¿Te imaginas poder viajar en el tiempo y conocer de cerca cómo era la vida en la Antigua Grecia? En este proyecto vas a hacerlo… ¡a través de diez personajes muy diferentes que te abrirán la puerta a su mundo!
Cada personaje tiene su historia, sus sueños, sus preocupaciones y su forma de ver Atenas y su época. A lo largo de cinco fichas para cada uno, trabajaremos aspectos muy variados: comprender su vida cotidiana, imaginar sus emociones y dilemas, ecribir diarios personales, representar a los personajes en actividades orales, reflexionar sobre la sociedad griega comparándola con la nuestra…
Aquí tienes a los diez protagonistas que vas a conocer:

A continuación podrás conocerlos mejor, pero por ahora te los podemos presentar brevemente. Tenemos desde jóvenes que quieren ser soldados hasta ancianas que cuentan historias, pasando por políticos, marineros, albañiles, estudiantes… Estos son nuestros griegos:
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Demetrio de Filopapo, político de la Asamblea, que defiende la democracia con pasión.
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Menesicles, albañil del Partenón, fuerte y trabajador, que sueña con una vida más tranquila.
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Nicias, un niño curioso que estudia en la escuela y sueña con ser filósofo.
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Tímea, una mujer valiente que, a escondidas, aprende Filosofía en un mundo que no se lo permite.
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Filípides, el incansable corredor-soldado que lleva noticias vitales entre ciudades.
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Eumeo, comerciante llegado de las islas griegas, siempre dispuesto a hacer negocios en el puerto del Pireo.
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Melánia, artesana de instrumentos musicales, que trabaja en silencio para dar voz a la música de su tiempo.
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Clístenes, un adolescente impulsivo que se entrena para ser soldado y sueña con la gloria.
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Calias, pintor de cerámica que convierte los mitos en imágenes eternas sobre las ánforas.
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Antíope, anciana sabia que mantiene viva la memoria de los mitos contando historias a niños y jóvenes.
Cada uno te mostrará un rincón distinto de la Antigua Grecia: el arte, la política, el comercio, la educación, la guerra, la música, la vida cotidiana… Al trabajar sus fichas, te irás acercando no solo a sus vidas, sino también a su forma de pensar y sentir. Prepárate para viajar en el tiempo, escuchar sus voces… y escribir tú también tu propia historia en este proyecto. ¡Comenzamos!
Demetrio: político de la Asamblea
Me llamo Demetrio, nací en Atenas y soy ciudadano libre. Eso significa que puedo hablar y votar en la Asamblea. ¡Y vaya si hablo! Me encanta discutir ideas, dar discursos y convencer a los demás. A veces, cuando me aplauden, siento que estoy en la cima del mundo.
Estoy convencido de que la democracia es el mejor sistema que existe: los ciudadanos deben decidir juntos lo que es mejor para la ciudad. Por eso, nunca falto a una reunión en el Pnyx, donde se celebran los debates. Algunos dicen que soy demasiado orgulloso… pero ¿no debería uno estar seguro de lo que piensa?
Vivo en una casa grande con mi esposa, mi hijo pequeño y varios esclavos. No todos pueden votar en Atenas, solo los hombres libres nacidos aquí. Eso me hace sentir responsable: yo hablo por los que no pueden hacerlo.
Cuando no estoy en la Asamblea, me gusta pasear por el Ágora y comentar las decisiones con otros ciudadanos. La política está en todas partes: en los templos, en los teatros, en los banquetes. Y yo quiero estar siempre en el centro de todo.
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Menesicles: albañil en el Partenón
Mi nombre es Menesicles y soy albañil en las obras del Partenón, en la Acrópolis de Atenas. Tengo 33 años y mi vida no es fácil, pero a veces me sorprende la belleza de lo que estamos construyendo. Me despierto al amanecer y me paso el día trabajando entre polvo, mármol y grandes columnas. Mi tarea principal es levantar las estructuras y preparar el lugar para los escultores, como Fidias, al que admiro mucho, aunque a veces me parece que su arte no tiene nada que ver con mi trabajo físico.
