 2 (Simbólica / Cultural), la restauración del río Cheonggyecheon alcanza una media de 2,50 sobre 3, lo que corresponde a un riesgo alto. El proyecto fue fuertemente enmarcado en discursos de renovación urbana y orgullo cívico, presentándose como una operación ejemplar de modernización y embellecimiento de Seúl, lo que refuerza narrativas de autenticidad y creatividad ligadas a la marca ciudad. La intervención incrementó notablemente el atractivo turístico de la zona, integrándola en circuitos de visita nacionales e internacionales, con un nuevo paisaje urbano cuidadosamente diseñado: mobiliario contemporáneo, pasarelas, zonas de recreo y elementos de diseño paisajístico que transmiten una imagen “boutique” del espacio público.
Asimismo, el entorno pasó a funcionar como un activo de branding cultural de la ciudad, apareciendo en campañas internacionales y consolidándose como uno de los símbolos de la transformación urbana de Corea del Sur. Estos elementos, aunque positivos en términos de proyección e imagen, incrementan el riesgo de desplazamiento simbólico y económico al reposicionar el área como un destino atractivo para inversores, turistas y nuevos residentes de mayor poder adquisitivo.
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En la Dimensión 3 (Social / Comunitaria), el caso de Cheonggyecheon obtiene una media de 1,25 sobre 3, correspondiente a un riesgo bajo-medio. El proyecto no incluyó un componente significativo de vivienda asequible o social, pero tampoco se centró en la sustitución directa de población residencial, dado que la zona inmediata era mayoritariamente comercial e industrial antes de la intervención. La participación comunitaria en la planificación fue limitada, con un proceso impulsado principalmente desde el gobierno metropolitano y con escasos mecanismos de codiseño ciudadano, lo que redujo la capacidad de la comunidad local para influir en las decisiones clave.
No se registraron resistencias organizadas de gran escala, en parte porque la intervención se presentó como un proyecto de interés general y porque los impactos directos sobre residentes fueron relativamente reducidos. Sin embargo, sí se produjo un efecto indirecto sobre las redes sociales locales: el reemplazo de talleres y pequeños negocios por comercios y oficinas de mayor valor modificó la base económica y social del área. Aunque este impacto fue más gradual que abrupto, su acumulación a medio plazo contribuye a modificar el tejido social, desplazando actividades y actores con menor capacidad de adaptación al nuevo contexto urbano.
En la Dimensión 4 (Ecológica / Verde), el caso de Cheonggyecheon presenta una media de 2,00 sobre 3, lo que equivale a un riesgo medio. La restauración generó un corredor verde lineal de gran relevancia en una zona densamente urbanizada, mejorando la disponibilidad de espacio público natural y aportando beneficios ambientales como la reducción de la temperatura local y la mejora de la biodiversidad urbana. Asimismo, el proyecto fomentó la movilidad peatonal al eliminar una autopista elevada y sustituirla por sendas y pasarelas, aunque no incorporó de forma destacada infraestructuras ciclistas ni una estrategia integral de transporte sostenible.
El discurso ambiental tuvo un peso considerable en la promoción del proyecto, presentándose como un ejemplo de regeneración ecológica urbana, si bien este enfoque “verde” también se utilizó como herramienta de marketing para atraer inversión y turismo. Por último, la creación de un espacio natural renovado en pleno centro de Seúl elevó la atracción inmobiliaria del entorno, generando un potencial de gentrificación climática: el embellecimiento ambiental se tradujo en un aumento del valor del suelo y en la sustitución progresiva de usos y actores en el área colindante.
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