Vivo en una casa modesta en los barrios humildes de Atenas, junto a mi esposa y mis dos hijos. Mi salario no es mucho, pero lo suficiente para que mi familia no pase hambre, aunque siempre me quejo de lo mal que nos pagan por tanto esfuerzo. No me importa mucho la política ni las grandes discusiones de los ciudadanos. Yo prefiero hablar de cómo construir bien y más rápido. Mi sueño secreto es algún día tener una pequeña casa en el campo, lejos del ruido de la ciudad.
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Nicias: niño que va a la escuela
¡Hola! Me llamo Nicias y tengo 12 años. Vivo en Atenas, muy cerca del Ágora, con mi madre, mi padre y mis dos hermanas pequeñas. Cada mañana me levanto temprano para ir a la escuela. No es como las escuelas modernas: no hay pizarras ni pupitres, y tampoco usamos libros. Aprendemos escuchando, repitiendo y escribiendo en tablillas de cera.
Mi maestro es muy sabio, pero también muy serio… y da miedo cuando se enfada. A mí me gustan sobre todo las matemáticas. Disfruto resolviendo problemas de geometría y a veces me imagino enseñando a otros, o escribiendo libros como los sabios.
Mi padre quiere que siga sus pasos y sea político, como mi abuelo. Pero yo, en secreto, sueño con ser filósofo y pensar sobre las grandes preguntas de la vida. Soy un poco tímido, así que a veces no me atrevo a levantar la mano en clase, pero en casa no paro de hacer preguntas.
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Tímea: mujer interesada en la Filosofía
Me llamo Tímea y vivo en Atenas, en una casa con patio, junto a mi esposo, que es comerciante, y mi cuñada, que me ayuda en las tareas del hogar. Desde fuera, parezco una mujer común, ocupada con la lana, los niños y las comidas. Pero por dentro, soy otra persona. Sueño con aprender.
De niña, preguntaba más que hablaba. Pero pronto me enseñaron que las mujeres no deben hacer preguntas, y mucho menos estudiar filosofía. ¡Qué injusticia! Así que hago lo que puedo: cuando mi esposo viaja, me encierro en el cuarto del fondo y leo los papiros que me presta una amiga cuyo hermano es maestro. Aprendí a leer observando a escondidas, y no pienso parar.
Admiro a Sócrates. Me encantaría sentarme en una esquina del Ágora a escucharlo, aunque tuviera que disfrazarme de esclava para que nadie me echara. Creo con todo mi corazón que las mujeres también pueden pensar, razonar y enseñar. Y aunque tenga que hacerlo en secreto, seguiré aprendiendo, letra a letra, idea a idea.
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Filípides: soldado ateniense
Me llamo Filípides, tengo 30 años y soy hemeródromo: un mensajero del ejército que corre largas distancias para llevar noticias importantes. No tengo tiempo para hablar mucho, porque casi siempre estoy corriendo. Me entrené desde joven para aguantar el calor, las cuestas, las piedras… y el cansancio. La velocidad es parte de mi vida, pero también la disciplina y la resistencia. Algunos dicen que soy como una sombra que pasa rápida y silenciosa por los caminos de Grecia.
Vengo de la batalla de Maratón, donde nuestros soldados han luchado con valentía contra los persas. Apenas terminó la batalla, me encargaron llevar las noticias a Atenas. Es una responsabilidad enorme. Cada paso que doy, cada gota de sudor, vale por la seguridad de mi ciudad. Mi cuerpo duele, pero no me detendré. En mi mente sólo hay una frase: “¡Hemos vencido!”
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Eumeo: comerciante llegado al Pireo
¡Saludos desde el puerto del Pireo! Me llamo Eumeo, tengo 39 años y soy mercante. Vengo de Naxos, una isla hermosa y llena de viñedos, pero desde hace un tiempo me he instalado aquí, en el bullicioso puerto de Atenas. Me dedico a vender vino, aceite y cerámica, y paso el día hablando con marineros, clientes, comerciantes… ¡y hasta con extranjeros! Aprendí varios idiomas y me encanta escuchar y contar historias. A veces, me dicen que hablo demasiado, pero yo digo que hablar es parte del negocio.
Mi sueño es abrir una tienda propia dentro de la ciudad, cerca del Ágora, y no depender siempre del mercado del puerto. Estoy siempre pensando en nuevas formas de ganar unas dracmas más. Me gusta observar a la gente, aprender cómo negocian y, sobre todo, disfrutar del movimiento constante del Pireo: es como una ciudad dentro de la ciudad, llena de olores, acentos y secretos.
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Melánia: artesana de instrumentos musicales
Me llamo Melánia y tengo 35 años. Trabajo con mis manos, con cuidado y pasión. En mi pequeño taller, en una calle tranquila de Atenas, fabrico instrumentos musicales: sobre todo liras y aulos. La gente dice que mis instrumentos suenan con alma, y eso me llena de orgullo. No busco ser famosa, pero músicos de toda la ciudad vienen a verme para encargarme piezas únicas.
No soy muy habladora, prefiero el silencio del taller, el olor de la madera recién cortada y el canto suave que a veces escapa de mis labios mientras trabajo. Me gusta pensar que cada instrumento lleva un pedacito de mi alma. Pulo cada cuerda, cada boquilla, cada pieza, hasta que todo suena como debe sonar. Algunos dicen que soy demasiado perfeccionista… pero es que la música lo merece. A veces, mientras trabajo, imagino a un joven poeta tocando mi lira bajo un olivo, o a una muchacha haciendo sonar mi aulos en una fiesta. Entonces sonrío, y me esfuerzo aún más. Porque en cada nota que suene, estará también un poco de mi voz.
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Clístenes: adolescente que entrena para soldado
Me llamo Clístenes y tengo 16 años. Estoy entrenándome para entrar en el efebato, el servicio militar obligatorio que deben hacer todos los jóvenes atenienses. Mi padre fue soldado y siempre cuenta historias de batallas valientes contra los espartanos. Yo quiero ser como él, aunque a veces no entiendo del todo qué es eso de “la guerra”. Me imagino luchando con coraje, ganándome el respeto de los demás… y, sobre todo, de mi padre.
Entreno cada día con otros chicos de mi edad: corremos, levantamos peso, aprendemos a manejar la lanza y el escudo. Me emociona pensar que algún día defenderé Atenas. A veces soy un poco impulsivo y me meto en problemas por hablar más de la cuenta o por querer demostrar demasiado. Pero tengo claro que no me rendiré. Estoy decidido a convertirme en un buen soldado.
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Calias: pintor de cerámica
Me llamo Calias, tengo 42 años y me paso los días pintando ánforas, cráteras y copas de cerámica. Mi taller está en una calle tranquila de Atenas, no lejos del Ágora. Con paciencia y buen pulso, dibujo escenas de los dioses, héroes y batallas legendarias. Me encanta imaginar cómo eran los dioses del Olimpo y darles vida con mi pincel.
A veces, mientras trabajo, escucho a los vecinos charlar y eso también me inspira. Observo mucho: la forma en que alguien se mueve, cómo se ríen los niños o cómo discuten los filósofos en la plaza. Todo eso me ayuda a dar expresividad a las figuras que pinto.
Mi trabajo requiere concentración, pero también buen humor. Dicen que siempre tengo alguna historia graciosa que contar mientras pinto. Y aunque ya llevo muchos años haciendo esto, todavía me emociono al terminar una pieza especialmente bonita.
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Antíope: anciana narradora de mitos
Me llamo Antíope, tengo 68 años y soy conocida en mi barrio por contar historias que hacen soñar. No fui a la escuela, pero aprendí escuchando: a los sabios que hablaban en la plaza, a los marineros que volvían con cuentos del mar, y a los poetas que recitaban al caer la tarde.
Ahora soy yo quien cuenta. Cada vez que me siento en la piedra de la esquina, los niños se acercan, se sientan en círculo y esperan. Les hablo de Perseo, de Medusa, de Atenea naciendo del cráneo de Zeus… Y a veces, si me da la risa, mezclo un poco de verdad con algo inventado. Me gusta ver cómo abren los ojos de asombro.
Dicen que tengo buena memoria y una voz que atrapa. Yo solo creo que las historias son un regalo que se transmite, como una antorcha que va pasando de mano en mano. Mientras pueda hablar, seguiré contando.